A medida que la primavera se despereza, el rígido corsé helado que cubre la montaña se va desgranando como la sal bajo los efectos del agua. Comienza la sinfonía del goteo y los surcos y regatos van entonando la sonora canción que en el fondo del barranco convertirá en rugido el paso del Genil. Los cristales de hielo se desvanecen transformándose en coloridos prismas al ser traspasados por la luz. El glaciarismo invernal se convierte en torrente dando lugar a un espectáculo de formas excavadas que tiene su mejor ubicación en “Los Lavaderos de la Reina”. Otra oferta más de ese singular municipio que es Güejar Sierra y que atesora algunos de los senderos de montaña más bonitos de toda la Península Ibérica.

SIERRA NEVADA, INGENIERÍA FLUVIAL Y ARQUITECTURA GLACIAL

El macizo montañoso más singular del sur de Europa engarza una serie de hitos que le hacen merecedor de ese calificativo. Topografía, geología, flora y paisaje son los más relevantes. Junto a ellos, su particular climatología derivada de la mayor altitud en el rango peninsular.

En su latitud, no hay otra que la iguale en cota dentro del contexto europeo. Y eso, superados los 2.500 metros de altitud, suele generar paisajes glaciares que se adentran en el verano a medida que aumenta la ascensión o que lo permiten las circunstancias estivales.El glaciarismo casi permanente es una exclusiva de esta montaña en la orilla del Mediterráneo. Y por ello, la dinámica paisajística que establece, también lo es. Los gélidos vaivenes del Cuaternario permiten actualmente una fase de alternancia donde el manto nival combina estacionalmente con deshielo que llega a dejar rasa la superficie del terreno.

En el entreacto, los paños de nieve adquieren una configuración arquitectónica en la que posiblemente los antiguos alarifes nazarís se inspiraran para reproducir con yeso las muqarnas que adornaron las blancas bóvedas de su palacio más significativo, qsar-l-hamrá (el alcázar rojo).Las bóvedas cristalinas horadadas bajo el manto de nieve por el agua serían la metáfora celeste plasmada en los techos palaciegos de la Granada más deslumbrante de toda la Historia.Cuando la intensa luz solar atraviesa la translúcida cubierta nevada, los zarcillos de hielo exhalan el espectro multicolor irisado de un prisma cristalino. A sus pies, el agua se desboca hacia los saltaderos que imponen la pendiente y los desniveles. Los túneles se van vistiendo de verde a medida que la luz se intensifica a nivel del suelo y los prados reviven bajo la humedad constante.Si esto es general en cada uno de los circos glaciares de la montaña, Los Lavaderos de la Reina, es su emplazamiento más singular.

Al amparo de los más de tres mil metros que tienen de cota los Tajos Negros de Covatillas y el Picón de Jeres, descansa una serie de vasares o planicies a 2600 m de altitud formada por la característica acción glaciar de la nieve allí acumulada. Hasta el lugar se accede de forma bastante cómodo desde la que se conoce como Loma de la Cuna de los Cuartos, a unos 2000 m de altitud y hasta la que se puede llegar en vehículo desde Güejar Sierra.El paseo es precioso. La subida tranquila se encara con la línea de cumbres más espectacular y representativa de la montaña. Pero a diferencia de la vertiente que ya citamos en el recorrido por el cortijo del Hornillo, la orientación no genera contraluces. Los colores son más saturados, menos los reflejos y mejor el resultado fotográfico. Sobre todo en épocas donde la vestimenta nevada aún es gruesa.Una vez en el circo de Covatillas, el festival sonoro del agua es uno de los mejores de toda la sierra. Y según la época, la ingeniería fluvial habrá dado lugar a una arquitectura glacial de distinto grado.Puedes regresar por el mismo trayecto o, si lo prefieres, continuar el sentido del agua y derivar por la acequia que recoge las aguas y dibuja curva de nivel. Es más cómodo, pero se te puede hacer muuuy largo.

En cualquier caso, puede que sea el recorrido de relación esfuerzo/belleza más rentable que puedas imaginar.

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip