Las “peritontitas” de Málaga, el núcleo serpentínico más importante del mundo, conforman además la urdimbre geológica más complicada de Europa. Fue por ello admirada por grandes figuras de la Geología francesa, quienes fueron los que mejor la estudiaron hasta no hace mucho. Sus cumbres “Reales” (1439 m) y “Plaza de Armas» (1332 m) marcan el eje altitudinal del espigón rocoso que prácticamente arranca desde la línea de costa y conforma el contrafuerte que obliga a algunos de los ríos más salvajes del sur de Europa a trazar su recorrido.
Rocas rojas, aguas verdes y un pinar infinito salpicado por pinsapos, alcornoques y quejigos.

Ríos salvajes, hijos de montañas salvajes. Sierra del Real, la más indómita de todas ellas.

SIERRA DEL REAL, LA MONTAÑA SALVAJE

Plataforma marina emergida, depósitos aluviales, areniscas turbidíticas, gneises y pizarras paleozoicas, mármoles dolomíticos, calizas jurásicas, peridotitas. Un rosario litológico dificilmente equiparable. Miguel Alvarez Calvente, con quién tuve el gusto de compartir profesión, decía que, en Istán, su pueblo, se encontraban todos los minerales del mundo.

Sierra del Real, delimitada por los rios Verde y Guadaiza es casi dominio exclusivo de este bonito pueblo malagueño, el de las aguas blancas y verdes. Pero el dominio blanco, pese a su anfractuosidad, se encuentra mucho más perforado por el conocimiento humano. El pardo o rojizo de su otro puntal montañoso, permanece en estado más ignoto.Las peridotitas son uno de los sistemas rocosos que hacen inhóspito el desarrollo urbano en la montaña. Pese a sus disponibilidades de agua los núcleos humanos siempre han preferido el asiento al pie de las sierras blancas, por sus surgencias de agua (faguaras) de origen kárstico alimentadas por acuíferos en otro tiempo inagotables.

Sus diabólicas pendientes, rocosidad y la particularidad tóxica de sus arcillas para el crecimiento vegetal, impusieron sus duras claúsulas contractuales para el uso de sus tierras (Gómez Moreno, 1989).

La poderosa Sierra Bermeja, el brazo a poniente de este macizo alazán, encuentra contrapunto en sus pies, apuntalados al norte por una matriz penetrable de materiales silíceos, naturaleza esquistosa y topografía menos áspera. Allí las aguas del río Genal, definen el eje del valle que se forma permitiendo el riego de sus laderas con la tradicional tecnología hidráulica impulsada por los primeros andaluces. Ello facilitó el asentamiento humano y el desarrollo de numerosos enclaves habitados, de los que hoy en día sobreviven sólo quince.Por su parte, Sierra del Real tiene una situación similar a su hermana rojiza, aunque muestra algunas diferencias. Las vetas silíceas que suben desde el litoral no se encuentran tan colonizadas por cultivos de huerta como en el caso de los ríos del Castor, el Padrón o el Guadalmansa. En su caso, el Guadaiza ha sido más restrictivo, posiblemente por simple cuestión de menor fraccionamiento en la propiedad.

Esto permite una imponente antesala boscosa formada por una mezcla de pinos y frondosas donde quejigos y alcornoques son los protagonistas principales. Es un soberbio recibimiento a los visitantes que se adentran desde la costa subiendo por los lujosos entornos urbanísticos de Marbella y Benahavís.En su divisoria, el puerto de la Refriega y el pico plaza de Armas son dos hitos destacados para conocer mejor la bravura de esta montaña. El filón bermejo que se levanta desde el mar, es una intrusión sobre el sustrato previo conformado por los gneises y esquistos a los que parte en fragmentos que quedan flotantes sobre la masa serpentínica.

Eso provoca una dispersión de bolsas de suelo donde se asientan las especies que rehúyen las particulares condiciones de las peridotitas (cloritas magnésicas, alta retención del agua por sus arcillas y toxicidad de metales pesados).De ese modo es posible encontrar retazos de alcornocal adornados con los variopintos quejigos (Quercus faginea Lam. ssp. broteroi (Cout.) A. Camus) insertos en la extensa matriz de pinar serpentinófilo, dominio exclusivo del pino negral (Pinus pinaster Aiton) que encuentra en estas montañas su núcleo de refugio y posterior dispersión durante las glaciaciones del Cuaternario hace unos 35.000 años (Gil et al., 1990).

Curioso hábito el de esta montaña, usada como refugio por resistentes al cambio. No es sino consecuencia de su estado difícilmente permeable a lo largo de su historia.

Cuando el visitante traspasa con su vista el puerto de La Refriega comprende y siente este carácter salvaje e indómito. A su panorámica no se abre un paisaje afable, abierto y accesible sobre el que desplegar pueblos y huertos cultivables que los sustenten.Esta montaña es el apoyo genuflexo sobre la que descansa la potente sierra de Ronda, con La Torrecilla como cumbre principal. Este blanco vigía de cabeza rapada, con sus más de 1900 m de altitud es el otero dominante de todo este rincón a poniente. No hay otra, en su latitud, que le supere hasta los dominios del océano Atlántico, incluída la vecina Portugal.

Con tamaño paredón rocoso, las opciones agrícolas fueron prácticamente nulas. Sólo el uso pastoral y maderero fueron el aprovechamiento tradicional de sus dificultosas laderas. También el corcho en los rodales poblados con alcornoque (Quercus suber L.).

Entre ambos arropan a río Verde que nace bajo los pies kársticos de la alta montaña caliza. Pero es la tierra parda, con sus numerosos arroyos superficiales la que aumenta su caudal durante la época de lluvias.

Los cuantiosos arroyos, de caudal continuo durante gran parte del año y saltos espectaculares son uno de los grandes atractivos de esta montaña. El otro sin duda alguna, es su bosque casi infinito.

Tuve el privilegio de conocer este enclave antes de su gran incendio en 1991. Por entonces el pinar que lo cubría podía presumirse como uno de los mejores al sur de Europa. Copas elevadas, tangenciales, troncos esbeltos, diámetros inabarcables. En su conjunto una orquesta sinfónica de viento que sabía interpretar magistrales melodías con la brisa proveniente del cercano litoral.El castaño santo de Istán me atrajo a aquel lugar en el que descubrí un asombroso espectáculo boscoso. Árboles monumentales aquellos entre los que sobresalían majestuosos ejemplares de pinsapo (Abies pinsapo Boiss.), el abeto andaluz. Hay un cierto mantra acerca de los pinsapos sobre peridotitas (Castillo Rodríguez, 2002). Se cree que el pinsapar de Genalguacil-Estepona es el único en el mundo que vegeta sobre estas rocas tan especiales. Sierra del Real y Montes de Tolox se encargan de verificar lo contrario.En sus potentes y frescas umbrías aún persisten, pese a los trágicos episodios incendiarios, numerosos pies de este abeto. Su regeneración espontánea progresa adecuadamente habiéndose visto reforzada recientemente por apoyo a la misma mediante siembra o plantación de ejemplares. Su menor crecimiento les lleva a encriptarse peligrosamente en las densas alfombras de pinar que han sabido reponerse de forma natural a la tragedia crematoria. Es muy posible que la apertura en la masa o simplemente el paso del tiempo, los haga despuntar de nuevo diferenciando su oscura silueta piramidal entre los pinos. La profundidad de suelo y la humedad latente en estos barrancos es más que propicia.

Caminar por cualquiera de los recorridos posibles da una somera noción de la magnitud de esta montaña y su carácter bravío. Su cumbre ofrece vistas espectaculares, las mejores tal vez hacia ese fiordo que simula ser el embalse de rio Verde en su proximidad de horizonte con el mar.Pero lo mejor es cualquiera de sus trazados bien por la pista principal que circunda la montaña o alguna de las laderas que se aproxima al cauce del río. Es garantizado que te sobrecogerá en muchos momentos. Su quietud, la canción que entonan sus aguas, el susurro del viento, la inesperada magnitud de sus distancias. Todo un kit de naturaleza delicadamente presentada para que la ensambles sin instrucciones hasta obtener la armonía que prefieras.A mayor escala, el recorrido que parte desde la costa y atraviesa la serranía hasta Ronda o Tolox son ofertas de aventura poco esperables desde un entorno de lujo tan exclusivo como el que se asienta a sus pies.

Nos encontramos actualmente frente al reto de manejar estos bosques para recuperar cuanto antes su anterior esplendor. En ciernes, un inminente Parque Nacional que ayudará a ello.

Dedicado a quienes incrustaron en su ADN la esencia de estas montañas. Rafael Guerrero Gil, Fernando Guerrero Gutiérrez, José Ruiz Gutiérrez, Salvador Merchán y otras personas de Igualeja e Istán que siguen formando parte de la memoria viva de la sierra. A José María Rejón, quién el destino encadenó ineludiblemente con las sierras bermejas.

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

Referencias:
Castillo Rodríguez, J.A. (2002).- El Valle del Genal: Paisajes, usos y formas de vida campesina. Colección Monografías n.º 16. Servicio de Publicaciones, Centro de Ediciones de la Diputación Provincial de Málaga.
Gil, L.; Gordo, J.; Alia, R.; Catalán, G.; Pardos, J.A. (1990). Pinus pinaster Aiton en el paisaje vegetal de la Península Ibérica. Ecología, Fuera de serie nº1, pp. 469-495. ICONA
Gómez Moreno, M.L. (1989).- La montaña malagueña: Estudio ambiental y evolución de su paisaje. Colección Monografías n.º 1. Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Málaga.