El homínido, supuesto arborícola, que llegó a las llanuras de altas hierbas, hubo de ponerse en pie. La ausencia de oteros le exigieron elevar su horizonte visual para depredar con ventaja y no ser depredado. Fijar esa habilidad como carácter genético fue marcando diferenciación específica. La verticalidad permite mayor proporción de peso cefálico. A mayor contenedor, la complejidad del circuito interno fue cuestión de tiempo. Así, el mar de hierba habría sido un gran responsable en la generación humana.

SERENGETI, LLANURA INFINITA

No sería tan sencillo. Surgen muchas dudas cuando se constata que en las grandes selvas ecuatoriales algunos homínidos que allí viven (gorilas, chimpancés, bonobos) no son eminentes arborícolas y se manejan bien en el suelo sin caminar plenamente erguidos. A su vez, los simios de las grandes praderas (cercopitecos, macacos, babuinos), pese a tener cola, desarrollan mucha vida en el suelo sin necesidad de erguirse.

En cualquier caso, lo más singular de estas enormes praderas es la sensación de escenario viviente. El rastro antropológico aquí es completo, desde los primeros ancestros hasta el humano actual, con el valor añadido de tribus muy cercanas a lo primigenio. También es muy destacable el lazo de unión que existe entre la llanura y el Mediterráneo a través del río Nilo.

Los Masái llaman a este lugar Serengeti, la llanura sin fin. Y aparentemente, es la sensación que transmite. Sólo el territorio abarcado por el Parque Nacional tiene unos 14.500 km², superficie similar a las de las provincias de Córdoba o Sevilla. Pero la gran llanura central abarca un cuadrado de unos 1000*550 (550.000) km² que incluye al gran lago Victoria y se extiende por las actuales Tanzania, Kenya, Uganda, Ruanda, y alguno más. Esto supone aproximadamente un territorio del tamaño de la España peninsular.

Las escalas territoriales en Europa suelen ser miniaturas de lo que puede encontrarse en cualquier otro continente. Ni cordilleras, ni montañas, ni lagos o ríos tienen las dimensiones que pueden encontrarse lejos de aquí.

A Serengeti se llega tomando como base la ciudad de Arusha. Normalmente se lleva a cabo como etapa en un safari de varios días con la opción de visitar previamente los parques nacionales de Taranguire o Lago Manyara. El recorrido así es de unos 300 km.

La gran llanura se extiende al norte y oeste de la gran caldera de Ngoro Ngoro y el lago Eyasi atravesándose la montaña por la mayor dificultad que imponen las zonas húmedas. En la travesía de la montaña se encuentran los pastores masái con sus rebaños de vacas, apareciendo algunos poblados (bomas) en la ladera norte.

Atravesar el territorio pastoral es una lección de usos humanos. El paisaje cacuminal de la caldera, cubierto por praderas verdes encespedadas es muy similar a los pastos de las montañas ibéricas o europeas en época estival. Un tapiz verde de hierba corta, con más o menos matorrales, sobre el que pululan las reses a discreción.

La diferencia reside simplemente en la raza, tanto de vacuno, como de humano. Los pastores ibéricos tienen aquí la piel teñida y las vacas son de raza con cruce de cebú. El paisaje también da muestras del uso del fuego para la eliminación de matorral y rebrote de hierba y el suelo, como en tantos otros lugares, parece cansado de soportar tanta pezuña y presión ganadera.

A medida que se desciende en la cara norte, el tipo de vegetación delata un descenso en las precipitaciones. El matorral se hace más ralo, el pasto más corto o inexistente y la línea del horizonte se difumina entre polvaredas.

La ruta se enfila en perspectiva cónica y la traza del camino fuga directamente en el horizonte. De repente, con sólo traspasar la línea imaginaria que delimita el espacio protegido aparece un suelo denso que sostiene un manto de hierba continua. Sobre ellos, rebaños con cientos y cientos de gacelas Thomson y de Grant.

La época del año, mediados de noviembre no es la propicia aún. La temporada de lluvias está por llegar y aún se visibilizan los efectos del período de sequía. Aunque hay extensos prados verdes, la hierba es corta y los rebaños de cebras pequeños. No se ven ñúes por parte alguna.

La sabana es un bioma propio de zonas tropicales e intertropicales caracterizado por una formación dominante de hierbas altas consecuencia de un clima seco-subhúmedo que presenta dos estaciones muy marcadas en las que se distribuyen las precipitaciones. El particular caso de esta llanura infinita varía desde unos 900 mm al sur (Serengeti) hasta unos 1400 mm al norte (Masai-Mara), ya en Kenya.

A esta circunstancia climática añade la particularidad de su perfil plano. La ausencia de desniveles facilita el acúmulo de materia y la escasa pérdida de suelo. La recurrente producción de material vegetal y deposiciones animales favorece la generación de suelos profundos y orgánicos. Algo muy parecido a la estepa siberiana, con la diferencia de que en el ambiente tropical, las altas temperaturas favorecen la actividad bacteriana y la oxidación de la materia orgánica con unos turnos de reciclaje (turnover) mucho más rápidos.

Suelen ser suelos más o menos ricos dependiendo de la mineralogía del suelo. En esta región, dominan las litologías volcánicas, que suelen ser de naturaleza ígnea y reacción ácida (granitos, gneises, filitas) o a veces ultrabásica, con gran contenido en metales (hierro). Pero hay una excepción, el volcán Ol Doinyo Lengai, situado al sureste, entre la caldera de Ngoro Ngoro y el lago Natrón, lo que hace sospechar de algún filón de minerales alcalinos en el subsuelo profundo.

Este volcán, es venerado por los Masái como “La montaña de dios” , se encuentra activo y emite cenizas volcánicas con alto contenido en sodio y carbonatos. Estos minerales vuelan hacia la pradera y se depositan en ella. De ese modo fertilizan la hierba con un aporte único en todo el circuito estacional que propicia las masivas migraciones de ungulados de estas llanuras.

Estos pastos son más ricos en nutrientes y los minerales alcalinos favorecen el endurecimiento óseo. Por eso los ñúes los eligen para alumbrar sus crías sincronizando en ellos sus partos hacia los meses de febrero-marzo, coincidiendo además con una época favorable de lluvias (Ekmeier et al., 2020). El calcio de la hierba mejora la calidad de la leche materna que pasa así a los huesos de sus recentales preparándoles para la vida andariega que siguen.

La vida de estos ungulados es un continuo peregrinar a lo largo de la pradera siguiendo el curso de las precipitaciones y la producción de hierba.

Desde aquí, la zona norte de la NCA (Ngoro Ngoro Conservation Area) pasan al Serengeti y prosiguen su camino hacia el norte a medida que las lluvias van también favoreciendo el crecimiento vegetal rumbo al norte (Masai-Mara en Kenya).

De ese modo se completa el itinerario cíclico por el que circula la mayor parte de la vida animal de este entorno. El ecosistema, casi completo conforma uno de los escenarios de vida salvaje más completos y genuinos del mundo. Tal vez sea, junto con los renos del ártico el desplazamiento animal más grande sobre la tierra.

El conjunto de estas llanuras es uno de los escasos ejemplos de santuarios para la fauna salvaje en los que se ha suprimido la actuación humana. Es por eso también un valioso laboratorio de vida silvestre del que se han derivado muchos casos que han servido para la elaboración de teorías sobre la ecología de la fauna salvaje y la teoría para su gestión adecuada (Caughley & Sinclair, 1994).

En su día obligó a las tribus humanas a deambular tras de ellos y les enseñó el concepto de trashumancia aplicado posteriormente a la ganadería doméstica.

Anthony Sinclair fue el responsable de que la población de ñúes en este entorno haya rebasado la cifra de 1,5 millones de animales. Durante todo el siglo XX la población estuvo diezmada por efecto de la peste bovina hasta que pudo ser erradicada por trabajo veterinario a finales de los años 60 (Sinclair, 1979). A partir de entonces empezó a subir, generando alarma sobre una posible masificación y colapso del ecosistema.

Sinclair apostó por dejar a la naturaleza hacer su trabajo y el itinerante rebaño de ñúes continuó creciendo. La gran manada se estabilizó por si misma, en balance con la producción del sistema y sus depredadores, mejoró la producción de hierba, redujo la casuística de incendios e incluso aumentó la cobertura de arbolado.  Los sistemas de pradera se vinculan estrechamente con sus consumidores, siendo un claro ejemplo de cascada trófica alcanzando el nivel de las plantas (Sinclair et al., 2010). A mayor presión herbívora, mejor y mayor producción herbácea. Es lo que se conoce como paradoja pastoral.

Las deposiciones y deyecciones animales fertilizan el suelo y transforman nutrientes, lo que resulta indispensable para la buena salud del suelo y su producción herbácea. Es así cómo la legión de ñúes favoreció la mejora en la salud de la pradera. Eso repercutió también sobre los demás herbívoros y a su vez sobre toda la cadena trófica del ecosistema.

Actualmente un contingente de casi 3 millones de animales, formado por ñúes (1,8 millones), cebras (600.000) y gacelas (300.000), se mueven cíclicamente por estas inmensas llanuras. Súmese a eso miles de búfalos, cientos de jirafas, topis, elands, antílope de agua, rinocerontes, y como no, los elefantes.

¿Cómo caben tantos?
La respuesta es general para todo ecosistema. La energía se distribuye en cualquier sistema natural en distintas formas. Y es también de distintas formas como los componentes del sistema la aprovechan. A eso se llama “estratificación” o “especialización”. Técnicamente, un nicho ecológico. Los sistemas tienen pisos o huecos, que son ocupados por cada especialista en su aprovechamiento.

Los herbívoros, en su caso, aprovechan la hierba en función del tamaño de su boca, tipo de dentadura y sistema digestivo. Así los rumiantes, con bacterias especialistas en el rumen de su estómago aprovechan la hierba verde. Los equinos, que son monogástricos, consumen muy bien la hierba seca y con su paladar duro toleran bien las plantas espinosas, Los antilopes pequeños, pasan después pastando sobre la hierba corta que va quedando y no puede ser cortada por las bocas más grandes de los anteriores. Este proceso también es conocido como «facilitación» (Krebs, 1986). Es el mismo tipo de manejo que debe darse a una pradera aprovechada con ganado doméstico (Montoya Oliver, 1983). Pocos ejemplos de estratificación mejores que las del okapi y la jirafa así como los elefantes en su poder laminador y de apertura de claros.

El complejo Serengeti-Masai Mara es también una magnífico taller sobre depredación, dejando en claro las relaciones en cascada trófica dependientes de ellos (Sinclair et al., 2010). En pocos lugares se presentan tan fantásticos ejemplos de grandes depredadores. Toda una escala de especialistas adaptados al enorme espectro herbívoro que existe. Es también el hogar del único gran felino de carácter social.

La sociedad depredadora es una especialización orientada a la caza de animales mucho más pesados que ellos. Es el caso de los leones o los lycaones en África, también de los lobos en Europa y de las orcas en el mar. A diferencia de los cánidos, los grandes felinos no tienen su capacidad ambulatoria, por lo que no pueden seguir a los rebaños trashumantes. Sus crías los anclan al terreno dificultando grandes desplazamientos.

Es así como se regulan naturalmente las poblaciones de grandes depredadores. Conflictos de territorialidad con grupos vecinos es la primera causa de muerte cuando empieza a escasear el alimento. La muerte por inanición será la consecuencia siguiente cuando las sequías prolongan la escasez de presas. Frente a esto, los daños en enfrentamientos con una presa suelen ser más escasos.

Los señores de la tierra
Pero el superdepredador total está ausente en el Serengeti protegido. De ese modo, las grandes apisonadoras, los únicos mastodontes que impiden la proliferación arbórea pueden desplegarse sin apenas limitaciones. Los escasos ejemplares de elefante que pueden ser víctimas de los leones no resultan suficientes para regular de forma natural su población.

Así que, cuando los niveles de saturación son detectados por los gestores del Espacio Natural Protegido, hay que acudir a la regulación artificial. Hoy en día, el calibre 375 Weatherby Magnum o superiores son los sustitutos de la punta de flecha emponzoñada usada por los antiguos cazadores autóctonos del lugar.

Las grandes llanuras del norte de Tanzania y Sur de Kenya son territorio tradicional de la tribu Masái. Habiéndoseles excluido del territorio reservado a la fauna silvestre (unos 14.500 km²) sus miembros han de extenderse por territorios contiguos. El Área de Conservación del Ngoro Ngoro (NCA) es uno de ellos.

Aunque también guerreros y recolectores, los masái son ante todo ganaderos. Presumen de sus rebaños y tienen fervor sacro a sus reses de vacuno. Son por tanto uno de los ejemplos más antiguos de transición paleolítica que pueden encontrarse aún en estado libre.

Sin embargo, el contraste aparente que se muestra entre las áreas que pastorean con las que tienen excluidas muestra que no resultan muy compatibles con la conservación de la fauna salvaje. En ese sentido pueden considerarse también como el ejemplo más antiguo de la desconexión entre el ser humano y lo libre.

Los depredadores son claros antagonistas con la conservación de su ganado en pastoreo libre. Los herbívoros, son igualmente competidores por el recurso hierba. Ni unos ni otros son bien mirados por los masái. A los primeros les perseguían de forma directa con sus armas de guerra o caza hasta darles fin o expulsarles del territorio. Últimamente resulta más fácil adquiriendo envases de químicos biocidas en la ciudad.

A los segundos, simplemente se les expulsa mediante el aprovechamiento del recurso forrajero que, en condiciones domésticas, casi siempre suele ser desmedido. La caza directa de antílopes, ñúes u otros tampoco es desdeñable.

Más al sur, la etnia de los Hazda, o Hazdabe, se empeña en seguir aferrada al Paleolítico. Viven en el entorno del Lago Eyasi y del Parque Nacional Manyara. Sus 1400 efectivos no son rival para el empuje de los Masái por lo que no se les permite ocupar los territorios de la pradera.

En un ambiente de arbustos y bosque de acacias, muy similar al del Parque Nacional Taranguire se mantienen siguiendo una vida de cazadores-recolectores. Aunque tribu distinta a los San, se les considera también dentro del grupo de los bushmen o bosquimanos.

A diferencia de las tribus pastorales, estos nómadas del matorral tienen una vida más acompasada a los ritmos naturales. Su relación con la fauna salvaje no es de competencia, sino de conveniencia. Los herbívoros por ser fuente directa de alimento. Los carnívoros depredadores, por asegurar la profilaxis sanitaria en los rebaños salvajes impidiendo la proliferación de enfermedades (Sinclair et al., 2010).

Y a diferencia de los leones, si que pueden regular de forma más efectiva a la población de elefantes. Es por eso que la lógica impondrá, con el transcurso del tiempo, la restitución moral que obliga y su inclusión en los escenarios de fauna salvaje más representativos, como parte intrínseca de los mismos y modo racional de gestión.

No en vano son los descendientes de los primeros pobladores de esta y de otras tierras. Aunque no conserven títulos escritos de propiedad, tienen la legitimidad inserta en su ADN. Del mismo modo que los imazighen de las arenas, los inuit de los hielos o los nativos de las praderas americanas.

Si algo hay, que resulte irrepetible e inimitable, son las sociedades humanas y su acervo cultural.

P.D.: En esta ocasión, tuve tan cerca a los Hadza que ni siquiera supe de su existencia. ¡¡Habrá que volver!!!
Gracias a Benigno Varillas por hacérmelos visibles.

Para que no digáis que no aparezco en ninguna foto

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

Dedicado a Mari Ángeles, cuyo tobillo decidió quedarse en casa, con el deseo de que en otra ocasión pueda visitar estos escenarios tan originales.
A Benigno Varillas, incansable defensor de Lo Libre.
A mi hermana, por ser hoy el día de su cumpleaños.

 

RECOMENDACIONES DE VIAJE
No planifiques safari a Serengeti salvo que sea en la época de alta densidad animal (Febrero-Abril).
Opta por otros destinos más cercanos, más rentables para las emociones e intensifica tu dedicación a ellos. La Caldera de Ngoro Ngoro es en ese sentido el más aconsejable dada la variedad de fauna, etnografía, antropología y carácter permanente a lo largo del año.
Si vas a Serengeti ten en cuenta que está lejos de Arusha. Usando transporte terrestre se requiere un día de camino en la ida y vuelta. Evita destinos intermedios o amplía la duración del viaje.
Como he contado, Serengeti es un laboratorio vivo de ecología que trasciende fronteras. Es su valor principal. En ese sentido, es casi único en el mundo.
No pierdas la ocasión de visitar a los Hadza en la región de Arusha o los Sandawe en la de Dodoma, es lo más próximo al origen del Homo sapiens que se mantiene actualmente.
África a tu medida, y Raymond tours te pueden ayudar a organizar el viaje.

Referencias:
Caughley, G.; Sinclair, A.R.E. (1994).- Wildlife Ecology and Management. Editorial Blackwell Science. Oxford, England.

Ekmeier, E.; Kübler, S.; Meya, A.; Mathai Rucina, S. (2020).- The role of geology and climate in soil nutrient variability-potential drivers for large ungulate migrations in the Serengeti ecosystem (Northern Tanzania, East Africa). EGU General Assembly (conference paper).

Krebs, C.J. (1986).- Ecología: Análisis experimental de la distribución y abundancia. Pp.: 313-318. Ediciones Pirámide. Madrid.

Mduma, S.A.R.; Sinclair, A.R.E.; Hilborn, R. (1999).- Food regulates the Serengeti wildebeest: a 40-year record. Journal of Animal Ecology. 68: 1101-1122

Montoya Oliver, J.M. (1983).- Pastoralismo mediterráneo. Monografías ICONA nº 25. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid

Sinclair, A.R.E. (1979).- The eruption of ruminants. Pp. 82-103 in A.R.E Sinclair and M. Nortin-Griffiths, eds. Serengeti: Dynamics of an ecosystem. University of Chicago Press, Chicago

Sinclair, A.R.E.; Metzger, K.; Brashares, J.S., Nkwabi, A., Sharam G. and Fryxell, J.M. (2010).- Trophic cascades in African Savanna: Serengeti as a Case Study. Pp. 255-274 in J. Terborgh adn J. Estes, eds. Trophic Cascades: Predators, Prey and the Changing Dynamics of Nature. Island Press. Whasington