Se cuenta por aquellas lejanas tierras que la gran caldera de Ngoro Ngoro es la boca del mundo. A través de ella, la voz de la Providencia fue nombrando los seres que surgían de sus entrañas. Agua, fuego y barro, todos los elementos a disposición de la mano hacedora que habría de darles forma. El gran taller del que surgieron las preciosas colecciones vivas que hoy por hoy pueblan la faz terreste. Todos los rastros que se indagan parecen confluir en esta zona como el origen de la vida, y la civilización. La alfarería más antigua del planeta.
          “Creó al hombre de arcilla, como la cerámica; y a los genios, de fuego puro” (Corán, sura 55:15)

NGORO NGORO, ALFAR PRIMIGENIO DE LA CREACIÓN

Acampado en uno de sus labios tengo la ocasión de contemplar los horizontes vespertinos, espectáculos cromáticos crepusculares. El cielo aunque brillante, está enmudecido conmigo. Hablamos aquí distinto idioma, sus habitantes cósmicas me resultan totalmente desconocidas. Es la primera vez que miro a la bóveda nocturna en estas latitudes y con excepción de Orión, en el borde ecuatorial no logro identificar ninguna otra constelación o astro.

A través de este inmenso estoma geológico vieron la luz aquellos a quienes la Creación dio la forma y el ser de humanos La tierra madre alimentó sus cuerpos nacidos de fuego y barro, que parecieron pensados como herederos y regidores del mundo. Absorto en la oscuridad siento encontrarme en la noche de los tiempos.Estas estrellas cobijaron sus noches y guiaron sus pasos en el camino del norte donde encontraron al Nilo a lo largo del cual prosperaron y se diversificaron. Si aprendieron a hablar con los astros, poco más allá debieron encontrar la misma barrera idiomática que ahora me afecta.

Obviamente, es todo un relato de construcción mitológica. Sin embargo no deja de ser curioso que sea la gran falla del valle del Rift y toda esta secuencia eruptiva la que marque el camino del Homo sapiens hacia el norte. Podría haber sido la selva ecuatorial y el río Congo quienes los hubieran hecho marchar preferentemente hacia el Oeste y dar origen allí a una civilización avanzada en un entorno ambiental similar al de la civilización Maya en la otra orilla del Atlántico, pero no fue así.

La dispersión de los seres vivos se produce por falta de recursos en un territorio. La sobrepoblación satura el espacio y disminuye la renta unitaria. Las circunstancias ambientales, de carácter vario, pueden alterar igualmente la capacidad productiva del sistema en cualquiera de sus niveles tróficos. Como resultado, se impone la trashumancia, el cambio de suelo (humus).

A posteriori, la estabilización ambiental y el aprendizaje de técnicas de control del medio, permiten el asentamiento en núcleos estables. Se pasa así del nomadeo a la sedentarización. Esto, unido al aumento de recursos, incrementa el tiempo libre y la dedicación a otros menesteres.

Es la diferencia estructural en el paso del Paleolítico al Neolítico. No sólo la forma de manejar la piedra (lithos), es todo un cambio en el régimen de vida y de relación con el entorno natural.

En las praderas, los humanos trashumantes seguían el paso de los rebaños para darles caza. En abrigos y piedras dejaron anotado los glifos con los que interpretaban los tiempos en que abundaban.

Con rebaños a su cargo, retuvo en la memoria los recorridos itinerantes forzando ahora el nomadeo pastoral. Es una manera de aprovechar la hierba que se mantiene hasta tiempos actuales. Los Sami del Círculo Polar o las ganaderías Alicia Chico en Teruel y Ballelindo en Albacete (España) aún lo siguen practicando.

La circunstancia nilótica debió ser una consecuencia de las especiales características de la vena fluvial sobre las arenas del desierto y la topografía de su valle. Canaliza vida a lo largo del sediento y tórrido Sáhara, invitando poco a salir de su cauce. De ese modo recorre casi la mitad de su longitud hasta llegar a la encrucijada donde la crecida del Nilo Azul cambia periódicamente sus condiciones (Parra, 2011).

Siguiendo ese eje, el manejo de la hierba a base de quema y pastoreo debió ir evolucionando hacia el aprendizaje en el uso de la vegetación permanente de las riberas, hasta lo que fue el sofisticado sistema de diques de retención y cultivo una vez llegados a la llanura que se extiende por debajo de la última cascada, el límíte entre Nubia y el antiguo Egipto.

Pese a no ser parque nacional, Ngoro Ngoro es el referente viajero de la zona por ser la puerta del afamado Serengeti. Es punto obligado de parada y el compás de espera se hace todo un ritual. Entre la visita al centro de información y la enorme estructura que guarnece la puerta de control.

El conjunto tiene 8300 km² de extensión, un poco mayor que la provincia de Málaga (7.300 km²). Su denominación Ngoro Ngoro Conservation Area (NCA) define una forma distinta de gestión en la que se permite la coexistencia del ser humano con la biodiversidad salvaje.

Entre los que he podido ver, es sin lugar a dudas el más completo. Su complejidad le dota de mayor diversidad en muchos ámbitos que van desde el físico hasta el biológico y antropológico.

En ello, influye la combinación de posición, altitud y usos humanos. Las montañas en esta zona, son conos volcánicos, activos o no, de más o menos antigüedad. Se presentan de forma aislada por lo general o semiconjunta en algunos casos, pero no conforman cordilleras continuas de gran longitud.

Pese a ello son las cumbres más altas de África y algunas como el Kilimanjaro, entran en el rango de las montañas más altas del mundo.

Por otra parte, la particularidad de encontrarse en el hemisferio sur presenta características distintas a las conocidas en nuestro entorno más usual. Aquí las umbrías quedan al sur y las solanas al norte. Además, las borrascas giran en sentido contrario (sentido horario) favoreciendo con ello la exposición sur a la circulación de los vientos húmedos procedentes del océano.

Con sus más de 2000 metros, Ngoro Ngoro tiene capacidad para obligar el ascenso del aire húmedo provocando su enfriamiento y condensación (efecto Foëhn). Eso le proporciona un rédito de precipitación muy superior al resto. De ese modo, a medida que se asciende, progresa un bosque que se aproxima cada vez más al modelo lluvioso tropical.

El polvo del camino, que diría la canción, es suelto, fino y rojo. Los suelos tropicales (lateritas) son ricos en óxidos de hierro debido a la rápida oxidación de la materia orgánica y al acúmulo de metales que no son fácilmente lixiviables. Empieza así el polvoriento rodaje hacia la montaña y la llanura sin fin que queda a su pie.

La cliserie de vegetación es muy similar a uno y otro lado, porque en esta zona no hay apenas diferencias térmicas entre solana y umbría. La variación es únicamente pluviométrica (ombroclima). Por eso el matorral espinoso y el bosque de acacias se presenta en uno y otro lado a niveles aproximados de altitud.

El bosque húmedo gana en porte y densidad de vegetación. Los árboles presentan hojas más grandes y lustrosas así como cobertura de lianas y epifitas que no se manifiesta en los niveles de menor altitud. Calodendrum capense, Adansonia digitata, Commiphora africana, Erythrina abyssinica y una larga serie de acacias son los árboles principales de la zona. Sorprende encontrar especies macaronésicas como el cardón (Euphorbia candelabrum) e incluso algunas mediterráneas como el olivo (Olea europaea ssp. cuspidata) o el brezo blanco (Erica arborea).

La zona alta está ocupada por pastizales y matorral camefítico (enano o rastrero). Esto permite a los pastores masái practicar trashumancia de corto recorrido (trasterminancia) a lo largo del año cuando las praderas del piedemonte se secan y se mantienen verdes las de la zona cacuminal. Lo usual es encontrarlos en el trayecto moviendo sus animales a uno u otro lado del camino. Sólo tienen restringida la zona interior de la caldera.

La entrada al interior es un transecto lineal a lo largo de esta selva densa que se hace espectacular por la umbrosa sensación tan repentina y contrastada con los ambientes que acaban de dejarse atrás.

A eso se une la espectacularidad de las vistas que se dejan ver como ventanas a través del bosque, mostrando la amplia llanura interior y la superficie del lago.

A medida que se desciende el bosque se va aclarando y perdiendo sofisticación. El árbol de la fiebre Acacia xanthophloea gana en protagonismo y se va abriendo hasta dejar paso al llano y las praderas que lo ocupan.

Las acacias no son planas porque las jirafas impidan su crecimiento en altura, como algunos creen. Es una cuestión natural provocada por la latitud (o altitud) a la que vegetan los árboles. La adaptación a un mejor aprovechamiento de la radiación solar hace que los árboles desarrollen sus copas a lo alto (control epinástico fuerte) o a lo ancho (c.e. débil) para así favorecer la mayor exposición de superficie fotosintética frente a la inclinación de los rayos luminosos.

Así los rayos verticales de las latitudes bajas provocan copas horizontales (acacias, encinas) mientras que los rayos más horizontales de latitudes altas promueven copas verticales (abetos).

En la zona de bosque, elefantes, búfalos, rinocerontes y leopardos pueden verse con más o menos suerte. La gran llanura, está dominada por las cebras y los herbívoros rumiantes.

La densidad, además de ser máxima, es constante. La provisión continua de humedad permite a la hierba producción continua. Eso hace que los animales no tengan que alejarse de estos contornos durante todo el año.

Desde la lejanía, parece una exposición de figuritas. Una primorosa maqueta a la que sólo faltan siluetas humanas. Y la colección es casi tan perfecta que puede encontrarse casi de todo.

El cráter con su inmensa llanura de unas 30.000 ha de extensión es un parque temático en si mismo. Prácticamente no hace falta ir a otra parte, salvo que tengas mucho interés en ver cocodrilos y alguna especie más. Excepto topis, impalas y jirafas, todo lo demás aparece aquí dentro. Algunos elementos, incluso con mayor densidad que en otras partes. Como hay tanta presa disponible a lo largo del año, las necesidades territoriales de los depredadores son más estrechas. Así, una familia de leones que requiere unos 100 km² como despensa, aquí ocupa casi la mitad, contabilizándose unas 5 en apenas 300 km² que tiene esta llanura.

Las jirafas, aunque inexplicablemente existentes, pueden verse no obstante en las praderas de la zona alta. Sin embargo elefantes, rinocerontes, cebras, gacelas, búfalos y otros, tienen aquí la densidad de una reserva que harán las delicias del visitante.

No es de extrañar que los africanos piensen que los relatos bíblicos son una mera broma, que el Paraíso del Edén indudablemente se encuentra aquí y que aquello de Noé y su Arca flotante, es un cuento para niños.

Los rumiantes se encuentran aquí inmersos en pura satisfacción. Necesitan sales minerales para el buen funcionamiento del ejército bacteriano que tienen en el rumen de su sistema digestivo. A los que no lo son, les proporciona una mejor estructura ósea frente a los pastos que se crían en suelos oligotrofos (pobres en minerales).

El lago que recubre el fondo de la llanura tiene características salinas. Esto es explicable conociendo las propiedades del cercano lago Natrón y el volcán Ol Donyo Lengai, que vierte al exterior sales de sus adentros. Resulta muy posible que Ngoro Ngoro comparta el mismo yacimiento salino en sus entrañas y estas quedan expuestas sobre la tierra cuando la lámina de agua se retrae por evaporación.

Los sursaharianos, propensos como son a las reses vacunas, propiciaron el comercio de la sal desde las orillas oceánicas del continente. Fue así como los saharauis (tuaregs, mauritanos, almorávides) se hicieron maestros en la conducción caravanera para surtirles desde las salinas y yacimientos minerales a través del gran desierto.

Una de las formas de pago fue la transacción con humanos (Ben Hamadi, 2003). Es el fundamento del esclavismo africano que abasteció Europa al menos desde tiempos de Roma. Otros productos muy estimados fueron el oro, el marfil, las hierbas medicinales y las maderas duras.

La zona húmeda proporciona además abundancia de aves, aumentando el atractivo del área con respecto a otras más clásicas de las praderas. Las panorámicas fotográficas son también muy exclusivas.

La tribu Masái
No deja de ser curiosa la existencia a día de hoy de personas que quieran vivir en modo libre, en estadios similares a los de hace 10.000 años o más. Los Masái son una de esas sociedades que a día de hoy aún persisten manteniendo usos tradicionales muy antiguos.

Aunque su área originaria es la gran llanura más al norte, la exclusión que se efectuó, prohibiéndoles el acceso a grandes áreas motivó su desplazamiento y ocupación de estas zonas montañosas. Aquí encuentran la ventaja de la itinerancia en altura para localización de pastos verdes a lo largo del año con los que alimentar a sus reses.

Viven en condiciones precarias donde sus agrupaciones (bomas) o poblados mantienen un enorme contraste con las viviendas de la ciudad e incluso de zonas rurales. El barro, las ramas y el estiércol de sus vacas les dan forma y consistencia. Materiales siempre disponibles para un sistema seminómada e itinerante.

Los niños pastorean al ganado, las mujeres se ocupan de la vida en el poblado y los hombres defienden el territorio de otros humanos o animales. Allá donde se encuentran aplanan el medio natural mucho más de lo aparentemente perceptible. La diferencia es aquí bastante apreciable dada la cercanía de la zona de exclusión en el vecino Serengeti.

Si este es el artificio más cercano a la naturaleza, los pastores nómadas ponen en evidencia que la persistencia de los sistemas naturales es incompatible con la presencia humana. Ocurre con los Sami del Círculo Polar respecto a osos y lobos, los pastores de nuestro entorno y también con estos seminómadas africanos respecto a leones o hienas. Pero también persiguen a los herbívoros por competencia directa sobre el agua y el pasto.

No ocurre sin embargo con los Inuits del Ártico, los Yanomami de la jungla amazónica ni con la vida que tenían los nativos del norte preamericano. La estrecha dependencia de las presas que son su sustento les lleva a configurar claramente una estrategia de extracción que asegure la continuidad de ambos.

En esas circunstancias, los depredadores son ajenos a su ciclo. De ese modo, los ecosistemas tienen más posibilidades de mantenerse completos. Los depredadores suelen ser especies clave en los sistemas naturales, transmitiéndose de forma negativa los efectos de su ausencia.

Es lo que se llama una cascada trófica (Terborgh et al., 2010; Paine, 2010). “Una especie clave llega a ser reconocida no tanto a causa de una influencia demográfica sobre su presa sino a causa del potencial de esa presa para competir por los recursos limitados de sus vecinos. Las cascadas tróficas extienden la relación a tres o más niveles tróficos, son caracterizadas por desenfrenados efectos indirectos y alteran la apariencia del ensamblaje natural y la producción, especialmente en el estado basal” (Paine, 2010).

Dejan en evidencia a todos aquellos quienes ponen en su boca el concepto “sostenibilidad” y lo aplican a la economía de las sociedades humanas. El rendimiento o tasa de renovación de los ecosistemas apenas llega al 4 por 100. Proponer ese nivel al status actual del sistema empresarial, provocaría cuando menos una leve sonrisa.

Dedicado a Remedios Nieto en el día de su cumpleaños, en agradecimiento del afecto y amistad que nos une.

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

RECOMENDACIONES DE VIAJE
Plafinica tu visita para los meses de enero-marzo. Es la mejor época en la zona coincidiendo con la gran migración.
La visita a la caldera suele durar medio día en un safari clásico de 5 días. Prolonga la estancia y dedica más tiempo a esta zona junto con Lago Natrón, las praderas del noreste y el entorno del volcán Ol Doinyo Lengai.
Ngoro Ngoro es un Paraíso, la visión total de la Naturaleza en Tanzania. Completa si acaso con el entorno cercano de Arusha (Taranguire, Manyara) y las laderas del monte Kilimanjaro.
Te pueden ayudar: Raymond Tours, África a tu medida

Referencias:
Ben Hamadi, A. (2003).- Las Rutas Transaharianas en el Magreb Oriental. Pp. 37-74 in Mauritania y España, una Historia Común. Los Almorávides unificadores del Magreb y Al-Andalus (s. XI-XIII),. Coedición AECI-Fundación El Legado Andalusí. Granada

Paine, R. (2010).- Food Chain Dynamics and Trophic Cascades in Intertidal Habitats. Pp. 21-35 in Trophic Cascades: Predators, Prey, and the Changing Dynamics of Nature. John Terborgh and James A. Estes editors. Island Press. Whasington.

Parra, J.M. (2011).- La historia empieza en Egipto. Editorial Crítica. Barcelona

Terborgh, J.; Holt,, R.D.; Estes, J.A. (2010).- Trophic Cascades: What They Are,, How They Work, and Why They Matter. Pp.1-18 in Trophic Cascades: Predators, Prey, and the Changing Dynamics of Nature. John Terborgh and James A. Estes editors. Island Press. Whasington.