Esta no era la primera vez que iba a Madrid, pero nunca antes había llevado conmigo una cámara profesional para constatarlo.

Llegamos durante la noche, tras varias horas de viaje en coche desde Málaga. No supe cuándo fue la última vez que estuve en aquella ciudad, pero no tenía la sensación de haber estado durante la noche, pues mis recuerdos se limitaban a imágenes diurnas e inconexas del parque del Retiro.

Cuando nos reunimos con el amigo de mi padre, nos llevó a cenar al Hard Rock, un restaurante en el que nunca había estado y que resultó muy caro. Sin embargo, su diseño temático sí que me gustó.

También recuerdo haberme quedado fascinado por la iluminación y los estilos arquitectónicos de algunos edificios. Casualmente me los volví a encontrar a la mañana siguiente, descubriendo no solo una perspectiva diferente de aquellas construcciones, sino también de la ciudad.

El primero de estos edificios era la Basílica de La Concepción de Nuestra Señora, de estilo neogótico y situada a mitad de la calle Goya. El segundo era el banco Crédit Agricole CIB pero no estoy del todo seguro ya que ha sido el que más me ha costado de confirmar. Este edificio estaba junto a las Torres de Colón, nombre que se conmemora continuamente en el lugar donde estaban situadas: la Plaza de Colón. Además de la gran estatua que hay de este personaje histórico, había la enorme bandera española que ondeaba en una esquina de la plaza, los Jardines del Descubrimiento y los bloques de hormigón que forman parte del Monumento al Descubrimiento de América de Joaquín Vaqueros Turcios.

Es cierto que se trata de una conmemoración de este hito histórico, pero la presencia de la bandera española en esta plaza también puede tener tintes patrióticos. El alzamiento de este símbolo nacional también puede ensalzar la conquista de España sobre América, al igual que los estadounidenses hicieron cuando clavaron su bandera en la Luna.

Pero al margen de los dobles sentidos, continuamos por el Paseo de Recoletos, siendo nuestra segunda parada la fachada de la Biblioteca y Museos Nacionales. De estilo neoclásico, este edificio no solo me llamó la atención por su arquitectura, sino también por las esculturas de personajes tan icónicos como Alfonso X el Sabio o Lope de Vega. Fue una pena que estuviera cerrado cuando pasamos, porque me hubiera gustado echarle un vistazo al interior.

Descendiendo por el paseo también tomé otras fotografías, encontrándonos por ejemplo la escultura de otro famoso escritor abanderado de la Generación del 98: Ramón María del Valle-Inclán y grupos de ciclistas y transeúntes.

Y antes de llegar a otro lugar famoso de la ciudad, quiero hablaros de un emblemático lugar relacionado con Valle-Inclán y que quizás no es muy conocido: el Café Gijón.

Esta cafetería fue un punto de reunión muy importante para los artistas e intelectuales de finales del siglo XIX y del siglo XX donde sobre todo destacaban la tertulias literarias de famosos escritores como Pérez Galdós, el ya mencionado Valle-Inclán, Eugenio d’Ors o Camilo José Cela. Incluso artistas internacionales como Truman Capote, Orson Welles y Ava Gardner pasaron por este local.

Y ahora sí, al final del Paseo de Recoletos me encontré con uno de los lugares más importantes de Madrid: la Plaza de la Cibeles. El actual Ayuntamiento, el Banco de España y la Fuente de Cibeles son los tres monumentos que condecoran la plaza y que me dejaron impresionaron. Sin embargo, el que más me gustó fue el Ayuntamiento por su magnitud y por su particular estilo arquitectónico, el neoplateresco, que en su momento pensé que era gótico, uno de mis estilos favoritos.

Otro lugar al recomiendo ir es el al Círculo de Bellas Artes, tomando la calle de Alcalá desde la Plaza de la Cibeles.

Me gustó no solo por el peculiar estilo de la decoración del restaurante sino también por las vistas que obtuve de Madrid desde el bar de la azotea.

Además, si os gustan como a mí las fachadas de los edificios antiguos o de estilos historicistas, hay varias construcciones colindantes que os pueden interesar.

Continuando con esta degustación de obras clásicas, os recomiendo pasaros por el Palacio Real y el Templo de Debod. El primero de estos edificios es la que debería ser la residencia de la monarquía actual y sin embargo, al vivir en el Palacio de la Zarzuela, lo han limitado a ceremonias y actos oficiales. De estilo barroco clasista, es enorme, gigantesco.

Recuerdo que en su momento me abrumó y no sé si por fue por su inmensidad o su excesiva repetición. De todas formas, pese a esta sensación personal, creo que vale la pena acercarse, sobre todo por el jardín con estatuas que abre paso al monumento, por lo cerca que se encuentra del Templo de Debod y por la Plaza de España.

De camino hacia el templo, la Plaza de España esconde tras su vegetación un enorme monumento a Cervantes que es digno de ver. Además, también merece la pena por las fachadas de algunos edificios próximos como el Museo Cerralbo y la Parroquia de Santa Teresa y San José.

Terminando nuestro camino, llegamos al Templo de Debod, un regalo de Egipto a España en 1968 por la ayuda ofrecida a la conservación de los templos de Nubia. Lo que más me llamó la atención de este monumento fue su disposición. Lo primero que te encuentras son varios arcos adintelados colocados en línea recta de forma que configuran un camino implícito hasta llegar a la entrada del templo.

Además, otra peculiaridad es que, excepto el templo, la plataforma fija donde se sitúan los arcos está rodeada por un estanque. De esta forma, solo se puede acceder al museo egipcio desde una entrada lateral.

Por último, antes de abandonar este lugar, os recomiendo acercaros al final de la plaza para contemplar las vistas ofrece de los jardines de la ciudad y donde también se puede observar a lo lejos el Palacio Real.

Fotografié más lugares, edificios y monumentos de la ciudad en aquel viaje, como por ejemplo la Plaza Mayor, que sí me llamó la atención por las pinturas que condecoran la placa de plaza, pero que en su conjunto no me causó tanta impresión como en otros rincones de la capital.

Por último, vamos a alejarnos del centro de Madrid para terminar con algo totalmente diferente al casco histórico. Las Cuatro Torres Bussiness Area, son unos impresionantes rascacielos situados en el Paseo de la Castellana que merecen la pena contemplarlos, aunque sea desde el exterior.

También me llamó la atención una especie de obra de arte cerca de los edificios con un montón de pequeños trozos de piedra dispuestos de una forma que me recordaban a las lápidas de un cementerio.

Nosotros no paramos en la plaza de Castilla donde estaban las Torres Kio, pero creo recordar que sí se veían desde las Cuatro Torres. Así que si os pilla de camino, también podéis echarle un vistazo.

Pese a esta presentación moderna de Madrid, la imagen que realmente se me grabó por aquel entonces y que sigue formando parte de mi percepción es la de una ciudad muy antigua que consigue conservar con creces su pasado arquitectónico e histórico. Es decir, una ciudad que construye su estilo a base de recuerdos.