Cuauhtemallan, el lugar de muchos árboles, te sorprenderá. Frente a los tópicos caribeños y tropicales de Centroamérica, se revela como una tierra natural, llena de biodiversidad donde el elemento humano aparece muy cercano a su identidad preamericana. Los contrastes de paisaje, de clima y de relieve en un recorrido desde el Pacífico hasta el Atlántico llenan de dinamismo cualquier viaje posibilitando la aventura, la interacción cultural y el estrecho contacto con una naturaleza inesperadamente salvaje.                         GUATEMALA: VOLCANES, SELVA, AGUA

Mi primer gran viaje sobrevolando el Atlántico aterriza en Guatemala. Nuevamente de la mano de “3000Km, viajes de aventura”. Como siempre en el aeropuerto de origen nos reunimos para la salida en grupo. En esta ocasión Marta es la guía, Berta desde Barcelona, Antonio desde Alicante, Miriam y Vero desde Málaga, Rocío desde Calatayud y un servidor, procedente de la bahía de los boquerones. Sin saberlo, sin pretenderlo, esta forma de viajar permite gente encantadora como ha sido el caso, garantía de sintonía y diversión a lo largo del periplo.

El aeropuerto de la capital tiene como nombre “La Aurora”. Allí nos esperan unos grandes ojos de tinte africano rebosantes de luz que cobijan una enorme sonrisa. Pancho Israel, su dueño, será nuestro guía en este viaje centroamericano. Acompañado de su escolta Eladio abordamos la furgoneta que será nuestros pies durante las próximas dos semanas.

Hacer escala en Ciudad Antigua al caer la tarde empieza impregnando el viaje con el tinte romántico que atesora esa ciudad de casas bajitas y multicolor. Una tarde gris y seria se vuelve atronadora y nos recibe con un preámbulo de tormenta tropical. Que el cambio de divisas se produzca en el interior de un centro comercial al uso y sólo admitan billetes “en perfecto estado”, empieza a marcar algunas de las notas pintorescas que irán apareciendo a lo largo de la travesía.

Las ocho horas de diferencia horaria con el país de origen abrevian la noche de forma poco creíble y el cuerpo se despierta horas antes del amanecer sin ningún esfuerzo. A las 6.00h el amanecer ya es más que patente y la furgo de Israel ya nos espera a puerta de alojamiento con su portón trasero dispuesto a embarcar nuestro equipaje.

Con objeto del desayuno, primera parada en un rincón singular, Chichoy Agua Escondida, en la localidad de Tecpán. Un restaurante de corte alpino que recuerda mucho a algunos establecimientos de Sierra Nevada por su uso de la madera y su ubicación a orillas de un río de montaña. Sólo la densidad boscosa de las laderas y la particular fisonomía de sus trabajadores marcan la diferencia. No puedo dejar pasar la ocasión de probar el auténtico cacao de los mayas. Las chicas practican la elaboración manual de tortillas de maíz siguiendo indicaciones de la señora a cargo de la cocina.

Es el primer contacto con el país y la vegetación que puede verse desde la carretera ya me tiene entusiasmado. Grandes ejemplares de pino que obviamente desconozco y que me recuerdan enormemente por su aspecto al pino canario (Pinus canariensis C.Sm ex DC.). Me surge la curiosidad de si la proximidad morfológica pudiera tener cierta relación con la latitud macaronésica de ambas especies. Posiblemente la local se corresponda con P. oocarpa Schiede ex Schltdl. Descubrir al ciprés de Monterrey (Cupressus lusitanica Miller) en estado nativo es muy emocionante. Sorprende la abundancia y dominio de ese tipo de coníferas en un ambiente aparentemente tan lluvioso. Igual es una simple sensación, la vegetación, como el algodón, no engaña.

El camino recorre el cordón orográfico del país. Guatemala es mucho más montañosa de lo que esperaba, con altitudes que llegan a superar los 4000 m de cota. Su origen es eminentemente volcánico, derivado del contacto en subducción que se produce al introducirse la Placa del Pacífico bajo la placa del Atlántico. Es la misma causa a la que deben su existencia la Cordillera Andina, el itsmo mesoamericano y las Montañas Rocosas de Norteamérica.

Chichicastenango
Otrora atalaya defensiva se ha convertido en cumbre expansiva, una fábrica de color. Su altitud favorece la colisión de los rayos solares, que al contacto estallan en minúsculos brillantes tomando forma humana. Sometidos a entropía terrenal la atomización colorista resultante se mueve inquietamente entre sus calles. Congregadas en el mercado combinan hebras humanas y vegetales que traman el tapiz del pasado maya de esta tierra.

Sus colinas cultivadas, su enjambre humano y el trajin comercial son el testigo más actual del deslumbrante neolítico preamericano que prosperó en este suelo tal vez en modo autónomo y autóctono.

El sincretismo simbólico de sus antiguas creencias con la imposición católica y el arraigo a ese tipo de premisas vinculadas a la fe y la espiritualidad contribuyen a marcar una quiebra en el tiempo.

El humo purificador, el vivo colorido ritual, la música intrínseca, las particulares facciones de su gente y el antiguo modo de hablar el idioma hispano. Es el aderezo que da fascinación a lugares como éste, haciéndonos viajar en el tiempo.

Atitlán
Los vientos de poniente traen a mis ojos la desconocida niebla del Pacífico. A un escaso centenar de kilómetros su cercanía permite que sus brisas cargadas de humedad coagulen en la altitud de esta dorsal montañosa que se opone a su trayectoria dominante como un paredón impermeable. Regalan a estas montañas con tupidos y densos bosques de ambiente tropical. Impregnan sus laderas y las llenan de regatos que permiten el meritorio cultivo de estas anfractuosas laderas. Ciegan nuestros ojos, humedecen nuestros párpados para de repente abrirse desde la cima en la que se divisa la orilla del lago Atitlán y los blanquecinos pueblos que reposan en su orilla.

Es un paisaje mezclado entre laurisilva canaria y la costa cantábrica de pueblos pescadores asentados junto al mar, una singular hibridación nunca vista hasta ahora. La inmensidad de la hoja de agua me resulta inesperada. Y así, emergiendo desde la niebla como héroes victoriosos llegamos hasta San Pedro la Laguna.

El país de la eterna primavera es también el país del agua. En esa primera tarde nos asalta un simulacro de tormenta tropical. Los diez centímetros de salvaje arroyada que se desbocan ladera abajo por las calles de San Pedro, según Israel son una broma en relación con el potencial lluvioso de por aquí. Una excursión a San Marcos, en busca del original chocolate de los mayas nos empapa hasta el sentimiento. Sin embargo, no es más que una ligera muestra. Tiempo habrá de comprobarlo.

Atitlán es paraíso para un pastor de estrellas. En la noche bajan a beber y se apacentan en el redil que conforma esta gran caldera volcánica inundada. Reunidas así es más fácil contarlas e identificarlas. No como en el gran desierto, donde el horizonte infinito imposibilita su estabulamiento.

El paisaje es mágico a cualquier hora del día, tanto entre la tenue tiniebla rota por el halo interestelar como a media mañana besando el algodón nebuloso que se posa sobre su espejo para sacarle brillo. Los crepúsculos merecen mención destacada. Una simple foto condensa las mil sensaciones que puede causar su contemplación en vivo.

El laberinto emocional es aún mayor si se culmina la cima del rostro maya, una cumbre cercana desde la que la visión tridimensional hacia cualquier dirección estremecerá al visitante cuando el horizonte se encuentra despejado. La excursión, al rayar el alba tiene un tinte de aventura selvática que subirá la adrenalina a quién no esté muy habituado a los paseos por el bosque.

Alojarse en MIKASO Guest House proporciona sensaciones de potentado. Esta enorme y fantástica casa quedó disponible para huéspedes cuando sus propietarios la transformaron en posada para viajeros. Su estructura dota al usuario de magníficos miradores hacia el lago y el crepúsculo matutino. El espectáculo se muestra ante los ojos como una pintura mural cambiante, una escena sobre pantalla de lienzo cenital, una amalgama de flores en un jardín de primavera. Sin duda debe ser tema principal en la inspiración femenina que teje los colores en los textiles que se urden en cualquiera de estas montañas y de los que Chichicastenango parece ser el crisol que los reúne.

Encuentro en este lugar a Owen, un chico canadiense que reside aquí junto a su familia (esposa y 5 hijos) llevando a cabo The Giving Experiment, una acción solidaria puesta en marcha por ellos para la cooperación social y humanitaria con las personas y el medio ambiente de este entorno. Al igual que él, otra mucha gente se ha asentado en alguno de los pueblos a orillas del lago. Pasar aquí varios días te dará la explicación. Así que hay que partir pronto, so pena de quedar embelesado.

La historia de Antoine de Saint-Exupery es más que ilustrativa al respecto. Pasó varios años entre una y otra orilla empapándose visualmente de su paisaje hasta el punto de que una de las colinas al pie del volcán Tolimán es la silueta del sombrero o la serpiente que se comió al elefante, en su libro “El Principito”.

Lo más interesante de estos pueblos es escuchar hablar a Israel. Hay distintas etnias habitando cada uno, vistiendo sus atuendos específicos, sus colores característicos y hablando diferentes variantes de la antigua lengua maya. Un mosaico étnico de lo más singular e interesante. Conoce a mucha gente de aquí y te hará la visita mucho más interesante y profunda.

Navegar lago Atitlán es pasear sobre la boca de un dormido dragón que en cualquier momento pudiera despertar y engullirte. Sus laderas escarpadas dan soporte a una selva densa y salvaje que se hace inexpugnable en esas murallas rocosas. Un magnífico ejemplo de paisaje macaronésico similar al de las islas Atlánticas. Las cascadas y saltos de agua son espectaculares. No es recomendable nadar en sus aguas. La higiene urbana de estos pueblos sigue los ritos ancestrales de evacuación en sus desechos y todo termina como una gran sopa en aquella caldera.

El viaje cambia de rumbo. Hay que volver a enfrentarse al reto de atravesar ciudad de Guatemala y orientar el viaje hacia el noreste. El paso por la capital puede consumir dos o tres horas con vehículo propio. Aventurarse a viajar en transporte público consume mucho tiempo en los trayectos hasta poderse hacer insoportable.

Biotopo Quetzal
La siguiente etapa
nos sumerge en pleno bosque lluvioso de montaña. En la localidad de Purulhá hay una reserva a la que llaman Biotopo Quetzal, porque guarda una magnífica representación del bosque donde habita el ave nacional de Guatemala. Una noche suele bastar para hacer escala y durante la mañana recorrer el sendero que parece más bien un enorme jardín.

Cascadas, escalinatas, pontones y una cohorte de árboles gigantescos con la mayor colección salvaje de helechos arborescentes que había visto hasta ahora. Los adornos de lianas son tan abundantes, tan exhuberantes hasta el punto de desconocidos en nuestro ambiente natural. Por eso la mente los asocia a jardinería de primor en colecciones selectas de árboles más que singulares en nuestro ambiente Mediterráneo.

La colección de orquídeas, la prospección de pájaros, el infinito verde con sus traslúcidas perforaciones al sol convierten el paseo en una delicia botánica, una breve expedición a la biodiversidad selvática de película. Las charas y los colibríes encantarán a los amantes de las aves y la fotografía.

Esta corta incursión permite continuar la ruta en la orientación general ya marcada y nos dirigimos a Lanquín, entre montañas de la comarca de Alta Verapaz, cuyas aguas vierten al lago Izabal. Los perfiles de suelo volcánico que he ido viendo hasta ahora cambian drásticamente mostrando las entrañas sedimentarias y carbonatadas de estos perfiles montañosos. Consecuencia de ello es la gran gruta de Lanquín, elevada a la categoría de Parque Nacional y el río Lanquín, que surge de sus entrañas evacuando las descomunales lluvias que caen sobre sus colinas.

Lanquín
Lanquín
es una localidad pequeña, plenamente rural que no marca ninguna diferencia significativa respecto a las que hemos ido encontrando en el camino. La abundancia de vegetación y escorrentía permite aquí una dispersión humana amplia, que tiene en los pueblos el centro de reunión principal los días de mercado o de ceremonia religiosa. Nos alojamos en el Hostal Vista Verde donde nos atiende Lisa con su genial carácter extrovertido.

Cada tarde, en esta época, el cielo se desgrana desplomándose en caída libre sobre lo efímero y lo eterno que encuentra a su paso. He visto tremendas situaciones de gota fría en el Mediterráneo, pero lo tropical es otro nivel, eso sin haber conocido aún personalmente a mister Monzón. 150 mm de precipitación en apenas hora y media, sin mucho problema. Así es fácil entender el nivel de vegetación de estos lares, así como las situaciones de desprendimiento de tierras que se dan tan fácilmente en los poco agregados suelos tropicales.

El entorno de Lanquín es famoso por su gruta pero sobre todo por el paraje de Semuc Champey, que en lengua vernácula quiere decir “Puente de piedra”. El trayecto desde Lanquín hasta allí es divertido. El mal estado de la pista hace imprescindible un vehículo todo terreno. Aquí lo usual es una camioneta descubierta en la que las personas viajan agolpadas en el cajón en densidad variable según las normas establecidas por el municipio respectivo.

Además de la situación divertida, esta situación permite contemplar el paisaje a la perfección. En estas zonas próximas a los pueblos es fácil advertir cómo la selva se abre en cuadros para instalar cultivos locales. El maíz es el principal, pero también cardamomo, aguacates, mango, cacao, de forma que el paisaje se diversifica. Pese al uso agrario, los contrastes no son tan marcados como en nuestras latitudes, porque lo arbóreo, lo verde, raramente llega a poder ser excluido.

Así llegamos al acceso principal de Semuc Champey. El itinerario que nos marcan asciende de repente por una escalinata interminable sobre el paredón rocoso que forma uno de los márgenes del desfiladero por el que discurre el río Cahabón. El ascenso presenta como complicación la absoluta humedad que recubre todo y hace muy resbaladizo el piso de las escaleras o la roca por la que se camina. En media hora aproximadamente llegamos al mirador sobre este emblemático paraje.

El verde turquesa de las aguas cristalinas confieren al lugar un aspecto paradisiaco. Es uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida. Es puro jade cristalino incrustado en la anfractuosa esmeralda que conforma aquí la selva engarzada en estos tremendos paredones de roca caliza. Sin duda una joya que, asombrosamente está escasamente promocionada.

El efecto travertínico del carbonato cálcico hace aquí el mismo efecto que ya vi en Pamukkale. Con excepción del blanco algodonoso de las aguas turcas. El lugar está muy habilitado para la visita, con un espacio para dejar a buen recaudo la ropa y enseres personales. Así que, no te ocurra como a mi y ve con cámara de fotos si llega el caso.

Llegados al lugar, lo más impresionante es ver cómo la roca se traga la bravura del río Cahabón a través de un enorme agujero. Ver cómo esa avanlancha de agua salvaje se rinde a tus pies origina una sensación mosaica que seguramente no habrás vivido anteriormente.

Las rocas caídas desde el desfiladero han formado un puente bajo el cual circula el río de forma subterránea. En la parte superior, las surgencias laterales encuentran un remanso sobre el que deslizarse de forma suave y han dado lugar a la impermeabilización del puente y de algunos diques que las encharcan.

La sucesión ritmica de estanques es un magnífico balneario silvestre. Lo usual es ir recorriéndolas en el sentido de la corriente saltando de uno hacia el siguiente. Al final, la aparición del río nuevamente bajo Semuc Champey no pierde un ápice del sentido mágico de este lugar.

Dia siguiente….otra oda a la madrugada. Salir de Lanquin al amanecer posibilita la contemplación de la alborada sobre los perfiles montañosos. El creciente espectro de azules, malvas y anaranjados va cambiando a medida que ganamos altitud. Las nieblas durmiendo en el fondo de los valles aumentan la belleza de estos paisajes boscosos que visten a sus laderas.

Por delante, unas nueve horas de trayecto hasta la localidad de Flores. En el intermedio, parada en el vado de Sayaxché para subir a bordo de la lancha de Lázaro y recorrer el río La Pasión hasta llegar al Cráter Azul. El recorrido recuerda a los grandes ríos africanos. No en vano estamos en latitud del Sahel africano con ríos hermanos como el Senegal o el Gambia.

Aquí hay más presión humana y los cultivos se acercan a la orilla del río con lo que la vegetación de ribera parece más pobre. No obstante, las zonas llanas se encuentran inundadas sin permitir la progresión agrícola. Caimanes, tortugas, monos y mucha avifauna es común en la zona.

El cráter azul es una dolina por debajo del nivel del río que funciona como surgencia. Las aguas en tiempo seco son cristalinas e invitan al baño. Una cortina de nenúfares cubre el agua en algunas zonas pareciendo el estanque de un gran jardín más que naturaleza salvaje. Es lo que tiene usar jardinería tropical en ambientes foráneos.

Petén
Por la tarde arribamos a
Flores, la principal ciudad en la región del Petén, a orillas del lago Peten Itza, el tercero más grande del país. Nos alojamos en el hostel Los Amigos, un lugar con mucho trajín y mucho encanto. Se trata de una antigua casa colonial convertida en albergue para grupos.

FLORES PARA TODOS es el lema de esta ciudad. Su emplazamiento a orillas del lago es precioso y su cercanía a la selva la hace portón de un sinfín de aventuras. Su trazado amable y pequeño, ideal para pasear entre la policromía de sus casas y la amabilidad de sus gentes. El lago, réplica de un manso mar para los nostálgicos de la costa. Los mosquitos no pueden impedir la vida nocturna y un paseo al caer la tarde termina comiendo en alguno de los locales a orillas del lago.

El siguiente día es el de la Aventura Maya. Llegar a Tikal desborda la expectativa. Selva pura a lo largo de kilómetros y kilómetros de carretera. Una mancha virginal sobre el mapa que se extiende a todo lo largo de la península del Yucatán, rebasando fronteras. El segundo bosque más importante de América después del Amazonas.

Tikal es el principal yacimiento arqueológico del mundo Maya hasta la fecha. Su importancia radica tanto en su extensión como en el estado de conservación de sus construcciones y la abundancia de ellas. Merece atención especial en monográfico independiente.

Desde Flores, el trayecto ya es de progresivo retorno. Por ruta de levante costeamos el país hasta bajar a Rio Dulce, en la orilla del lago Izabal. Allí conocemos a El Canche, quién en su lancha nos lleva hasta Livingston ya en las playas del Caribe.

Río Dulce
Izabal no es realmente un lago, sino una bahía o más bien una ría. El mar se adentra hasta la desembocadura de algunos ríos como el Cahabón, que ya conocimos en Semuc Champey y que viene hasta aquí para besar al mar. A ello se une la gran cantidad de agua de lluvia que llega directamente a través de la escorrentía a lo largo de esta gran cuenca hidrológica.

Livingston
El hotel El Delfin resulta de lo más pintoresco. A su arquitectura en una sola nave lineal se une su terrible tejado de chapa que traslada un insoportable calor a las habitaciones de la planta superior. Aunque está nublado, el calor resulta excesivo. La solución mágica está en manos de un mando a distancia que conecta el aparato refrigerador…por un módico precio de unos 12 euros.

La noche en Livingston nos muestra que la lluvia en el Caribe es igual de salvaje que tierra adentro. Por un momento creemos que el día va a pasar a cubierto. Pero no, aquí las nubes parecen querer molestar lo menos posible y se retiran poco después del alba.

El recorrido hacia el mar se efectúa a través de un cañón rocoso envuelto en selva virgen que resulta espectacular. Mucho más que río La Pasión. No hay otro modo de llegar a la costa desde aquí.

Siete Altares es otro de esos cursos de agua que llegan directamente a esta bahía descendiendo el nivel salino del mar. Los manglares por eso, viven en esta orilla a sus anchas y se extienden a lo largo de todo el cordón costero.

La parada en Siete Altares es de obligado cumplimiento. Tanto por conocer el ambiente y personajes vinculados a la cultura garífuna como por el espectáculo acuático que supone ese río. El trayecto es corto, apenas 1 km de longitud, pero la sensación de aventura te subirá la adrenalina sin duda alguna.

Selva pura en la que adentrarse con árboles espectaculares, apenas llega el sol al suelo, y un río caudaloso con un precioso salto de agua con el que culminar el recorrido.

Seguidamente la lancha nos lleva a playa Arenas Blancas, muestrario ideal de playa caribeña que emociona al identificar por vez primera en vivo. Arena suave, agua cálida, horizonte infinito, hamacas, cocoteros y manglares.

La próxima etapa exige nuevo enlatado a bordo de furgoneta durante nueve horas para llegar hasta Ciudad Antigua. Con parada intermedia en el yacimiento de Quiriguá para ver la mejor colección de estelas mayas que se conserva en el mundo. Expuestas en su emplazamiento original confieren al lugar el ambiente pretendido. Pon atención además a la serie de magníficos árboles que hay en el entorno. Las ceiba solitarias alcanzan dimensiones descomunales como no se ven en otros puntos de este viaje.

Antigua
Ciudad Antigua de Guatemala
fue la tercera capital del país colonizado por los españoles. Más que ninguna conserva las trazas arquitectónicas de ese pasado dominado por los europeos. Sin embargo a mi se me antoja como una muestra más del sincretismo tan audaz que supieron manejar los habitantes de este país.

Ubicada a los pies de tres fantásticos volcanes, Volcán de Agua, Volcán de Fuego y Acatenango su arquitectura decimonónica revive escenas de las Islas Canarias con su horizonte cubierto de verde laurisilva. La ciudad parece tener la piel cubierta por escamas. Sus duros adoquines de roca volcánica parecen la dermis de una gran serpiente o del Kawoq de los mayas.

Esta dura coraza la hace invulnerable al paso del tiempo, muy adecuada para el paso de caballos y carros de otro tiempo hoy en día somete a motos y coches a un divertido balanceo que les dificulta el tránsito viario.

Destaca por sus palacios y edificios históricos. Pero sobre todo por el mosaico que forman las fachadas de sus casas. Es la paleta de color de la que el arco iris se pinta para lucir sobre el cielo. Antigua no es una ciudad es una caja de acuarelas que luce verticalmente y parece extenderse por todo el país.

El trazado rectilíneo del viario la convierte en un damero perfectamente cuadriculado donde la orientación es facilísima en tanto se adivina el ritmo distributivo. Este color no es español, ni siquiera portugués. Intuyo que es una simple condensación del mundo policromático de sus ancestros. Recomendable ir a probar el café que Carlos dispensa en JADE CAFÉ También el Mercado de Artesanía El Carmen donde César regenta JADES MAYA.

El color se reparte en cada célula urbana de esta ciudad convirtiéndola en un vestido polícromo, una bandera identitaria de este país al que representa en numerosas imágenes. Vista desde el mirador del Cerro de la Cruz, parece una alfombra extendida a los pies de sus volcanes, el manto de color más simbólico de toda Guatemala.

Ha sido una sorpresa inmensamente grata recorrer este país durante dos semanas. La mano y habilidad de Israel han facilitado mucho el viaje con su conocimiento de paisajes y paisanaje. A nivel de grupo también ha sido una experiencia formidable con un nivel de sintonía entrañable en toda circunstancia. Así que este artículo está dedicado a todos ellos: Marta, Antonio, Rocío, Miriam, Vero y Berta. También a Owen y familia, Experimentando el Dar (The Giving Experiment), por hacer bonito el mundo con su generosidad y sonrisas.

Gracias al mundo Maya por el cacao y el chocolate, por el maíz, los pimientos y el tabaco, que tanta felicidad han repartido a este lado del océano y por la patata, que tanta hambre ha quitado en el resto del mundo.

A quienes desde aquí creen que les hicimos un favor, recomendable la lectura acerca del nivel civilizado de la cultura maya en el momento de su gran colapso (siglos VIII-IX). También recomendable profundizar sobre los genocidios de Occidente (Frankopan, 2016) por si se presume de ranking civilizatorio.

De la otra parte, creyendo que España es el summum de todos sus males, recomendable también la lectura sobre el independentismo criollo del s. XIX así como las hazañas de Blas de Lezo, a quién debieran venerar en esas tierras como figura egregia por haber salvado a Centro y Sudamérica de la Gran Bretaña y su capacidad de aplanar pueblos indígenas demostrada al norte del río Grande (Brown, 1973).

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

Referencias:
Frankopan, P. (2016).- El corazón del mundo. Editorial Crítica. Barcelona
Brown, D. (1973).-  Enterrad mi corazón en Wounded Knee. Editorial Bruguera. Barcelona

3000Km VIAJES DE AVENTURA: t.me/viajes3000km
SAFE TOURS GUATEMALA
: t.me/safetoursguatemala (Pancho Israel Hernández)
JADE CAFÉ: t.me/jadecafeantigua (Carlos Dulian)
JADES MAYA: t.me/jadesmayaguatemala (César Uzen Quinac)
LODGE VISTA VERDE: lisabolon41@gmail.com (Lisa Bolón)
THE GIVING EXPERIMENT: thegivingexperiment.com (Owen Dargatz)
TURISMO LANCHA CANCHE: t.me/lanchacanche