En mi breve paso por ThaRae tuve tiempo de conocer un poco más en profundidad esta pequeña comunidad cristiana en Tailandia que cuenta con una seña de identidad cultural propia, distinta de la tailandesa clásica y de la originaria de Isaan. Se debe en parte a la historia que ha vivido este pequeño pueblo a lo largo de los años.

El pueblo se encuentra prácticamente a pocas horas de Laos, por lo que está claro que parte de la cultura propia viene en parte del país vecino, está tan patente que en esta comunidad se habla como primera lengua el lao o mejor dicho una variante de este que se usa en estos lares. Por eso en parte los tailandeses originarios de Isaan son en parte discriminados por venir de una región más rural y hablar en parte con acento distintos a los de otras regiones del país.

También sufren un racismo por el color de la piel que tienen en Isaan, en parte más oscura. Porque en Tailandia se mantiene la mentalidad medieval que imperaba en Europa: la piel oscura es propia únicamente de granjeros o de personas de bajos recursos que tienen que trabajar en el campo, mientra que la piel blanca es un símbolo de un buen estatus social. También la influencia de otros países asiáticos como Japón o Corea hacen que los tailandeses crean que el canon de belleza es el mismo y que las personas con la piel oscura son feas, por lo que es más que normal ver hasta en la propia Isaan a chicas con la piel totalmente blanca lechosa debido a unos tratamientos. Lo peor de todo es que ese racismo está estandarizado en la sociedad y es algo más que normal que nadie para a discutirlo.

Pero por mucho que la sociedad intente imponer ciertos cánones la belleza está patente en todos los lugares del planeta y en ThaRae especialmente.

La historia de ThaRae

En 1884 había un pequeño enclave de inmigrantes vietnamitas viviendo en el centro de Sakon Nakhon, formaban una pequeña comunidad católica de no más de 40 habitantes que estaba regida por un sacerdote francés llamado Gago, el cual viajó a hasta estas lejanas tierras como misionero como miembro de una congregación que estaba trabajando previamente en Laos. Pero poco a poco la comunidad fue incrementándose por lo que comenzaron a tener diferencias con las autoridades locales por lo que decidieron trasladarse a la rivera del lago que los nativos decidieron bautizar como Hin Ha, ubicando allí su archidiócesis.

El pueblo comenzó a edificarse siguiendo un plan urbanístico europeo, con edificios de estilo francés y vietnamita a la vez que aún siguen en pie. Además a medida que la comunidad iba creciendo la cantidad de europeos y franceses residentes en este pueblo también lo hacía. Y para la Segunda Guerra Mundial el pueblo supuso un importante punto de enlace en la Guerra de Indochina, pero una vez la guerra finalizó la comunidad europea también acabó abandonando la región.

En la actualidad estas edificaciones siguen en pie, aunque prácticamente abandonadas son realmente una belleza, era como ver dos culturas mezcladas. Y me sorprendía bastante vernos únicamente a nosotros allí, caminando por las calles sin ningún otro turista ni visitante que se parara a disfrutar del pueblo. Inclusive cuando algún local pasaba con la moto y me veía con la cámara en la mano haciendo foto a todo lo que pillaba se paraba un poco a mirar sorprendido.

Alguna que otra ha sido rehabilitada como cafetería o como guardería, pero en general algunas de las casas tienen más de 100 años y siguen prácticamente igual que desde entonces, inclusive varias de ellas siguen siendo habitadas a día de hoy. Pero si sigues caminando por esas calles te encuentras con alguna enorme mansión de algún extranjero que ha venido casado con alguna chica del pueblo, algo muy habitual en Isaan.

El día 25 de diciembre de cada año las calles de ThaRae se engalanan para realizar un desfile por todo el pueblo en el que se decora con grandes estrellas luminosas que simbolizan el nacimiento de Jesús. Es además el día más turístico y más popular de esta pequeña comunidad católica, que el resto de los días del año vive con total tranquilidad.

La vida de Sontorn y su familia

En los años 70, durante la famosa Guerra del Vietnam, muchos vietnamitas acabaron huyendo de las atrocidades de la guerra, cruzando a escondidas la frontera de Laos con Tailandia, instalándose una gran cantidad de refugiados en las provincias limítrofes, entre ellas Sakon Nakhon. Muchos de estas personas decidieron emprender esta travesía con su hijos, que se criaron en Tailandia como un niño más pero que no fueron reconocidos por las instituciones del país como nativos, para ojos legales eran indocumentados.

En ThaRae tuve la oportunidad de escuchar esta historia por parte de un familiar de Fon, se llamaba Sontorn, era un hombre de unos 60 años de edad que nació en la propia Tailandia, pero al no ser hijo de tailandeses no se le reconoció su nacionalidad hasta que cumplió los 50 años. Tanto él como muchos otros niños no tuvieron la oportunidad de continuar sus estudios por el simple hecho de no contar con la nacionalidad, además de que no pudieron inscribir oficialmente en el registro a sus hijos como propios. Por lo que alguno de sus hijos en términos legales fueron inscritos con el apellido familiar materno, algo muy común en gran parte de la población de este pequeño pueblo. Entre ellos destaca el hijo barón de Sontorn, llamado Pack, que tiene un apellido distinto al de su padre.

También sus hijos tuvieron problemas legales para poder continuar con sus estudios. Finalmente el antiguo rey de Tailandia Bhumibol Adulyadej, fallecido el pasado año, en una de las visitas que realizó a la región tuvo contacto con algunos representantes de la comunidad. Los cuales le hicieron saber la gran injusticia que estaban viviendo aquellas personas y al parecer personalmente el rey intercedió por ellos y obtuvieron finalmente la nacionalidad tailandesa. Por eso en parte la figura del rey es muy venerada en todo el país pero en parte en este pequeño pueblo.

St Michael´s Cathedral

Si hay que destacar un lugar en concreto en ThaRae es sin duda su majestuosa catedral, sin duda el corazón del pueblo, porque como comenté anteriormente es prácticamente en su totalidad católico y practicante. Casi toda la comunidad acude normalmente a misa, no solo los domingos, la mayoría intenta ir de forma habitual. Pero esto es Tailandia, hay que tener en cuenta la concepción religiosa que existe en Asia, por lo que la mayoría creen y practican a su vez otros ritos budistas, respetando la creencia religiosa de la mayoría de las personas.

Aunque preguntando a la mayoría de los tailandeses con los que estuve hablando en esta pequeña villa, todos estaban orgullosos de ser católicos y de que su pueblo fuera el último en Tailandia. Algunos me decían “Yo soy católico, como tú”, desconociendo que prácticamente no creo en nada, pero cuando lo decían se mostraban tan contentos, que les acababa diciendo que sí, que yo también lo era. A fin de cuenta, ¿quién soy yo para cambiar las creencias de los demás?

Pero siendo creyente o no, la catedral es una maravilla, no solo el edificio sino todo el complejo que lo rodea. Se alejaba totalmente de las lúgubres iglesias que rondan por Europa y por el contrario es todo un espectáculo visual. Desde los árboles y esculturas que la rodean hasta al deslumbrante blanco que resalta en su fachada. El color rojizo característico de la tierra en este pueblo del que ya estuve hablando, destaca aún más en esta catedral, comparándolo con el verde de la vegetación.

En definitiva; su majestuosa catedral, sus viejos edificios de corte francés y vietnamita, su tranquilidad, su lago y la esencia cultural que allí se puede respirar, hicieron de ThaRae uno de los lugares que más me impresionaron en mi pequeño tour por este lejano país asiático.