Sierra Nevada es la montaña más alta del sur de Europa, de todo el conjunto peninsular ibérico y de gran parte de Europa occidental al margen del macizo de los Alpes. Esta singularidad altitudinal, junto a otras características que le son propias, tal que ser un privilegiado mirador hacia el mar, la posibilidad de hermanamiento visual con el continente africano, sus numerosos endemismos de biodiversidad o la dotación de un paisaje y orografía plenamente glaciar en dominio mediterráneo la convierten en una joya que no es siempre valorada.Las reducidas dimensiones superficiales, tan repetidas en la mayor parte de las escamas que componen la sucesión de mantos geológicos en la Cordillera Bética pueda ser su principal handicap. Pero su grandiosidad y atracción no resultan pasajeras y tu alma te reclama retornar a su encuentro. Sea este un homenaje al poco culto que hasta ahora le he profesado.

SIERRA NEVADA, LA MONTAÑA DEL SOL Y DEL AIRE

Esta montaña es también un modesto testigo fonético que se suma a otros en la tarea de confirmar que la arabización hispanorromana fue más una cuestión de anexión al esnobismo cultural que consecuencia de una invasión nómada procedente de Medio Oriente. De hecho, Yabal Sulayr, el nombre andalusí que ahora se promociona no es más que una modificación de su anterior nombre por el que se conoció durante la etapa histórica en que dominó el latín como lengua civilizatoria. Mons Solarius, o monte del sol, simplemente por ser la gran barrera que se interponía hacia levante y por la cual asomaba el gran lucero cada mañana. De modo similar, su castellanización “Montaña del Sol y del Aire” no es más que una evolución fonética del vocablo que dieron los antiguos andaluces. Y cuando las cosas evolucionan de forma tranquila y reposada, suele ser porque son ajenas a la alteración y al cambio. Dicho de otro modo, ni la población garnatí cambió drásticamente tras la conquista castellana, como tampoco debió cambiar en períodos históricos anteriores en que sí lo hizo la herramienta usada para dar nombre a los seres y a las cosas. Sulayr no es palabra árabe ni encuentra significado en ese idioma, tal como ocurre con el propio vocablo al andalus y es el caso contrario al del latino sapon, arabizado en as sabun (el jabón).

Subí por primera vez Sierra Nevada a mis 16 años de edad, conducido por buenos amigos, eternos enamorados de esta montaña y sus encantos. En aquella ocasión la recorrimos en su famosa travesía integral de los tresmiles iniciando el ascenso desde Lugros el Picón de Jeres. Por entones existía en la zona una ganadería de vacuno de lidia que pastaba en extensivo, obligando a transitar la zona con precaución y sigilo. Cinco días después llegábamos a Granada tras haber cogido el autobús en Nigüelas. Pocas veces he vuelto a ella desde entonces, pese a su cercanía y a haberla echado de menos en recorridos por Pirineos, Teide u otras montañas españolas.Así que he sido ajeno a los encantos de la vereda de la Estrella hasta ya cumplidos los 50, pese a haber escuchado hablar de ellos con frecuencia o de muchos otros, como los Lavaderos de la Reina o los Cahorros de Monachil. La dinámica estacional que presenta esta gran montaña ofrece una variada escenografía a lo largo del año que la hacen mutable para cada nueva visita. Aumenta así el interés por volver de nuevo al regalar a los ojos nuevas imágenes en cada ocasión. Es por lo que vuelvo a ella en pleno mes de febrero. El invierno es un vasto dominio del hielo que la hace sólo apta para los más especializados. Pero sus rigores son lentamente suavizados en fechas tempranas bajo el dominio meridional que la gobierna. Así la primavera es anunciada por la efímera blancura de la flor de almendro, metafórica nieve perfumada que enjambra en sus laderas y prolonga la blancura desprenden las paredes de aquellos pueblos. Y cuando estos copos de nieve de corazón carmesí, declinan sobre la copa de los árboles da comienzo un florido rosario que viste sus laderas de forma paulatina desde el corazón de los barrancos hasta sus más altas cumbres.Las montañas del mundo son lugares sagrados. Por eso han sido destino de retiro espiritual para el misticismo y se encuentran llenas de monasterios, rábitas, zawiyas o ermitas. Además de aproximar al ser humano con el cosmos celeste, lo ha aprovisionado tradicionalmente de agua y recursos fundamentales para la supervivencia. Bosques, flora, fauna, y sobre todo agua. La solemnidad que se presenta en este recorrido es propia de esa sensación espiritual de la montaña. El silencio es la voz de lo sagrado y como en tantos otros centros de culto, gobierna esta suntuosa catedral de agua, hielo y roca. Tantos peregrinos que por aquí circulan así lo entienden y respetan mientras el río Genil y sus menores hermanos sostienen la continua letanía que se encaja entre los empinados muros de este templo contribuyendo a generar atmósfera propia de introspección y aislamiento. Muchas de sus recodos son capillas rezumantes en las que venerar ejemplares singulares de especies arbóreas como el castaño, el olmo de montaña, el almez, o de delicadas flores y helechos de variopinta textura o colorido. Lejos queda la perversión con la que se han profanado otros muchos lugares de esta y de otras montañas.Salir de la vereda principal en el fondo del barranco nos hace ganar altura ascendiendo por la sinuosa rampa que sube hasta Cabañas Viejas. El recorrido lleva a atravesar el que sin duda es el mejor núcleo de roble melojo de toda Andalucía, el más meridional de Europa y uno de los mejores ejemplos de este bosque junto con algunos rincones en las umbrías de Sierra Morena. Un ligero manto de nieve alfombra mis pasos con algunas placas de hielo que complican la subida, pero a medida que se gana altura, sorprendentemente el bosque y la mayor insolación aumentan la temperatura reduciendo los problemas deslizantes. De repente los almohadillados prados de media ladera se ofrecen mullidos y agradables permitiendo al sol abrazarnos por completo. Las panorámicas al norte y al este son magníficas y aparecen las cúspides de esta fortificación destacando claramente al recortar el trasfondo celeste. La conmoción interior es inevitable. Cuando el Universo envía días de luz radiante, cielo despejado, suave brisa y temperatura agradable, no puede considerarse más que un regalo. El recorrido discurre con poco desnivel y un piso agradable, presentando a los árboles como grupos de monjes tonsurados que acompañan en la visita a este santuario y susurran continuamente la magnificencia creativa de la Naturaleza. La llegada al cortijo del Hornillo resulta de parada obligada. Además de un posible descanso, es un inevitable lugar para la contemplación. La proximidad de las grandes vigías de esta fortaleza, Alcazaba, Mulhacén, Vacares, Veleta, y el protagonismo escénico con el que se presentan emocionan por completo. Y en este tiempo, suelen vestir sus mejores galas en su señorío de viento y de nieve.En este peregrinar, los crampones son tus sandalias, el bastón tu cayado y el piolet el rosario que no debes dejar caer de tu mano. Desde aquí la bajada recupera la misma inclinación de la subida hasta llegar a la unión del río Guarnón con el Genil, poco después de las minas de la Estrella. El retorno cierra el bucle al recorrido sin ningún tipo de complicación topográfica hasta llegar de nuevo hasta el barranco del río Sanjuan, en las proximidades del aparcamiento.

Antonio Pulido Pastor
Siece.org

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