La hoy llamada “Sierra de la Nieve“, en el entorno de los municipios de Ronda, Yunquera, Tolox, Parauta y otros se llamó en otro tiempo “yabal as suf”, la montaña de la lana, sin duda por la cantidad de oveja que debió albergar Asimismo, el río que nace en su seno y pasa por el antiguo Castillo del laurel “hins randa”, recibía el nombre de wadi al laban, río de la leche, hoy Guadalevín. Su altitud y su particular climatología expuesta a los vientos húmedos del Atlántico, le han hecho siempre atesorar unos magníficos pastos de verano en altura. Esa humedad es también responsable de que el abeto mediterráneo ibérico, el pinsapo, haya refugiado sus últimas huestes terciarias en la sombra de aquellos barrancos.

PINSAPARES EN EL MUNDO

El Mediterráneo, esa noción mítica que huele a sol y a sal, tiene ciertos matices montañosos que para muchos resultan desconocidos. Sus heteropaisajes son morfotipos originales, de singularidad extrema, de belleza inefable, indescriptible, que se definen sólo con el estremecimiento del espíritu, el recrujir del alma cuando todo tu cuerpo se aprieta en una emoción que brota de forma transparente por los manantiales del rostro. Estos abetales, son genuinos fantasmas, espíritus de otro tiempo que sobreviven en las cumbres de estos enriscados horizontes al amparo de la blanca cabellera que su majestad el Atlántico nos presta con más frecuencia de lo que aparentemente se sospecha.

A veces uno puede disfrutar de esos días mágicos, envueltos en densa y argéntea humedad donde el corazón viaja desde la cálida Andalucía hasta el magno y extenso Pirineo o la mítica taiga boreal de las inmediaciones árticas en apenas unos minutos. Un lujo para los sentidos, inexplicable sino con el latir del corazón. Las comarcas montañosas próximas al Estrecho de Gibraltar son a nivel meteorológico una conjunción entre la dominacia de los cálidos vientos de levante mediterráneos con las frías brumas de poniente que evacúa el Atlántico

El pinsapo (Abies pinsapo Boiss.) pertenece a la familia de las Pináceas y forma parte junto con otros abetos de un exclusivo club de especies de ese género que se extienden por las montañas circunmediterráneas. De su parientes más próximos y vecinos más cercanos, los abetos del Rif (Abies maroccana Trab. y Abies tazaotana Cózar ex Villar) apenas se separan unos 150 km. de distancia, si bien con la peculiaridad de la barrera marina que media entre los continentes europeos y africano. Estos majestuosos señores de oscuro y erguido porte proceden de las últimas glaciaciones que se produjeron en Europa y que dieron lugar al gran cortejo de géneros que componen la familia (Picea, Larix, Cedrus, Tsuga, Pseudotsuga, Pinus, Abies…). Se trata de géneros procedentes de las primeras etapas evolutivas de los árboles y especializados en aridez, en este caso producida por la sequedad que produce el frío al condensar la humedad ambiente y retirarla de la circulación al quedar atrapada en forma de hielo durante gran parte del año.

El género Abies se caracteriza por tener hojas aciculares no agrupadas en haces (microblastos) sino independientes, insertas helicoidalmente en la ramilla donde se sitúan. Se caen con el tiempo y dejan cicatriz sobre el tallo. Otro carácter determinativo es la presencia de conos no colgantes sino erguidos hacia arriba (en eso se diferencia de géneros como Picea, Pseudotsuga, Tsuga), cuyas escamas son dehiscentes (a diferencia de los conos de escamas indehiscentes como Picea, Pseudotusga, y sobre todo Pinus) al igual que los géneros Cedrus y Larix.

Estos abetos, por su cercanía mediterránea debieron ser los primeros conocidos para los romanos. Fueron estos quienes los denominaron con el nombre Abies para diferenciarles de Pinus, cuyas hojas aciculares se agrupan en ramillos cortos (vainas o braquiblastos) mientras que están aisladas las de los abetos. Sin embargo para la ciencia, son los últimos en descubrirse. El Systema Naturae que iniciara Carl von Linné en el s. XVIII (1758) y que clasifica los seres vivos conocidos tiene origen centroeuropeo. No es él quién da nombre al género sino el británico Philip Miller que nombra el género en el año 1754 posiblemente a partir del abeto blanco europeo (Abies alba Mill. 1768) y algunos de sus congéneres en las entonces colonias norteamericanas (Abies balsamea Mill. 1768).

En el caso de los pinsapares su existencia es conocida por botánicos locales, posiblemente a partir del viaje que recorriera herborizando el sur de España el botánico valenciano Simón de Rojas Clemente Rubio (el moro de Titaguas) cuyo herbario depositado en Sevilla se perdió durante los avatares de la ocupación francesa de 1808 y posterior liberación con la colaboración del ejército inglés. Felix Haensler de quién se cuenta que acudió a Málaga durante aquella guerra como miembro del ejército suizo comandado por el general Reding se asentó posteriormente como farmacéutico en Carratraca (Málaga). Sus conocimientos y necesidades de botánica le hubieron de llevar a explorar la flora local. Resulta sin embargo curioso que en sus salidas al campo no llegara a conocer los abetos de la sierra de Alcaparaín en su municipio y la vecina Sierra de la Nieve en Yunquera, pues Boissier en su libro habla de que las muestras que el alemán le enviara desde España procedían de Estepona siendo allí adonde se dirigiera en su visita para verlos al natural y herborizarlos.

En sus visitas a Málaga el de Carratraca debía enviar a Suiza muestras del material que recolectaba porque la flora mediterránea le resultaría singular o desconocida. Estas son las que debiera recibir el botánico ginebrino Pierre Edmond Boissier despertando tanto su curiosidad como para hacerle emprender su viaje botánico por el sur de España en 1837. Amigo y alumno de Haensler fue el malagueño Pablo Prolongo que también acompañó a Boissier durante su estancia en Málaga y fue quién continuó los contactos con éste tras la muerte de Haensler pocos años después de su primera visita a España. Fue Boissier quién dio la descripción y nombre a la especie aceptado por la ciencia Abies pinsapo Boiss.1838.

De fechas similares e incluso posteriores son también los demás abetos circunmediterráneos
Abies numidica Lannoy ex Carrière 1866. Vive en Argelia
Abies cephalonica Loud. 1838. Montañas del Peloponeso, Grecia
Abies cilicica (Antoine&Kotschy) Carrière 1855. Turquía, Líbano y Siria Montes Tauro
Abies borissiregis Mattf 1925, Balcanes Macedonia, Albania, Serbia
Abies nebrodensis (Lojac.) Mattei 1908. Sicilia
Abies normandnianna (Steven) Spach 1841. Caúcaso (Turquía, Georgia, Rusia, Armenia)
Abies bornmuelleriana Mattf. 1925. Turquía . Considerado subsp. de A. nordmanniana

El nombre pinsapo tiene a sus espaldas mucha elucubración acerca de su etimología o significado. Hay quién dice que era el nombre local dado por los habitantes de la zona (pinzapo) que lo usaban en carpintería de obra local y procesionaban sus verticilos por formar cruces fácilmente. También hay quién considera que el nombre procede de la unión de los latinos pinus (pino) y sapo (jabón) atribuyéndole uso jabonoso a la corteza del árbol.

A título particular considero que el nombre tiene mucha relación con el nombre vulgar del abeto en lengua francesa (pin sapin) que en el norte se aplica al abeto y se traduce por pinabete. Tratándose de una rareza para el sur es muy posible que los primeros botánicos españoles de nivel, Cavanilles o el propio Clemente consultaran a los pozos de ciencia botánica de la época que se encontraban en Centroeuropa y donde los abetos ya estaban incorporados al sistema de clasificación natural desde 1748 cuando lo estableciera el británico Miller. Los contactos con Francia a nivel ilustrado y político eran de lo más usuales en la época. Según cuenta el propio Boissier en su libro ya el propio Haensler le hace referencia a que los vecinos del lugar lo llamaban pinsapo.

Los pinsapares actuales son producto de la ingeniería de Montes. El viaje de Boissier es coetáneo con los primeros esfuerzos desamortizadores del s.XIX (Mendizábal 1836-37) que aspiraban a conseguir mejores resultados que todos aquellos intentos que les precedieron durante el período ilustrado del siglo anterior. La Ley era aplicada sobre los llamados “bienes en manos muertas y los terrenos de baldíos y comunales”, entre ellos muchos montes públicos. Ello suponía además de un cambio de manos propietarias, un vuelco importante en su uso que comprometía su futuro. Los montes de comunales y vecinales en mano común eran dedicados al mantenimiento en pastoreo libre y sin cargas de los ganados del común de los vecinos en los municipios a cuyo cargo estaba inscrito el monte. En el caso de bienes eclesiásticos, la producción de leñas y uso pastoral era también el uso más extendido. Estos usos entraban dentro de la lógica hoy tan extendida de la economía renovable o sustentable garantizando la persistencia del vuelo en tanto que productor de biomasa o pastoral (montanera).

El proceso de enajenación mediante subasta pública, cuyo fin principal fue también el poner esos bienes en manos de propietarios con fondo inversor y capacidad de negocio se llevó a cabo en el delicado momento de la mecanización industrial en España. El siglo XIX es el siglo del vapor en el pais. Y el combustible inicial fueron las leñas y carbón vegetal. El proceso, ya iniciado en tiempos de Carlos III con las Reales Fábricas de Bronce de San Juan de Alcaraz (Riopar), y de Hojalata en Marbella y Júzcar (Málaga) se asentó en lugares con abundancia en agua corriente (río Mundo en el primer caso, Rio Verde en Marbella y Rio Genal en Júzcar) y frondosos bosques (Sierras de Segura y Alcaraz en Riopar y Sierra del Real o Serranía de Ronda en Júzcar). El siglo XIX además de estos embriones de altos hornos ve nacer también la mecanización del textil y los ingenios del azúcar.

Aunque se habla que los millones de reses que movió la Mesta durante los siglos XIII al XIX en que existió como ente fueron los responsables de la grave e histórica deforestación que sufre nuestro país lo cierto es que el aprovechamiento pastoral extensivo es compatible con la conservación del medio natural. Ejemplo de ello es que hoy en día se sigue considerando a la dehesa como modelo de conservación, armonía ecológica y elevado índice de biodiversidad. Los ritmos de aprovechamiento así como su interdependencia así lo hacen posible.

Sin embargo, la industria del vapor resulta imposible de acompasar. La tasa de combustión (supongamos 1 Tm/dia) es muy superior a la tasa de renovación de una hectárea boscosa (promedio nacional de 3 m3/ha.año, aprox. 2,5 Tm/ha.año). La desamortización de predios forestales públicos acabó en manos emprendedoras y hechos leña o carbón con destino a la industria del vapor en fábricas textiles, metalúrgicas o ingenios azucareros. Se pusieron en el punto de mira grandes extensiones boscosas cuya madera era codiciada como combustible. El carboneo a pie de monte, experimentó un gran auge dado que permitía aumentar el rendimiento económico del combustible vegetal ubicado en los lugares de saca más difícil. Testigo de ello son las numerosas besanas o “carboneras” que se encuentran en las laderas embarrancadas de las sierras béticas. Algo parecido a las caleras para el tratamiento de la piedra caliza.

Frente al movimiento desamortizador y ávidamente deforestador se contrapone el afán conservador proveniente de los anteriores Visitadores de Montes del Ministerio de Marina, encargados de garantizar la producción de madera para construcción naval. En ese momento, con el nombre de Ingenieros de Montes y dependientes del Ministerio de Fomento promueven un movimiento encaminado a salvaguardar la riqueza forestal mediante la redacción de un “Catálogo de Montes exceptuados de la Desamortización”. En apenas CUATRO MESES se elabora ese registro que será la base del posterior Catálogo de Montes de Utilidad Pública, llegado hasta día de hoy. Con él, se exceptúan de la desamortización las principales joyas forestales de la España peninsular, destacando los hayedos y robledales navarros, los abetares pirenaicos, los pinares del Sistema Central e Ibérico y también los más o menos maltrechos pinsapares.

En el caso del pinsapar de Grazalema, su salvación es debida a los técnicos españoles y a la familia Boissier. Auguste Barbey, nieto del famoso botánico que diera nombre científico a la especie visita la Serranía de Ronda hacia el año 1929. Allí encuentra las aproximadamente 500 ha del pinsapar que vegetaba a cobijo de la umbría en la Sierra del Pinar maltrechas por las talas, podas y el ramoneo intensivo de la ganadería. Amigo como era del ingeniero de montes Manuel Martín Bolaños y los hermanos Ceballos y Fernández de Córdoba, todos ellos de gran influencia en la Administración forestal de su tiempo y de alto nivel de concienciación conservacionista, promueven su adquisición por el Patrimonio Forestal del Estado e incorporación al Catálogo de Montes Públicos.

Por lo que cuenta Barbey en su publicación los pinsapares de la Sierra de las Nieve, pese a estar incluidos en montes públicos, se encontraban en peor estado aún. De ahí debió partir su especial interés por la Sierra del Pinar y las proposiciones ya existentes anteriromente para declararlo como Parque Nacional. Posiblemente al entomólogo francés se le pasaran por alto los pinsapares del municipio de Ronda, que a día de hoy aún mantienen ejemplares centenarios que debían conservarse en un estado muy similar en el primer tercio del siglo pasado.

Este monte, que estaba en manos concejiles seguramente no fue demolido por alguna razón entre las que cabe pensar su ubicación en un par de angostos barrancos de difícil acceso. Aunque ello no fue limitante para la práctica del carboneo y la extracción de leña, como ocurriera en la colindante dehesa de propios del quejigar de Tolox o los escabrosos barrancos de este municipio en el entorno del pico La Torrecilla (1919 m). En 1945 es adquirido por el Patrimonio Forestal del Estado pasando a engrosar el montante de superficie forestal pública y quedando así más fácil de proteger frente a usos que pusieran en riesgo su persistencia.

Los pinsapares naturales del mundo se concentran en la provincia de Málaga distribuidos actualmente por la Sierra de la Nieve y en otro tiempo extendidos por sus aledañas las Sierras Blanca y la Sierra Bermeja, encontrándose en esta última el único núcleo de abeto del mundo que vegeta sobre rocas peridotíticas. Afectados por la reiteración de incendios y otros usos que comprometían su continuidad en el tiempo resulta meritoria la labor llevada a cabo por la Administración Forestal en sus sucesivas configuraciones, en especial el Patrimonio Forestal del Estado el ICONA, Agencia de Medio Ambiente y Consejería de Medio Ambiente. En este recorrido es de destacar el paso profesional de pocos técnicos, lo que lleva a una concentración de la responsabilidad pensante y obrante sobre pocas cabezas facilitando así la coherencia y unidad de gestión. Hay que citar sin más remedio a Miguel Álvarez Calvente, nativo además de la zona y que amó profusamente estas montañas y a estos árboles. Sus cuarenta años profesionales se han dejado notar sobre la fisonomía vegetal de esta profusión de crestas y barrancos montañosos.

Actualmente su legado reposa en manos de José B. López Quintanilla, que con una trayectoria profesional que ya supera el cuarto de siglo dedicado al pinsapar está generando nuevos enfoques y herramientas tecnológicas con las que abordar los retos que se van presentando. El principal de ellos, una vez asegurada la estabilidad y persistencia de los núcleos más importantes tiene como objetivo marcado la recuperación del área potencial a lo largo de las sierras blancas y pardas que en otro tiempo fueron ocupadas por el abeto andaluz.
Para ver y disfrutar de la emocionante impresión que generan estos bosques se recomienda

Pinsapar de Genalguacil. Sito en el monte público “Sierra Bermeja”, de los propios del municipio es actualmente el mejor ejemplo de abetar sobre rocas peridotíticas, las sierras pardas o bermejas de la provincia de Málaga. De unas 75 ha de extensión abarca un rodal más o menos homogéneo donde dominan pies jóvenes formando la masa principal y bastantes otros de porte centenario que destacan en la misma. Los accesos posibles son desde la costa a lo largo de la carretera Estepona-Jubrique MA-557 y en el puerto de Peñas Blancas subir en dirección a los Reales. En una de sus curvas, que es límite entre municipios tiene inicio el sendero “Paseo de los pinsapos” que puedes hacer de ida y vuelta o bien bajar toda la ladera hasta llegar a la carretera y subir nuevamente por el asfalto hasta encontrar el lugar donde se ha dejado el vehículo. Las vistas desde aquí son espectaculares. Hacia el sur el mar, con posibilidades de avistar el continente africano en días despejados. Hacia el este, la Serranía de Ronda con el valle del Genal como protagonista más cercano.

Este es el pinsapar del que Boissier tomó referencias para intuir que se trataba de un abeto y dejarlo así descrito como una aportación nueva para la Ciencia. Es también el único pinsapar al que se llega a través de una carretera asfaltada. Presenta como problema el no disponer de una zona adecuada de aparcamiento para la visita. Ello puede salvarse continuando el ascenso en vehículo para aparcar en el área recreativa “Los Reales” y bajar desde allí a pie.

Muy recomendable bajar a visitar el pueblo de Genalguacil, tan singular como este bosque y convertido en pueblo museo al aire libre. También el único del mundo en su estilo.

Pinsapar de Parauta. También ubicado en montes públicos, “Montes de Parauta”, de los propios del municipio y “Las Conejeras y Madroñales”, patrimonial de la Junta de Andalucía. Se llega a través de la carretera Ronda-San Pedro A-397 (carretera de la costa) desde la que parte una pista forestal transitable con vehículo que da acceso entre otros al camping municipal y a la finca La Nava, cerca del conjunto de restaurantes La Ventilla-La Laja y del acceso al pueblo. La pista va recorriendo un encinar de regeneración donde también van apareciendo pinsapos.

Pero la parte más interesante queda en el tramo de pista que atraviesa la sierra en dirección al valle de rio Verde (Tolox) y conduce hasta el monumento natural “Pinsapo de las Escaleretas”. Allí además de poder ver este magnífico ejemplar que ya pasa por sus últimos años, se puede encontrar una formación mezclada, con buenos pies de sabina (Juniperus phoenicea L.). La topografía no es muy pronunciada y es fácilmente transitable.

Con anterioridad hemos dejado atrás el cruce del cortijo de la Fuenfría que atraviesa la sierra por una espectacular ruta (Vía pecuaria Marbella-Ronda) donde se pueden apreciar las tres litologías presentes en la zona (mármoles dolomíticos, peridotitas, esquistos) además de una cliserie de vegetación de lo más interesante. Por esta ruta se llega al puerto de La Refriega, en la Sierra del Real, cuyo pico (Plaza de Armas) mantiene un pequeño núcleo de pinsapar muy prometedor. En el recorrido puedes encontrar restos de pinsapos centenarios que sucumbieron en el tremendo incendio que quemó la zona en el año 1991 (8.5000 ha).

Si pernoctas por la zona, no te pierdas la visita al tramo alto del Valle del rio Genal (Parauta, Igualeja, Pujerra, Cartajima, Júzcar, Faraján, Alpandeire, Atajate), un rosario de pequeños pueblos blancos con mucho encanto.

Pinsapar de Ronda. Situado en el monte público “Pinsapar y Buenavista” procedente de la adquisición por la Administración Forestal de fincas privadas en su día como Quejigales y Peñón de Ronda. Se llega a él por el mismo camino que se ha citado para el de Parauta, evitando el desvío que lleva al Pinsapo de las Escaleretas y valle de río Verde. Así, se llega hasta el cortijo de Quejigales donde existe una adecuación recreativa donde se puede aparcar y llenar agua. Una opción muy cómoda y accesible es la que lleva hasta el mirador de Ronda. Allí se pueden encontrar pinsapos centenarios sin necesidad de realizar un gran esfuerzo físico. Todo el recorrido es muy bonito, por praderas entre pinares y matorral.

Ahora existe un muladar que atrae a un gran número de aves rapaces. Si se quiere disfrutar de un paisaje espectacular, lo recomendable es realizar el sendero circular que sube por la cañada del Cuerno al puerto de Los Pilones, se llega a la meseta del quejigar de Tolox, desde la que se divisan espectaculares vistas y se puede bajar por la cañada de las Ánimas, aunque lo recomendable es retornar por el mismo lugar para evitar pérdidas si no se conoce bien el terreno o si hay amenaza de niebla.

Pinsapar de Yunquera. Ubicado en el monte público “El Pinar”, de los propios del municipio. Se llega a él atravesando el pueblo por la carretera que lleva al vecino pueblo de El Burgo. Se toma el desvío hacia el camping por la pista y se sigue sin solución de continuidad mientras que no haya limitación al tránsito (en verano y en días de nevada se baja la barrera para evitar tráfico rodado). Hay dos opciones, o se toma el desvío de la izquierda que lleva hasta el mirador del Caucón (monumento a Luis Ceballos) o se sigue buscando el puerto del Saucillo. Cualquiera de las dos opciones es buena para adentrarse en una muestra de pinsapar joven regenerado a lo largo de los últimos 75 años.

El recorrido de abajo lleva hasta el tajo de la Caína, de espectaculares vistas y el superior permite hacer un recorrido más de cumbre donde los ejemplares son más añosos y el paseo tiene opción circular, con lo que no hay que volver por el mismo tramo.

Estos tres itinerarios propuestos pertenecen a una u otra vertiente de la Sierra de la Nieve, el conjunto forestal más extenso de pinsapos del mundo, con unas 2.500 ha

Pinsapar de Bornoque. Ubicado en monte privado. Es el mejor ejemplo de pinsapos mezclados con bosque de frondosas. Su menor altitud y buenos suelos sobre gneises esquistosos permiten la presencia de encinas, quejigos y alcornoques. No es fácil de encontrar debido al enrevesado tramo de pistas forestales que hay que recorrer para llegar a él. Puedes intentarlo desde el municpio de Istán subiendo al manantial y siguiendo el sendero que lleva al puerto de Moratán. Desde allí un cruce que conduce hacia el municipio de Tolox te hará ver el rodal desde lejos.

En los últimos años ha desmejorado un poco por la muerte de los ejemplares más ancianos que destababan de forma singular sobre la masa de alcornoques. Desde esta zona puedes llegar a la carretera Marbella-Coin y subir hasta el refugio del Juanar. Desde aquí se accede fácilmente a la cumbre de Sierra Blanca en cuya umbría hay algunos pinsapos naturales en un pequeño rodal y dispersos.

Pinsapar de Grazalema. Incluido en el monte público “El Pinar”, patrimonial de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Se llega desde el municipio de Grazalema (Cádiz), que nada más entrar te da la bienvenida vía mensaje telefónico. Se accede por la carretera comarcal A-372 y su desvío a la provincial CA-53 que te lleva al inicio del sendero. Se trata de zona de Reserva en el Parque Natural “Sierra de Grazalema” por lo que el acceso es regulado mediante autorización que debes tramitar vía postal o electrónica ante las oficinas del Parque (ubicadas en el municipio de El Bosque) o en la Delegación Provincial.

Como ya se ha comentado anteriormente este pinsapar es relativamente joven y por eso presenta un aspecto conjuntado a modo de masa regular, con algunos ejemplares centenarios y mucha presencia de frondosas típicas de montaña mediterrána como son los quejigos (Quercus faginea Lam.), Arce de montpellier (Acer monspessulanun L.) y Mostajo (Sorbus aria (L.) Crantz)

Estos son los rincones con presencia de pinsapos naturales. Puedes encontrar ejemplos vivos en el medio natural también en:

Sierra de Alcaparaín (Carratraca). En el llamado Barranco de los pinsapos, del monte público “Sierra de Alcaparaín” se ha procedido a restaurar el grupo de pinsapos del que dan referencias Luis Ceballos y Carlos Vicioso en su libro “Flora Forestal del Málaga” (1931), encontrándose por entonces ya perdido a causa de incendio.

Sierra Almijara (Canillas de Albaida, Cómpeta). En los montes públicos Sierra y Pinar (Canillas de Albaida) y El Pinar (Cómpeta) existen algunos puntos donde también se efectuaron plantaciones artificiales de pinsapo con objeto de obtener puntos de semillado alejados de sus lugares de origen para aislarlos de plagas y patologías a modo de huertos semilleros de emergencia. Así en las curvas del Rubitín y lomas del Cuascuadra (Canillas de Albaida, Sedella) existen algunos núcleos de ejemplares poco numerosos procedentes de los años 80. También en la Loma del Cuervo (Cómpeta), el último y más reciente, del año 2002.

Sierra de Huétor (Huétor-Santillán, Granada). Dentro de las repoblaciones artificiales que se llevaron a cabo en la segunda mitad del s. XX en el entorno del Puerto de la Mora (carretera Granada-Murcia) se pueden encontrar rodales con pinsapo que ya pasan de cincuenta años de edad y fructifican. Se puede encontrar como ornamental en algunas de las casas construidas sobre terreno rústico en el paraje conocido como Prado Negro. Asimismo puedes encontrar en este lugar rincones con sequoias gigantes, gen. Seqoiadendron (antes Whashingtonia, de donde le viene el nombre local de mariantonia), pseudotsugas, tuyas (gen. Thuja) y cedros (gen. Cedrus) como más destacables.

Sierra de Orcajo (Zaragoza). Si quieres pasarlo bien en este lugar, aprovecha la presencia de grullas en la laguna de Gallocanta, cerca de allí. Es la mayor concentración de estas aves en su invernada al sur. El pinsapar procede de trabajos de repoblación articial, al modo del granadino en la sierra de Huétor, tiene unas 10 ha de superficie. Está considerado el más grande fuera de Andalucía

Valle de Roncal (Navarra). La villa de Roncal, dentro del pirineo navarro es famosa además de por su queso de oveja por ser la ciudad natal del famoso tenor Julián Gayarre. Una casa junto a la carretera del Roncal (NA-137), al lado del ayuntamiento, tiene un gran pinsapo en su jardín que pasa ya del siglo de edad. Situada en la orilla derecha del río Esca, el bosque natural de la vertiente opuesta acoge al regenerado natural al que ha dado lugar este pie aislado con algunos ejemplares en su seno. No puede tener la consideración de pinsapar, pero me resultó muy curioso encontrarlo en el ámbito pirenaico tan cerca de su pariente, el abeto blanco.

CONOCE TU PROVINCIA….¡MÁS AVENTURA DE LA QUE IMAGINAS!!!

Dedicado a quienes emplearon al menos una brizna de su sensibilidad en favor de este árbol, en especial a Miguel Alvarez y a Pepe Quintanilla que son los que más han bregado en ese sentido de cuantos he conocido.

Antonio Pulido Pastor
SIECE.org

Créditos fotográficos: José B. López Quintanilla y autor