Un viaje a Berlin: un viaje al pasado

Berlín es la capital de Alemania, pero en muchos momentos de la historia ha sido para bien o para mal la capital del mundo. Lugar en la que han ocurrido acontecimientos que han parado y han dividido a las personas. Hoy día, Berlín sigue palpitando con las cicatrices de esos años convulsos que les tocó vivir, Berlín vive por tanto, parada en un instante del tiempo del que quizás nunca se quiera bajar. Un viaje a Berlin es por tanto un viaje en el tiempo, un viaje al pasado y al futuro en el que te introduces todos esos instantes que ha vivido esa vieja ciudad.

Un barrio con encanto, Moabit

Llego al aeropuerto de Berlín-Schönefeld pasada la medianoche de un sábado caluroso mes de junio. Ando algo perdido, debido a un retraso en el vuelo que hizo que llegara más tarde de lo esperado, por lo que ya no había otra forma de llegar a la ciudad que no fuera rascándome el bolsillo en un taxi.

Nuestro humilde alojamiento se situaba en Moabit, un pequeño barrio turco ubicado en los alrededores de Mitte. El ambiente que se respira allí es increíble, parece que una pequeña Estambul vive dentro de la capital alemana y ha fusionado su cultura con la germana, conviviendo ambas en perfecta armonía. Los puestos de fruta, los restaurantes, su gente… todo es una mezcla cultural que hace que Moabit sea uno de esos rincones que merece la pena visitar, aunque solo sea para perderse en ellos.

Nuestro primer día en Berlín comenzó con un pequeño paseo por el barrio antes de desayunar, nuestra primera toma de contacto con la ciudad. Las iglesias de este barrio nos maravilló y ese color ocre que inunda toda la ciudad nos transmitió toda esas vivencias que lleva en la espalda.

Siguiendo al río Spree

Primero decidimos pasar por un supermercado turco, para hacernos con las provisiones necesarias para comenzar la primera ruta a pie que nos habíamos propuesto, una ruta que tenía como objetivo llegar al que quizás sea el símbolo por excelencia de Berlín, la mismísima Puerta de Brandenburgo.

Teníamos un mapa como única guía de Berlín y optamos por seguir el cauce del río Spree, de forma que no nos perdiéramos mucho en nuestro camino. En el viaje nos fuimos topando con algunos singulares rincones que hacían que disfrutaras aún más del trayecto que optando por uno de los transportes públicos.

El primer día se nos había presentado nubloso, con un clima más propio de la primavera germana que del verano recién inaugurado. Unas lloviznas esporádicas nos interrumpía nuestra ruta, haciendo que de vez en cuando tuviéramos que esperar debajo de algún sitio mientras escampaba.

Era domingo por lo que Berlín se presentaba tranquila, en las calles y en los principales monumentos que nos íbamos encontrando apenas había personas. Daba gusto caminar y perderse por Berlín, era como perderse por una ciudad parada en el tiempo. Los museos de Berlín cierran los domingos, por lo que cuando nos topamos con el Museo Neolithische Kindheit (Museo del arte Neolítico), estábamos nosotros solos andando por sus alrededores y comiendo algo de fruta en sus grandes lagos verdosos que están situado en su entrada principal.

El corazón de la política alemana: El Reichstag

Después de descansar un rato decidimos continuar nuestro camino, la Puerta de Brandenburgo no parecía estar lejos, pero antes había otra parada señalada en el mapa, el mismísimo parlamento alemán, el Reichstag.

Un viaje a Berlin sin ver el parlamento alemán, no se puede considerar un viaje. Al igual que no se puede entender la historia del último siglo de toda Alemania sin pararnos en analizar la importancia que tuvo este edificio. Testigo directo de ascenso al poder del partido Nazi, cuando el edificio fue incendiado en extrañas circunstancias. Se aprovechó los acontecimientos para lanzar una campaña de desprestigio en contra del marxismo como ideología y de todos los militantes comunistas alemanes, lo que ayudó a que el fascismo y Hitler obtuvieran más poder, el resto ya es historia.

La plaza aquel día no estaba muy llena, había gente pero esperaba ver más personas, quizás el día nubloso no acompañaba. De todas formas pudimos disfrutarlo más tranquilos, pararnos a contemplar uno de los edificios con más personalidad de todo Alemania. Además pudimos ver como un pequeño grupo de chicas argentinas intentaban desplegar una pancarta a favor de la aprobación del aborto en Argentina, algo que no tardaron en quitar la policía allí plantado. Quizás algo irónico, por lo que  el parlamento de Berlín representó y como fue participe de la censura de otras ideas políticas en el siglo pasado.

El símbolo de todo un país: La puerta de Brandenburgo 

Nuestro destino no estaba muy lejos, la puerta de Brandenburgo nos esperaba a tan solo unos minutos andando. Sin perdernos dimos con ella, ahí estaba, imponente la puerta de la ciudad que tantas veces había visto en fotos y en vídeos. Unas imágenes que nunca olvidaría; como aquellas imágenes de Berlín tras la Segunda Guerra Mundial destruida, en las que se aprecia la puerta de Brandenburgo en ruinas y siendo uno de los puntos de entrada a la zona oriental de la ciudad, controlado por la Unión Soviética.

Aquel día la imagen del monumento era distinta, estaba repleta de visitantes y turistas. Además había un evento a favor de la recolección de la cebada que aglutinaba a muchas más, excusa más que suficiente y necesaria para tomarnos nuestra primera cerveza alemana en uno de los mejores emplazamiento para hacerlo. Además, sin duda, puedo decir a día de hoy, que fue la mejor cerveza que tomé en toda la semana que estuve en la capital alemana.

Pero no solo había ambiente en el evento a favor de la recolección de la cebada, sino en la plaza que hay tras cruzar la puerta había una especie de performance realizada por jóvenes alemanes, en la que escenificaban a través de une espectáculo de danza la reconciliación de las dos Alemanias y de la caída del Muro de Berlín.

Después de comer por la zona, decimos regresar haciendo el mismo camino pero a la inversa. Finalizando por tanto nuestra primera etapa de un viaje a Berlín que acabó siendo uno de los mejores y más personales viajes que he realizado nunca.