La singular posición de la península de Anatolia entre el complejo tectónico de Eurasia, África y Arabia la convirtieron en un festival geológico, con un intenso período volcánico ya extinto y sus secuelas sísmicas actuales que son bien conocidas. De ello deriva además cierta riqueza en aguas termales que históricamente han sido aprovechadas para la higiene y el solaz por parte de los humanos. Las termas, el hamman o los baños llegaron a ser tan importantes que dieron nombre a topónimos de localidades caracterizadas por ese tipo de aguas. Terra termarum, Caldas de Reis, Alhama de Granada, Fuente Alhama, Baños de Montemayor, entre otras muchas. Y en el caso que nos ocupa, Hierápolis, “ciudad sagrada”. A buen seguro la magia de sus aguas tuvo que ver en un nombre tan venerable.

PAMUKKALE, DONDE EL AGUA SE CONVIERTE EN ALGODÓN

La gran planicie donde se asienta el complejo arqueológico de Hierápolis salta al vacío en un pronunciado escalón que parece excavado y que a primera vista da la sensación de una cantera. Tal vez el lugar de aprovisionamiento de la cantidad de sillería que requirió erigir una ciudad de semejantes proporciones. De ser así, Pamukkale podría considerarse como el mejor ejemplo de restauración de una cantera, que se mantiene en progresión aún en la actualidad. Un níveo telón blanco se extiende sobre el frente de ladera apareciendo resplandeciente bajo el brillo del intenso sol que se deja caer sobre el mismo merced a su orientación a mediodía. El blanquecino y esponjoso aspecto con el que se presenta, le hizo merecedor de su actual nombre griego “castillo de algodón”.

El lugar, debe ser de geología compleja dado que existen varios manantiales de agua de distinta composición. Las hay de componente baja en pH, ferruginosas y cálidas. Y también las hay en componente alcalino, con pH alto y sin calor. Que la ciudad antigua sucumbiera bajo los efectos de un gran terremoto también es indicativo de una intensa actividad sísmica bajo sus cimientos. Por regla general las aguas termales derivan del paso de un acuífero por una zona de altas presiones donde los materiales litológicos se calientan y ceden temperatura al agua que sale a luz en la surgencia. Las fallas geológicas son los lugares más superficiales en ese sentido. Las bolsas ígneas, menos comunes, por su mayor profundidad.

El conjunto de Hierápolis-Pamukkale es formidable. La magna dimensión y el atractivo de la antigua ciudad romana es abrumador. Establecer conversación con sus piedras y el vasto paisaje relata enseguida fascinantes historias de pasado en primera persona. Es recomendable regalarse tiempo sobre este tipo de espacios para recorrerlos pausadamente en días de meteorología agradable. Aunque no mantiene el grado de conservación de otros yacimientos anteriores, caminar por sus vías a la espera de algún rincón magnífico es alentador, proporciona adicción a los sobresaltos. Sentarse en la grada de su gran teatro tiene efecto terapeútico.

La mística del silencio en este tipo de lugares genera esa fenomenología. Por ello debiera prescribirse la quietud y calma en su entorno, dado que la multitud visitante no parece predispuesta a ello. En el conjunto arqueológico se oferta el baño en la llamada “piscina de Cleopatra”. La singularidad de bañarse entre piedra tallada y restos de columnas romanas debe ser una opción exclusiva de este lugar. El precio de la entrada así lo da a entender.

Con un empeño en dejarte un recuerdo imborrable, el lugar se complementa con esa cascada estratificada donde el agua se convierte en algodón. Como si de un río subterráneo se tratase, el frente al vacío que deja Hierápolis vierte tanta agua como en su momento le permiten fluir, pues da la sensación de estar regulada. Posiblemente en su día fuesen baños para gente humilde, al margen de la acrópolis o el coste que pudiera suponer la asistencia a las termas. O simplemente una mera formación natural que luego el hombre fue acrecentando.

De ese modo, una serie escalonada de estanques horizontales se superponen en mosaico remansando el agua que fluye sobre su borde de manera laminar al colmar su cabida. El agua, muy rica en carbonato cálcico va dejando su rastro al evaporarse sobre ellos de forma que se acumula en todo su contorno formando capas superpuestas. Es lo que se conoce como formación de toba calcárea o travertino. El depósito calcáreo se acumula sobre si mismo, generando una consistencia irregular más o menos porosa debido a las lenticelas o cavidades que puede dejar enmedio.

Los muros que dan forma a los estanques se van revistiendo de ese manto de aspecto algodonoso y compacto que da al lugar una sensación polar, cristalizada en densa nieve. En pocos lugares el depósito carbonatado es de un blanco tan elocuente y limpio. Ello da lugar a una atracción turística de primer orden. Durante todo el día las visitas se suceden por cientos a lo largo del recorrido que discurre por la ladera calcárea. El paseo es posible pero obligadamente descalzo, también está permitido el acceso y remojo en los estanques inferiores. La superficie rugosa del piso dificulta el avance por la zona y puede llegar a incomodar bastante.

A la magia del agua en si, el aspecto mitológico del enclave, la fantasía acrecentada por la promoción publicitaria, se une el efecto de la luz sobre la superficie vítrea del líquido. Según la inclinación de los rayos solares y su efecto de reflexión y refracción sobre y dentro del agua, el color de la superficie cambia paulatinamente a distintas horas del día. En ese efecto, además de la inclinación del rayo, influye también el depósito acumulado en el fondo del estanque.

Sobra decir que los momentos en que la inclinación solar es mayor (orto y ocaso) confieren al lugar mayor singularidad cromática y luminosa. Incluso la luna tiene su momento de protagonismo en el conjunto. Aunque todo el día es momento para lo lúdico, especialmente divertidos resultan las últimas horas de la tarde, cuando a la puesta de sol se incrementa el número de jóvenes que quieren lucir su belleza al borde de estas aguas y plasmar su figura en este conjunto tan singular.

Como puede deducirse, conviene programar la visita y estirar la jornada lo máximo posible. Dedíquese un día a desterrar la prisa y las previsiones de su agenda, y sobre todo, de su mente. Confiérase el regalo de abandonarse a los sentidos y disfrutar desde el primer trino de pájaros que escuche tras cruzar el punto de acceso al recinto. Alguien percibió la sensacional espiritualidad del lugar y quiso destacar el aspecto especial del mismo dándole el nombre de Ciudad Sagrada. Tenga por seguro que la gente antigua estaba mucho más cercana que nosotros a ese tipo de mística y sensación. Confíe en ello y adéntrese en el sitio con plena disposición a disfrutarlo en su interior.

PAMUKKALE, ¡¡¡PARAÍSO DE LUZ Y DE AGUA!!!!

Dedicado a mi hija Aurora, magia de luz y amanecer a una nueva vida

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip