Estuve en Málaga, ciudad de Al Andalus, en el año 406 de la hegira (1015) y en ella enfermé una larga temporada, durante la cual no pudiendo salir de mi residencia, vime forzado a permanecer en ella. Entonces dos amigos que me hacían compañía y me cuidaban, atentos a moderar mis desvaríos, me agasajaban cariñosamente. Sobre todo, al llegar la noche, es cuando yo más sentía mi desvelo: oíase alrededor de mi casa el batir incesante de cuerdas de laúdes, de tombures y liras por todas partes; se oía también cantar en mezcla confusa muchas canciones. Esto me causaba gran molestia, agravada por el desasosiego que padecía y el sufrimiento de mi enfermedad. En mi alma clavábanse aquellas tocatas sin poderlo remediar o resistir; sentía repugnancia o aversión invencible o natural contra aquellas canciones. Hubiera querido encontrar una habitación o una casa en que no se oyeran esos ruidos; pero era extremadamente difícil encontrarla en Málaga, porque la gente de esta tierra está dominada enteramente por esa afición y es generalísimo ese gusto. Una noche, despertéme, después de conciliar un rato el sueño, y noté que todo aquel tumulto de voces odiosas se había calmado y habían cesado las tocatas turbulentas y únicamente se oía una música leve, suave, bonita. Sentí como si mi alma estuviera familiarizada con esa música y como si con ella reposara, sin experimentar la repugnancia que hacia las otras sentía; pero no era voz humana, sino música instrumental muy suave. Luego comenzó a oírse tocar un poco más fuerte, subiendo lenta y gradualmente en intensidad mayor. Mi alma sintióse atraída y mi oído inclinado y dispuesto a escuchar, hasta que llegó a tocar con fuerza tan extremada que no se podía más. Me puse alegre y olvidé el mal, y de tal modo me sentí gozoso y emocionado que llegué a imaginar que el piso de la habitacion se levantaba conmigo y las paredes se movían alrededor. A todo esto yo no había oído cantar voz humana, y dije para mi interior: En cuanto a concierto instrumental, no cabe más perfección, pero cómo será la voz del músico que toca? ¿En qué parará esta música?
Apenas había dicho eso cuando comenzó a cantar una mujer unos versos con una voz clarísima y dulce. Ya no pude contenerme; me levanté de la cama, dejando a mis dos compañeros durmiendo; abrí la puerta de mi cuarto y, siguiendo la dirección de la voz que yo sentía de cerca llegué a un punto central de la casa, desde el que podía atalayarse la vecina, muy espaciosa, y contemplé en medio de ella un gran jardín y en medio del jardín una reunión de veinte personas aproximadamente, allí congregadas para beber. Estaban todas en fila, teniendo delante licores, frutas o dulces….La esclava cantora estaba sentada aparte y tenía el laúd en el seno y todos los presentes la miraban embelesados, escuchándola atentamente. Ella tocaba y tocaba, y yo, de pie, allí, en punto desde el que yo les veía y ellos no me veían. Cuando cantaba un verso, yo lo aprendía de memoria, hasta que cantó un cierto número de versos. Me retiré de allí para volver a mi habitación, dando gracias a Dios, como si yo hubiese salido de un gran embarazo, cual si no tuviese ningún sufrimiento ni enfermedad.
Ahmed ibn Muhammad, el yemení.

Orquesta Andalusí “Ciudad de Málaga”

PRELUDIO

He empezado este documento con la alusión a la música en la Málaga medieval, expresada por un visitante ilustre con ocasión de una corta estancia a la que se vio forzado por causas ajenas a su voluntad. En el mismo, se refleja la amplia difusión y gusto por dicho arte en los tiempos en que esta ciudad formó parte de una civilización capaz de aportar progreso y adelantos socio-culturales al Occidente conocido que fueron fundamentales para la configuración de la Europa del Renacimiento, a la que en buena medida se debe su situación actual.

El gran sabio Ibn Ruxd (Averroes), acuñó el dicho, según el cual “Si un sabio muere en Sevilla, llevan sus libros a Córdoba para vender; pero si muere un músico en Córdoba, van sus instrumentos a Sevilla para ser vendidos.” Esta célebre frase, es una de las que ha permanecido, constatando el gran nivel del culto musical en la ciudad de Sevilla, desde tiempos muy antiguos, y que sin duda debió despegar en época contemporánea al tiempo en que “El yemení”, escribiera el texto arriba citado, coincidente con la desmembración política del califato y el surgimiento de las distintas taifas andalusíes.

Asiento de varios reyes-poetas, la indisoluble unión de música y poesía fue impulsada en las sedes cortesanas de las grandes urbes ribereñas al Valle Grande (Wadi al Kabiir), destacando especialmente Ishbiliyya, de cuya herencia hoy, nosotros somos testigos. Sin embargo, otras grandes ciudades andalusíes disfrutaron asimismo del alto nivel económico y cultural que las diferenció durante mucho tiempo del resto de Europa. Así Saraqusta, tierra de Ibn Bayya, Qurtuba, “la joya del mundo”, Balansiyya, donde florecieron los versos de Ibn Jafaya y de Ibn Az-Zaqqaq, Tulaytula ciudad de encuentros y mestizajes, Garnata, rojo rubí de los Nasrís y medina Malaqa, donde cultivó la ciencia Ibn al Baytar, la filosofía Sulayman ibn Gabirol y desde la que se exportaron vino dulce, higos y pasas, seda y loza dorada al mundo entero, tuvieron su propio patrimonio poético y musical.

Esta propuesta que aquí presentamos, está basada en el reconocimiento de este privilegio cultural para la ciudad de Málaga, que siempre fuera puente entre Oriente y Occidente, en tiempos en los que el mar sirvió para unir a los hombres del Mediterráneo y con ello, de todo el mundo.

La música Andalusí

Esta expresión define a la música que se formó en Al-Andalus. Si bien tiene un gran componente oriental, no es menos cierto que esta música no es música oriental ni hoy en día se considera música árabe pues sus ritmos o tubu son bien distintos de los maqamat del mashriq.

Aunque el término Al-Andalus, es un concepto amplio, aplicado a toda una civilización, a una sociedad y un sistema político que se extendió aproximadamente sobre el noventa por ciento de la superficie peninsular (lo que hoy son España y Portugal), también es cierto que, por su alta influencia con el Mediterráneo y Medio Oriente, fueron las ciudades del Sur las que más prosperaron, las que más sobresalieron en diversos aspectos de aquella civilización, y las que más lograron subsistir ante el empuje europeo que llegó posteriormente a someterla. Es por esto que Santarem, Valencia, Murcia, Córdoba, Sevilla, Almería, Málaga y Granada, fueron las ciudades en las que la luz de Occidente brilló especialmente durante varios siglos, siendo el faro que sirviera para regir los progresos culturales de Occidente durante unos cinco siglos. También es por lo que hoy en dia, la tierra meridional de la secular Iberia, se conoce con el nombre de Andalusyya.

Origen

El origen de la música andalusí, es ante todo oriental, derivado del gran pilar que cimenta su civilización y que es la cultura arábiga, entendiendo por tal la que, utilizando como vehículo de expresión la lengua árabe, pone al alcance del Poniente, los logros culturales procedentes del medio y lejano Oriente. Si el sistema de numeración decimal, el papel, la tinta, el astrolabio, la brújula, la seda, el tafetán, la cerámica esmaltada, la hidráulica agrícola, el algodón, el azúcar, el arroz, el café, la berenjena, la sandía, la espinaca, la acelga, el melocotón, la alcachofa, el cerezo, el caballo pura sangre, la pólvora, la lente de cristal y tantos y tantos otros, llegaron hasta estas tierras procedentes de lejanos lugares hacia el sol naciente, también lo hicieron los refinamientos sociales de la época, entre ellos incluidos el arte de la música y la poesía del momento.

Para Julián de Ribera, insigne arabista que fue, y uno de los más reconocidos en España, “el arte musical de los pueblos musulmanes deriva de los sistemas persa y bizantino, los cuales debieron ser herederos de los de Roma y Atenas. Por tanto, en los fondos del arte árabe casi seguramente se conservarán melodías del antiguo pueblo griego.” No obstante, olvida este autor, que con anterioridad a las que se conocen como “clásicas”, florecieron en Oriente Medio, otras tal vez igual de meritorias si bien menos conocidas entre nosotros y que son la sumeria, asiria, la persa y la babilónica. Olvida también que muchos de los méritos atribuidos al helenismo o al latinismo (mero heredero de la Grecia clásica), es debida al contacto en tiempos alejandrinos con las civilizaciones del Hiyaz y del Creciente fértil, lugares que fueron cuna de la escritura, la religión monoteísta, los códigos normativos y la jardinería, entre otras cosas.

Existe un índice mucho mayor de probabilidad en suponer que la cultura del Medio Oriente derive de sus fuentes más próximas y su importante legado ancestral antes que de los restos del distante clasicismo europeo.

La música árabe tiene como origen Isfahán, Mosul, Kufa, Bagdad, lugares ellos del entorno mesopotámico, mientras que en el Occidente europeo surge como aporte oriental, y no como evolución propia de la decadencia greco-romana que anteriormente había florecido en urbes como Emerita Augusta, Tarraco nova, Caesar Augusta, Toletum, Corduba o Hispalis. “El apogeo de la escuela musical árabe tuvo lugar en tiempos de Harún A-raxid y de sus sucesores inmediatos. Los Abbasíes, al establecer su corte en plena Mesopotamia, dejáronse influir más intensamente de la cultura persa” (RIBERA). Las obras de al-Kindi (Tratado sobre las melodías o las notas) o al-Isfahani (Libro de las canciones), de los s. IX y X, no tienen equivalente en el más cercano Bizancio, cuando llegue a su desaparición en el siglo XV ante el empuje otomano. Tampoco las obras de Isidoro de Sevilla, que aglutina el compendio cultural en el siglo VI apuntan nada sobre un tipo musical o poético parecido en tierras de Occidente.

A partir del siglo IX esta música, que ornamentaba la corte califal de Bagdad, llega también a la corte de Córdoba, a fin de engalanar los ambientes cortesanos que prosperaron a partir de Al Hakem I.

Es con el reinado de Abderrahman II (822-855), su sucesor, cuando más se impulsa la arabización en las orillas del Guadalquivir al intensificarse las relaciones con la capital del Tigris. En esta época se instala en Córdoba Abu-l-Hassan Aly ibn Nafi, más conocido por Ziryab y que tuvo el sobrenombre de “El Mirlo”, dadas sus dotes para la música y el canto.  Aventajado discípulo de la escuela de Mosul, hizo progresar notablemente la técnica musical y de canto hasta entonces conocidas en Córdoba. Conocedor de otras muchas materias, también fue un maestro en astronomía, ciencia y en el arte del protocolo cortesano.

Innovaciones y Diferenciación

Aunque muchos consideran la llegada de Ziryab y su legado posterior como el inicio de la escuela musical andalusí, lo cierto es que la verdadera singularización se produce a partir de la implantación de la muwassaha como composición poética original. Atribuida su creación a Muqqadam ibn Mu’affa al Qabri, conocido como “El ciego de Cabra” a finales del s. IX, esta nueva composición lírica rompe con la rígida y pesada métrica de la clásica qasida árabe, haciéndola más fluida y ligera, lo que permite su mejor comprensión y popularización, así como su mayor plasticidad ante los ritmos musicales. La muwassaha termina en una breve composición rimada, en lengua vulgar (romance) o culta (árabe) que por su disposición final, recibe el nombre de “jarŷa” (salida) y que se popularizará por ser portador de mensaje moralizante, picante o simpático, así como facilidad para la memorización.

A partir de aquí, la música andalusí empieza a construir su propia historia. El reinado del primer califa andalusí Abderrahmán III (912-961) y sus dos sucesores contiguos Al-Hakem II e Hisham II, es la época de mayor influencia de la corte cordobesa. Muy relacionados por motivos familiares con la Corona de Navarra, en busca del saber científico y del artístico acuden hasta el valle del Guadalquivir comerciantes, ministros y sabios de muchos rincones de Europa, las actuales Francia, Alemania e Italia, sobre todo. Es así como la música andalusí, causante de admiración en las recepciones y considerada asimismo artículo de lujo y refinamiento, pasa las fronteras introduciéndose en Europa para ser la base de los posteriores cantos de trovadores franceses o minnesinger alemanes.

La mayor difusión de este arte musical llega con la creación del zayil (zejel), composición estrófica corta (cuarteta), de rima muy repetitiva y con estribillo, derivada de la muwassaha. Creación del polifacético sabio Ibn Bayya, de Zaragoza entre los siglos XI y XII es Ibn Quzmán el cordobés, quién combinando letras mordaces, procaces o satíricas con el lenguaje vulgar y culto, logra su mayor difusión y aceptación por el público general de la calle.

A partir de entonces, en plena época de taifas, y con los reinos del norte extendiendo sus dominios hasta pleno rio Tajo, quedan conformadas la poesía y la música andalusí en su mayor esplendor. Su llegada a los estratos más numerosos de población, será su garantía de pervivencia a través de los tiempos.

La Nawba

En su época de mayor auge y difusión, la Nawba (y su plural Nawbat) se configura como la composición poético-musical más importante en la Península Ibérica. El término que define esta composición, procede de la palabra árabe del mismo nombre que quiere decir “turno” y procede de la frecuencia con que cada músico acudía a palacio para mostrar su virtuosismo ante los califas orientales. A medida que la música se encontraba con la poesía, el canto vocal, dado a la polifonía promovió el concurso y asociación de varios músicos y cantores. “Ahora bien, de ese significado primitivo y genérico de turno pasó luego a significar la música que cada artista ejecutaba cuando le correspondía ese turno. Y hasta la sesión musical que algunos califas tuvieron semanalmente se llamó nuba, porque en realidad estaba formada por la nuba de cada uno de los músicos de su capilla. Significó, pues, luego, la suma de lo cantado, el conjunto de la sesión musical”(RIBERA).

En definitiva, la Nawba es una composición de larga duración, a modo de suite, dividida en una serie de movimientos (cinco), caracterizados por un ritmo que inicialmente marca la Tushiyya, por la que discurre un asombroso caudal poético (sana’at) que, en el caso de las andalusíes o andaluzas, desgraciadamente se ha perdido en gran parte. El elevado número que se encuentra en el repertorio que se mantiene con anonimato en su autoría es muestra de la magna dimensión que debió alcanzar.

Legendariamente se asume que cada uno de los tab o modos de las nubas andalusíes correspondía a un temperamento, naturaleza o carácter “ e incluso cualquier manifestación o reacción que pueda tener el hombre ante los seres y las cosas. El lado misterioso de esta música se resume en este vocablo cuyo significado es aún más vasto que el de maqam o modo, adoptado por la escuela árabe oriental.” (GUETTAT). Estos temperamentos quedaban marcados o definidos por las cuatro cuerdas del laúd, el rey de los instrumentos en la música árabe y andalusí “La escuela árabe fundamentó la concepción mística de su música en las cuatro cuerdas del laúd, relacionándolas con los cuatro elementos naturales y los humores del cuerpo:

  • La zir: La primera y más aguda, teñida de amarillo, por su sonido claro y cálido simboliza el fuego y corresponde con el temperamento biliar. Activa la circulación y calma los sentimientos de hastío y morbosidad.

  • La matna: Teñida de rojo, por sus sonidos dulces y llenos de frescura simboliza el aire y se corresponde con la sangre. Posee efecto tónico sobre la circulación y combate la melancolía.

  • La matlat: Teñida de blanco, por sus sonidos fríos y húmedos simboliza el agua y corresponde al temperamento flemático. Apacigua la tristeza y calma el aparato digestivo.

  • La bamm: Teñida de negro, por sus sonidos graves y profundos simboliza la tierra y corresponde al temperamento melancólico. Acentúa la melancolía, combate el nerviosismo y apacigua el ritmo circulatorio.

A este cuerpo sonoro simbólico añadió Ziryab una quinta cuerda, roja como la sangre. Por su posición central, entre la segunda y la tercera, constituye la síntesis de los cuatro elementos precedentes, representa el alma y simboliza la vida.” (GUETTAT).

En base a esta correspondencia temperamental se asumía la existencia de veinticuatro modos, que tendrían como finalidad adaptarse a la condición y estado del nafs o espíritu humano en cada una de las horas del día. Y dado que en la actualidad se conserva un repertorio muy fragmentado, inferior a las veinticuatro nubas completas, se tiende a reforzar esta creencia. Sin embargo, teniendo en cuenta que el desarrollo de una suite completa se prolonga mucho más allá de los sesenta minutos, resulta imposible ajustarse al ciclo horario del dia, por lo que el número debió ser tan elevado como profusión tuvo este arte “El número de nubas era importante, puesto que según Tifasi: Hay entre los músicos de Al-Andalus, hombres y mujeres, quienes conocen unas quinientas nawbat” (GUETTAT).

La modificación del sistema poético experimentado en Al-Andalus con la incorporación de la muwassaha, supuso un notable impulso a la música andalusí, derivado entre otras cosas de su popularización, llevándole de retorno hacia Oriente, de modo que se insertó en aquella sociedad de forma extraordinaria. Tal es así que aún hoy en día, sigue viva en muchos lugares de Egipto, Siria o la misma Persia, siendo notable la escuela que ha hecho famosa la muwassaha andalusí de Haleb (Alepo) en Siria.

Posteriormente, la música andalusí, viaja hacia el exilio acompañando a la sociedad que le dio vida y forma, recorriendo sobre todo la orilla mediterránea del continente africano, utilizando como único vehículo las mentes y corazones de quienes se resistieron a perder su identidad cultural. De este modo, llegó el Ala hasta el Magreb, el Garnatí a Argelia y el Ma’luf hasta los rincones de Túnez o Libia lugares donde mayoritariamente se asentaron las familias judías y musulmanas que hubieron de abandonar el suelo andaluz que siempre ocuparon. Allí se ha mantenido durante siglos a través del legado oral que ha pasado de maestros a discípulos sin que tuviese materialización gráfica hasta finales del s. XVIII en el que aparecen algunos manuscritos donde se recoge el corpus poético del repertorio, y siendo el más famoso el Kunnash (cancionero) de Al-Ha’ik al andalusí, en la ciudad de Tetuán.

Importancia y Significado

La trascendencia de la música andalusí estriba, en nuestra opinión en que se trata de un patrimonio descendiente de la cultura que se forjó en suelo ibérico hace ya más de mil años y de la que las grandes urbes andaluzas fueron protagonistas más que singulares. A diferencia de otras manifestaciones históricas como puedan ser las arquitectónicas, tecnológicas, científicas, gráficas o literarias, más o menos fosilizadas, la música andalusí sigue siendo un elemento dotado de vida, donde aún cabe la improvisación, de tal forma que a pesar de moverse entre unos amplios márgenes ya establecidos, tiene capacidad para renovarse y sorprender motivando el asombro y la emoción del espíritu al oyente. Los efectos sentimentales aludidos por Ahmed ibn Muhammad al yemení siguen estando presentes y esta música, creada para recreación y curación del espíritu, mantiene aún sus cualidades.

Desde que Julián de Ribera, descubriese la relación de la música andalusí con la música tradicional española y europea en 1927, al descifrar la clave musical de las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el sabio (s. XIII), y el Cancionero de Palacio de Barbieri (año 1564), poco o nada se ha hecho en suelo andaluz por recuperar y mantener este legado cultural, con excepción de escasos estudios sobre la misma iniciados por algunos de los españoles que durante tiempo prolongado tuvieron la posibilidad de habitar en la ciudad de Tetuán (Valderrama, García Barriuso) en la época de mayor vinculación política entre ambos territorios.“Dentro de la civilización española se destaca un monumento artístico, hasta ahora casi inexplorado, que nos da la clave que descubre con claridad el origen de la música española y de la europea…Alfonso el Sabio encontró en Andalucía en estado muy floreciente el arte musical, y tuvo el impulso de convertirlo en arte cristiano. Al efecto buscó músicos profesionales, expertos, del pueblo vencido, para que le proporcionaran las melodías de su repertorio, las cuales acopló a letra gallega, en que se narraban los milagros de la Virgen María.” (RIBERA). No sucede igual con los investigadores franceses, mucho más interesados por esta música, tal vez al carecer o evitar posibles prejuicios o clichés pre-establecidos.

Hoy en dia, es de destacar el esfuerzo dirigido por Manuela Cortés García, cuya tesis doctoral versa sobre el Kunnash de al-Ha’ik y que ha coordinado la edición facsímil que de dicho libro ha hecho la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a finales de 2003.

También hay algunos músicos que han consagrado su carrera a la interpretación de la música andalusí. Destacan entre ellos la familia Paniagua (Eduardo, Carlos, Begoña Olavide) y Luis Delgado.

A pesar de ello, la cultura andalusí en general y su música y literatura en particular, siguen considerándose como algo ajeno a esta tierra y nuestra cultura, al derivar de una arabización que desde su sometimiento por la cultura del norte, ha sido considerada como algo advenedizo en este suelo, merecedor del desdén y del olvido. Siguiendo esta línea, continúa excluída de su enseñanza en los centros públicos tanto en el área musical como en la vertiente literaria. La relevancia cultural que Ribera llegó a descubrir ha sido obviada , la figura de la muwassaha es desconocida y el zéjel se considera de una mera pasada en los estudios de literatura incluso de los niveles secundario del curriculum educativo andaluz.

A nivel musical, por su parte, tampoco existe iniciativa de tipo alguno de rango institucional que haya sido capaz de promover el mantenimiento de este género musical, cuando por ejemplo, podría enmarcarse perfectamente en el conjunto arquitectónico de la época, que otro tiempo fuese su sede natural y del que hoy en día tenemos en orgullo presumir. Las noches en los jardines de España, a las que Falla puso música, se adornaron durante siglos con esta dulce sintonía musical y lo más lógico a dia de hoy sería que patios y salones medievales de Córdoba, Sevilla, Valencia, Almería, Granada, Toledo, Mértola, Santarem, Zaragoza, y como no Málaga, volviesen a acoger las notas que entre otras cosas son el origen de la música moderna española.

A nivel poético, encierran igualmente un enorme elenco de versos, de maravilloso contenido, con el que los hombres de esta tierra honraron al sol de cada día, a la luna de todas sus noches, a los jardines y flores, a los rios más grandes y caudalosos, a la guerra y las batallas, al vino, a sus briosos corceles, a sus veloces halcones…, y ante todo, a la magnífica hermosura de sus mujeres, así como al amor de la unión mística con el Supremo Hacedor. El cancionero marroquí, se compone de unos ochocientos poemas de variada métrica, de autoría mayoritariamente anómima, pero también de grandes poetas de nuestra historia como son:

Ibn abu Habiib; Ibn baqiy, abu Bakr; Ibn al jabbaz al mursiy; Ibn al Jatiib; Ibn Zamrak; Ibn Zuhr al hafiid, abu Bakr; Ibn Zuhr abu Marwan; Ibn Zayduun; Ibn Sahl; Ibn al Dabbag al yadaamiy; Ibn al Tiib; Ibn ‘abbad al mu’atamid; Ibn al Faarid; Ibn Quzmaan; Abu Hayyan al garnatiy; Al Shushtariy; Narhun al garnatiya; Yusuf III (rey de Granada)

¡¡Noche maravillosa, no hubo tan dulce igual!!
Desapareció el vigilante, no lo devuelva Allah.
El rostro de mi amor, qué afortunada visión.
¡¡Luna plena que agitas mi tormento,
sentencia pasión para el amante en agotamiento.!!
Sana’a de la Nuba Garybat al Husayn. Anónimo
Trad.: Antonio Pulido Pastor

Vi a la luna y el rostro amado y fueron dos lunas ante mi mirada.
Y no supe distinguir cual de las dos fue mi tormento, si la luna astro o la luna humana.
De no ser por el rosado de sus mejillas y la impresión de su cabello azabache,
hubiese confundido a la luna con mi amada y a mi amada con la luna.
Pero aquella se esconde y esta no desaparece
y no es quien se ausenta,
como quién permanece.

Sana’a: Ra’ytu al hilaal. Nawba hiyaz al Kabiir
Trad.: Antonio Pulido Pastor

Dulce noche la que vencí a la luna
y las estrellas del cielo lo ignoraron.
Alllah guarde y vigile nuestra noche.
¡Ay que unión de amor cuando juntos estamos!,
se olvidan de nos el tiempo y el espía.
Ojalá el curso del día no corriese,
Allah nos proteja contra el alba!!!
Ibn al Jatib. Granada, 1350
Trad.: Antonio Pulido Pastor

La perfección de la belleza no alivió el cansancio de mi mente.
Quien te abandonó me desdeñó con su parpadeo.
Permanecí con las hermosas y continué con mi deseo.
¡Si el rumbo de mis ojos hubiese dirigido a mi señor, con mis ojos!
Contemplar tu belleza vivifica mi corazón,
apiádate oh tú, vida para mi desfallecimiento, amarte me consumió.
Tu hermosura, ¡oh hermosa! por la belleza es bella
guía y encantadora, fascinación para el que muere,
fue somnolencia lo que no llegó a ser guía.
Me venció el amor y consentí en su victoria
que se apoderó de mi cuerpo y propagó en mi interior.
Anhelé el rescate sin atenderse mi deseo,
¡si me hubiese concedido el placer de mi redención!
Contemplar tu belleza vivifica mi corazón,
compadécete oh tú, vida para mi desfallecimiento, amarte me consumió
Tu eres la violenta guerra de mi clara prosperidad,

el sol de la tarde sobre la flor del granado
y su belleza la delatora no revelada, virginal.
Contemplar tu belleza vivifica mi corazón,
apiádate oh tú, vida para mi desfallecimiento, amarte me consumió.
San’a Akaamil l-bhaa (La perfección de la hermosura).Nawba al-Istihlal
Trad.: Antonio Pulido Pastor

Di a mi amor, por quién complace verter mi sangre,
que mi sangre le es legítima en todo momento.
Si derramar mi sangre os fuese el último argumento,
no es exceso por una mirada vuestra.
Ibn Sharf
Trad.: Antonio Pulido Pastor

INSARAF

Aunque las nubas andaluzas se mantienen aún en los lugares a los que llegaron los descendientes que les dieron origen, en el suelo que las vio nacer quedaron sus restos fragmentados, encriptados como otras muchas manifestaciones culturales del pueblo andalusí, perseguido por su pensamiento islámico. En el solar andaluz, la saeta es la más evidente heredera del sawt árabe, con réplica idéntica en la orilla africana actualmente bajo el nombre de mawwal (uno o solo). Pero otras muchas manifestaciones musicales son vivas descendientes del elenco musical andalusí, como son los tangos, martinetes, soleás, fandangos, jotas, zambras, sevillanas, tangos, granaínas, cantes de las minas, trovos, seguirillas, tonás, incluso algunas de presunto origen americano como las habaneras, y cómo no los verdiales, rondeñas y malagueñas.

Por ello se elaboró esta propuesta, considerando que podía ser un efectivo recurso cultural para la ciudad de Málaga, en el camino que estuvo siguiendo hacia la capitalidad cultural europea en el año 2016, al tratarse de la recuperación y puesta en valor de un elemento histórico de enorme trascendencia y valor suficientemente apreciado por los expertos en el arte musical e histórico del ámbito internacional, al tiempo que conjuga otros aspectos como es el acercamiento cultural entre las orillas del Mediterráneo y sobre todo contribuye a conciliar la deuda histórica que esta tierra tiene con los andaluces en el exilio desde 1610. Obviamente, no fue entendida en ese sentido adecuadamente.

Esta música que forma parte de la conciencia árabe se resume en una sola palabra: Andalus. La resonancia del término ha alcanzado ya proporciones míticas y no se puede tocar sin exponerse a severas recriminaciones: todo lo que viene de al-Andalus está fuera de sospecha, escapa a cualquier crítica como si al-Andalus y la nuba fuesen legados extraordinarios que magnifican el pasado y revalorizan el presente…Es en nuestra época, debido al despertar nacional y al interés suscitado cuando se puede hablar de arte con todos los derechos. Esto constituye desde ahora su fuerza y su razón de ser.” (POCHÉ)

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

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