Al Son de Notre Dame

He de decir que este artículo lo tenía pendiente desde hace cerca de un año, cuando el equipo de Tottori Trip estuvo varios días conociendo París. En aquel viaje de diciembre de 2017, tuvimos la suerte de estar dos veces en la Catedral de Notre Dame, una maravilla arquitectónica y artística que nos dejó absolutamente boquiabiertos. Como amantes del arte y la belleza, nos duele saber que gran parte de su superficie y su interior están destruidos y/o dañados por culpa del brutal incendio.

Notre Dame, para cualquier católico practicante es una de las catedrales más importantes del mundo. Pero para un ateo confeso, amante del arte como soy yo, Notre Dame es mucho más. La catedral es sin duda uno de los más importantes símbolos no sólo de París, sino de toda Europa. Ha visto de primera mano, durante sus casi 1000 años de vida, toda la historia del país galo y de Europa en general. Desde la quema frente a la catedral de Jacques de Molay, hasta la destrucción de parte de su fachada en la Revolución francesa. Vivió de cerca las convulsiones sociales de la Comuna de París, fue el lugar escogido para la coronación como emperador de Napoleón Bonaparte e incluso resistió a dos Guerras Mundiales.

Espero que este artículo sirva, en primer lugar, como mi particular homenaje a tan valioso monumento, y en segundo lugar, como un pequeño análisis de lo que la Catedral de Notre Dame albergaba a nivel artístico en su interior. Asimismo, espero que finalmente se pueda reconstruir con éxito y que las nuevas generaciones puedan disfrutarla de la misma forma en la que lo hicimos nosotros.

Notre Dame, el corazón del Sena

En nuestro primer día en la capital francesa, comenzamos una ruta a pie desde La Bastilla, hasta el Arco del Triunfo. Fue un intenso pero muy emotivo día por el corazón de la ciudad, en el que una de las primeras paradas que hicimos fue en la catedral de Notre Dame.

Habíamos seguido el curso del famoso río Sena, y pese a que el frío ocasionado por la humedad que desprendía nos ralentizaba, no nos importaba, ya que sólo el hecho de pasear por las laderas del río ya era para nosotros algo muy especial. Personalmente, me fascinó ese encanto que tenían los pequeños puestos situados a orillas del Sena, en los que se venden todo tipo de objetos, desde antiguos libros a postales con fotos de la ciudad, llaveros e incluso copias de viejos carteles promocionales del Moulin Rouge.

Mientras continuábamos nuestra ruta, vislumbramos a lo lejos la majestuosa catedral, la cual es aún más imponente desde la lejanía. La catedral se sitúa en el mismísimo centro de la Île de la Cité y, sin duda, cuanto más te acercas a ella, más maravillosa es.

Cuando llegamos a la famosa Plaza Juan Pablo II (antigua Plaza Parvis-Notre Dame), nos quedamos un tiempo parados, simplemente observando uno de los monumentos más famosos de la historia y uno de los que más ganas tenía de visitar. No eramos los únicos, ya que los turistas que llegaban desde las embarcaciones, se paraban en el mismo lugar a contemplar la majestuosidad de la catedral.

La fachada

Si hay una fachada de una construcción religiosa famosa en la historia de la humanidad esa es, sin duda, Notre Dame. En el momento en el que nos plantamos justo en frente de la catedral, observando su fachada, me sentía un niño pequeño que no podía creer lo que estaba viendo. Me vinieron miles de recuerdos viendo junto a mis hermanos la película “El Jorobado de Notre Dame” de Disney, una cinta que en aquellos años me horrorizaba,  y que hoy día considero una obra maestra de la animación.

Estuvimos en París a principios de diciembre y la Navidad estaba a la vuelta de la esquina, por lo que en algunos rincones de la ciudad, ya estaba colocada la iluminación y la decoración navideña. Justo frente a Notre Dame había un gran árbol de Navidad, que presidía la plaza.

Había muchísimos turistas en los alrededores de la catedral. Algunos aguardaban la  interminable cola para visitar el campanario, mientras que muchos otros tan sólo hacían fotos y disfrutaban de su imponente fachada. Aquel día teníamos planificado un largo día por París, por lo que tuvimos que continuar con nuestra visita por la ciudad, dejando de lado la idea de visitar el interior de la Iglesia.

El interior

Nuestra estancia en París continuó varios días más, en los que fuimos visitando algunos de los lugares más destacados de la ciudad, como el barrio de Montmartre. A causa de un imprevisto, tuvimos que cambiar nuestro plan de viaje. Nuestra idea inicial era viajar a Normandía, pero las circunstancias nos obligaron a posponerlo y ampliar la estancia en París varios días más.

El último día en París, decidimos visitar detenidamente dos lugares que habíamos visto el primer día de manera superficial. Por un lado el Museo del Louvre y, por otro, la Catedral de Notre Dame.

De esa forma volvimos a la famosa catedral y, esta vez, entramos. No tardamos mucho en acceder al interior, ya que prácticamente no había que hacer cola para visitar la nave (tan sólo había que esperar cola si querías acceder al campanario). Una vez dentro, me sorprendió gratamente lo que me encontré. Me quedé fascinado por las bóvedas, que formaban un techo majestuoso, y que finalizaba en el Rosetón Sur, el cual, junto a los demás rosetones de menor tamaño, dotan a la iglesia de una luz y un color muy característicos, a la par que bellos. Según he podido informarme, gran parte de las bóvedas y algunos rosetones han quedado destruidos tras el accidente.

Me fijé bastante en el suelo de la catedral. Sé que es raro, pero es uno de los detalles en los que más me suelo fijar cuando visito algún lugar. Esas baldosas de cuadros me recordaban mucho al suelo de las iglesias que visité de niño, y me sorprendió, porque pensé que al final todas la edificaciones de carácter religioso tienen mucho en común.

Como dije antes, cuando visitamos Notre Dame, la Navidad estaba a la vuelta de la esquina, por lo que, además del árbol de Navidad en la fachada principal, en el interior podía verse mucha decoración navideña. Además, gran parte del espacio de la catedral estaba ocupado por un gran Belén que, para mi, ha sido uno de los más espectaculares que he visto.

Pese a todo, bajo mi punto de vista no todo era positivo en Notre Dame. La catedral estaba enfocada, en cierto modo, como un pequeño “parque de atracciones” para los turistas. Como ejemplo de ello están esas máquinas expendedoras en las que se compran monedas con grabados de la catedral.

El legado artístico

El legado cultural y artístico que Notre Dame alberga o albergaba, es enorme. Quizá una de las obras más conocidas que se encuentran en la catedral es La Piedad, realizada por Nicolas Coustou en el siglo XVIII, y que preside la nave central desde el altar. Asimismo, hubo muchas otras obras que me llamaron la atención y que están ubicadas en los laterales de la catedral.

Sin duda, aunque nuestro paso por la Catedral de Notre Dame fue breve, para mí fue uno de los lugares que más me marcaron en todo el viaje. Fue como aunar todo ese imaginario que la cultura popular me ha transmitido de este lugar, más esa aura de historia que irradia la catedral y todas esas sensaciones que estuvieron presentes durante todo el viaje. Todo esto hace que hoy día vea y recuerde la Catedral de Notre Dame como uno de los rincones más especiales que he visitado y que siempre estará presente en mis recuerdos.

París es París

Durante el viaje por París, todo el equipo de Tottori Trip trabajó en la primera producción audiovisual de la revista, un pequeño poema visual llamado París es París.