Mauritania: Capítulo 3

Lunes 9 de Abril.

Me levanto por la mañana temprano para estar a primera hora en la oficina de Cooperación Española. Consigo ser recibido por el director, Juan Peña y hablar con él. Le traigo saludos de nuestro común amigo Federico Manzano que compartió con él tiempo en Angola.

En casa de Ahmed encontramos a Abd el Naser quién anda por Nuakchott haciendo gestiones administrativas para conseguir que su yerno Micheri pueda subir a España, recoger a su esposa Soraya y ver a su común hijita que nació hace quince días en un hospital de Granada.

Finalmente parece ser que Marruecos no le concede la visa para atravesar su territorio junto a nosotros por carretera. Me dice que el vehículo que esperamos con los demás compañeros se va a retrasar un día más y entonces decidimos subir por nuestra cuenta para visitar el Parque Nacional del Banco de Arguin, de camino hacia la frontera. Quedamos en vernos la noche del día siguiente en la jaima de Nabila, cerca de la frontera. Ahora podemos contemplar las vistas del paisaje que durante el trayecto de ida hicimos de noche.

Hay unas preciosas dunas de arena tostada, me recuerdan enormemente a mi especia preferida e imagino ingentes montañas de canela. Desde la carretera general, a unos 230 km. de Nouakchott hay un gran edificio de color almagra y un poco antes está la entrada para el Banco de Arguin, unos 50 km. de dunas y bancos de arena que hacen muy penosa la conducción. El coche responde muy bien, después de todo lo que hemos pasado.Finalmente llegamos a una pequeña aldea de pescadores que se llama Irwik. Es sorprendente la enorme bahía que hay formada de fondos muy someros. El color de las aguas es de un intenso color azul y hay una gran cantidad de aves acuáticas, aunque nos dicen que la época buena es la invernada procedente de Europa. Pasamos la tarde en la playa observando a los flamencos y nos alojamos en un camping perteneciente a la cooperativa de pescadores y compuesto por unas cuantas jaimas adecuadas al efecto.

Cuando la luz del magrib desaparece nos envuelve un oscuro cielo cuajado de estrellas como nunca tuve ocasión de contemplar. Aquí la oscuridad reluce, el punto luminoso artificial más cercano se encuentra a más de 200 km. de distancia. Frente a nosotros el mar y el cielo son una misma cosa, diferenciados únicamente por el dosel de diamantes que salpica el negro telón celeste. El oscuro azabache de la noche se difumina y desvanece cuando aparece la fuerza plateada de un cada vez más debilitado qamar (la luna menguante).
Definitivamente Mauritania es un viaje al mundo de la arena y de la sal, una Naturaleza que se resiste a ser dominada completamente por el hombre, quién sin embargo sabe los modos y los límites por los que puede discurrir en ella. Es fácil apreciar un brusco cambio solo con cruzar la frontera del vecino país de Marrakech, ciudad que un día fuera la capital de ambos territorios. La fascinación que se encuentra en Marruecos, se vuelve aventura en Mauritania.

La semblanza y memoria que allí puede encontrarse del legado andalusí entre sus palacios, sus medinas, sus zocos, sus habitantes, aquí se torna en presencia viva con las tribus nómadas  que un día se denominaron almorávides, los muttalazim (los velados), y que llegaron hasta las puertas mismas de Toledo y que incluso conquistaran Libia, Túnez y parte de Argelia de manos de los cordobeses Banu Ghanya tras asentarse en la isla de Mallorca.

Conocer al sheij al Michri ha sido una experiencia de este nivel. Su hábito nómada parece insometible de modo tal que ama la jaima tanto como el techo celeste. Cualquier excusa es buena para reunirse al cobijo de alguna que mantienen en sus patios de la casa. Compartir con ellos algunos momentos ha sido un viaje a la época de Yusuf ibn Tashfin, donde el único cambio producido ha sido la sustitución de la espada por la pluma o la linterna con la que el sheij señala a modo de puntero las cosas o las personas una vez que desaparece la luz del día. Se me viene a la cabeza que el instrumento, tal que el láser guerrero de las galaxias, no deja de mantener la misma simbología lineal, en este caso con la carga asociada del rayo de luz.

Martes 10 de Abril.

Van pasando los días en este viaje. Amanece entre la difusa bruma de la humedad marina en el Banco de Arguin. Durante toda la noche el viento de la mar ha batido las lonas de la jaima. La temperatura es muy agradable y no han faltado sonidos de pájaros en la noche. A medida que discurre el tiempo y se suceden las situaciones voy entendiendo mejor aquello de que este viaje era para mi.

Cierto es que no he podido encontrar muchas cosas ni personas nuevas, el tiempo y las circunstancias nos han hecho fugaces allá por donde hemos ido pasando. Pero todo viaje sirve para conocer al compañero y sobre todo para conocerse a uno mismo. Esto ha sido un gran viaje para el cultivo del sabur, la paciencia. Afortunadamente creo haberlo entendido desde un principio y considero que no me ha abandonado la serenidad.
La inmensidad de estos espacios abiertos es tremendamente relajante pero puede haber quién encuentre la ansiedad y la fobia en esta monotonía y la inmensa trampa que puede parecer sentirse aquí diminuto, tal que perdido o naufrago de un ancho mar. En estas condiciones de apertura, es fácil acceder al interior, al propio, y en mi caso, siento haber recuperado emociones que creí haber perdido. La sensación de paz interior es enormemente gratificante.

Dice un proverbio gnóstico: Quién conoce su esencia, conoce a su creador; y pienso yo, de qué vale al hombre conocer el universo entero, si no se conoce a sí mismo.

Continuamos el camino hacia Noadhibú recorriendo las arenas de sur a norte según las indicaciones de un guía local y confiados en la cartografía y los instrumentos de navegación que poseemos. El paisaje es muy monótono y no vale la pena seguir este camino, pues se aleja del mar. Dunas y llanuras arenosas existen en este país en cuantía suficiente como para aventurarse en las condiciones que nos encontramos. Enseguida considero que hemos cometido una imprudencia pues tenemos el combustible justo para llegar a la ciudad, no sabemos de puntos intermedios y nuestra rueda de repuesto se encuentra en mal estado. La conducción se hace pesada por las arenas y en un par de ocasiones nos quedamos atascados, consiguiendo salir finalmente.

Accedemos a la carretera en el punto kilométrico 170 en dirección Noadhibú. Hemos hecho por tanto unos 70 km. por el interior del parque que nos ha consumido 3 horas y media, habiendo usado casi medio depósito de combustible. Una vez en carretera llegamos a la ciudad del norte hacia las 15.00 horas y nos acercamos hasta Cabo Blanco.

A la entrada de la ciudad un control de policía me pide el seguro de accidentes del coche. No es válida la carta verde internacional y me veo obligado a concertar un seguro breve. El paisaje a mar abierto es precioso. La ensenada cargada de buques muertos y barcas de pesca faenando es también impresionante. El mar se encuentra con marejadilla, bate los acantilados que son de frágil arenisca y se desmoronan con facilidad. Acercarse hasta el filo es arriesgado y poco recomendable. El lugar está bajo el cuidado del Parque Nacional de Arguin, pero existe una carencia total de estructura. Aquí hay gente de España en tareas de cooperación internacional apoyando la conservación de la gran población de foca monje que cría en este lugar. La pista de acceso está en pésimas condiciones llegando hasta un faro y una caseta para el vigilante de la Reserva de la foca monje. Hay un edificio en muy malas condiciones, reino de las moscas, y ni siquiera han colocado una barrera a modo de mirador que evite posibles accidentes. Hace viento y la arena incomoda mucho la permanencia.

Finalizada la tarde regresamos y nos encontramos con el resto del grupo en la jaima de Nabila. Son ya con este cuatro días que hemos estado prácticamente separados. En Noadhibú pasamos junto al puerto minero y la refinería de petróleo. Coincidimos con el paso del tren minero, el más largo del mundo, de impresionante longitud con sus trescientos vagones cargados de mineral. Su aspecto es antiguo, los colores rojizos y apagados y el blanco puro de las rocas en la ciudad me hacen sentir de nuevo inmerso en una película. La cinta transportadora carga la pirita ferruginosa en uno de los barcos.

De repente, rodeado por el complejo industrial tras varios días sumergido en la plena naturaleza del desierto, la sabana, el litoral, se me viene a la cabeza el libro de John M. Hobson que no hace tanto acabo de leer. Aquí puedo comprobar lo que este autor expone en su libro sobre cómo un país rico en recursos tal que éste u otros tantos del Oriente o el continente africano, es expoliado de su riqueza ante un patente contraste de miseria y necesidad. Ayer mismo en Nuakchott, la policía lucía vistosos uniformes y montaba en magníficas motos y vehículos patrulla, una de las materias favoritas de la cooperación exterior, procedente de los beneficiarios entre otras cosas de este hierro y petróleo. El alto índice de población de piel negra, deriva también de otros tiempos en que el recurso fue el trasvase de mano de obra subsahariana a bajo coste.

Miércoles 11 de Abril.

Ya estamos nuevamente juntos los dos coches. Hemos hecho noche en la jaima de Nabila, una típica tienda nómada saharaui compuesta sólo por mujeres que hacen vida de frontera con lo que el paso de gentes y mercancías les deja como recurso. Nos levantamos temprano pues hoy toca el paso fronterizo y el inicio de nuestra gran travesía de retorno. Dormir en el suelo estos días ha mejorado la condición de mi espalda y aliviado las contracturas y ciertos desórdenes que tenía.

El paisaje mauritano se despide con una majestuosa duna que se muestra exhuberante entre luces y sombras de la mañana que el sol empieza a calentar. La frontera mauritana es muy sencilla. Allí encontramos una caravana organizada Mijas-Dakar que nos saluda efusivamente al ver nuestras matrículas de Málaga y Granada. Los guardias del puesto conocen a Abd el Naser y nos pasan por delante. En apenas quince minutos acabamos con el trámite ganándonos una reprimenda por no haber ampliado el periodo de visa en el consulado de Nuakchott.

El tramo marroquí es algo más complicado. Todo en Marruecos parece más complicado y menos amable que en su vecino país del sur. En una hora conseguimos resolver el papeleo, lo que no me parece tampoco fuera de lo normal. A los 70 km. llegamos al hotel de Bir Gandouz en el que hicimos noche a nuestra venida y paramos a desayunar. Los compañeros se quedan sin combustible a unos 2 km. y hemos de ir en su auxilio.

Son las 12.30 h. cuando emprendemos el maratón de asfalto que nos queda por recorrer. Nuestro objetivo es dormir en la ciudad de Tan Tan, a unos 1200 km. de distancia. La carretera del sur del Sahara occidental está compuesta por largas rectas, interminables y apenas hay más tráfico que el de algunos camiones que bajan hacia Mauritania. Ello nos permite conducir con rapidez y comodidad. El día presenta una temperatura magnífica, se aprecia un descenso que me sorprende y agrada. Las nubes decoran el cielo y velan el rigor del desierto.

El Sáhara costero es eminentemente rocoso y blanco. Tiene más bien condición de estepa, con numerosos arbustos bajos que a medida que subimos hacia el norte se densifica y dan cobertura al terreno, haciéndolo apto para el pastoreo. Pero este es un terreno minado, los carteles a ambos lados de la carretera advierten del peligro que se corre por este motivo. La gran bahía que forma la península de Dajla (antigua Villa Cisneros) es preciosa, con un mar de intenso azul y costas recortadas, fondos someros que recuerdan a lo visto en el Banco de Arguin. La abundancia de aves marinas por esta zona es también asombrosa. Me acuerdo ahora de las águilas pescadoras de Cabo Blanco.

Pasado Dajla el desierto empieza a florecer. Tengo la sensación de que ha llovido por aquí en días pasados y los márgenes de la carretera están tapizados por siemprevivas y otras flores que no conozco ni por aproximación. Es una grata sorpresa encontrar el Sahara cargado de arbustos, algunos tapices de hierba y numerosas flores. La primavera aquí debe ser fugaz, aprovechando las brumas y escasas lluvias que el desierto consigue robarle al ingente Atlántico. Por eso la belleza se queda en las arenas, las luces y las sombras, el modelado de las rocas y sobre todo en sus mujeres que visten de vistosos coloridos. Cada boda es una primavera en este Sahara. La tarde que prosigue es preciosa, el sol deja dorado el acantilado batido de espumas. Nos sorprende la fresca temperatura y un aire limpio que deja despejar el turquesa del cielo.

El recorrido a lo largo de la costa desde Dajla a Bojador es todo un regalo para este mi 42 cumpleaños. En realidad todo este viaje ha sido un auténtico regalo. Nunca hice uno tan largo, tan cargado de contrastes, situaciones diversas, imprevistos y aventuras. Nunca tampoco he estado de viaje en el tiempo, en primera persona, como ahora. Los beduinos me han hecho sentir en otra época, inmerso en escenas que solo conocía tras la fantasía cinematográfica.

A las 23.00 h. llegamos a El Aaiún, tras recorrer unos 890 km. Nos quedamos a dormir en la mezquita de una gasolinera de carretera. Nunca hubiera imaginado que los mosquitos me iban a dar mala noche en pleno Sáhara, pero el Aaiún (Los manantiales) tiene mucha agua continental y estuarios donde proliferan sin problema

Jueves 12 de Abril.

Salimos temprano, prácticamente a las 6.30 horas. El Aaiún es un lugar con un gran río y lagunas litorales y en él los mosquitos tienen su señorío, lo que se hace patente en esta breve noche en el lugar que pernoctamos. Las previsiones para problema similar en el Senegal han surtido efecto mediante el repelente de que disponemos. Quién no ha tomado precauciones ha debido interrumpir su sueño por la repetida acción de este incansable insecto. La mañana continúa siendo agradable con temperatura similar a la de ayer, si bien se hace notar el cansancio y la falta de buen reposo.

Pasamos Tarfaya, el anterior Cabo Juby y podemos disfrutar otra vez de la cercanía del mar, su costa recortada por ásperos acantilados y el dinamismo que el Poniente imprime hoy a las aguas batiéndolas contra las rocas. Tan Tan se encuentra a unos 330 km. de la capital saharaui. Los números ya se nos hacen pequeños casi ridículos, pero la carretera impone su ritmo y las horas caen sin remedio.

Pasado Tan Tan nos alejamos del mar para sumergirnos en la inmensidad esteparia de amplios valles e interminables llanuras. El sopor y el cansancio me obligan a dejar el volante. Comemos en Tiznit y pasado Agadir cogemos la carretera de la costa en dirección a Essaouira, la antigua ciudad de Mogador, tierra natal de la casa de Medina Sidonia. Esta carretera es preciosa porque recorre la costa subiendo la montaña, pero tiene mucho tráfico y curvas.

Nuevamente llegamos sin luz del día, aunque es temprano. Las tiendas se encuentran abiertas y las calles rebosan de transeúntes. Coincide con que el rey de Marruecos se encuentra en la ciudad y el ambiente es magnífico. Nos alojamos en un apartamento que mejora las condiciones de estos últimos días. El cansancio me pasa factura y me siento mal a partir de un escalofrío que me da con la humedad de la noche en la proximidad del mar. Paso mala noche con dolor de cabeza que no cesa al despertar.

Viernes 13 de Abril.

Me despierto aún víctima del cansancio. Mi cabeza no ha podido relajarse durante el sueño y siento presión que es molesta. Por fin consigo ducharme después de una semana. Damos una breve vuelta por la ciudad. Essaouira es una preciosa ciudad de mediano tamaño fundada con su aspecto actual por los portugueses a principios de la Edad Moderna en su afán por dominar el océano y la tierra de allén de mar, de donde obtenían las pesquerías, el oro y los esclavos (véase África versus América).

La ciudad se prepara para recibir al monarca alawi y decidimos salir antes de que se nos pueda complicar el tráfico. El trayecto es hacia Casablanca en dirección al Yadida. Después de comer conseguimos pasar Rabat a media tarde y llegamos a Tetuán a las 20.30 horas. Nos hemos separado en Essaouira.

La intención de nuestros amigos musulmanes es subir a las montañas de Beni Arós, cerca de Tetuán para visitar la tumba de Mawlay Abdeslam Ibn Mashish, pero yo he decidido no ir aquí con los demás porque ya están cansados y no comparten este tipo de cosas. Por otra parte, el camino es casi todo autovía y nuestro vehículo puede ir bastante rápido. Así que decido ir directamente a Tetuán a fin de poder pasar la frontera al día siguiente cuanto antes, cosa que el pasaje me agradece. En Tetuán he llamado a mi amigo Abdeslam y resulta que su hijo Amin, casi un hermano, está en la ciudad para una de sus veladas musicales de melodías andalusíes. El cansancio me aconseja irme al hotel, no sin gran pena y dejar pasar esta ocasión musical.

Sábado 14 de Abril.

Mi cuerpo agradece las buenas condiciones del hotel y me siento muy aliviado por el reposo. Nos dirigimos a la frontera a eso de las 9.00 hora marroquí y pasamos ambas sin apenas dificultad. Perdemos por poco el barco de las 12.30 h. y nos embarcamos saliendo de puerto una hora después.

A las 16.00 h. hemos llegado a la ciudad de Málaga donde cada uno ha tomado rumbo a su hogar. Y así finaliza el viaje más largo de mi vida con medios propios y por tierra, en la que todo se siente de manera mucho más intensa. El marcador del coche muestra 167932 lo que hace un total de 7000 kms. recorridos en dos semanas. Aunque finalmente no cubrí el objetivo inicial previsto para este viaje y que fue el conocimiento de la ciudad de Maatamaulana y las cosas que en ella hay, lo cierto es que como dice Abd el Nasr, lo importante es el viaje y cuanto más dure éste, tanto mejor. También dice el sheij Mohammed que el viaje más importante es el que discurre por paisajes humanos y te permite bucear en el corazón de las personas. Sentado nuevamente en mi mesa habitual, envuelto por el ruido y la rutina cotidiana entiendo ahora el verdadero sentido de este viaje y quiero creer que ciertamente era para mi.

Sin duda ha sido también para cada uno de nosotros, como dice el Libro, hay signos para quién sabe ver. El Yamal reparte la belleza a lo largo de su Creación y doy gracias a la Providencia por haberme ofrecido tanta belleza y tanta armonía en estas dos semanas. Maatamaulana no es un lugar, sino un estado, una condición, un regalo de nuestro señor y eso es lo que ha sido esta experiencia. Me traigo del desierto y del infinito mar de sal una inmensa paz interior y sobre todo su germen, capaz de prosperar y prolongarse en el tiempo con la sabiduría necesaria para hacerla crecer y verdear. De este modo cobran sentido las palabras de Mohammed Abdela:

El verdadero camino del Conocimiento es la escalada hacia ti mismo.
La sinceridad es la puerta de acceso
La cortesía (adab) es su llave
La generosidad la vestimenta que has de llevar y que te protege
رائت ربّي بعين القلب       

Escrito entre las arenas del Sahara y la sal del Atlántico en Abril de 2007

Antonio Pulido Pastor
Bushara Ong

El cuento de las arenas

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar por toda clase de terrenos favorables, llegó finalmente a las arenas del desierto. Confiado en la fuerza e ímpetu de sus aguas, trató de atravesar el gran desierto, pero de modo constante la arena tragaba su ingente caudal.

Convencido de que su final era el océano y que su propia existencia depende del trazado de su curso a medida que se genera en el camino, el río intentaba una y otra vez cruzar sobre los bancos y dunas de arena.

Entonces una voz procedente del desierto le susurró: “Como el viento cruza el desierto, así puede hacerlo el río”. El río argumentó que le parecía una misión imposible, dado que sus esfuerzos se estrellaban siempre contra el poder absorbente de la arena.

Sin embargo el viento, era capaz de volar y pasar por encima de las arenas. “Si continúas en tu empeño, no podrás cruzarlo”, volvió a oír, “sin embargo, si te dejas llevar por el viento, tal como hace la misma arena, podrás llegar a tu destino”. ¿Pero cómo podría lograr esto? replicó el río, “dejándote absorber por el viento”, le indicó la voz. Esta idea no era agradable para el río. Él era el empuje de la tierra, por el circulaban los hombres y los ganados, daba vida a una y otra orilla por las que circulaba, alimentaba ciudades.

No quería perder su personalidad y una vez perdida, ¿tal vez volvería a recuperarla? El viento, dijeron las arenas, cumple esta función. Eleva el agua, la transporta durante kilómetros y luego la deja caer. “Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”. “¿Cómo puedo saber que esto es verdad?” “Así es y si no lo crees, no conseguirás llegar a tu destino vital” “¿Pero, no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy? “No puedes permanecer así si quieres continuar, tu parte esencial es transportada y formarás un río más adelante.” “Tienes temores porque no sabes en qué consiste tu esencia”. Cuando oyó esto, el río empezó a meditar y recordar. De modo lejano recordaba un estado en el que ya había sido transportado por el viento.

Más tranquilo se convenció de que esto era lo que debía hacer, si bien aún le asaltaban profundos temores. Y el viento sopló delicadamente sobre él, empezando a evaporarle, para llevarle cada vez más y más alto, recorriendo millas y kilómetros.

Pasados los límites del desierto, el viento le dejó recostar sobre la primera cima elevada que encontró de modo que sus aguas se agregaban volviendo a discurrir como río. Entonces le sobrevino una reflexión “Ahora conozco mi verdadera identidad”. El río estaba aprendiendo, y las arenas le dijeron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto cada día, y porque, nosotras, las arenas, te acompañamos en las orillas de tu camino, desde la montaña hasta el mar”.

Y es por eso que se dice que el camino, en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las arenas.