Miércoles 4 de Abril

Amanezco con sensación de poco descanso. La noche de Nuakchott tiene muchos mosquitos. La llegada del día y el intenso despliegue de luz que aquí se vierte no me deja dormir, es algo que siempre me suele ocurrir. Vamos a ver a los niños españoles de Maatamaulana que vinieron a ver a sus padres hasta aquí. Se encuentran en casa de Ahmed, un mauritano casado con una española y amigo de ellos. Sus nombres son Adán, Ahmed, Yasin, Mubarak, Isa, Omar y Abu Bakr. Voy a la oficina técnica de Cooperación Española donde dejo el paquete que me hizo llegar Claudine desde Sevilla para unos amigos suyos.

No se encuentra el director de la Agencia, con lo que no puedo entrevistarme con él. Seguidamente vamos al zoco principal. Hace ya mucho calor, mi termómetro marca 32 grados pero el sol quema bastante y el aire es seco y cálido. La sensación es algo parecida a Marrakech, por el ambiente multitudinario y caótico, el hervidero de coches viejos malsonantes y en continuo atasco, los carros tirados por pequeños onagros y un bullicio inusual inmerso en un marco arquitectónico a medio terminar. Aquí la arena es el signo distintivo con el país marroquí, además de la rusticidad y falta de lujo o elegancia de las capitales imperiales del norte almorávide o almohade. Otro es el enorme colorido en telas y vestidos, la vistosidad del darrá saharaui, la prenda de vestir típica de los hombres, los vistosos saris de las mujeres y la negra tez de hombres y mujeres que parecen dominar en el estrato poblacional. Aquí se encuentra el cacao puro, el oscuro azabache sobre la piel de los hombres libres, los mercaderes, mientras que en el norte, en sus rostros solo hay trazas, más o menos marcadas, según las familias y la piel de ébano suele indicar humildad de condición vinculada a un pasado esclavo.

Nos invitan a comer un magnífico plato de arroz con pescado, algo típico de esta tierra de clara influencia senegalesa. Después de la sobremesa vamos al puerto, a la lonja de pescado. La sorpresa es mayúscula y la emoción es rebosante. El trajín, el colorido y la viveza allí existente es un auténtico espectáculo cotidiano y de libre participación que caracteriza a esta ciudad. Recuerda precisamente a las operaciones de almadraba si bien aquí se trata de un simple desembarco de pescado.

Los cayucos son alargados, multicolores, de anatomía perfectamente adaptada al faenado sobre las indómitas olas del Atlántico. Cada barca está asistida por tres o cuatro hombres o muchachos que llevan el pescado a la carrera sobre sus cabezas para llegar a la lonja mientras sus flancos y espaldas son asaltados por satélites depredadores que les meten mano y roban la mercancía en su difícil transcurso por la arena.

Un enorme contingente de mujeres se encuentra a pie de playa esperando el fruto de la mar que sus hombres sacan hasta aquí. Otros reparan redes y otros simplemente miran y conversan. No había visto nunca algo tan multicolor y no deja pues de ser un jardín femenino. El ébano y la caoba no tuvieron nunca tanto ornato y belleza como impregnado en estos rostros de mujer, dominados por grandes astros de intenso brillo que dicen ser sus ojos. La brisa marina se adereza con el sol de la tarde, Xams al axiiyan, y el paisaje es sublime.Los problemas pasados hasta aquí parecen haberse disipado, la sonrisa es más ágil y puedo disfrutar de todo esto en la plenitud de su magia. Compramos pescado que podemos preparar con carbón en la arena del jardín donde nos alojamos. Los ejemplares aquí son enormes, la generosidad del Atlántico se manifiesta sobre las mesas de los vendedores.

Jueves 5 de Abril

Jueves Santo en España. Mientras, nosotros vamos aprendiendo lo que es el calor y la parsimonia mauritanos. Hoy es el viaje a Maatamaulana y para prepararlo es necesario organizar la marcha en taxi de los niños españoles que han venido para recibirnos en la capital. Entretanto, hay un par de horas para dar una vuelta por la ciudad. En esas visitamos la mezquita verde, a la que no nos dejan acceder debido a nuestro aspecto de turistas y la difícil justificación de formar parte de la umma islámica. Nos vamos pues al zoco principal donde consigo comprar el lizam característico de los legendarios hombres velados del Sahara.

Salimos a las 12.30h con dirección a Maatamaulana. La salida de la ciudad es un auténtico caos circulatorio. Existe una vía de doble carril en la que prácticamente se ha perdido el central debido a los acúmulos de arena. Los carros de tracción asnal circulan por esta vía, siendo un contrasentido no esperado que confunde bastante. A colapsar el tráfico ayuda también algún que otro vehículo que se mete en sentido contrario para cambiar de rumbo. Ha habido un corte de suministro eléctrico y no funcionan las estaciones de servicio por lo que tengo que regresar al inicio para buscar una donde repostar. Conseguido el objetivo logramos salir de esta ciudad.

Nos enfrentamos a unos 150 km. diferenciados en un tramo asfaltado de unos 130 km. y unos 35-50 km. de pista sobre arena. El asfalto discurre entre terrenos de dunas trazado por enormes rectas y cambios de rasante marcados por el vaivén de las dunas y la sucesión de ramblas y wads. El calor es como terrible, podría semejarse a los intensos días de verano en el terral malagueño o la campiña del Guadalquivir. El aire es tórrido y la luz espectacular. Debo cerrar la ventanilla porque el aire lateral mete arena en el coche. Se suceden los valles, las arenas y la gama de colores pardos hasta llegar al cruce de caminos donde hay una mínima infraestructura para asistir a los viajeros que normalmente han de hacer largas esperas a los vehículos de enlace. Hemos podido constatar este punto dado que la mitad de nuestra expedición está formada por una furgoneta que no es capaz de circular fuera del asfalto debiendo esperar el retorno del taxi. Nosotros hemos de atender la llegada del taxi desde Nuakchott donde viene sheij Hammud, quien nos hará de guía hasta el pueblo. El taxi es un vehículo todo terreno descubierto, en el que se llegan a subir hasta veinte o veinticinco personas, aunque a primera vista pueda parecer increíble. La manera de aprovechar el espacio y los recursos es asombrosa. El camino es una pista rodada sobre la arena, unas veces más suelta, otras más apelmazada, no hay apenas otra dificultad que esta, pues todo son rectas y llanos, sin apenas pendientes. La altitud media es de unos 56 m. sobre el nivel del mar que me sorprende bastante.

Esperaba dunas móviles y se trata de un sistema de sabana, consolidado por un rico tapiz herbáceo y un difuso estrato arbóreo dominado principalmente por acacias y arbustos de tipo Retama. Debemos estar ya cerca del Trópico de Cáncer. El paisaje cambia profundamente respecto al desierto que hemos conocido hasta ahora y nos flanquean rebaños de cabras, asnos y camellos. Es explicable ahora la ocupación pastoral de estas familias, compatible con el sedentarismo en torno al pueblo. Llegamos al pueblo hacia las 17.30h., coincidiendo con el taxi que había salido justo antes que nosotros.  Nos recibe Mohammed II (Zani), el yerno de Abd-l-Naser, en su casa y el taxi vuelve para buscar al resto de nuestros compañeros que llega unas 2.5 horas más tarde. Esta noche conocemos al sheij Michri en su casa que nos invita a cenar. Dormimos al aire libre el en patio de la casa de Zani y Yusura. La temperatura es muy agradable, tal que una noche de verano andaluza y el cielo se presenta cuajado de estrellas.

Viernes 6 de Abril.


Nos levantamos al amanecer. La luz del día es intensa aquí a partir de las seis de la mañana. Desayunamos en casa del sheij y nos enseñan el pueblo. Puedo comprobar la situación del sistema eléctrico del pozo y del pueblo, el pequeño jardín botánico que ha montado la cooperación francesa y algunas de las escuelas que hay. A partir de ello podemos hacernos una idea de las necesidades que es preciso resolver o establecer al menos una jerarquía de prioridades. Me sorprende encontrar en el jardín plantas de algodón y cítricos que prosperan muy bien. El resto del día lo pasamos a cobijo de la sombra en alguna de las casas. De este modo puedo comprobar personalmente el horno en que se tornan estos salones bajo la cubierta de una chapa ondulada metálica. Hacemos entrega del material que traemos, gafas usadas, medicamentos, un ordenador, juguetes, ropa y dinero. Establecemos la estrategia de acción junto con los locales, que se han constituido en la asociación local Bushara, dirigida por Zani y el hijo del sheij. También se encuentra aquí Mohammed Bá, de Senegal que tiene previsto establecer la misma estrategia para poder trabajar de igual modo en su país. Esperamos a que llegue la novia que viene desde Córdoba para casarse aquí. Llega la noche y aún no ha aparecido.

Estamos en casa del sheij al Michri cuando se presenta la comitiva de boda en esta casa, donde les dan la bienvenida, el tarhib, y nos invitan a cenar. La sobremesa es corta, pues ellos están cansados y nosotros hemos de retirarnos pronto, pues madrugamos para viajar hasta la orilla del río Senegal, donde el sheij al Michri tiene otras tierras donde puede ponerse en práctica el regadío con facilidad. Finalmente nos pasamos de la 1.30 h., como casi siempre y hemos de estar listos tras la oración del Faÿr, a las 6.00 h. de la mañana.

 

Sábado 7 de Abril


El adzan del Faÿr (la llamada a la oración) se hace a las 5.30h., poniéndonos en marcha. La intensidad de la luna, el qamar (la menguante) que estas noches riega las arenas no es ni siquiera molesta para nuestro sueño, pues estamos tan cansados que ni esto ni la austeridad de las condiciones en que estamos, consigue desvelarnos. Partimos a la excursión Juan, Pablo, Paco y yo. Nos acompaña nuestro amigo Hammud, uno de los estudiantes de aquí con los que hemos conseguido intimar y que es a la vez nuestro guía, maestro de ceremonias, así como referente de lengua árabe, puesto que tanto el hasanía que habla, como el árabe clásico o el francés son para Paco y para mí, totalmente accesibles. Partimos en dirección Sur, atravesando las dunas y siendo testigos de un precioso amanecer en la sabana mauritana. Posiblemente los bancos de arena y dunas que la rodean sean la fuente de riqueza hídrica que permitió el milagro de Maatamaulana (en árabe significa “regalo de nuestro señor”). Salidos de ellas, una inmensa llanura de arenas consolidadas es el mar que rodea esta isla arenosa. En aquella, la pradera y el bosque aclarado de acacias es la vegetación predominante que permite el sustento de una inmensa ganadería de cabras, vacas y camellos.

A unos 5 km. se encuentra el pueblo más cercano en esta dirección y a unos 15 el segundo, donde compramos algo para desayunar sentados en el frescor que la arena ha acumulado durante la noche. Nos acompaña también Salim, otro nativo de Bagamú y amigo de Hammud al que ha buscado por conocer mejor los caminos cuando se pierden en la arena. La sexta plaza ha de pasar al maletero, pues como dicen en la Axarquía, “alante no cabemos tós”. El siguiente pueblo, a unos 30 km., se llama Rkiss y es el pueblo grande de la zona, el que sin duda lleva más tiempo consolidado merced a la presencia de un gran lago que permite el mantenimiento de una amplia ganadería vacuna e incluso de caballos. Son los primeros caballos en libertad que veo por Mauritania. También hay agricultura en las tierras del lecho lacustre cuando se secan o en los años en que las aguas no son suficientes para cubrirlas.

Aquí existe además un simpático surtidor de combustible que funciona sin electricidad, accionado por una bomba de émbolo que se acciona de forma manual. Aprovechamos la ocasión para llenar el depósito en previsión de un viaje largo o de un intenso consumo, pues las arenas exigen la tracción total y los atascos consumen mucho al requerir altas aceleraciones. Sorprendentemente abandonamos las arenas y encontramos una magnífica carretera sin asfalto que aquí, es signo de urbanización y modernidad. El lago Rkiss mantiene agua en su parte inferior y encuentro el primer jinete sobre camello de todo este viaje, un pastor que dirige un gran rebaño de vacas mientras pastan y abrevan en torno a las aguas del lago. Una hora después llegamos a Bagamú, el pueblo de nuestros acompañantes. Paramos a descansar en la casa de unos tíos de Hammud donde nos reciben con la amabilidad y hospitalidad que es característica de estas gentes. Bagamú es un pueblo muy pobre, formado por algunas casas edificadas y en su mayor parte por jaimas estabilizadas por una cierta sedentarización.

El jefe del poblado viene a vernos y nos acompaña para ver las tierras de sheij Michri. Nos encontramos una extensa llanura de pastizales que parece inundarse en su parte central en época de lluvias. Existe cierto carácter vértico de los suelos que aparecen cuarteados por amplias y profundas grietas. Veo que cambia la vegetación y encuentro unas leguminosas arbustivas similares a la albaida y que tienen carácter forrajero, así como un árbol que a primera vista me parece ser una especie del género Bauhinia. En una zona del terreno hay un tramo encharcado con una densa mancha de aneas (Thypha sp.) Finalmente llegamos a río Senegal, aunque arribamos a su brazo más próximo, que queda por completo en territorio mauritano. Sorprende y maravilla encontrarnos después de este enorme desierto un caudal así, proveedor de vergeles. Se asimila al río Tajo a su paso por Aranjuez y lleva tanta agua o más que el Guadalquivir cuando discurre por Córdoba en época primaveral. Hay algunos cayucos que sirven para cruzar y los niños llevan el ganado para abrevar o carros con depósitos para cargar agua que incluso beben directamente del río. El paisaje que genera es sumamente agradable y el verde de sus árboles se hace extraño después de tantos días de recorrer tierra yerma. Las aneas cubren los bordes e incluso invaden los terrenos limítrofes donde el acuífero debe ser somero.

Regresamos hasta Bagamú donde somos testigos de la hospitalidad mauritana, pues nos hacen comer hasta tres veces. Primero un gran plato de carne asada de cabra, después sigue otro gran plato de carne con arroz y cuando estamos más que saciados aparece otro enorme de cuscús al que somos incapaces de meter mano. Como yo no tomo carne, como poco y bebo solamente agua, esta gente dice que soy muy raro. Intento dar explicaciones para no ser descortés y no herir su hospitalidad. Son las 15:15h cuando emprendemos el regreso. Los viejos del lugar enseñan a Salim el atajo que en el viaje de ida quiso encontrar. De este modo ahorramos camino y llegamos antes hasta Rkiss. El trayecto de retorno es el mismo aunque en la entrada de Maatamaulana aparecemos por la cresta de la duna sur donde el coche se queda atascado sin remedio. A base de maniobra y potencia consigo sacarlo y atravesar al cuarto o quinto intento.

Sorprendentemente llegamos poco antes de empezar la boda, a las seis de la tarde y no a las cuatro como nos habían dicho en un primer momento. Se casa Layla Escudero, que ha venido desde Córdoba hasta aquí para unirse en matrimonio con Mustafa Adan, miembro de una importante familia sufí de Níger y tío de Zani. En clara analogía con la curva del río Níger, el país de Mali en su mítica ciudad de Tombuctú, las orillas del río Senegal son en este caso las que acogen el encuentro entre las gentes de África y Europa representadas nuevamente por las tierras de Al-Andalus y el Magreb en un tiempo en que la memoria andalusí parece renacer para recuperar al menos la dignidad que le ha sido negada desde los tiempos de su conquista por francos y sucesores hasta día de hoy. La ceremonia ha sido breve y sencilla, actuando como cadí el sheij al Michri.

Bajo una jaima se aglomeraba la gente separados entre hombres y mujeres con un magnífico colorido provocado por la vistosidad del darrá blanco o azul de dorados bordados, la variedad de turbantes y sobre todo las malefas con las que las mujeres saharianas envuelven su cuerpo.

Una boda es una primavera en el desierto.

La belleza surge desde el rincón del hogar envolviendo su cuerpo en un manto colorido y dejando apenas ver sus tremendos ojos de intenso azabache que irradian luminosa dulzura. No hay banquete ni baile pero coincide con la fiesta del mawlid, el nacimiento del Profeta. Hay preparada una gran carpa y aunque nos retiramos enseguida para comer y descansar en nuestro alojamiento, podemos ser partícipes del dikra general que se transmite a través de la megafonía. Durante toda la noche se prolonga la recitación de poesías, suras del Libro sagrado y otros cánticos. Siendo este pueblo un lugar dedicado a la espiritualidad y tradición religiosa no podía esperarse menos. Sin embargo a algunos de mis compañeros les resulta pesado y molesto, pues no les permite descansar durante la noche. Hasta después del alba se mantienen los cánticos, amanece enseguida y a las siete empezamos a movernos.

 

Domingo 8 de Abril


Nos vamos a las 9.30 h. de Maatamaulana tras despedirnos de Zani y su familia. Todo el mundo anda más o menos entre sueños después de haber pasado la noche en vela. Maatamaulana es una isla situada entre un inmenso océano de sal y el enorme mar de canela arenosa que es el Sahara. Su dedicación principal es el cultivo del Conocimiento. Allí se encuentran niños españoles procedentes de Granada y Córdoba que un día decidieron ir allá para formarse como hombres y personas en el marco de la tradición islámica. Sus nombres son Ahmed Fernández, los hermanos Isa y Abu Bakr Ribera, los hermanos Ibrahim, Ayub y Adan Román y los hermanos Omar, Yasin y Mubarak Rodríguez. De ellos Ibrahim ya terminó y tomó rumbo a Senegal, donde reside actualmente tras haberse casado con una chica nativa de allí. De modo similar, se han formado otros matrimonios mixtos a partir de las hermanas Soraya y Yusura Ribera, casadas respectivamente con Micheri y Zani, dos imponentes mozos de Níger, llegados hasta aquí por motivos de Conocimiento.

En estos días hemos asistido también a la unión de otra cordobesa, Layla Escudero con Mustafa, tío de Zani y miembro de una prestigiosa familia sufí de Níger. Dice Abd el Naser que en estos días hemos tenido un ejemplo de alianza o al menos encuentro de civilizaciones. Hay quién de los presentes discrepa aludiendo a las similitudes étnicas y culturales entre los componentes de nuestro grupo, dado que incluso procedemos de ciudades próximas. Yo por el contrario, discrepo igualmente, porque conocido el fondo, he visto más desencuentros y rechazo que acercamiento o entendimiento. Sobre todo he visto la postura clásica de inmovilismo ante la supremacía de los valores propios de Occidente. Sin embargo, puedo afirmar que desde luego Maatamaulana es un marco y lugar incomparable para dicho encuentro, conocimiento y entendimiento, que ha sido capaz de causar la fascinación en algunos de los occidentales que por allí han pasado.

He visto la felicidad en los ojos de Yusura junto a su marido, habiendo sido capaz de renunciar a un mundo de comodidades y facilidades frente a una austeridad de vida difícilmente encontrable hoy en día en Europa. Creo que es un verdadero ejemplo de desapego y autenticidad que esta mujer de tan solo 18 años puede dar a todo un continente como es este de aquén de mar. Su felicidad consiste en pasar cada día junto a su marido, a la espera de que llegue el día en que nazca la criatura que ambos esperan. Su vida transcurre a 40 grados a la sombra de un tejado de chapa metálica donde la única ventilación la genera el aire del desierto o la sabana más o menos cargado de arena según una u otra proveniencia. No les falta el agua caliente, porque es inherente al clima y al terreno, más aún en el interior de estas casas semimetálicas que serían consideradas infrahumanas en este nuestro país. El suministro se interrumpe desde la mañana a la tarde, porque la electricidad la genera un motor diésel que bombea e impulsa el agua desde el pozo y el aljibe principal. Entretanto, un cubo grande suple el suministro inter horas. No hay abundancia en estas casas, pero no se advierte la pobreza en los hogares porque sobre todo rebosan felicidad y dignidad.

La felicidad es más fácil con la renuncia de lo material


Frente a ello, nos presentamos nosotros, esclavos de lo accesorio y lo innecesario, meros autómatas obsesionados por el control del tiempo y los rendimientos para lograr una producción que nos genera problemas de excedentes. A veces pienso que esto es inducido por simple miedo, el miedo a lo desconocido del futuro, tal vez estos árabes y arabizados, que solo piensan o hablan en pasado y presente, no conozcan o no se preocupen del futuro, por eso quizá no atesoran y confían siempre en que la mano de la Providencia está llena y es generosa en todo momento. Veo un gran equilibrio en estos seres humanos que no puede ser sino objeto de respeto y admiración.

Hacia las 13.30h. llegamos a Nuakchott por la misma carretera que salimos. El caos es el mismo, en sentido inverso, los carros tirados por pequeños asnos discurren lentamente por el carril izquierdo, donde hoy hay unos operarios retirando arena, a poco que me descuido veo un coche venir en sentido contrario que se mete poco después por un hueco de la mediana para incorporarse a los carriles opuestos a nuestro sentido. Buscamos alojamiento y descansamos. Mis compañeros andan con problemas de ligereza intestinal y alguno necesita el reposo. No tengo noticias del grupo de Mohammed Abdela y Shuayb. Me ha parecido muy breve la estancia en el desierto. Cierto es que el calor es insoportable en el interior de las casas, el sol quema en extremo durante la mañana y para quién está acostumbrado a la actividad se puede hacer difícil tanta monotonía y parsimonia.

Me hubiese gustado conocer más profundamente el entorno personal de los chicos y de los profesores, ver manuscritos antiguos, hablar con gente de la concepción del tiempo, de la paciencia, del destino y de tantas cosas del no visto que sin duda favorecen la comprensión y desarrollo de la Intuición, esa parte del ser humano que no atiende a la razón.

La razón es un velo para el ojo del corazón

Las circunstancias y coincidencias han hecho que por otra parte, haya vacaciones escolares, que profesores y alumnos no estén allí en pleno y que el sheij al Michri se encuentre muy ocupado atendiendo las numerosas visitas que han llegado en estos días hasta el pueblo. Por tanto no podido participar en más conversaciones con este que es un sheij de lo externo y de lo interno, como dicen quienes le conocen bien.

El fuego de las arenas se traspasa al cielo en esta tarde de Nuakchott cuando la noche pide su turno encendiendo el lucero vespertino.

Antonio Pulido Pastor
Bushara Ong