La vida eterna, el hijo de dios en la Tierra, tres personas distintas y un solo dios verdadero. La cruz emblemática, el resucitado, la madre con el niño dios en su regazo, el ojo que todo lo ve. Simbología sagrada que alguien ideó con fines de perpetuidad y fue quedando escrita sobre piedra inmemorial en las orillas del territorio al que el rio más largo del mundo dio vida y forma de país.
Iunu originó la cosmología nilótica, Menfis perduró como necrópolis megalítica y Tebas, capital llena de palacios, quedó como la gran biblioteca que nos ha legado el complejo jeroglífico más increíble que pudiera haberse imaginado.

LUXOR, EL GERMEN DE LA GRANDIOSIDAD

El viaje a Luxor en tren requiere unas 10 horas en tren. Como para los no residentes es obligatorio viajar en vagón litera, parece lógico aprovechar el trayecto nocturno. De ese modo es como teletransportarse. Otra opción es viajar por tierra o barco, pero es mucho más largo y más caro, aunque puedes visitar los lugares arqueológicos de Abidos, Tell el Amarna, la ciudad elegida por Ajenatón como nueva capital durante su reinado y Dandara.

La llegada a Luxor, al amanecer tiene algo de especial. Nuestro hotel, en la orilla oeste del río obliga a su cruce en barca. Es lo usual aquí porque las conexiones terrestres quedan muy lejos. Es la primera vez que me encuentro al gran río en primera persona.

El Nilo genera un horizonte sereno, de mucha calma porque su escasa corriente le asemeja a una inmensa dársena. El alto nivel de humedad, genera también un ambiente brumoso que emborrona las formas y procura sensación melancólica. Los colores son suaves, tenues. El olor del agua no es como el mar, pero tiene su marca distintiva con las algas, los fangos, los pájaros.

Templo de Ramsés II

Sobre la línea del Nilo, se desdibujan las formas columnares de esta magna construcción. Imaginar desde aquí sus dimensiones, ya provoca mareos.

La primera visita en Luxor será ese inmenso templo. Sorprende mucho porque no se conserva nada parecido en la antigua Menfis. También su buen estado como conjunto y la solidez y potencia que transmiten la envergadura de sus pilonos y las figuras colosales que flanquean su entrada.

Es una de las clásicas imágenes de libro, y verla en directo conmueve.

Lo colosal de su entrada es tan solo un anticipo de lo descomunal que prosigue. Además de la sensación miniatura que se adquiere es la primera vez que me encuentro con capiteles flor de loto (lotiforme) o la simulación de la planta del papiro (papiriforme). Sus dimensiones hablan de una inversión en energía humana en estas construcciones fuera de lo común. Posiblemente reflejo de una economía que nunca después volvió a tener parangón en todo el orbe mediterráneo.

No recuerdo referencias a estos estilos arquitectónicos y tener como fijo los clásicos de la arquitectura griega. Una vez más, miles de años de historia suprimida de nuestro pensamiento.

Igualmente, las dimensiones columnares, la decoración polícroma que apenas se atisba, y sobre todo el lenguaje jeroglífico grabado en bajorrelieve pétreo hacen de estos monumentos algo único en el mundo exclusivo de aquí.

No en vano denominaron a esta ciudad al Uqsur (Los Palacios), seguramente maravillados por la enorme impresión que causa el encuentro de estas descomunales proporciones por primera vez. Por eso se me ocurre que miles de años atrás, Tebas, la actual Luxor, fuera el germen de la grandiosidad.

Persépolis en Irán se le debió parecer, según apuntan algunas de las dimensiones en ciertos elementos que aún se conservan. Pero lo egipcio le precede en varios milenios y posiblemente lo persa se inspirara con toda posibilidad en la magnitud de estas proporciones.

La perfección de las esculturas realistas y sus 4000 años de edad, incluso las colosales, es causa también de asombro. Pensando en el hieratismo jeroglífico sorprende ese nivel de detalle en las representaciones de muchas de sus esculturas, algunas labradas en roca extremadamente dura como la diorita o el basalto negro. Frente a ellas, el nivel de la fábrica grecorromana ya no parece tan meritoria y el retroceso de la románica, sólo se entiende bajo la subordinación a intereses o cánones diferentes y no a conocimiento o tecnología.

Las “obras farónicas” son por tanto precursoras de la arquitectura de excelencia en todo el mundo. Estas obras, además de procurar la exaltación y ostentación de la persona del rey se proyectaban “a perpetuidad”, de ahí el uso de la roca en su construcción.

A partir del Reino Nuevo (1550 a.C.) “el templo puede leerse como un mundo en miniatura” (Parra, 2011). El rio Nilo, que marcaba la diferencia entre el desierto y el vergel, simbolizaba la separación entre el orden y perfección (representado por la diosa Maat) y el caos (dominios del dios Seth), algo que no resulta difícil imaginar conociendo el contraste entre el ordenado cultivo de sus regadíos con la adversidad que supone la vida en el desierto. “La estructura general del templo reproduce esta imagen,..el templo sería el valle del Nilo, la parte ordenada de la creación.” (Parra, 2011) Su muro sería el aislamiento que suponen las orillas del río, sus columnas lotiformes y papiriformes representarían la vegetación natural y sus niveles ascendentes, el propio desnivel del río a lo largo de su curso. El loto, tiene además un valor simbólico sagrado (Guénon, 1995). Para la cosmogonía egipcia, Ra nace unas veces a partir de un huevo aparecido en la colina primigenia y otras veces, sobre una flor de loto (Tyldesley, 2011). También representa al Sol (hinduísmo), por su abrir y cerrar diario e igualmente será un signo de la resurrección, por su característica de pasar el invierno enterrado en el fango y resurgir nuevamente en primavera. Además de encontrarse en el capitel lotiforme, aparece repetitivamente como grabado en piedra, tallado en madera o dibujado como una flor de 8 pétalos. “En la iconografía egipcia, el loto abierto, como el fénix, simboliza el nacimiento y los renacimientos. El loto es el primer nacido de las aguas primordiales; después, el demiurgo y el sol brotan del corazón del loto” (Chevalier & Gheerbrant, 2007).

De ahí, posiblemente evolucionara a la estrella de 8 puntas que aparece en tiempos de Roma, en el gnosticismo egipcio y que se hará universal posteriormente a través de la simbología islámica.

Los pilonos que flanquean la entrada a los templos son una representación del jeroglífico que significa horizonte, de modo que la entrada de los templos es el lugar donde nace y muere el sol,…, de este modo, con sus muchas lecturas simbólicas, los templos egipcios podrían verse como una especie de factorías que producían ingentes cantidades de maat, es decir, orden. Los sacerdotes, vendrían a ser los ingenieros encargados de mantener la maquinaria a pleno rendimiento, siempre en representación del monarca” (Parra, 2011). El calendario egipcio era de 365 días. Se organizaba en 12 meses de 30 días, 360 durante los que reinaba el orden regido por la diosa Maat. Por su parte “los cinco días encima del año (dias epagómenos), eran considerados peligrosos y caóticos: eran días de plaga y destrucción, durante los cuales cualquier cosa podía suceder (caos). Por lo tanto, era necesario adoptar precauciones y se establecieron una serie de complejos rituales de Año Nuevo que el rey debía realizar durante catorce días para salvaguardarse a sí mismo y al país en estos momentos de máximo peligro” (Tyldesley, 2011).

Dentro de esa necesidad de orden, los templos se orientaban según su finalidad:

Los templos del Valle del Nilo y Delta se orientan de acuerdo con el curso del río, perpendiculares al curso principal, con su puertas enfrentadas al Nilo y rara vez en dirección opuesta. Ejes paralelos también eran comunes. Los templos también estaban orientados astronómicamente. Entre las orientaciones astronómicas, hubo tres y solo tres, tipos de patrones: Uno se relacionaba con las esrellas de Meskhetyu (osa mayor) para obtener una orientación cercana a la línea meridiana o, a veces, de forma precisa, hacia el norte. El segundo tenía un carácter marcadamente solar. Por último, un tercer patrón, incluye a las dos estrellas más brillantes del firmamento egipcio, Sopdet (Sirio) y Canopus. Los templos de los dioses solares tienen orientaciones predominantemente solares, mientras que los que pertenecían a divinidades femeninas se orientan predominantemente a las estrellas más brillantes del cielo, en particular a Sirio (Belmonte Avilés, 2012).

Desde el templo de Ramsés II, una gran avenida guarnecida por esfinges de mediano tamaño flanqueaba el curso del Nilo hasta llegar al complejo palaciego de

Karnak

A unos tres kilómetros de distancia al norte del anterior se emplaza el que pudiera ser el conjunto arquitectónico más descomunal de toda la historia antigua. La llegada a su acceso principal vuelve a conmocionar poco después de haber sido estremecido por las inmensas proporciones del templo de Ramsés II.

El pasillo de esfinges que conducen al acceso principal ya genera escalofríos con una potente sensación de estar siendo vigilado. La dirección visual se encaja en el largo pasillo que forman la entrada entre los pilonos y la profunda perspectiva que se genera hacia su interior.

La sala hipóstila que prosigue está considerada como la más grande del mundo. Y la escala de sus elementos, es descomunal, genera la sensación ya sentida en el templo de Ramsés II, pero elevada a enésima potencia. Parece increíble sumergirse en un entorno donde los volúmenes consiguen el efecto de reducirte sensiblemente y generar estremecimiento. Asimismo asombra que, 3000 años después, se mantengan intactas algunas estructuras como los capiteles papiriformes, sus inscripciones e incluso en algunos casos, restos del colorido inicial.

Imaginar algo así en estado original consigue hacerse una idea de lo que debió ser la capacidad productiva de las tierras del Nilo.

El conjunto arqueológico es impresionante también por su extensión. Una superficie rectangular de aproximadamente 1,5*0,5 km (75 hectáreas) da cabida a la totalidad de lo que fuera aquella suntuosidad arquitectónica en la que se dan continuidad residencias, templos, plazas, avenidas, y un gran estanque.

Si te sobra tiempo a lo largo del día y te sigue encandilando el interés por esta cultura, puedes visitar el Museo arqueológico de Luxor, que se encuentra a orillas del río a medio camino entre Karnak y el Templo de Ramsés

Valle de los Reyes

A diferencia de la llanura de Menfis, la ciudad de Tebas está rodeada por colinas. Eso inicialmente, presenta una desventaja, porque reduce la disponibilidad de terreno útil en el valle fuera del alcance de la inundación, suponiendo un aumento de costes en el uso de los terrenos montañosos.

No obstante, no debió ser muy problemático, dada la magnitud de las construcciones en la ribera oriental del río, como los anteriormente descritos.

La ribera de poniente, sin embargo, dedicada a los dominios del dios Sakor, llevaron a cambiar la estrategia de los ritos funerarios. Nadie ha sabido explicar el por qué de esa nueva orientación a partir del Reino Nuevo (año 1550 a.C.) cuando la ciudad tebana se estableció como capital del reino. Siguiendo una lógica elemental el simple hecho de no disponer de terreno favorable como el de las inmediaciones de Menfis pudo hacer renunciar al megalitismo piramidal que le precedió. Otra opción es que la inversión principal se dedicase a construcciones más regias y de la vida cotidiana, como “los palacios” que dan nombre actual a la ciudad. Las dimensiones extraordinarias del templo de Luxor, de Karnak, del templo de millones de años de Ramsés II, delatan un acúmulo de energía en ellas comparable al empleado en las ciudades funerarias de Menfis.

Por su parte, la necrópolis del Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas, reúne ciertas condiciones que pudieron cumplir los preceptos ideológicos, mitológicos o religiosos de los egipcios de ese tiempo sin requerir la aplicación del esfuerzo que se encuentra invertido en el entorno de Menfis.

Las necrópolis tebanas se encuentran ubicadas en un paraje cuya litología dominante son calizas margosas, antiguas arcillas petrificadas dispuestas en finos esquistos o láminas con escasa agregación. Eso permite su fácil excavación.

Por otra parte, la colina existente, está rematada por el llamado Gabal al Qurn (Djebel al Qurn, la montaña del cuerno) precisamente llamada así por su terminación en punta aguda. Vista desde algunos puntos, tiene forma de pirámide coronando el lugar elegido para los enterramientos. Sus más de 400 metros de altitud, con unos 300 m diferenciales de altura con respecto a la base, superan con mucho cualquiera de las construcciones humanas logradas hasta ese momento, con lo que la vía ascendente de su simbolismo quedaba asegurada. Además se suponía que en ella habitaba la diosa Meretseguer, la diosa serpiente, guardiana del lugar.

Conviene destacar que la mentalidad había cambiado a partir de la V dinastía del Reino Antiguo, o quizás la tecnología. Las tumbas ya no requieren orientarse hacia las estrellas para marcar el camino que debe seguir el alma hasta el acceso a la Duat, sino que se le indica mediante escritura en las paredes de sus largos pasadizos excavados (Belmonte Avilés, 2012).

Se llega a este lugar imbuido por la expectación y la intriga dada su afamada reputación, sin duda generada por el descubrimiento de la morada yacente del faraón niño Tut Anj Amón a principios del siglo XX sin haber sido víctima del saqueo. El tesoro que salió a la luz dejó sin habla al mundo de la época. Ahora permanece expuesto en el Museo Egipcio de El Cairo, salvo la momia, que se mantiene en su morada original, posiblemente como señal de respeto a la intención de su promotor.

Del total de tumbas descubiertas sólo se permite la entrada a diez de ellas, siendo las de Sethy I y las del faraón niño de acceso especial fuera del circuito general. El circuito general se compone de tres de las ocho tumbas accesibles, quedando a decisión del visitante la libre elección de las mismas.

Las de Ramsés IV, Ramsés V-VI y la de Merenptah son las que corresponden a estas imágenes.

La estructura general de estas tumbas es una galería inclinada cuya longitud depende de la duración del reinado del monarca destinado a ellas. A mayor duración de reinado, mayor longitud de la tumba. Más que un signo de ostentación parece una obviedad, dado que posibilitaba la dedicación de recursos a ella.

Sus paredes tuvieron una decoración bellísima que en algunas ha sido deteriorada. El techo abovedado suele estar cubierto por escenas que representan el firmamento. Las paredes reflejan escenas de la vida cotidiana, del reinado del faraón y sobre todo del juicio final y el viaje al más allá.

Las galerías tienen algunas cámaras laterales en las que se depositaba el ajuar funerario, también un pozo en su parte final que funcionaría como trampa de humedad para reservar la cámara funeraria de posibles inundaciones en caso de filtración.

Finalmente la cripta funeraria es variable. Desde asombrosa en el caso de Ramsés V hasta más modestas en las demás. En ellas se depositaba una enorme urna de piedra (generalmente granito rosa) y en su interior el sarcófago con la momia. Solo la tapa de esta urna puede pesar entre 2 y 5 toneladas.

Deir al Bahari

Curioso nombre este para un emplazamiento que queda en la otra cara del Gabal al Qurn, donde la cima de la montaña cumple el mismo efecto pirámide que en el Valle de los Reyes. En árabe significa el monasterio del marinero, pero se suele traducir como el convento del norte.

Aquí se encuentran tres templos, Mentuhotep II, Tutmotsis III y el que destaca sobre todos, por su buena restauración, de la reina Hatshepsut.

La explanada y fachada frontal de la construcción de este faraón mujer son espectaculares. Difiere de los templos normales tanto en dimensiones como en formato, sobresaliendo su amplio frontal porticado y las extensas explanadas en su antesala, unidas a dos niveles por una ancha y larga estructura de escalera y rampa.

Lo más asombroso sin embargo de este lugar es que en sus laderas ocultaron las momias de la mayor parte de los faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX cuando se abandonó el lugar como necrópolis y la capital del reino se trasladó al Delta del Nilo. Respetuosos como eran con estas cosas, los sacerdotes que quedaron a cargo de los templos de la zona decidieron llevar a cabo esta acción para evitar que cayeran en manos de saqueadores y fueran profanadas. A finales del siglo XIX el francés Gaston Maspero, por entonces Director del Servicio de Antigüedades de Egipto y su ayudante alemán Emil Brusgsch consiguieron llegar a un acuerdo con una familia de ladrones de tumbas que por entonces conocían el lugar y vendían sus “antigüedades” en el mercado negro.

Cerca de este lugar se encuentran el Templo mortuorio de Seti I, prácticamente en ruinas, y el Ramesseum que es el nombre con el que más se conoce al Templo del millón de años, con finalidad mortuoria dedicado por Ramsés II a su madre. Próximo a él, el Templo mortuario de Merenptah.

Más al suroeste se encuentran los restos del Complejo funerario de Amenhotep III del que destacan sobremanera los llamados Colosos de Memnón, otra muestra más del magnífico oficio cantero de los egipcios.

Medina Habu

Alberga el templo funerario de Ramsés III. Se encuentra en las inmediaciones del anterior y está considerado uno de los mejor conservados de todo Egipto. Sorprenden sus patios con galerías hipostilas con columnas lotiformes muy bien conservadas, hasta el punto de que muchas de ellas aún conservan sus colores originales.

Durante la construcción de este templo se produjeron varias huelgas para protestar por el retraso de los salarios, protagonizadas por los obreros que se emplearon en su construcción y que se alojaban en la cercana Deir al Medina, la ciudad creada expresamente para alojar a los operarios que se empleaban en las obras llevadas a cabo en el entorno de la orilla funeraria del Nilo en el entorno de Tebas. Dichas protestas están consideradas la primera huelga de la Historia (unos 1100 años a.C.) y quedaron registradas en un papiro escrito bajo el reinado de Ramsés IV que se conserva en el museo de Turín (Italia).

Deir al Medina (Pa Demi)

Es un conjunto urbano que se encuentra bien estructurado a día de hoy, ubicado aproximadamente a 1 km al noreste de Medina Habu. Se creó en tiempos de Tutmotsis I como sede para las familias de los obreros empleados en la construcción de las distintas obras de la necrópolis tebana. De su estudio así como de las referencias a la vida de sus gentes se han obtenido muchos datos sobre el modo de vivir y costumbres de los antiguos egipcios de clase humilde. También ha contribuido a deshacer el mito de que las construcciones faraónicas se llevaron a cabo a base de mano de obra esclava. Los derechos que tenían estas personas así como sus concesiones y salario reglado sorprenderán a más de uno (Parra, 2011).

Hay muchas más cosas por ver en el lugar de “Los Palacios”, como la cercana Dandara, a unos 60 km al norte, donde se encuentra el templo de Hathor que ha sido importante para el conocimiento astronómico del Antiguo Egipto gracias al Zodíaco de Dandara. También reúne una importante necrópolis con importantes tumbas del período Antiguo y mitad del período Medio.

Sin poder dejar de pensar en las maravillas que atesora aquel país, se viene a la mente la idea de que el afán de inmortalidad ansiado por aquellas gentes del Antiguo Egipto realmente se ha logrado. No sabemos el devenir de sus almas, aquel ansia de reencarnación. Pero lo que si es cierto que perduraron sus cuperpos e hicieron atemporal su legado, generando un patrimonio de futuros para su tierra que pudiera multiplicar de modo indefinido la inversión material que llevaron a cabo hace ya cuatro milenios. En ese sentido su legado es perpetuo y la vida que permiten crear como derivado, queda a la vista de todos cuantos visitan aquellos lugares. Sea por tanto un reconocimiento a la dedicación y esmero en la promoción de la cultura autóctona y su cuidado así como la necesidad de revitalización por parte de la gestión pública.

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

Recomendaciones de viaje:
– Alójate en hoteles y casas de huéspedes de la orilla oeste. Además de más baratos, el ambiente es mucho más tranquilo. Cruzar el Nilo en barquito sólo cuesta 5 libras egipcias (0.25 euros).
Recomiendo el hotel PYRAMIDS LUXOR HOTEL, de carácter familiar y regido por Mohammed Ragab. Contacto a través del canal Telegram: @pyramidshotel.
– Luxor y su entorno tienen mucho que ver. Planifica bien tu viaje.
El Valle de los Reyes es, junto con la meseta de Guizá, la joya turística de Egipto. La visita es bastante cara.
La entrada general al valle cuesta 240 libras egipcias. Eso te da derecho a visitar sólo 3 de las 8 tumbas generales que hay abiertas. La tumba de Tut Anj Amón tiene precio independiente de 300 libras egipcias. La de Sethy I, otras 1000 libras egipcias. Esta es la que guarda la mejor decoración. Además de eso, te piden 300 libras egipcias por acceder con cámara de fotos. Si puedes pasarla sin cobrar, después se suele resolver el problema con una propina a los vigilantes de la tumba.
– Cada tumba tiene sus propios vigilantes, que te hacen de guía o intérprete si no hay mucha gente. No se permite el acceso de un guía externo, por lo que no tiene sentido contratarlo. Puedes leer indicaciones generales en cualquier libro o internet. Un guía externo normalmente es muy caro y te procura una visita rápida para terminar pronto y buscar nuevos clientes.
Asuán queda a 3 horas de camino por carretera o tren. Viajar por carretera te permitirá conocer los templos de Dandara, Idfu y Kom Ombo. También lo puedes hacer en barco.

Referencias:
Belmonte Avilés, J. A. (2012).- Pirámides, Templos y Estrellas, Astronomía, y Arqueología en el Antiguo Egipto. Editorial Crítica. Serie Mayor. Barcelona
Carcenac Pujol, C-B. (2013).- Jesús, 3000 años antes de Cristo -un faraón llamado Jesús-. Ediciones la Tempestad. Barcelona
Chevalier, J.; Gheerbrant, A. (2007). Diccionario de los símbolos. Editorial Herder. Barcelona
Guénon, R. (1995).- Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada. Editorial Paidós Orientalia. Barcelona.
Parra, J.M. (2011).- La Historia empieza en Egipto. Eso ya existía en tiempo de los faraones. Editorial Crítica, Colección Tiempo de Historia. Barcelona
Tyldesley, J. (2011).- Mitos y Leyendas del Antiguo Egipto. Editorial Crítica. Colección Tiempo de Historia. Barcelona