LUNA

         Vi la luna y el rostro amado y tuve dos lunas ante la mirada.
No supe distinguir cual de las dos me causó la muerte, si la luna astro o la luna humana.
De no ser por el rosado de sus mejillas y la impresión de su negro cabello,
hubiese confundido la luna con mi amada y mi amada con la luna.
Pero esta se esconde y aquella no desaparece,
y no es quién se ausenta como quién permanece.
             Sana’a: Ra’ytu al hilaal. Nawba hiyaz al Kabii
                 Trad.: Antonio Pulido Pastor

Está escrito en los libros de Cosmología remota que, en tiempos de galaxias juguetonas, cuando este Planeta Azul era una simple vorágine de magma gaseoso, una debacle espumosa escapó de aquel hervidero formando un coágulo a miles de kilómetros de distancia permaneciendo atrapado por el invisible hilo del amor materno-filial para no perderse en la inmensidad del Universo. Y así como una cometa se mantiene desde entonces en su ritmo invariable asomándose cada noche para saludar a una u otra parte del mundo con la luminosidad que le provoca el andar siempre mirando al rostro de su bien amado Sol, por quién suspira y a quién debe su lucidez y mejor aspecto. De ese modo unas veces pasa desapercibida, otras se convierte en sonrisa del cielo nocturno y otras en la próspera continuidad que prolonga el brillo solar sobre la tierra durante la noche.

Esta magia luminosa ha cautivado desde siempre al género humano que mucho después habitó la Tierra. Su ritmo visual tradicionalmente ha servido para establecer el cómputo mensual a lo largo del año, utilizándose para definir los tiempos en cuestiones del ámbito agropecuario y de la propia fisiología humana. Tal vez su coincidencia con el estro femenino fuese la razón más notoria para sacralizarla, y rendirle pleitesía plasmadas en canciones y poemas de tradición oral y escrita a lo largo de los tiempos.

Conocida es la influencia de la atracción lunar sobre el mar, causando las mareas. Y conocido es también su influjo sobre la fisiología animal, en el crecimiento, en los partos, o en la vegetal, donde sus fases se tienen muy en cuenta en los momentos de corta de la madera, poda de árboles, injerto, saca del corcho e incluso en la elaboración de productos que necesitan de reposo o maduración.

Por estas y por otras probablemente desconocidas razones, muchas personas son las que dicen sentirse atraídas de algún modo por la Luna, en cualquiera de sus fases. Pero es sobre todo la luna llena, tal vez por resultar la mejor emulación del Sol, la que genera mayor expectación y sensaciones. También la que mayor literatura acumula a su favor, puede que por la ruptura de tinieblas que provoca en la noche, haciendo menos tenebrosa el transcurso de la misma. Podría decirse que es una luminosa conexión entre el tiempo que discurre entre el atardecer y el amanecer. Aquellos que hacemos vida al aire libre, así lo podemos percibir fácilmente siendo conscientes de la ventaja que supone el discernir con gran facilidad objetos y formas en la ausencia de luz solar. De ese modo estamos en estrecho contacto con ella y nos resulta fácil entender todo cuanto en ese sentido se ha dicho o escrito.

La Luna ha sido preferentemente la metáfora del rostro amado. Ese que con su luz ilumina la tiniebla interior y acaba con la noche del alma enamorada. Ya sea el el sentido más místico literario como en el más terrenal o caballeresco. En la primera poesía que aparece en este texto, la comparativa entre luna y rostro humano es evidente. En la siguiente resulta sin embargo mucho más adornada

                                                           Dulce la noche que conquisté la luna
                                                           y las estrellas del cielo lo ignoraron.
                                                           Allah guarde y vigile nuestra noche.
                                                           Ay, qué unión de amor cuando juntos estamos!,
                                                           se olvidan de nos el tiempo y la espía.
                                                          Ojalá el curso del día no corriese,
                                                           y Allah me aventaje frente al alba.
                                                           Ibn al Jatib.  Granada, 1350
                                                            Trad.: Antonio Pulido Pastor

Conquistar la luna es alcanzar el máximo grado de unión con la amada. Y las estrellas del cielo, son la serie de escollos que están para evitar el encuentro a solas, principalmente el raquib, vigilante, o espía.

Suelo compartir muchos momentos con la Luna. Es ante todo compañera de camino a lo largo de senderos en el monte cuando se agotan las tardes en el regreso a casa o alguna que otra travesía en días de plenilunio. El principal motivo de escribir estas líneas no es otro que el de plasmar algunas de las imágenes que en días así he podido captar. Es mi particular homenaje, al tiempo que el modo de compartir la belleza del astro a través de estas imágenes. Tratándose de una revista de viajes, puede entenderse como una gira por los territorios del sur peninsular… a la luz de la luna.
Antonio Pulido Pastor
SIECE.org