Desde tiempos remotos el ser humano tuvo noción de la fuente energética motor de esa parte del Universo que afectaba a su esfera más cercana. Y desde siempre sintió veneración hacia el Astro Rey rindiéndole culto bajo distinto nombre y forma en cada una de las culturas que se han venido dando a lo largo de los tiempos en distintas partes de la Tierra. El Mulhacén fue la conexión celeste más visible para los andaluces del reyno de Garnata

A LOS PIES DE MAWLAY AL HASÁN, MULHACÉN

El Neolítico, que hubiese debido llamarse Neohomo por el cambio que se produjo en los hábitos humanos derivó de una mejora climática que con el calentamiento global del Planeta permitió la prosperidad en el cultivo del suelo. A partir de ese momento, la búsqueda de los mejores suelos y el suministro de agua le llevo a asentarse en las tierras bajas y proximidad de los ríos. En su caso los habitantes de la antigua Iliberis le acabaron llamando “vaica” regada por el flumen Singilis, un extraño río que a diferencia de la gran mayoría conocida, se tornaba de aguas bravas a finales de primavera y no en otoño o invierno como era común en los demás. Ese agua, provenía de un destacado macizo montañoso, tras el cual emergía el Sol cada mañana. Por eso, una vez implantado el latín se le llamó “Mons Solarius”. Y en una de tantas crisis que experimenta la Historia, la ciudad íbera se hizo latina y después califal pasando a llamarse madina Ilbira. Para entonces, la vaica se llamó bagu y el regadío prosperó transformándola en una unidad productiva de gran riqueza. Las caudalosas aguas de primavera unidas al aumento de las temperaturas hizo de aquel lugar un vergel sólo comparable a la Caesar Augusta donde las aguas cántabras y pirenaicas confluían igualmente en tiempo de deshielo a través de la gran vena fluvial con nombre Ibérico (Hiberis flumen). Pero en el contexto del sur, no hubo nada comparable.

Madina Ilbira quedó eclipsada siendo sustituido su protagonismo por la colonia judía que se asentaba en las proximidades de la colina de la Sabika y que se llamó Garnata al Yahud. Será esta la que propicie verdadero culto al entonces wadi al Xinil y atribuya a las tierras que riega la condición de jardín supremo (al yanna, La Chana). Para ese tiempo, el latín es desplazado por el árabe como lengua culta y el Mons Solarius fue llamado Yabal Sulayr. En ambos casos, la montaña del Sol. La fantástica conjunción entre latitud y gradación de altitudes, con plena asistencia del agua de riego propició uno de los fenómenos culturales y agrarios más fascinante de todos los tiempos sobre la Península Ibérica, el cultivo de la morera, el manejo de su polilla (Bombyx mori) y la producción y tejido de la seda. Orgullo y perdición final de la ciudad como reino libre. Curiosamente la guerra de Granada no tuvo un trasfondo real religioso (la expansión de la cristiandad) sino económico, la expulsión de los mercaderes genoveses del sureste hispánico para facilitar su debilidad en el Mediterráneo en favor de los comerciantes catalanes (Reyno de Aragón). Y la seda fue la mercadería más preciada y exclusiva.

La primera vez que tuve contacto con esta montaña fue el verano de 1982. Los hermanos García Montes habían previsto una travesía integral, de poniente a levante, recorriendo las principales cotas por encima de tres mil metros de altitud y allá que me sumé a la iniciativa. Recuerdo aún, la fascinación que me produjeron los días que tardamos en recorrerla. Aprendí la noción de infinito subiendo lentamente aquellas laderas interminables, portando la carga necesaria para avituallamiento y pernocta. Y en la mansa línea de cumbres, descubrir por primera vez el paisaje alpino de circos glaciares y lagunas de contorno encespedado resultó de lo más emocionante. La magia existía entre sus piedras, donde un nutrido repertorio floral se ocultaba como preciados tesoros. La violeta de Sierra Nevada, las siemprevivas, los aster….junto con muchas otras sobre los húmedos herbazales de deshielo (borreguiles). Fue también la primera vez donde pude ver cabras monteses en libertad. Cinco días después y cinco kilos menos, llegamos al paseo de la Bomba en la ciudad donde me comí un inmenso helado de avellana en Helados La Rosa. Inolvidable también aquel enorme cucurucho y las ganas.

Picón de Jeres. Un clásico inicio en la Integral de Sierra Nevada

Laguna de Rio Seco

Para alguien que siempre se sintió atraído por las montañas, no es fácil explicar el alejamiento posterior de la montaña que reina en el sur de Europa, pero el dominio de las crestas calizas fue después mi principal atracción. Cazorla-Segura y las crestas malagueñas fueron después mi principal repertorio, con alguna licencia a Pirineos o la montaña asturleonesa.

Así que, las visitas que años después hago a la gran montaña de la nieve son una especie de deuda, de reconocimiento atrasado, además de una satisfacción personal. Sierra Nevada es un macizo montañoso relativamente prieto, compacto, con elevada altitud y no mucha amplitud, lo que la hace de pronunciadas pendientes y profundos barrancos encajados en la misma por los que desaguan los numerosos arroyos que genera su manto de nieve. Tal vez el más importante sea el que da lugar al río Genil y que procede desde el circo glaciar formado por las cumbres más destacadas, el trío de ases compuesto por el Mulhacén (3.478m) y los dos compañeros que lo flanquean, Alcazaba (3.371m) y Veleta (3.398m).

El recorrido se inicia desde el pueblo de Güejar Sierra, a unos 20 km de la capital de provincia y a orillas actualmente del embalse de Canales. En la plaza del Ayuntamiento, justo junto a la parroquia Ntra. Sra. del Rosario se gira a la derecha para seguir la calle Genil que lleva directa al río por la carretera de Maitena. El trazado se hace más sinuoso y estrecho pero es fácilmente transitable con vehículo. Unos cuatro kilómetros después se llega al encuentro con el río Maitena, que tributa al Genil por la derecha. Allí se encuentra el restaurante del mismo nombre y es recomendable dejar allí el vehículo.

A partir de este lugar se puede seguir en vehículo, pero la pista asfaltada es mucho más estrecha, reducida al ancho del ancho del antiguo ranvía de la sierra, del cual deriva. Los cruces en ambos sentidos comprometen la circulación. Unos dos kilómetros después, se llega al cruce del río San Juan donde hay un merendero y aparcamiento suficiente para dejar el vehículo. La opción A, requiere unos tres cuartos de hora para llegar a este lugar caminando desde el río anterior. Como recompensa, un trazado cómodo, bonito, con puentes colgantes y una preciosa vista del río Genil pletórico, en un espectacular meandro.Llegados a la venta San Juan, puede decirse que comienza la Dehesa de San Juan, monte público del Ayuntamiento de Güejar-Sierra y la vereda de la Estrella, llamada así por las minas de hierro con ese nombre que se explotaron en siglos anteriores. El sendero, es relativamente amplio, muy bien de piso, sorprendentemente sin apenas piedras en su planta y con menor pendiente longitudinal de la que yo esperaba. Así que el recorrido resulta bastante cómodo.Es primavera tardía a finales de mayo pero este generoso año de precipitaciones está todo rebosante de hierba y humedad. Estos recorridos lineales transversales a un macizo montañoso sirven muy bien como estudio de cliserie, la sucesión de especies vegetales que se presentan en el medio natural a medida que cambia la altitud. Así se encuentran desde encinas hasta quejigos y robles melojos. Arces de montpellier, acirón de Granada (Acer opalus ssp. granatense), cerezos y mostajos son los árboles más frecuentes en el recorrido. También es posible encontrar algunos castaños. En las orillas del cauce no faltan los fresnos.

A lo largo de todo el recorrido, el agua es una de las grandes protagonistas. El curso principal del Genil se va aligerando en la subida a medida que vamos dejando atrás los afluentes que le vierten, Maitena, San Juan, arroyo del Lagarto y así se llega hasta el Guarnón, el otro gran componente de este recorrido, que baja desde los neveros situados en la umbría del Veleta. Las aguas llevan en su genética impresa el afán de servicio y predestinación al embellecimiento del Paraíso. El Único Verso las debió programar de forma precisa para formar todo el entramado que generan una vez llegadas al entorno de Granada. Y en ese destino ya fijado, se desbocan alegres y saltarinas por los cauces marcados en la montaña y que las llevan hasta el jardín o la huerta que será su destino más preciado. Los árabes usan el verbo saqá para conducir y llaman as saqya al sendero que construyen para conducirlas hasta el lugar deseado. Las acequias y jardines de al Andalus tienen un repertorio poético y musical tan extenso que podría escribir con ellas todo un tratado artístico del agua. La melodía, se convierte polifónica con el amplio cortejo de pájaros que se pueden escuchar. Pinzones, ruiseñores, mirlos, oropéndolas, colirrojo tizón…., también adornada por la presencia de algunas mariposas, entre ellas la arlequín (Zerynthia rumina), Colias crocea, Anthocharis cardamines, Pieris brassicae, Coeonympha pamphilus.

La otra gran protagonista es la montaña. Las espectaculares vistas de la línea de cumbres, resultan estremecedoras. Las sensaciones crecen en intensidad a medida que se progresa en la ascensión. La gran Alcazaba es la más visual por la orientación que enmarcan ambos flancos del barranco principal. Verla de nuevo con tanta cercanía e intensidad es como reencontrar a una vieja amistad. Los pronunciados y peligrosos cortados de su cara norte fueron el tramo más difícil en aquella travesía principiante. No olvido el mullido arenal por el que se descendía a la laguna de la Mosca, a los pies del gran señor Mawlay Hasán, lugar reconocido como nacimiento del río Genil. Desde allí, el paso a Laguna Larga y el collado de los ciervos para pasar a la Caldera, desde donde ascender al pico más alto peninsular.

Lugares como estos ayudan a ubicar la escala humana en el conjunto de este jardín terrenal. La arrogancia, las prisas, las ansias de grandeza, se empequeñecen con la misma rapidez que fluye una de las gotas de agua de estos ríos. El afán por el lujo, la ostentación, se vuelve totalmente prescindible en cuanto que la mano llena con estas puras aguas sacia la boca sedienta.

El río se estrecha y encaja en algunos tramos con bonitos saltos a los que llaman Angosturas del río Real. Poco a poco se llega a la confluencia del arroyo Valdecasillas con el de Valdeinfierno, donde un fornido pontón de madera permite el paso sin problema hacia la otra ladera donde el sendero se empina repentinamente para ganar altitud en poco recorrido. Este es un magnifico lugar para parar, descansar comer y dar un paseo suave desde alguno de los puntos donde las altas cumbres ofrecen la panorámica que mostramos en estas fotos. Cerca de aquí se encuentra Cueva Secreta, siguiendo por el arroyo de Valdeinfierno.

Las tres cumbres principales aún mantienen, aunque algo encriptado su nombre de época andalusí. Alcazaba, al qasba, significa “la fortaleza”; Pico Veleta, yabal al balat, “el sendero empedrado” y Mulhacén, mawlay al hasán, “mi buen protector”. Pese a lo que se cree, no tiene nada que ver con uno de los últimos reyes de Garnata, padre de Muhammad XI a quién se conoció como Abu Abdilehí o Boabdil. Pese a morir encarcelado en la prisión real de Salobreña, toma tintes de leyenda que un rey importante fuese trasladado a una montaña remota para ser enterrado allí, cuando la lógica impone que el sepelio de alto linaje hubiera de ser en el panteón de la familia real en la maqbara de palacio. El nombre de aquel Abul Hasán Aly ibn Sad nunca pudo generar un título tal como mawlay Hasán, dado que el ism (el nombre) era Aly. El significado de la montaña procede precisamente, del carácter benefactor del que se habló al inicio de estas líneas vinculado con la ciudad de Garnata y con la vega en general. Porque el río, no es solo fuente de vida para la ciudad y su entorno. No en vano es el principal afluente del río grande “Wadi al Kabir” y daba sustento a ciudades también antiguas como Loja o Écija.

El regreso hasta el punto de inicio puede llevarse a cabo regresando por el camino de subida o bien en sentido circular cruzando el pontón y buscando la Loma del Calvario para bajar después desde el refugio de La Cucaracha por el sendero de los presidiarios. Al final del recorrido habremos caminado unos 20 km y empleado unas ocho horas en el mismo. Siempre hay gente en este lugar y siempre se pueden hacer nuevas amistades. Porque no hay que olvidar, que la importancia de todo viaje, está en el camino.

Y aquí un bonito tema sobre la montaña y sus aguas, del conjunto “El club del río”

Antonio Pulido Pastor
Siece.org