Antonio Pulido Pastor

En el año 2001 llegó hasta mi el texto de un libro desconocido hasta entonces y que me resultó sorprendente, tanto por lo novedoso e inesperado de sus teorías como por el sólido entramado, de carácter técnico y científico en que fundamentaba sus argumentaciones. Dos años después, escribí este texto, que se alojó en algunos dominios de Internet hoy perdidos. Ahora, con una nueva oportunidad que me ofrece la revista Tottori Trip vuelvo a reeditarlo y ponerlo a disposición en red.

La obra referida a la que que ya muchos conocen se titula “La Revolución Islámica de Occidente”, versión en lengua castellana de la que en 1968 publicara el historiador Ignacio Olagüe en Francia con el relevante título “Les arabes n’ont jamais envahi l’Espagne”.

Olagüe estructura su obra cimentada en varios pilares que son:

  • El determinismo geográfico, derivado de las crisis climáticas regionales y basado en los entonces relativamente recientes estudios de Emberger, Huntington, etc.
  • Una profunda revisión de las fuentes escritas (supuestamente históricas) que abarcan tanto las latinas o cristianas (crónica mozárabe, crónica de Alfonso III) como las árabes o musulmanas (Ajbar Machmua, Crónica de Rasis, al-Muqtabis de Ibn Hayyan,,,,)
  • Un exhausto examen de las actas conciliares de la Iglesia Católica.
  • El análisis de los vestigios arqueológicos y el legado arquitectónico, realizado por los expertos del momento, sobre todo Gómez Moreno en relación con la mezquita de Córdoba, G. Marçais, E. Lambert,…)
  • El resultado son unas cuatrocientas páginas, perfectamente cohesionadas y respaldadas por otras tantas notas o referencias a las obras de los investigadores, autores o testimonios escritos, en los que apoya cada uno de sus argumentos.

Las conclusiones principales de la obra son:

  • Que la historia de la Península Ibérica en el siglo VIII es oscura y confusa, existiendo pocos testimonios fiables.
  • Que los eventos militares de casi un siglo y medio tras la pérdida de la hegemonía visigótica, no es sino una sucesión de guerras civiles entre los fragmentos de aquel reino medieval, los de la Tarraconense apoyados en sus huestes centro y norte peninsulares, los de la Bética apoyados en sus huestes del sur y de la Tingitana, al otro lado del Estrecho de Gibraltar.
  • Que la arabización de la Península se produce principalmente a partir de la primera mitad del siglo IX y que dicha arabización y consecuente islamización es debida ante todo a las estrechas relaciones humanas existentes entre el sur peninsular y la costa norte africana. Es lo que viene a llamar la transmisión de una idea-fuerza, frente a la idea de la conquista por un contingente militar procedente de Arabia o cuando menos del norte africano.
  • Que esta magna obra, siguiendo las tesis en cierto modo de Américo Castro, causara gran sensación, es de suponer debido sobre todo a lo sólido de su argumentación. Tan debió ser así, y el impacto tan notable frente a las tradicionales historias de Rodrigos, Pelayos y Abderrahmanes transmitidas por aquellas monolíticas enciclopedias de bachiller, que una vez superada su salida a la luz bajo los auspicios de la Fundación Juan March en 1974, se perdió para el resto de los tiempos siendo de muy difícil localización de no ser por la rebusca en alguna biblioteca o la edición furtiva que algunos hicieron del libro para alimentar las bases teóricas de la identidad andalusí. El libro no volvió a ver la luz hasta que perdidos los derechos de autor por aquella fundación fue recuperado por la editorial cordobesa Plura Belle (2005) y ahora nuevamente por Almuzara doce años después.

Resulta curioso comprobar como esta obra ha sido vilipendiada en su posterioridad con una ligereza tal que cuando menos resulta escasa frente a la cantidad de argumentaciones que aquella presenta. Solamente he encontrado una referencia que sigue las tesis de este historiador (GARAUDY, 1987).

Cuando se lee el libro de Olagüe, la apreciación que resulta no es ni más ni menos que estar ante el producto de un erudito, de aquellos que previos a la España de la postguerra y que vilipendiados en su tierra, tuvieron magnífica acogida en suelo ajeno. La obra pues, es una síntesis de muchas teorías, investigaciones y resultados ajenos o propios basados en la climatología, la arqueología, historia, actas conciliares eclesiásticas, producto sin duda de innumerables horas de trabajo de unos y otros.

Frente a ello, los autores que se oponen a dicho autor, a veces con ciertos visos iracundos presentan alegatos como los siguientes:

la majadera mixtificación histórica de I. Olagüe, según la cual no hubo invasión islámica sino una integración espontánea –y suponemos que también gozosa- de la Hispania romano-visigótica en el ámbito cultural árabe, por simple ósmosis. La repetición resumida de las boberías de Olagüe (pedimos perdón por usar estas palabras, pero por mor de exactitud no hay otras) lleva al autor a deslizar nuevos dislates…” (FANJUL, 2000)

“…en el año 1969 Ignacio Olagüe publicó en París, un sorprendente libro cuyo título era Les Arabes n’ont jamais envahi l’Espagne. Unos años después dicha obra fue traducida al español. ¿En qué quedamos? ¿Hubo o no invasión de las tierras hispanas por los árabes? Es indudable que el libro de Olagüe por muchas supuestas razones que lo acompañaran, tenía un propósito provocador. En cualquier caso lo cierto es que esa hipótesis ha terminado por naufragar.” (VALDEÓN BARUQUE, 2001).

El producto más reciente y no el menos curioso de esta tendencia a minimizar el “impacto” de la conquista musulmana sobre la sociedad y la civilización españolas es la obra publicada en 1969 por Ignacio Olagüe y titulada: Les Arabes n’ont jamais envahi l’Espagne, en la cual su autor demuestra con la mayor seriedad del mundo –a no ser que se trate de cabo a rabo de una mistificación- que no hubo conquista en el año 711, y que gran parte de los relatos que se refieren a este acontecimiento y a sus efectos inmediatos se han inventado a posteriori para proporcionar una explicación satisfactoria a la lenta y caótica conversión de la sociedad hispánica, ya en su mayoría conquistada por el arrianismo en el curso del s. VIII, al Islam que en esta época se extendía desde el Oriente por toda el área mediterránea”. (GUICHARD, 1973)

Entre las consecuencias de las polémicas que han rodeado la historia de la España musulmana, habría que citar la curiosa obra publicada en el año 1969 por un historiador español residente en Francia, Ignacio Olagüe, con el llamativo título de: Les Arabes n’ont jamais envahi l’ Espagne. Este libro, que no se arredraba ante la paradójica negación de la conquista árabe de comienzos del siglo VIII, pretendía restablecer la <<verdad histórica>> sobre las condiciones en las que tuvo lugar la incorporación de la Península Ibérica al área de la civilización arabo-musulmana en la Alta Edad Media….Tales tesis, históricamente insostenibles, no han sido totalmente enterradas con el olvido del libro de Olagüe y reaparecen de vez en cuando; por ejemplo un universitario americano, Norman Roth,…Tales afirmaciones no necesitan comentario. Sus motivaciones <<nacionalistas>> o <<políticas>> y el proceso demostrativo que pretende fundarlas merecerían un examen más profundo.” (GUICHARD, 2000).

Como puede apreciarse, en apenas diez líneas se rebate todo un compendio de variadas argumentaciones como es el libro de Olagüe cuando en justa lid, debería haberse hecho cuando menos enfrentándole una revisión alternativa de cada una de las fuentes en las que aquella se basa y las conclusiones que de ellas deduce. Por lo que conozco, solamente este último autor, Pierre Guichard publica en 1974 un trabajo titulado “Les Arabes ont bien envahi l’Espagne” como contestación a aquella y aunque no he tenido acceso a su contenido, es de suponer, por lo expresivo de sus comentarios, que en dicha obra rebate suficientemente los argumentos presentados por Olagüe, si bien la extensión del mismo, con unas cuarenta páginas es mucho más reducida.

Siento mucho que esta introducción haya sido un tanto extensa y tal vez farragosa, sobre todo para aquel lector que desconozca la trama principal. El motivo de estas líneas no es otro que recomendar a muchos de los que supongo interesados en la temática que consulta estos foros, un artículo titulado “Genética e historia de las poblaciones del norte de África y la Península Ibérica.”, publicado en el número de febrero 2003 de la revista “Investigación y Ciencia”,

Dicho artículo es obra de los autores E. Bosch, F. Calafell, S. Plaza, A. Pérez-Lezaun, D. Comas y J. Bertranpetit, pertenecientes a la Unidad de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Es por tanto un campo totalmente ajeno a la Historia y una procedencia a la que no se le puede acusar de proclive al nacionalismo andaluz.

Y toda la trama inicialmente expuesta en los párrafos anteriores no es sino porque inevitablemente me ha venido a la memoria la obra y figura del profesor Olagüe, tan versada y multidisciplinar a la que solamente le faltó el apoyo en algo como la novedosa tecnología de la investigación molecular aplicada al análisis genético de poblaciones, como demuestra la exposición de resultados que se hace en este artículo.

La mayor parte del artículo al que se alude consiste en una amplia introducción sobre la genética aplicada al estudio de poblaciones. Deriva genética. Flujo génico. Patrones de herencia: autosomas, cromosoma Y, ADN mitocondrial o nuclear, conceptos que introducen al lector para poder entender el hilo conductor que va desarrollando. En varios de sus párrafos dice entre otras cosas:

El Magreb y la península Ibérica

Sabemos ya que la distribución y la antigüedad de la diversidad genética a escala mundial son compatibles con un origen reciente y africano de la humanidad actual…Desde la genética de poblaciones podemos abordar cuestiones que atañen a la Península Ibérica y al noroeste de Africa…¿Se puede hablar de un origen común para ambas poblaciones a sendas orillas del Mediterráneo?…¿Qué fracción del acervo genético magrebí proviene de la invasión árabe? ¿Podemos identificar la contribución magrebí a las poblaciones peninsulares?… Para resolver esa gavilla de cuestiones sobre el poblamiento y las relaciones genéticas entre la península Ibérica y el Magreb, hemos recurrido al análisis de marcadores clásicos, microsatélites autosómicos, inserciones Alu, secuencias de ADN mitocondrial, pomorfismos de un solo nucleótido (SNP) del cromosoma Y y microsatélites del cromosoma Y en muestras de poblaciones ibéricas, beréberes del norte, centro y sur de Marruecos y del centro de Argelia, árabes marroquíes, argelinos y tunecinos, y saharauis.”

Orígenes remotos de norteafricanos y habitantes de la Península Ibérica

Con pocas excepciones, todos los marcadores genéticos analizados muestran una separación clara entre las poblaciones magrebíes y la de España y Portugal, incluidas, sin embargo, en el rango delas poblaciones caucasoides…De acuerdo con nuestro análisis de marcadores clásicos, las distancias genéticas entre ibéricos y poblaciones del Oriente Medio son menores que la que existe entre ibéricos y magrebíes…En la Península Ibérica predominan, lo mismo que en el resto de Europa Occidental el linaje R1b y sus inmediatos derivados, en tanto que dos tercios de los cromosomas Y magrebíes pertenecen al linaje E3b2….El grupo de linajes R1b, por su antigüedad y distribución geográfica, se habría originado en Oriente Medio y se habría difundido por Europa con las colonizaciones iniciales del Paleolítico superior.”

El Neolítico: un avance paralelo

El linaje magrebí E3b2 se ha hallado en otras poblaciones, aunque con frecuencias mucho menores….Hay razones para postular que los linajes F, G, J y J2 del cromosoma Y se originaron en Oriente Medio. Desde allí se difundieron hacia el oeste por ambas riberas del Mediterráneo con la expansión del Neolítico….la frecuencia de F y G es más elevada en la Península Ibérica que en el NO de África, lo que es compatible con la hipótesis de expansión durante el Neolítico, siguiendo pautas independientes, por ambas orillas del Mediterráneo; la península Ibérica y el Magreb representarían los extremos occidentales de ambas expansiones”.

Árabes y Bereberes

…Así las cosas, podemos plantearnos si las invasiones árabes implicaron una aportación demográfica significativa, o si, por el contrario, una élite numericamente limitada, pero culturalmente prestigiosa consiguió difundir una nueva lengua y religión, sin que ello conllevara una aportación de genes notable….El ánalisis de gran cantidad de marcadores nos revela una llamativa ausencia de diferencias entre poblaciones árabes y bereberes.Sólo el ADN mitocondrial separa de los bereberes a los árabes argelinos y tunecinos (pero no marroquíes). Debemos concluir pues, que la arabización del Magreb fue un fenómeno básicamente cultural, en que una reducida élite impuso su lengua y religión, sin que hubiera cambios sustanciales en la población local, incluso la actualmente arabófona.”

Más allá del Sáhara

…son de origen subsahariano los linajes L1, L2 y L3, que constituyen una media del 25% de los linajes magrebíes (con un rango entre 3% en rifeños y 40% en mauritanos). En la península Ibérica, presenta una frecuencia media del 3%, oscilando entre su ausencia en vascos y un 6% en portugueses del centro.

Tráfico en el estrecho de Gibraltar

…Dejamos constancia al principio de la nítida separación entre ambas poblaciones, debido probablemente a un sustrato paleolítico distinto…Las personas y, si se reproducen, sus genes, han cruzado el estrecho de Gibraltar con distinta intensidad a lo largo de la historia. En algunos períodos dicho flujo aumentó. Además se trata de una corriente bidireccional…Respecto al total de linajes del cromosoma Y, la contribución norteafricana al acervo genético ibérico se puede estimar en un 8%…Por lo que respecta al ADN mitocondrial, el U6, de origen magrebí se halla en un 10% de los magrebíes y en un 1.5% de los habitantes de nuestra península….En un sentido inverso, los cromosomas Y del grupo R1b que hay en el Magreb pueden ser de origen europeo, si bien no podemos precisar que fuera específicamente ibérico…ello supone una contribución europea del 3.6% al acervo genético magrebí. Por lo que respecta al ADN mitocondrial, el linaje V, de origen europeo se encuentra en una frecuencia del 6.8% en norteafricanos.

Conclusiones

Los datos genéticos, con sus limitaciones, han permitido trazar un primer marco comparativo entre ambas orillas del Mediterráneo, con la reconstrucción consiguiente de la historia e intercambios mutuos de sus poblaciones…Los cambios y sustituciones en el credo religioso, en la lengua o en los perfiles de las excavaciones arqueológicas nos hablan de interrelaciones y desplazamiento culturales. El alcance demográfico de los procesos demográficos asociados a esas transformaciones culturales hallan un correlato genético, cuya magnitud se va desentrañando a merced al avance en el conocimiento del genoma. Es una de las múltiples sorpresas que la biología actual nos depara.”

Como puede comprobarse, no son tan desacertadas las tesis que se exponen en la obra de Ignacio Olagüe y en las que se basan los argumentos de quienes reivindican la identidad andalusí sosteniendo la originalidad de aquella cultura asentada sobre un sustrato humano autóctono de la Península Ibérica y que fuera sometida definitivamente en los inicios del siglo XVII hasta la supuesta libertad religiosa aprobada por la Constitución de 1978.

Nota: En el mismo número de la citada revista, aparece un artículo muy interesante titulado: “Ibn Sahl, descubridor de la refracción de la luz”. Un manuscrito revela que Ibn Sahl, matemático árabe había descubierto la “ley de Descartes” ya en el siglo X, un motivo más para hacerse de este interesante número.

Málaga, Octubre 2003

BIBLIOGRAFÍA:

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BOSCH, E., et al.: Genética e historia de las poblaciones del norte de África y la Península Ibérica. Investigación y Ciencia, nº 317 Febrero 03, pp. 62-69.. Edita Prensa Científica. Barcelona 2003
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GUICHARD, P.: Los árabes si que invadieron España. Las estructuras sociales de la España musulmana. Estudios sobre Historia Medieval. Valencia 1987, pp.27-71
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OLAGÜE, I.: La Revolución Islámica de Occidente. Fundación Juan March. Barcelona 1974
VALDEON BARUQUE, J.: Abderramán III y el Califato de Córdoba. Editorial Debate. Madrid 2001