En mi estancia en Koh Tao volví a visitar Haad Sairee Beach una segunda vez, pero esta vez lo hice a una hora totalmente distinta y el día se presentó también de otra manera, por lo que mis sensaciones fueron de encontrarme en la misma playa pero con ciertos cambios. Esta vez vi la Cara B de este emblemático lugar.

CARA B

Fui por la tarde, después de comer precisamente, aparcamos la motocicleta en las inmediaciones de la playa, que como ya comenté, es una de las playas con mejores accesos de la isla. Diría incluso que si viajas a la isla deberías visitar Haad Sairee Beach, aunque únicamente puedas estar poco tiempo en ella. 

Cuando volví a esta playa ya llevaba casi una semana en la isla, aquel día se arremolinaban unas cuantas nubes bastante oscuras que predecían tormenta. Aunque finalmente no acabó lloviendo en todo el día y se estaba bastante tranquilo, no había realmente mucha gente en la playa y el agua estaba a una temperatura más que agradable. Sin apenas olas y con la bajada de la marea que os conté que es más que habitual en esta playa, el reflejo que se podía observar era maravilloso. El agua parecía ser de un color plateado.

En ocasiones el sol se abría paso, y la playa volvía a lucir de manera totalmente distinta. Quizás fueran sensaciones mías, pero esta playa tenía esa magia. Se respiraba tranquilidad, se podía estar sentado en la arena observando el paisaje, los perros que jugaban en el agua, los trabajadores que operaban en las pequeñas barcas que hay ancladas y los turistas que disfrutaban de su estancia.

Los perros me enamoran, pero los dos canes que había jugando en la playa estaban en otro nivel. No había preocupaciones más que disfrutar del agua, de divertirse y relajarse cuando se cansaban de perseguirse uno al otro. Porque era curiosa la pareja que formaban ambos, por un lado estaba una especie de mestizo blanco, que me recordaba a “Golfo”, el perro vagabundo de La Dama y el Vagabundo. Por otro su amigo inseparable, que era algo más peludo y de color negro.

Otro de los protagonistas que me encontré aquel día era un pequeño tailandés, que estaba disfrutando del atardecer sentado en uno de los emblemáticos columpios que cuelgan de algunas de las palmeras que hay en esa playa. Comía tranquilamente patatas mientras pasaban por delante de él todos los turistas que paseaban por aquella playa. Era curioso, porque representaba un choque entre dos culturas.

Quizás no es la playa más conocida, ni la más atractiva visualmente, pero lo que si es cierto es que fue la que más me transmitió en mi viaje por Tailandía. Sin duda visitar Haad Sairee Beach y conocer sus dos caras fue de lo mejor que hice en Koh Tao. Me gustaría volver en un futuro, quien sabe, quizás me encuentre con otras caras totalmente nuevas.