Dice así uno de los versos que se encuentran en una antigua canción andalusí “Contemplar tu belleza vivifica mi corazón, apiádate oh tu, que das vida a mi desfallecimiento. Amarte me sublimó” Algo así parece haber sucedido al municipio de Jubrique (Málaga), un bonito enclave entre la Sierra Bermeja y las colinas pardas en la margen izquierda del río Genal que se ha quedado prendado de una hermosa mariposa, la Cuatro colas o mariposa del madroño (Charaxes jasius L.). No en vano, está considerada la mariposa diurna más bonita de todas cuantas pueblan la Península Ibérica.

Las mariposas son besos de colores que danzan en el viento y se posan en las flores. En el ámbito del mundo natural, son sinónimo de armonía, delicadeza y color por lo que denota exquisitez y sensibilidad en quienes se sienten atraídos por ellas. Y esto por tanto es aplicable al conjunto de todo un pequeño pueblo de montaña que en un fugaz instante ha aprendido a usar los recursos más inmediatos como signo de identidad y valor como motor de futuro. En un tiempo donde el mundo rural ha perdido sus referentes y ejes de desarrollo tradicionales como son la agricultura o la ganadería, es necesario encontrar nuevos esquemas sobre los que vertebrar la necesaria continuidad para no sucumbir aplastados por la impositiva directriz dictatorial que marca el reino de la cantidad. Y es un signo de inteligencia lograrlo con sólo mirar al entorno más cercano. La reciente inauguración del centro de interpretación turística es un claro signo de ello.

Para quienes creen en la causalidad de los acontecimientos, no resulta banal que este tipo de directrices sean coincidentes con un equipo director hábil e inteligente comprometido hasta la médula de sus huesos con la mejora progresiva de las condiciones de vida en su pueblo. Y todo equipo suele tener una cabeza, en este caso, representada por su actual alcalde.

Jubrique es una blanca gota de espuma que un día escapó del mar y rebasando las alturas del bermejo paredón rocoso de la sierra quedó prendida entre grandes árboles a orillas del río Genal, con cuyas aguas se pasa las horas conversando. Y hablando de frondosos y siempreverdes pinares, de vetustos quejigos, de generosos alcornoques, de mágicos y recónditos laureles y cómo no, de los alegres y coloridos madroños aquellas aguas le contaron sobre la existencia de un retazo de arco iris que en tiempos de verano bajaba a sus orillas buscando los azucarados jugos que se encontraban en higueras y otros frutales de las huertas que se encargaba de regar.

La mariposa cuatro colas es la diurna de mayor tamaño entre las de la Península Ibérica. El aspecto oscuro que muestra a primera vista encandila cuando puede ser contemplado con detalle mientras flirtea pausadamente en sus campeos matutinos sobrevolando el matorral. Su brillo metálico y la banda anaranjada que la flanquea le da un aspecto sobrio de elegancia señorial. Pero al ver la parte posterior de sus alas, resulta fácil entender el meritorio calificativo. Ninguna otra tiene esa profusión y complejidad en el mosaico de color que ella porta alegremente.

Y en la Sierra Bermeja, ese entrañable rincón en una esquina de la provincia de Málaga tiene uno de sus centros de difusión porque prolifera en el bosque siempreverde que atesora esta montaña. La particular combinación entre litología, clima y vegetación se transforman cual receta mágica en esta espectacular mariposa, fácil de ver desde finales de primavera hasta mediados de otoño sobrevolando por los bordes de los caminos, en las huertas o incluso en los jardines.

Y el pueblo se enamoró de ella y la adoptó como mascota y emblema municipal. Jubrique es el primer pueblo de Europa que adopta oficialmente una mariposa y la convierte en su mensajera de color. También es el primer pueblo de la provincia de Málaga que se unió a la Red de Oasis de mariposas de España, iniciativa conservacionista puesta en marcha por las asociaciones Zerynthia y la Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas (SIECE). Este hecho tiene ante todo valor simbólico. Es una apuesta por el uso de los recursos naturales de una forma que garantice su persistencia. En la actualidad, el mundo rural ha cambiado su función principal desarrollada durante al menos los milenios que ha durado el Neolítico. De productor de cultivos y ganadería ha pasado ahora a productor de servicios no mensurables. Del tradicional sector económico primario ha pasado al sector terciario. No es sino una adaptación a las demandas de consumo por parte de la sociedad, hoy en día que se agolpa mayoritariamente en hábitats de asfalto y hormigón alejada de la raíz primigenia natural a la que aún se aferra la respuesta ve en lo vegetativa de su conducta en lo más profundo de su mente colectiva.El puerto de Peñas Blancas, es el umbral del Paraíso. A medio camino entre los picos de Porrejón y Los Reales es el punto de inflexión al que brumas y nieblas se aferran asiduamente en su peregrinar ascendente desde el cercano mar como queriendo velar el tesoro que puede descubrirse una vez que se traspasan. Flanqueado por un poderoso bosque siempeverde de pinares se llega hasta la orilla del río Genal pasando indistintamente por Jubrique o Genalguacil cuyos caminos confluyen poco antes de la Venta San Juan.Es uno de los pasos naturales a la otra vertiente del valle llegando hasta Algatocin. El otro, a través del badén de la Escribana nos lleva hasta Benarrabá. Se forma así un rosario encadenado de conjuntos urbanos a los que ninguno se puede rechazar. Cada cual tiene su particular encanto porque cada uno se adapta a topografía distinta o surgió en base a castillo, peña o ladera conveniente con la que guardarse o a la que sacar partido.                     Y todas inmersas en la misma matriz boscosa que enmarca de frondosidad ambas vertientes del valle que recorre el río Genal, esa selva mediterránea que en otro tiempo sirvió para equiparar este lugar con el Jardín celestial.A tan solo media hora de la costa adentrarse en este laberinto vegetal es una regresión en el tiempo y un viaje a bosques de más allá, donde las borrascas atlánticas no cesan en su labor irrigadora. Aquí, una privilegiada posición meridional conjuga el valor de unas temperaturas suaves e intensa iluminación con unos niveles de humedad que son la envidia del Mediterráneo. Y así, flanqueado por dos espigones montañosos, el Genal se ofrece como un cofre repleto del tesoro vital que son sus ríos, sus bosques y sus pobladores.

                                                              ¿TE LO VAS A PERDER?

Antonio Pulido Pastor
Siece.org