El sopor de la tarde en el estío Mediterráneo es sonoramente coartado por la estridencia de la cigarra al amparo que su mimetismo le concede sobre tronco o ramita del entorno. Su partitura es sinónimo de calor sofocante. No en vano la tradición popular la nominó como protagonista musical calificadora de las tardes de verano. Y así la chicharra marcó los parámetros de la temperatura insoportable, convirtiéndose en árbitro térmico de los campos y montes andaluces. El toque de su silbato recomienda la búsqueda de cobijo a la sombra de una fresca arboleda, la brisa de un otero o el reposo en el domicilio familiar. Es así como los pueblos de campiñas y montañas de estas latitudes emulan los lejanos oasis del océano de fuego que son las arenas interminables de algunos lugares del mundo. Jubrique es uno de ellos, pero cuanto aquí se escribe resulta extensible a muchos otros rincones de la Andalusya rural.

JUBRIQUE, NOCHES CON ESTRELLAS Y PERFUME DE JAZMÍN

Cada uno de estos oasis fue adquiriendo la común estrategia que aliviase el tránsito estival haciendo frente de la mejor manera a temperaturas infernales. Emular al nácar en sus paredes es una de ellas, por eso de que el blanco absorbe el menor grado de radiación solar. El grosor de las paredes y otras artimañas arquitectónicas tienen la misma finalidad. Pero la mejor expresión del oasis tiene lugar de puertas para adentro. El ojo de la casa (ayn ad dar) que mira al cielo y lo deja traspasar hasta su interior recibió el nombre ar radwa y su plural ar riad (arriate) fue el término más empleado. Casi siempre con misión provisoria albergó especies frutales y hortícolas. Eminentemente una vid emparrada, pero a veces también algunos otros. La dimensión y ornamentación del patio interior siempre fue signo de la posición social de sus propietarios. Desde el famoso Yanna al jarif junto al palacio rojo de Garnata hasta el más humilde rincón vegetado en cualquier casa de la lejana abu-l-xarra (la sierra). El elenco vegetal siempre tuvo una función bioclimática al proveer de sombra e intervenir en el intercambio gaseoso de oxígeno y vapor de agua con la tórrida atmósfera. En ocasiones, esta representación doméstica del Edén se prolonga hasta la calle donde ocupa rincones o se alarga junto a las fachadas cual acequia vegetal.Las macetas, son el artificio portátil que convierte los muros en jardines verticales o cualquier otro referente que les sirva de soporte o alineación. Su cuidado diario y anual es todo un ritual que se ha sabido mantener principalmente a cargo de las mujeres de estos pueblos, plenas de atención primorosa al verde o florido patrimonio que cada una de ellas alberga.El insecto director detiene su metrónomo térmico cuando el rey de la Galaxia se retira a sus aposentos. Entonces la vida humana emerge de nuevo. A medida que la luz de la tarde se hace más tenue la blancura mural se trastoca en un espectro policromo que va del suave tono de la canela más fina hasta el azul nocturno que a veces la luna imprime sobre las onduladas paredes de estos antiguos pueblos. Esta progresión luminosa marca el ritmo con el que los habitantes del lugar, tras el crepúsculo ocupan la calle en la proyección doméstica que es el entorno del zaguán.Sucede después el éxtasis de la luminaria artificial. Las calles se visten de un particular ying-yang donde el claroscuro es el gran protagonista y las vidas vuelven a fluir en la calle, aunque de forma mucho más estacionaria. Mientras algunos niños y niñas siguen correteando por las calles, jugando en las plazas, o entretenidos con el asombroso espectro de biodiversidad que a veces albergan, el mundo se establece sobre una silla de anea o una banqueta de corcha en busca de la brisa redentora que la noche hace descender ladera abajo de la montaña. Y la vida fluye no en movimiento sino como palabra, esa ancestral habilidad homínida que hacía venerables a los ancianos porque eran depósito de sabiduría y experiencia. Y las leyendas, los cuentos, los romances, las canciones se creaban, entonaban o simplemente se repetían como traspaso del particular legado inmaterial de todo un pueblo.Se descubre así una doble vida en estos núcleos humanos, que quedaba mucho más patente en otro tiempo donde el principal fenómeno electrónico era la repentina espectacularidad del relámpago sobre el horizonte.

Cuando la luna abandona el tránsito celeste el manto nocturno luce con brío su bordado de estrellas. En su centro, el triángulo de verano que forman Altair, Vega y Deneb, de las constelaciones de Aquila, Lira y el Cisne. En ausencia de Sirio, sol de la noche, y su guardián Orión una mirada al cénit nos sitúa en el plano de esa triangulación. A partir de ella resulta fácil localizar los demás hitos estelares del firmamento visible en nuestro Hemisferio, Osa mayor, Osa menor, Boyero, Dragón, Casiopea, Delfín, Pléyades, Tauro, Escorpio. Tantos y tantos referentes luminosos que han sabido captar la atención humana durante milenios de Historia y seguramente también de Prehistoria ahora son motor del llamado turismo astronómico. La denominación Reserva Starlight (luz estelar) se concede a zonas en las que aún se puede disfrutar de cielos cuajados de estrellas sin polución lumínica.En ese ambiente de silencio y calma el perfume, ese otro lenguaje inmaterial, se convierte en protagonista. Muchas de las especies que se cultivan en estos microescenarios de emulación paradisíaca son de carácter aromático. El romero (Rosmarinus officinalis L.), la hierbabuena (Mentha spicata L.), la hierbaluisa (Aloysia citriodora Palau), la albahaca (Ocimum basilicum L.), las rosas (Rosa sinensis Jacq.), destacan entre ellos. Son especies que despliegan sus encantos a lo largo del día, desplegando el aroma de sus aceites esenciales en sintonía con las temperaturas elevadas. Sin embargo los principales artífices de la alquimia embriagadora en el sueño de una noche de verano son en el jazmín (Jasminum officinale L.) y la dama de noche (Cestrum nocturnum L.). Al caer el sol sobre el horizonte, abren sus flores dejando salir su potente fragancia. Las calles se inundan por un denso torrente oloroso que invade los sentidos y satura con poder relajante y cautivador.Son sensaciones lejanas ya en el tiempo para la mayoría de la población actual, por lo general de vida apelmazada por el denso aglomerante del asfalto en una gran ciudad. Pero aún permanecen en muchos de estos recovecos rurales que se diseminan en un entorno no lejano. Volver a ellos es para muchos, viajar en el tiempo, para los más jóvenes, pudiera ser todo un descubrimiento, creativo e inspirador.

VENTE AL PARAÍSO, EL GENAL ES GENIAL!!!!

Dedicado a David Sánchez, que ha dejado el listón muy alto en la alcaldía de Jubrique, con el deseo de lo mejor para él y su pueblo en tiempos venideros. A las mujeres de nuestros pueblos que cuidaron siempre de representar el Paraíso en sus patios y fachadas.

Antonio Pulido Pastor
Siece.org

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