Islas de Tailandia: Koh Tao

Continúo relatando mi ruta por el país de las sonrisas (como así lo llaman), pero esta vez dejamos aparcado de momento las playas de Koh Tao para hablar de su otra cara, el interior de la isla. Porque esta isla oculta mucho más de lo que vemos en las postales de las famosas islas de Tailandia y las míticas fotos que nos aparecen al buscar en Internet.

Esta pequeña isla se encuentra dentro del Golfo de Tailandia, su nombre significa literalmente “Isla Tortuga” y viene de que es uno de los parajes preferidos por varias especies de tortugas marinas para reproducirse. Es importante saber este dato, porque la tortuga es el símbolo de esta ínsula. Lo verás en cualquier sitio; desde camisetas, a los propios logos de hoteles o restaurantes.

Aunque es territorio tailandés, algunos locales me comentaban que el ambiente que se respira está alejado bastante de la verdadera Tailandia. En parte porque es un enclave destinado al turismo y especialmente al venido desde tierras occidentales. Se podría decir que es una variación, la sociedad tailandesa adaptada al cruce de culturas que ahí se vive.

El interior de la isla parece a veces un circuito de moto-ciclismo, verás constantemente como todo el mundo conduce esta clase de vehículos. Incluso verás a familias enteras en la misma moto: el padre, la madre, los niños… Además de los turistas por supuesto, porque es la única forma viable de moverse en esa isla. Ya que no está asfaltada completamente, únicamente las principales vías, lo que podría llamarse el centro o la zona comercial de la isla.

El alquilar una moto en Koh Tao, era uno de los temas que más me preocupaban en este viaje. Había leído bastante del tema antes de desembarcar y en casi todos los sitios recomendaban lo mismo: “no alquiles”. Así que lo tenía un poco claro, usar las piernas para moverme por una isla que tiene unas dimensiones que ronda los 21 Km². Pero una vez allí, ver todo desde primera persona y sentir el sofocante calor, me hicieron dudar de algo que tenía bastante claro antes de llegar. Además las distancias parecen pequeñas, pero en realidad andando no lo son tanto, por lo que finalmente alquilamos una Honda de color negro con la que recorrí toda la isla y con la que viví alguna que otra anécdota que contaré.

Mi ascensión al mirador de Koh Tao

Mi primer día en Koh Tao dio para mucho, después de visitar Haad Sairee y de comer un plato de Pad Thai, me dirigí a un “Viewpoint” (una especie de mirador desde la cual se puede ver toda la isla). Se llamaba John Suwan, uno de los distintos puntos donde se puede observar las vistas de la isla, este se situaba en el sur cerca de Chalok Baan Kao, una de las playas más famosas de la isla. Al parecer el nombre del mirador viene de dos amigos, John y Suwan, los cuales descubrieron esta localización en la isla.

Subir al mirador costaba unos 50 bath (1,30 euros al cambio) y tenías que ascender la montaña por una carretera hasta que esta finalizaba y luego continuar a pie escalando e intentando atravesar el camino de vegetación que había para alcanzar el punto más alto, al más puro estilo Frodo Bolsón. Personalmente, subir la montaña me costó un poco, en parte se debía a que lo hacía con unas chanclas y cargando con la cámara y una mochila. Además había que añadirle el calor que siempre hace en la isla, esa humedad de prácticamente el 100%.

Pero finalmente llegué a la cima, nos sentamos como pudimos y observamos un atardecer precioso. Desde lo alto de esa montaña se podía ver ambos lados de la isla repleta de vegetación y como el mar hace una especie de entrante que me maravillaba. Estuve unos cuantos minutos simplemente sentado, sin pensar y sin sacar mi cámara de su funda, porque a veces es mejor pararse y simplemente disfrutar.

A la vez subieron un grupo de cuatro jóvenes alemanas que volvieron a darme un susto cuando intentaron hacerse un selfie con el susodicho palo en el borde de unas de las grandes rocas que había en la cima e intentaban salir todas en la foto sin prestar atención que tenían debajo un acantilado. Pero finalmente no pasó nada, todos bajamos sanos y salvo.

Aunque de las cosas que me llamaron la atención cuando bajaba fue ver a una familia china subiendo la montaña con un bebé de prácticamente meses en brazos, una locura desde luego, porque más de una vez estuve a punte de caerme. No era un camino fácil, diría que era en parte bastante peligroso, por lo menos para gente que no suela subir a una montaña normalmente. Pero sí que mereció la pena el esfuerzo porque una maravilla así no se ve todos los días.

Islas de Tailandia: El interior de Koh Tao (Parte 2)