Introducción

El año 2011 tuve la suerte de recorrer la India en plan mochilero durante tres semanas. No pude hacer la ascensión al Stok Kangri, una cumbre del Himalaya, que con sus 6000 metros hubiera sido la cota más alta por mi alcanzada hasta entonces. Una lesión de rodilla me desanimó a ello, por lo que me uní al vagón de cola con la idea de recorrer el país una vez que la expedición montañera bajase de allí. India es un destino deseado por quienes se sienten atraídos por la aventura y lo diferente. La posibilidad de avistar tigres en libertad, ya era aliciente suficiente. El mundo de los colores, olores y sabores de uno de los lugares que pueden considerarse en el origen de la civilización humana, me atraía por igual. Como podrán comprobar, es un país que no deja indiferente.

7 de Octubre

Salida desde Madrid a las 11.00 h con Air Qatar. Viaje formidable que tras seis horas me lleva a Doha, capital de ese emirato. Alli paso dos horas y media para el enlace con vuelo a Delhi en la misma empresa. Tras tres horas y media de vuelo, llego a Delhi a las 23.00 h mas o menos. Alli hemos de esperar dos horas para coger el vuelo que nos lleva hasta Leh. Llegamos a Leh a las 6.30 h del dia 8 que vienen a ser las 3.00 hora española. Llegamos al hotel y descansar. Me ha gustado mucho recorrer la costa mediterránea norteafricana y sobrevolar el desierto arábigo y el de rub al haly. he podido identificar perfectamente desde el aire las islas baleares, la de Creta, Sicilia y Chipre. Volar sobre el Himalaya al amanecer, me ha dejado asombrado y estremecido. No es comparable a ningún otro recorrido sobre la tierra. A bordo de un viejo DC-9 que me ha recordado al primer avión sobre el que monté en el año 1985, los casi diez mil metros de altitud de vuelo parecen estar casi a ras de suelo, después de haber ido dibujando con la vista la recortada costa norteafricana el día anterior. La sensación que se antoja es la de sacar la mano y acariciar esas montañas que se presentan abajo como una bonita maqueta. El legendario Himalaya dejando perderse a mi vista e imaginación entre sus millones de barrancos nevados. El aeropuerto de Leh es una miniatura, prácticamente una base militar encajada en uno de esos valles montañosos para cuyo aterrizaje el avión no ha de maniobrar, sino más bien hacer acrobacias. En casos así conviene haberse dejado el estómago facturado junto al equipaje que viaja en la bodega del avión.
He vuelto a endosar la mochila grande a mis espaldas después de incontables años. Nostalgia que parece querer partirme en dos y hacer estallar mis bíceps y antebrazos en las primeras horas. Con el tiempo, la memoria física parece ir reconociendo aquella carga y ajustándose como lo hace la madera del arco para adaptarse a la tensión de la cuerda que ha de gobernarlo. Resulta emocionante recuperar viejas sensaciones que llegan como un amigo querido al que se encuentra de nuevo después de larga estancia en la lejanía.

8 de Octubre

Llegada a hotel en Leh (Pang Gong hotel) Tiene buena apariencia y el precio es de 40 euros la habitación doble. Arquitectura moderna en estructura de estilo tradicional. No funciona el agua caliente ni la electricidad mas que a ciertas horas del día. Descansamos y después de comer a mediodía doy  una vuelta por la ciudad donde consigo hacer esas fotos que he podido subir a través de internet en un cyber muy precario y sin la autorización del encargado porque dice que no disponen de línea suficientemente potente.

9 de Octubre

Llegan de la ascensión los componentes del grupo que se adelantaron. La misma no ha salido tal que esperaba y solo uno de los tres ha conseguido hacer cumbre porque ha resultado más duro de lo previsto y la empresa no ha llegado a cumplir las condiciones estipuladas en cuanto a personal asistente. Paseo por los mercados y las calles antiguas de Leh. A mediodía regresan Juan, Pedro y Paula de la montaña y nos cuentan su relato. Sigue haciendo frío durante la noche.

La comida en el restaurante Dreamland, es bastante aceptable. Comer aquí sale entre tres y cinco euros por persona. El menú es variado Pakistani, Hindú, Chino, Tibetano, Vegetariano, Internacional. La habitación del hotel, sin embargo tiene precio casi europeo, lo que en este país, resulta mucho dinero. Pero el turismo esta haciendo ganar mucho dinero a determinados empresarios que se deciden a ofrecer servicios de ruta o alojamiento a los visitantes

10 de Octubre

Salimos de ruta con un coche para visitar la cabecera del río Indo. Estando aquí no puedo irme sin visitar uno de los ríos legendarios de la Tierra, que sirvió como frontera oriental a la civilización helénica. Ahora se encuentra dominado por la espiritualidad budista con población eminentemente tibetana. Existen varios monasterios y es muy abundante la presencia de motivos budistas como son las estupas. Visitamos el monasterio de Thiksey y me quedo realmente impresionado. He tenido la suerte de presenciar una sesión rogatoria de los monjes y me ha hecho estremecer. Una descarga de energía recorre mi dorsal y me deja muy emocionado. Adentrarse en una de estas Gupkas o ciudades monasterio es como deambular por un silencioso mundo de sobrias formas y vivos colores. Sus habitantes caminan con la mirada al suelo y apenas saludan al pasar. Todo parece ser un traslado de la sobriedad de estas montañas al entorno habitado. Por otra parte, los continuos mantras que surgen de algunas estancias parecen ser su mejor latido, el ritmo cardíaco de estos núcleos humanos, dedicados a la plegaria por la paz del hombre, consigo mismo y con el mundo.

Después hemos visitado algunos pueblos como Stok, donde se encuentra el palacio de la antigua dinastía de reyes de esta zona. Es muy parco y pobre, siguiendo el estilo constructivo que se ve en toda esta zona. El otoño se acerca y las numerosas arboledas de chopos y sauces tienen un precioso color dorado. El agua mana por todos los barrancos y la técnica de regadío es muy usada en toda la zona. Sin duda debe ser la parte mas favorecida milagrosamente de todas estas montañas que flanquean a uno y otro lado, con sus altas cumbres a este grandioso curso fluvial.

Sobra decir que estas montañas son impresionantes. Ya se muestran así cuando las sobrevuelas, encogiéndote el alma con su enorme extensión blanca a poco que te guste el mundo de las cumbres. Se me asemejan mucho al Alto Atlas africano, las más elevadas que había conocido hasta el momento. Pero estas, prácticamente comienzan donde aquellas tocan el cielo. Aquí, los cuatro mil metros de altitud aparecen al subir media docena de escalones. El aspecto empinado, los colores de la roca y sobre todo, el suelo semidesnudo. El frío en las alturas y el imperio de la nieve imponen esa desnudez en la piel de la montaña. Es una calvicie a la que sólo se pone remedio mediante bonete blanco durante gran parte del año, y de forma perpetua en las zonas más elevadas. Es este el significado de Himalayas, el dominio eterno de la nieve.

11 de Octubre

Salimos de Leh con dirección a Delhi. El avión sale de Leh a las 6.50 hora local y llegamos al aeropuerto internacional de Delhi a las 8.00 aproximadamente. Tras organizarnos en el aeropuerto buscamos la estación de ferrocarril para dejar allí el equipaje y buscar un hotel que nos permita dejar el equipo de montaña hasta el regreso en el tramo final del viaje para ya retornar a nuestro país. Una confusión nos deja en la estacion nueva, después de tener contacto directo con el trafico rodado de esta metrópoli. No habia conocido hasta ahora nada equiparable, pues Marrakech, aunque parecido, su menor nivel de población, queda muy alejada en este respecto.  Al informarnos de que la estación de la que parte nuestro tren es la antigua estación de ferrocarril (Old rail station) hemos de llegar hasta allí y como nos han liado en los taxis decidimos internarnos en el metro. El pesado equipaje hace de la operación una cierta odisea, de la que cabe destacar otra inmersión en la muchedumbre de esta ciudad.

El aire en Delhi es denso, pesado… cargado de polución atmosférica por la acción de los vehículos a motor y con cierto olor característico en sus calles a miseria y basura. Al salir del metro, veo la basura amontonada en las aceras, los mendigos acogidos a las sombras laterales esperando la caridad de la gente, la muchedumbre que habita esta ciudad….y las vacas, las famosas vacas sagradas de la India, de las que apenas había tenido percepción en el Himalaya, seguramente por cuestiones de religiosidad distinta. El calor, la carga, el cansancio, la muchedumbre, la variedad de tipos, el acoso de los que piden, de los que quieren vender, la mirada de los curiosos… hace de la travesía todo un periplo. Llegados a nuestro objetivo a eso de las doce de la mañana, nos queda esperar aquí cinco horas y media hasta la salida del tren que nos llevara a Jaisalmer, en el noroeste. Tirados en pleno suelo, al igual que hacen todos los pacientes… nos disponemos a esperar mientras parte del grupo se va en busca de hotel para los días que pasemos aquí antes de tomar el vuelo de vuelta a Madrid.

A las 17.30h sale nuestro tren con destino a Jaisalmer, en la región de Rajastan. Durante la espera, me encuentro de boca con la India mas genuina, en los andenes de la antigua estación. En este país, el tren es un legendario medio de transporte y en esta estación han sucedido grandes hechos para el país, como fue la llegada de Ghandi a Delhi para iniciar su labor  por la independencia mediante la no violencia. La miseria raramente se puede retratar mejor que en estos andenes. El tren se sobrecarga de personas como si de ganado se tratase. Es un marcado contraste en este país, que tiene avances tecnológicos punteros y este nivel de pobreza entre la gran masa de sus habitantes.

La necesidad obliga y la gente aprovecha la más mínima ocasión para recoger. En el vagón que subimos, literas de 2ª clase que en su mayoría son ocupadas por turistas. Durante un rato, saco la cámara y me pongo a dibujar alguna de las imágenes que llevo. Un autóctono se me coloca enfrente. Le supongo uno más de los viajeros, al igual que un matrimonio con el que habíamos coincidido en el andén. El señor permanece impávido, pero muy atento y marcando cada uno de mis movimientos, incluso le ofrezco compartir la comida que me dispongo a tomar. Con el cansancio, yo he dejado todo mi equipaje de mano en la litera donde estoy sentado, a no más de medio metro de mi. Cuando me agacho para poner la mochila bajo la litera, pierdo el contacto visual con este tipo. En ese momento, ha debido coger mi cámara de fotos y colocarla fuera de mi vista, tras de su dorso. Es por eso que a partir de un momento dado le noto muy rígido y mucho más pendiente de mi aún. Pasado un rato, veo que se sale al pasillo y se sienta en una de las literas de allí. Eso ya si que me parece más raro, pero como el deambular humano es lo más natural en este país y el pasillo es un hervidero de vendedores pues no le doy importancia. En la primera parada que hacemos, el fulano se apea del tren. Al poco tiempo, cuando quiero seguir dibujando me doy cuenta de que la cámara ya no está. Es cuando he podido deducir todo el proceso que acabo de describir.

12 de Octubre

Después de pasar el berrinche con cierta amargura durante la noche, tumbado en la litera y pensando ante todo, en las fotos que he perdido y en las que no podré hacer, amanece a las seis de la mañana mientras se dejan ver las luces por la ventanilla del tren dando forma a las siluetas de los árboles que ocupan la sabana que anuncia la aproximación al desierto del Thar. No recuerdo colores de tarde en ninguna de mis alboradas y el lila es aquí intenso y llamativo como no había contemplado nunca en ninguno de mis amaneceres.  La luz se va intensificando y dando vida al dorado color de las arenas que ya veo proliferar. Es un territorio en cierto modo semisalvaje donde abundan los pájaros y me llama la atención la gran frec de carracas, posadas en los cables que flanquean el ferrocarril.

Llegamos a Jaisalmer con una hora de adelanto sobre el horario previsto (11.00h) y un taxi nos aproxima al centro de la ciudad para buscar hotel.

Jaisalmer es la antesala urbana del desierto y residencia de uno de los marahás de esta zona del Rajastan. Es una asombrosa ciudad de aspecto medieval y de increíble arquitectura. Se trata de un recinto amurallado construido completamente en piedra arenisca de color amarillo, similar a la que se encuentra en las ciudades españolas de Salamanca o Cáceres. Su posición elevada sobre un promontorio le hace casi inexpugnable. Las havelis, son casas señoriales ahora convertidas en residencias o alojamientos. Encontramos una que es bonita y relativamente barata. Por cien rupias (aproximadamente un euro y medio) me cuesta una noche en habitación simple con aseo y ducha fuera de la misma. El calor este día es agobiante, y en el interior de la casa mucho más. Hay internet libre en la misma y por eso puedo estar en contacto con todos vosotros.

Por la tarde doy una vuelta por las calles antiguas y me resulta muy bonito. Abundan los templos dedicados al culto hinduista o al jainista. Las vacas pasean libremente en estas calles, los perros abundan, las ardillas recorren los muros y las ratas se pasean por el pavimento con el mismo descaro que en mi tierra tienen los gorriones.

Las calles se encuentran llenas de puntos de venta orientados hacia el turismo donde hay que regatear si uno se interesa por algún articulo al mismo nivel o mas al que estoy habituado en los vecinos países del Magreb.

13 de Octubre

Pasamos la mañana en Jaisalmer. Intento hacer unos dibujillos sobre fachadas, templos y muralla. Comemos a mediodía y nos vamos de ruta motorizada por el campo hasta las dunas del desierto. Visito un cementerio de gente pudiente, que resulta en un conjunto monumental, algunos templos, un poblado abandonado, un poblado gitano y el desierto. Para llegar a las dunas, se recorre una inmensa pradera o formación de sabana (véase…documentales de la 2) y logramos divisar gacelas. Hay muchas vacas pastando libremente, pero no tantas como esperaba. En Los Pedroches, Córdoba, hay muchas mas.

Me ha sorprendido encontrar arcos de herradura apuntados y polilobulados en muchas de estas construcciones. Desconozco la época concreta a que pertenecen, aunque según leo parecen ser postmedievales, coincidiendo con la llegada y apogeo de los mogoles a estas tierras. En cierto modo, la piedra labrada me recuerda mucho a la arquitectura cordobesa en Medina Zahra, y los arcos de herradura y sus lobulos, a Toledo y la época postalmohade. Seguiré indagando por encontrar relaciones que sirven mucho para seguir aprendiendo.

14 de Octubre

Dejamos Jaiselmer (pronunciado Yaiselmer, que la J es inglesa) a las 9 de la manana. Salimos en direccion a Jodhpur hacia el sur, otra importante ciudad de Rajastán y capital de la comarca del Marwar, que significa la tierra de la muerte, y cuna de la raza de caballo Marwari. Nos separan unos 160 km. que hemos tardado unas cuatro horas en recorrer. La carretera tiene un magnifico trazado, porque es prácticamente recta al recorrer las llanuras de sabana que anteceden al desierto, cruzamos también parte de las dunas. Pero hay muchos animales incontrolados en la carretera y existe riesgo de colisión. Lo mas problemático son las vacas, acostumbradas a que nadie interactúe con ellas y no se asustan de nada. Los coches les ceden el paso y esperan a que crucen la carretera. Eso interfiere mucho el trafico. Me resulta curioso un país donde prima tanto la espiritualidad, es la cuna de la Unidad del SER y sin embargo parece dar menos importancia al ser humano que a otras manifestaciones de la vida.

Es una zona de intensa actividad militar, por su proximidad a la conflictiva frontera con Pakistán.
El trayecto me recuerda mucho a la carretera que une Nuakchot con el interior en Mauritania, con la particularidad de que aquí los dromedarios son mucho menos abundantes y el numero de aquellos y de burros es sustituido por vacas y cabras. Hay también gacelas silvestres y la cantidad de aves que sobrevuelan estas praderas es impresionante. Acertamos a distinguir dos alimoches.

Llegamos a Jodhpur hacia la una de la tarde. Paramos primero en un complejo funerario que es impresionante  Jaswant Thanda. Sobre todo porque a primera vista parece un palacio de mármol blanco que por su tamaño, no estamos acostumbrados a imaginarlo como un monumento funerario. Todo el recinto tiene la misma finalidad y resulta asombroso. .Es un pequeño adelanto para lo que habrá de verse en el Taj Mahal.

Jodhpur se llama la ciudad azul, porque muchas de sus casas están pintadas de color azul, el mismo azul celeste de Xefxauen en Marruecos o de algunas casas en Portugal o Andalucía. De igual modo se dice aqui que sirve para refrescar las casas y ahuyentar a los insectos.

Presidiendo la ciudad, sobre un promontorio lateral en el interior del recinto amurallado, se encuentra el fuerte de Mehrangard, una impresionante compilación defensiva y palaciega que me ha dejado boquiabierto. Tanto por la solidez estructural (nunca fue tomado),  por su actualidad (aun viven el actual maharaja de Rajastan) como por su suntuosidad palaciega y parecido en cierto modo con la Alhambra de Granada. Es la principal referencia arquitectónica de los señores rathore, originarios del Marwar y que influidos por los mogoles, comparten muchos de los rasgos constructivos del islam. Los patios interiores, la celosía, su calidad constructiva y artesanal son impresionantes, así como su gusto por la exquisitez y el refinamiento. El entorno de la ciudad está dominado por roca arenisca, pero no es amarilla como en Jaiselmer sino roja, por su abundancia en hierro, lo que la hace mas dura (de hecho es la típica piedra de afilar el acero). Así que la fortificación combina el rojo ferruginoso con el blanco del estuco de cal o el mármol que acontece en sus estancias interiores mas intimas y que dan mayor permisividad a la retorica escultural y ornamental.

Me resultan curiosos los paralelismos constructivos con la Alhambra (salvando los casi quinientos años que las separan) y no acierto a identificar la conexión con ella, suponiendo que tratándose del arte islámico mogol, probablemente deriva de Persia y Mesopotamia, regiones en estrecha conexión con el Magreb y lo andalusí durante siglos.

15 de Octubre

Acostumbrado a otros ritmos fotolumínicos, aquí es de día cuando a las seis de la mañana más o menos suelo abrir los ojos. La calle empieza a bullir rápidamente y el ruido me hace salir de la cama. Anoche oscureció mientras llegamos así que aprovecho para dar una vuelta por Jodhpur mientras llega la hora en que hemos quedado para desayunar… Hay algo extraño aquí que marca tristeza, pesadez, ruina, desolación….tal vez derive de alguna de las maldiciones que las traiciones, la guerra, las alianzas y rupturas matrimoniales de conveniencia entre los grandes señores cursaron por los aires del entorno a lo largo de la historia. Frente a la magnificencia de la ciudadela fortificada, esta ciudad muestra signos de antigua opulencia o cuando menos lustre y esplendor. Hoy día, la basura y la decadencia la asolan por cualquiera de los rincones que uno pasa.

Es una ciudad mucho mas grande que Jaiselmer, con categoría igualmente comercial y palaciega, pero se encuentra totalmente abandonada. Su plaza principal, la torre del reloj, se parece en algo a la Yama’a F’naa de Marrakech, siendo esta mucho mas exquisita arquitectónicamente pero encontrándose actualmente totalmente en manos del mercaderío de calle, que la mantiene poco en buen estado. Aunque por la mañana temprano había cuadrillas de mujeres barriendo, cosa poco vista hasta ahora en este país…

El conjunto interior me recuerda mucho al azul Xauen del Rif marroqui, con casas humildes de dos o tres plantas, con muros enfoscados con mortero y pintados generalmente de azul, blanco o amarillo. Entre ellas, las llamadas havelis, que son mansiones señoriales de tiempos anteriores, casas de comerciantes y fondas o albergues para viajeros en tránsito con fines comerciales. Estas havelis son mucho mas bonitas, construidas en piedra al estilo del palacio superior, pero se encuentran decadentes en su mayoría, si bien alguna va siendo recuperada como hotel.

Pero el resto de la ciudad se encuentra invadido por la basura, la decrepitud urbana, los ejércitos de vacas y perros sin dueño, que ensucian sin limite, dispersan la basura, se comen los cadáveres…. Las aguas fecales, discurren por el margen de la calle en pequeños canales al descubierto que dejan ver su multiplicidad de tonalidades y texturas varias, y como no, también sus olores.

Cerca de donde me alojo, se encuentra un precioso aljibe a cielo abierto del que en otro tiempo debía disponer la población como suministro de agua potable, pues su muro escalonado, permite llegar al agua en cualquier nivel que se encuentre. Hoy día, tiene puesta una manguera y un sistema de aspiración y su entorno se halla lleno de basura, habiendo incluso visto una mujer que tiraba el pan sobrante para que se lo comiesen las enormes carpas que allí habitan. El dispensario de mosquitos en estos hábitats está mas que asegurado y la noche anterior tuve ocasión de comprobarlo. Pareciera que en lugar de repeler, el mejunje que me pongo, les sirviera de atrayente. Hasta hoy, no había sentido ganas de abandonar uno de estos lugares, como me ha ocurrido en Jodhpur. Sentía mi estomago encogerse con muchas de las escenas que se sucedían a lo largo de la mañana. Algo parecido a lo ocurrido sobre los muelles de la antigua estación de Delhi, pero más acentuado, porque la situación aquí era mas bien de trinchera y bayoneta.

Dejo la ciudad hacia las diez de la mañana. Salimos con dirección a Pushkar, un centro de peregrinación hinduísta cercano a la ciudad de Ahmer y a medio camino de la capital Jaipur. Nos separan unos doscientos kilómetros, que se han convertido no en una epopeya…sino mas bien en un ejercicio de supervivencia. Por mucho que se quiera, difícilmente se puede conseguir una media de ruta superior a 50 km. por hora, a pesar de que las carreteras son rectas.El paisaje subdesértico de ayer se va tornando cada vez mas arbolado a medida que avanzamos. Aquí me siento ignorante total, pues no logro identificar mas que algunos eucaliptos. Los cultivos se van intensificando en ambos lados de la carretera, así como la densidad de población y de trafico.

Para colmo, llegamos a una zona en obras, por desdoblamiento para dos vías de tres carriles. La densidad de camiones, su caótico conducir, ademas de increíble, resulta espeluznante….Los pasos a nivel con barreras, parecieran lugares de peregrinación o fiesta. dado Los vehículos se agolpan para después pasar a la vez, con ambos carriles llenos en los dos sentidos, ante lo cual cabe gritar un “¡Sálvese quien pueda!”

La impotencia me flagela cada vez que intento y no puedo dejar registro fotográfico de alguna de las imágenes que pasan ante mi retina.

Llegamos a Pushkar a las 15.30 horas. Cinco horas para recorrer doscientos kilómetros. Además de una epopeya, ha sido un ejercicio de supervivencia. El sol pesa de forma inesperada para esta época del año. Aunque no conozco estas latitudes, las referencias que tengo para Mauritania o Senegal son bien distintas.

En esta ocasión, acertamos con el hotel a la primera. Hay sitio, nos alojamos y salimos a comer… Las cornisas y tejados se encuentran recorridas por monos. Aquí se venera a Hanuman, el rey mono y los cercopitecos se unen a la fauna urbana. Si era poca la peligrosidad de los perros, la suciedad de vacas y cabras, la incomodidad de los mosquitos, aquí hay que soportar la pesada insistencia de los macacos que optan por robarte lo que pueden al menor descuido, sobre todo si se trata de comida. Pushkar es una ciudad pequeña, organizada en torno a un lago de aguas sagradas donde se venera a la vida en la dicotomía que esta forma con la muerte. La gente se baña en sus aguas, cantan y arrojan flores. En la ciudad se cuentan 400 templos dedicados en su casi totalidad a las deidades del hinduismo. Es por ello una ciudad muy orientada hacia la visita turística organizada con multitud de tiendas en las que se ofrece de casi todo, al modo de las medinas musulmanas o la ya visitada ciudad de Leh.

Sorprendentemente todo esta tan limpio como vacas y acúmulo de desperdicios lo permiten…Es una ciudad que huele a incienso y se colorea con pigmentos, telas y flores. Es fácil escuchar plegarias o cantos entre las ultimas luces de la tarde que se reflejan en las aguas del lago y los estanques de alrededor.

16 de Octubre

Dejamos Pushkar a las seis de la mañana. Aún no ha amanecido cuando emprendemos el viaje, porque nos dirigimos al Parque Nacional de Rathambore, mas al sur de Jaipur, la capital y a unas siete horas de viaje…. Aquí las distancias no se deben marcar en kilómetros sino en tiempo.. El tráfico es algo impensable viniendo de Occidente, debiera llamarse “trágico”. No es solo la masificación. El estado del pavimento hace pensar si ciertamente existe aquí un gobierno o una administración y, de ser afirmativo, lo único pensable es que no hacen uso del las carreteras o deben viajar poco. El firme es estrecho, en mal estado…hay algunas obras de mejora, pero compruebo que la mano de obra se usa para cuestiones tan básicas o generales como el transporte de material, la carga de una hormigonera o el extendido del liquido bituminoso mediante !una regadera! Me parece de otro tiempo. Eso no puede hacer sino prolongar la duración de una obra, de forma indefinida.

Los camiones nutren las vías por millares, a veces tan seguidos unos de otros que parecen un convoy de ferrocarril y no permiten el adelantamiento más que con arriesgadas técnicas casi suicidas que fueran las de un kamikaze. A su ornada y polícroma morfología hay que unir su gran antigüedad y obsolescencia, haciéndoles lentos y pesados. A buen seguro carecen de revisiones que garanticen su buen estado y he podido ver uno que ha quedado atravesado en la carretera por habérsele partido el eje delantero. Vacas, búfalos, campesinos….hacen todo lo demás…

En las proximidades de Jaipur, la capital del Estado, tomamos una autovía de tres carriles por sentido, …y cual es mi sorpresa cuando en ella puedo ver bicicletas, motocicletas,…y la gente cruzando a nivel a su antojo y necesidad, porque evaden fácilmente las protecciones laterales de la vía que debieran impedírselo.

El terreno ha cambiado… aunque sigue siendo plano, cambia la vegetación hacia una sabana mas densamente arbolada y tierras que se aprovechan para el cultivo, donde el búfalo de agua y el dromedario hacen de animales de carga o tiro, mientras, las vacas domesticas campan a sus anchas  comiendo a su antojo o cruzando la carretera. Ya se nota una mayor humedad ambiental y otra ecología que tiende a formar bosques de mayor necesidad hídrica.

Asi, nos vamos acercando hasta Rathambore Park, donde llegamos a eso de las 13.00 horas. Después de acomodarnos en el hotel, el safari que supuestamente empezaba a las 14.00 horas, se retrasa hasta las 15.00 horas y el precio de 400 rupias previsto, se eleva a 1.100 rupias por las gestiones del hotel y el vehículo de alquiler. Aquí no funcionan las cosas como en nuestro país… sino que el Estado cobra su parte (la entrada de 50 rupias para los nacionales, se multiplica por 8 para los extranjeros). Ademas no dejan sacar la entrada directamente sino que la gestiona el hotel en que te alojas, por lo que cobra 300 rupias por persona (5 euros). El transporte viene a salir por otras 400 rupias por persona…Aun así, subimos al vehículo, un camión descubierto, en el que no se tienen previstas medidas de seguridad antivuelco o ante un posible ataque de un tigre (porque no son muy elevados).

Antes de entrar, obligan a firmar un papel en el que el parque se exime de toda responsabilidad ante accidentes o deterioro del material que lleves. A eso hay que añadir el paseo por otros hoteles recogiendo mas pasajeros, lo que se prolonga por casi otra hora, hasta que finalmente nos adentramos en el parque. Son ya las cuatro de la tarde cuando esto sucede y un agente comprueba la identidad de cada uno mediante el correspondiente documento.

Poco después de entrar…el camión se avería al subir una cuesta. Es cosa del sistema eléctrico y se niega a arrancar de nuevo. Incluso hemos de bajar y empujar. Pasamos asi, algo mas de una hora, hasta que nos encuentra un vehículo que retorna. El guía que nos acompaña no lleva emisora, ni existe cobertura telefónica en el lugar que pueda facilitar la petición de ayuda u organizar un rescate…Finalmente el vehículo se pone en marcha después de que todo hijo de vecino que por allí asoma, meta su mano de por medio.

Cuando creemos que nos procedemos a dejar el parque porque el vehículo no da garantías, el conductor nos sorprende con un recorrido a toda velocidad que pretende justificar la visita. Así terminamos a las seis de la tarde, con las ultimas luces del día y cual es nuestra sorpresa cuando nadie protesta, sino que los nacionales, agradecen complacientemente la visita.

Nosotros nos quejamos al hotel que nos ha organizado el viaje y dice que al dia siguiente podemos reclamar en la oficina del parque donde se expiden las entradas y que queda justo enfrente de nuestro hotel. Con eso, acabamos el día  decidiendo que no saldremos al previsto para el dia siguiente, dada la pésima organización e imprevisibilidad de las circunstancias.

Texto: Antonio Pulido Pastor
Bushara Ong
Fotos: Pedro Jiménez y Alicia Montano