El río de las piedras preciosas me inspiró de repente.
He visto las norias vociferar tu nombre,
difundiendo pensamientos sobre tu hermosa huella.
El resplandor sobre ti me sembró de oro,
y que los amantes son proclives al vino y el éxtasis.
Saná’a Ya wadi al yawahir, de la Nawba al Maya. Andalusya, s. XII
Trad.: Antonio Pulido Pastor

Cuentan algunos libros tenidos por sagrados que cuando la Providencia terminó su obra creadora, a lo largo de seis días, al séptimo descansó. Es lo que los semitas conocen como el sabbat, o su traducción occidental, el sábado. Sin embargo, ninguno de ellos hacen referencia al lugar concreto al que se retirara para disfrutar de su reposo.

Durante quince años he estado trabajando en la comarca oriental de Málaga, Axarq o Axarqya, donde aprendí algo sobre esto, la maravilla de la Creación y de cómo su belleza se vincula estrechamente al agua y se pega a las laderas de los barrancos. Así que, no me fue difícil reconocer el Paraíso cuando me asomé por primera vez a mi nuevo territorio laboral, el valle del río Genal y ese contorno rojizo que le flanquea por su margen izquierda llamado Sierra Bermeja.

Con aquellos antecedentes, pude percatarme enseguida de que era el lugar elegido por la Providencia para alojarse. Un lugar recóndito, recatado, proclive al recogimiento, humilde, sereno, cubierto en su totalidad por árboles de mucha variedad de especies. Regado continuamente por un precioso río al que nunca falta el agua y con uno de los mayores índices de insolación de toda Europa.

Este pequeño rincón de la geografía mundana debió ser diseñado a voluntad propia con la finalidad de reposar en él Si ciertamente el nombre del lugar proviene del vocablo árabe “Yanna”, un jardín excelso, supremo, el Paraíso, no es de extrañar que una imaginativa idea como la descrita sirviera para generar el topónimo llegado desde tiempos medievales.

El río Genal se escapa por la vertiente suroeste de la Serranía de Ronda, muy cercano a la ya famosa Sierra de la Nieve, donde queda uno de sus accesos a través de la carretera que une Ronda con la costa. El otro es por la carretera de Algeciras-Ronda y también por Manilva-Gaucín. Desde el sur, o paralelo al río Guadiaro, por la vertiente norte.

Las rocas carbonatadas, las conocidas sierras blancas presentan como particularidad el ser solubles al agua y hacer posible que la lluvia y la nieve las atraviesen desde la cumbre hasta sus confines más profundos a través de una red casi infinita de simas y galerías. Cuando en su camino descendente encuentran un lecho impermeable, alguna de las fisuras, cuevas o grietas se convierte en una surgencia saliendo a superficie nuevamente el agua, dando lugar a fuentes o manantiales. Tal es el caso del nacimiento del Genal en la localidad de Igualeja, un gran ojo en la montaña por el que vierte un caudaloso reguero de lágrimas que buscan hacerse grandes mirando hacia las aguas del ancho mar. A partir de ahí, los terrenos que encajonan al río distan mucho de la dureza rocosa de las calizas o las cuarcitas. Vienen a ser como delgadas láminas, una gigantesca milhoja que se altera fácilmente y resulta amable con la roturación y el arado permitiendo su cultivo. Es lo que suele llamarse un terreno esquistoso, un suelo hojaldrado donde las arcillas permiten la fijación del humus y el agua intersticial en los alvéolos que quedan libres en el suelo.

El carácter silíceo de los materiales los hace pobres de los minerales característicos de la fertilidad. Esto, junto con las pronunciadas pendientes de las laderas, les ha hecho ser siempre suelos de vocación forestal. Es por ello que los bosques lo recorren desde su cabecera hasta el final, si bien en el tramo bajo, las laderas arcillosas que allí aparecen tienen menores pendientes y se dedicaron históricamente a la cría del ganado sobre praderas o a cultivos de cereal.

Los mejores castañares del sur de Europa se encuentran en este valle, habiéndole hecho famoso en tiempo de otoño por la sinfonía cromática con la que deleita la vista del visitante. La castaña además es un fruto extraño en tierras meridionales por lo que le confiera mayor grado de singularidad por lo que la hace temprana y muy valorada durante cierta temporalidad. Se convierte así en el maná esperado cada año.

Oscuros encinares son frecuentes en la cabecera del valle, sobre todo en las zonas de transición de las áreas con suelo calizo a las ocupadas por esquistos. La indiferencia de la especie a la naturaleza mineralógica del suelo le confiere esa potencialidad. Quejigos de hoja ancha (Quercus faginea ssp. broteri) e incluso algún que otro roble melojo (Quercus pyrenaica Willd.). Y las formaciones de alcornoque (Quercus suber L.), ganando cada vez más superficie, son también las grandes protagonistas, tanto por ocupar la mayor extensión como por la simbiosis con el hombre y la dinámica estacional que este le impone con el aprovechamiento de los productos que genera en su seno. Castañar y alcornocal son los dos grandes pivotes forestales sobre los que carga el peso de la ocupación de sus moradores.

A este tapiz vegetal se le incrustan quince perlas donde se reparte la cohorte humana que puebla el valle. Catorce retazos de nácar y una tránsfuga que, enamorada del relumbrar, prendió el azul celeste en sus fachadas. Calles angostas, se moldean como conviene para adaptarse a la parte de ladera sobre la que se asoman como balcones hacia aquel magnífico paisaje.

¡Cuánta hermosura aquí reunida! La belleza es el principal paradigma de la Creación y la primordial consecuencia de la creatividad, cualidad por la que el Hombre obra a semejanza de la Providencia. Procurar un mundo más bello del que encontramos, debiera ser la premisa motora del ser humano en cada una de sus acciones. Tengo el privilegio de trabajar aquí y haber conocido a los principales jardineros de este Paraíso para colaborar mano a mano con ellos por conservar la armonía de estos paisajes y la calidad de vida de sus habitantes.

Uno de los resultados de la abundancia constante de agua superficial han sido los espacios irrigados, las huertas. Aprendí de ello en la Almijara, la gris y pedregosa cadena montañosa que queda al oriente, Su divisoria de cumbres repartía las aguas a ambas vertientes, separando incluso cuencas hidrográficas. A partir de ella, se le segregaban bajando directamente al Mediterráneo por la vertiente sur, o se encaminaban a tributar sobre las aguas del río Genil por la norte. De ese modo, en la montaña se genera una disposición en raspa de aquellos barrancos que amadrinan cada uno de los distintos arroyos. En un valle como este la estructura es inversa. Hay dos líneas de cumbres que vierten a un mismo eje por el que desaguan aquellas hasta llegar en este caso a engrosar el caudal bajante del Guadiaro. El pequeño tamaño de la cuenca del Genal y su condición libre, sin regulación ni gran artificialización le lleva a ser considerado uno de los más bonitos de todo el sur peninsular. A ello se suma la calidad de sus aguas, que aún resiste los avatares contaminantes de la modernidad. El hecho de no poseer gran actividad agrícola o ganadera intensivas le ha librado del estado de eutrofización o contaminación que poseen otros del contorno más cercano. Y así, Genal y Guadiaro viven juntos, como hermanos de vidas paralelas, hasta darse la mano abajo en Jimena, para llegar a besar la costa mediterránea en las cercanas aguas del Estrecho.

Los ríos son flujos de energía gravitatoria transportada por la corriente de agua. Mediante su captación o gobierno, desde hace mucho se han usado para mover ingenios dedicados a distintos menesteres, los más usuales, los trapiches, molinos y batanes. Pero también otro tipo de fábricas alimentadas por calderas, artilugio que no deja de tener el mismo fundamento, cuando el agua se transforma en vapor y se le aplica mayor velocidad. Su transporte, en árabe se llama saqá y al medio por el que se transportaba…as saqya. Y así, los territorios del agua se llenaron de acequias por las que conducirlas hasta llegar a los marjales, los bancales, las vegas, las huertas, donde mezclarlas con la tierra y el sol para poner en práctica eso que se llamó regadío.

En el caso del Genal, por su tamaño pequeño, es posible encontrar casi todo este tipo de aplicaciones del agua en poca distancia. Junto al lecho, se encuentran los terrenos de vega, originados por los ensanches que fueron generando las crecidas y su nivelación horizontal. También, la mayor potencia de la corriente las hizo el mejor lugar para emplazamiento de los molinos

Junto a los pueblos, las huertas funcionaron como la despensa inmediata de los hogares. El regadío andaluz es posible, y es feraz, por mera razón climática. La diferencia con el norte, consiste por un lado, en la necesidad de regular la escasa disponibilidad de humedad a lo largo del año. Por otra, la potencialidad que ofrece la enorme potencia de radiación solar, tanto por horas de luz (menor latitud) como por días sin nubes (promedio de 220 al año), así como la mayor temperatura anual media (en torno a 16ºC). Tales condiciones propiciaron la producción regular de cosecha vegetal durante gran parte del año, permitiendo asegurar el suministro y la mayor variedad en la dieta que el regadío ofrece frente al secano.

El Valle del Genal es un santuario vegetal, una gran obra arquitectónica dedicada a la exaltación de la belleza natural. Los bosques dominan claramente la mayor parte del paisaje en las dos terceras partes de su extensión, allá donde las tierras de aptitud forestal han permitido la restauración de las formaciones espontáneas en la zona. En su tercio superior, la gran montaña caliza, las sierras blancas de Igualeja, Parauta y Jarastepar (Atajate, Alpandeire, Faraján, Júzcar y Cartajima) se elevan de forma elegante, mostrando con cierto descaro y ningún complejo su calcárea desnudez. De forma callada, es la gran protagonista de esta historia al funcionar como un inmenso aljibe regulador que transmite el agua desde sus calares altos y simas hasta la zona de contacto con las impermeables arcillas de los esquistos y gneis. Una inextricable red de galerías y vericuetos filtra el agua gota a gota y la conduce hasta las surgencias a pie de monte. Así el nacimiento de Igualeja que da lugar al río Genal, pero también los de Las Zúas en Júzcar, de Balaxtar en Faraján o el Pozancón en Alpandeire. A partir de ellos, el agua se aprovecha de uno u otro modo dando lugar a rincones de primor en los que el vergel se aproxima a la noción de sagrado.

De entre los espacios irrigados destacan por su originalidad los vinculados a las surgencias del macizo de Jarastepar, dando lugar a una notable formación de travertinos (toba calcárea) El agua que ha disuelto la roca dura y masiva de la blanca caliza, se despoja en gran medida de su contenido carbonatado dejándolo depositado sobre los materiales que va encontrando a su paso, sean minerales, vegetales o animales dándoles ese característico aspecto poroso que presenta la roca que se forma. Y el agua escapada corre libremente por las laderas, esta vez conducida a través de las acequias y regulada a conveniencia para embeberse en los bancales de los huertos. Nada más parecido a un jardín, al Paraíso que estos retazos de vergel, un mosaico ajedrezado a lo largo del año que conforma todo un retablo vegetal y humano. Una simbiosis digna de admiración que se mantiene aún hoy en día.

En este proceso de alquimia, la magia reside en la surgencia del agua, en cada uno de esos ojos por los que evacúa el acuífero de la gran montaña, ese duende al que aluden los vecinos por su desagüe intermitente de frecuencia difícilmente predecible. Esta generosidad del cielo llega hasta las manos del hombre que la devuelve de nuevo a la tierra ejerciendo una singular artesanía del barro. La rectitud del horizonte se plasma en las laderas abancaladas en las que el agua remansa su energía. Seccionadas en eras mediante lomos o caballones se convierten en talleres reposados donde se transforman en una alfarería temporal bastante singular. En ellos se lleva a cabo una labor pausada de imbibición y transformación en la que el artesano se dedica a la orfebrería vegetal dando forma a berenjenas, calabazas, tomates, pimientos, mazorcas y un singular cortejo frutal cuyas variedades se encuentran actualmente en vías de extinción. Una vez empapada la tierra, el agua percola y llega de nuevo al curso más bajo, por donde discurre el río. Así, se integra de nuevo en el ciclo hidrológico.

La gama de colores, olores y sabores, es única, no sólo por la cohorte de flores y frutos, sino también por la asiduidad de aves y mariposas. El hilo musical en estos talleres del arte sano siempre se entona con un trasfondo acuático cuya intensidad depende de la acción entre el agua y la piedra, de los saltos, de la velocidad en la acequia, del rebosadero en la alberca, de la acción de las tajeas. Su melodía es variable pudiendo escucharse el rumor de árboles provocado por la brisa, los sonidos de grillos, chicharras y otra entomofauna, el croar de las ranas, y cómo no los pájaros, entre los que la oropéndola resalta con su entonación aflautada.

El primor con que se miman las plantas, la precisión en las tareas, el legado ancestral heredado junto con los valores naturales que aquí se encuentran están reclamando el reconocimiento necesario para asegurar su perpetuación y traspaso a generaciones futuras. Es todo un hecho que las instituciones encargadas de salvaguardar el patrimonio cultural raramente reparan en este tipo de cuestiones, pero el regadío tradicional debiera estar entre sus objetivos y ser declarado como Bien de interés cultural (B.I.C.) al mismo nivel que lo son los torreones, edificios singulares, el patrimonio industrial u otro tipo de actuaciones forjadas por la acción del ser humano. El valor turístico de estos paisajes es innegable, pero hasta la fecha, sigue sin ser puesto en valor, lo que podría ser un lugar de interés añadido para el visitante de la zona. Y su funcionamiento como centro de aprovisionamiento de agricultura y ganadería ecológicas están fuera de toda duda.

Por fortuna, entre sus habitantes hay quién lo ha visto y emplea sus energías en que ello salga adelante. Le deseamos que el ánimo no decaiga y mucha suerte en la iniciativa

¡LARGA VIDA AL ARTE SANO!

  Aquí puedes escuchar la banda sonora del regadío tradicional

Antonio Pulido Pastor
Siece.org