«La noche se viene a reposar sobre estos rostros porque en ellos encuentra dos lunas alumbrando una rosa azul con estrellas engarzadas. No es menos noche, sino más iluminada.»

Esta es la crónica fotográfica de un viaje a Gambia con la ONG Bushara «Asociación para el desarrollo de los países del Sahel» con el objetivo de impulsar la escuela que se construyó en Kembujeh así como prestar atención médica y odontológica gratuita en una clínica improvisada durante diez días en el entorno urbano de Kololi.

Capítulo 1

LUNES 18 DE ABRIL

Hoy se inicia el período de visitas médicas que durará de forma intensiva unos diez días. Son las siete de la mañana y hace apenas una hora acaba de llegar Ismail, un miembro de la Ong que acaba de terminar su licenciatura en Medicina. Él y el Dr. Bashir son los dos facultativos que diagnostican en esta ocasión y Gustavo es un especialista en Odontología.

Hay mucho mosquito, pero en realidad, esperaba más.

Supongo que, al igual que ocurre con las personas, el presente de un país, de una nación, es consecuencia de su pasado. Si este lugar, ya de por si es pobre, dadas sus condiciones naturales, la situación política que tiene, su extensión reducida apenas a la anchura del río, es un reflejo de la acción colonial e invasiva de los europeos desde finales del siglo XVII y tal vez de los propios africanos que cruzaban el desierto para llegar al ardum sawdá, la tierra negra y comerciar con un esclavismo que ya se daba aquí de forma ancestral entre distintas etnias. Al menos algo así sucedió siempre en la zona de Camerún donde los bantúes cazaban a miembros de la etnia pigmea para usarlos como esclavos.

Martes 19 de abril

Las gentes vienen desde lugares incluso lejanos y los hay de condición muy dispar. Tener médico gratis ya es un lujo y por eso acuden muchas embarazadas. Pero si además la medicación es gratuita, es comprensible que, en un país como este se cunda la noticia como una Bushará, una buena nueva. Creo que difícilmente pudo estar mejor elegido el nombre. El doctor Baxir es de trato muy afable, no es de extrañar pues que se haya establecido una relación casi familiar con quienes lo esperan para acudir a su consulta.

Por otra parte, disponer de un dentista a tiempo completo es un nivel aquí al alcance de muy pocos. Su gratuidad además, hace que la lista de espera sea poco menos que interminable. Esto no está más que lleno de grandes corazones y mi recuerdo se va hasta Jose Luis García, el fotógrafo protagonista de nuestro libro solidario y que ahora tiene problemas en su fibra cardíaca.

Miércoles 20 de abril

Hoy me encuentro mejor. Un simple paracetamol me ha aliviado la garganta, la rinitis, el dolor lumbar y el malestar general.

Ayer estuvimos nuevamente en la escuela. Allí la Junta Directiva tuvo reunión de coordinación con la dirección de la Escuela y la directiva de la asociación Qadiriya que es la que interviene aquí directamente con las personas locales. Yo aproveché para sacar fotos y poner los niños a dibujar. El no estar allí situado de continuo, como supuse que iba a ser, no me ha permitido aún contacto continuo con los escolares por lo que se hace más difícil conectar estrechamente con ellos. No obstante, la experiencia ha resultado muy conmovedora. Son enormemente afables y la empatía surge al instante entre unos y otros pese a la barrera que siempre supone el idioma. Mi escaso nivel de inglés, sin embargo da juego suficiente.

Salir del entorno ajardinado de la residencia es como abandonar el Paraíso. La diferencia de temperatura con el exterior es de varios grados y la humedad ambiental también aquí menos densa y molesta. Hay que hablar de estas personas para hacer ver la importancia y al alcance humano de la labor que llevan aquí, tanto con la escuela como con el aspecto sanitario. Emplear de dos a cuatro semanas del total de sus vacaciones anuales en este servicio, no es sino sacrificar el interés personal y familiar en beneficio de un colectivo social que nunca les revertirá en nada material, ni tan siquiera el saludo o la sonrisa amable que puede proporcionar un vecino cotidiano. Las sonrisas aquí, son anuales, pero ver crecer a estos niños y ayudarles en la medida posible, es para ellos compensación suficiente.

Jueves 21 de abril

Aquí, jueves y viernes, para según qué cosas y según qué creencias son días festivos, tal que nuestros fines de semana. Así que ayer no hubo cole en Kembuyeh y nos quedamos aquí. Acompaño a Kinteh al mercado y ha sido la primera vez que me he sumergido en el bullicio popular. El típico ruido de los zocos, el caos de la inmensidad y la entropía anárquica del desorden, que son tan característicos de estos lugares. Prácticamente resulta idéntico a Nuakchott, con la salvedad del clima y el color. Aquí, apenas hay desteñidos mauritanos siendo el paisaje humano exclusividad del oscuro africano.

El calor no es seco como en el norte del río Senegal pero la humedad, al menos de momento, es llevadera. Posiblemente el influjo atlántico es mejor que la pasta cálida en que el tórrido Mediterráneo convierte el aire a finales de verano.

Por el momento, la entomofauna díptera también es soportable. He pasado la práctica totalidad del día en el albergue de la casa Kinteh, donde el microclima es muy particular, con una sensación agradable de una noche de verano, de la que cuesta retirarse. Las tertulias en el inmesio riad se pueden hacer interminables. Solamente el contingente de mosquitos que surge al atardecer lo hace un poco más incómodo. Pero durante las horas de mañana y tarde, es como estar dentro de un oasis. Este lugar, además de cierta mística, por encontrarse aquí la sede de la asociación Qadiriya y tener una sala de oración en la entrada, guarda o transmite una sensación muy humanitaria. El lugar tiene aspecto de misión. Su estructura constructiva y su funcionalidad así parecen apuntarlo. La acción emprendida además, desde Bushara, no hace sino reforzarlo. La gente acude aquí, además de sosiego de sus almas, para la sanación de su cuerpo y recibir ayuda en forma de medicamentos o de otro tipo, incluida la limosna o el alimento.

Viernes 22 de abril

Cada mujer es aquí una nación independiente e iza sobre su territorio los colores de su particular bandera. Y ondea en el aire con el movimiento de sus rostros y caderas. Hoy hemos ido al mercado general de Serrakunda. En estos países…¡viva el jolgorio!, fin de semana islámico (jueves y viernes) unido al fin de semana occidental (colegio inglés, cristianos). Entre unos y otros consiguen que aquí la vida se ralentice durante media semana o que haya motivo de fiesta. En el mercado hay un montón de telas. Colores y olores me recuerdan mucho a las medinas y zocos conocidos hasta ahora en el norte del Magreb. La gente es amable pero rehúyen las fotos del mismo modo que en Mauritania o Marruecos.

Después de comer, hemos ido a ver el desembarco de pescado en la playa de Tanji. Si Nuakchott me pareció antiguo, esto ya… Se mantienen aquí las trazas de la más antigua tradición milenaria. No hay auxilio de ningún tipo de maquinaria para la saca y ni tan siquiera para el procesado. Si un poco más al norte la tecnología japonesa se hacía cargo del congelado del pescado, aquí se sigue procesando de modo manual mediante su apertura para salazón o ahumado. No hay control de higiene, tampoco sobre las evacuaciones orgánicas que discurren a flor de tierra o se acumula en los rincones y llega así hasta la orilla del mar. Así que gaviotas y demás oportunistas pululan aquí llegando a tapar el cielo.

Cientos de cayucos se alinean en la playa a la espera de salir a faenar. Sus colores intensos son una orgía cromática sobre lienzo blanco. En cierto modo me recuerdan mucho a las jábegas y embarcaciones tradicionales del Mediterráneo. El ojo de horus, en cualquiera de sus acepciones más o menos evolucionadas también es reiterativo aquí junto con invocaciones hacia las bendiciones de la Providencia.

Antonio Pulido Pastor

Bushara Ong 

www.bushara.es