El puente de Alcántara es una novela de carácter histórico escrita por el alemán Frank Baer (Dresde, 1938). Con bastante rigor cronológico realiza un recorrido por distintos lugares de la geografía peninsular en el marco temporal del s. XI cuando la Hispania romana se encontraba dividida entre los reinos de Castilla-León, Galicia y las distintas taifas de Al Andalus, destacando la de Ixbiliya con el rey Al Mutamid, Lérida  con Al Muzafar y Mursiya bajo el reinado de Ibn Tahir. El hilván conductor son varios de sus personajes, algunos de ficción como el joven Lope, escudero de un capitán desertor del ejército leonés, un médico judío sevillano y el poeta Ibn Ammar (el Abenamar de los romances) que enlaza la parte andalusí de los tres reinos. Aunque la trama es ficticia, podría considerarse como una simulación perfecta de la vida transfronteriza a lo largo del territorio ibérico donde sus gentes convivían en la frontera y más allá, compartiendo intereses comunes que muchas veces llegaban a la consolidación familiar con el estrechamiento de vínculos matrimoniales. La narración geográfica es muy descriptiva y leído el libro sentí curiosidad por hacer la ruta principal que se desarrolla en torno al río Tajo, ya que pese a haber recorrido el poniente ibérico varias veces nunca llegué a visitar ese grandioso monumento.

PONTEM PERPETVI MANSVRVM IN SECVLA MVNDI: «este puente durará mientras dure el mundo»

Amanece en el valle del Tajo, es una fría mañanana de la primera semana de diciembre de 2012 y la elevada humedad del rio ibérico de mayor longitud y el embalse que lo detiene, se agarra a las escarpadas laderas de sus barrancos como negándose a escapar de la madre que la genera. Una densa niebla nos retrata las veladas siluetas de los pinos piñoneros que por allí abundan. La tarde anterior hemos llegado a la bonita ciudad de Alcántara, esa que si en algún tiempo tuvo otro nombre, quedó eclipsada por la obra asombrosa que aún hoy día, dos mil años después, se mantiene en pie en pleno estado de servicio. Para quienes nos gusta la Ingeniería, no podemos sino admirar algo así, que prácticamente se sostiene con su peso propio habiendo resistido las feroces mordidas del agua que socava sus pies y el temible terremoto que asolara la antigua Lusitania en el siglo XVIII.

Desde Málaga hasta aquí el recorrido en coche viene a ser de unas cinco horas, así que llegamos con la última hora y poco de luz de la tarde por delante. Atrás se han quedado tres mundos arqueológicos como son Italica (Santiponce),  Iulia Augusta Emerita (Mérida) y Caesar Caecilia (Cáceres), el pricipal eje urbano de lo que fuera Lusitania, con la su asentamiento capital porque merecen dedicación exclusiva. El primer encuentro con la magna obra enmudece. El lugar es un sumidero de sonido donde el eco no existe y el rumor de las aguas corrientes marca el hilo musical de fondo. De ese modo uno se queda absorto, porque el paraje te envuelve. Las dimensiones de la estructura, sus pretiles de sillería, empequeñecen en tal manera al visitante que el alma se encoge inevitablemente. Así, rebosando estupor no se sabe en qué punto la mejor vista panorámica, porque pisar esas piedras causa una intensa emoción. La historia peninsular que ha fluido por esa vía empedrada te traspasa de arriba a abajo como un relámpago demoledor que te lleva a la ebullición interior. También las aventuras y vivencias leídas en el libro de Baer se presentan en primera persona y te hacen viajar en el tiempo. Siempre suelo decir que no hay nada como viajar esta sensación, porque no es material, porque no es medible. Por eso le concedo valor incalculable.La importancia de este puente ha sido tal que ha marcado la toponimia de toda una comarca. No sólo la de la ciudad a cuyos pies se asienta y a la que dió vida, sino también a muchos otros con dicho afijo. Al Qantara significa “el puente” en árabe, la lengua que adoptaron los andalusíes herederos del legado romano hispano y nominó como Qantara as sayf (puente de la espada) a esta pieza clave en la calzada principal que unía Emerita Augusta, capital de Lusitania, con Conimbriga (Coimbra). Esa misma calzada, por estar empedrada se llamó Tariq al balat, el camino empedrado. De la degeneración fonética de ese término deriva el actual Ruta de la Plata al que particularmente siempre atribuí un sentido minero relacionado con el tráfico de metales preciosos desde las minas de Sierra Morena hasta la ciudad de Astorga. Sin embargo, el sentido común y la revisión histórica alumbra sobre la necesidad conectiva entre dos grandes ciudades como eran la capital del poniente hispano y Asturica, que sin duda debió ser el centro neurálgico del noroeste hispanorromano, también muy vinculada a la obtención del oro y otros metales en las minas de su contorno. El paraje de Las Médulas en la provincia de León es su mejor muestra y la tradición minera actual de la zona su mejor testigo. Fue sin duda esa calzada un eje vertebrador del poniente ibérico en época hispana por la que seguramente se practicara el comercio y la trashumancia de ganados mucho antes de la aparición de la Mesta castellana en el s. XIII dado el ritmo anual de los pastizales entre la montaña cantábrica y las tierras bajas al sur del macizo Carpetano. Prueba de ello fue la instauración en el lugar de la Orden Militar de Alcántara, creada con el fin de asegurar la frontera sur del territorio que se iba conquistando de la que el río Tejo era una marcada línea definitoria (hasta el punto de que aún hoy día sigue ejerciendo esa función entre dos naciones vecinas). Es esa Orden la que en realidad tiene responsabilidad en la toponimia comarcal, asignando identificatorios a los nuevos poblamientos que iban quedando bajo su asignación o jurisdicción. En esa línea, resulta curioso que, teniendo como hilo conductor principal el de una Reconquista, la Orden tome nombre árabe y no recupere el de pons-pontis que es el genuino hispanorromano, sustantivo que además tiene una mayor connotación religiosa por el carácter simbólico del puente y quién lo ejecuta, pontífice. Similar contradicción existe también con la toponimia dada al territorio nuevamente conquistado, con denominaciones alusivas a su posición relativa en lugar de a la recuperación de la anterior. De ese modo los nuevos territorios que se conquistan camino del sur se les llama Extrema Douro (más allá del Duero) o Allen do Tejo (más allá del Tajo) salvo en el caso del Garb al que se le mantiene su nombre árabe. Lo lógico de una reconquista es que se hubiese vuelto a llamar Lusitania o Baetica a los antiguos territorios “perdidos” de la división hispánica hecha en tiempos de dominación romana.

Viajar por el poniente penisular es un regalo para quienes gustan de los espacios abiertos y la observación de fauna salvaje. Su territorio poco ondulado da amplitud de horizonte y su terreno de vocación forestal hace inmensos los sistemas forestales arbolados, de pastizal o matorral. En ellos se dan algunas de las escenas salvajes más singulares de este país como es la abundancia de amplios cursos superficiales de agua, la presencia de cigúeñas, la mejor población de avutardas y la gran concentración anual de grullas escandinavas que cada otoño invernan entre sus dehesas de encina y alcornoque compartiendo la montanera con la materia madre del jamón ibérico. Y sobre todo aves, todo tipo de pájaros, pero especialmente grandes aves de presa. Los vuelos de planeo de buitres leonados, buitres negros, ratoneros, milanos reales, milanos negros, aguiluchos, águilas calzadas, azores, águilas culebreras, se distinguen desde el interior del vehículo sin mucha dificultad. El paisaje de dehesa, técnicamente un puro ecotono, es de los ecosistemas con mayor nivel de biodiversidad en la serie mediterránea. Y unos atardeceres espectaculares donde tal vez las llanuras cerealistas de Zamora se lleven el primer premio.Una vez franqueada esta antigua frontera fluvial la opción inmediatamente monumental es Plasencia para después llegar hasta una nueva frontera natural, en este caso montañosa, como es la antigua cordillera Oretana o Sistema Central actual. Si seguimos suponiendo interés del viajero por los paisajes hermosos, se recomienda el desvío en Baños de Montemayor para atravesar la montaña por el poblado de La Garganta en dirección a Candelario. Se llega así a las fuentes del río Cuerpo de Hombre cuyas aguas nos acompañan hasta la ciudad de Béjar, antiguo núcleo industrial vinculado a la lana y el textil. Desde aquí, seguimos por las estribaciones montañosas buscando la comarca de la Peña de Francia. Pequeños pueblos de tipología medieval aún se reparten por aquella zona con preciosidades como San Martín del Castañar, Mogarraz y La Alberca, con un paisaje además que en tiempo de otoño es uno de los más coloridos de todo el conjunto peninsular. También la subida al monasterio de la Peña o la bajada al de Batuecas suelen ser hitos habituales y recomendables en el trayecto. El Sistema Central, con su enorme provisión de granito, genera una arquitectura muy similar a la galaica de la que se diferencia principalmente por la mayor luminosidad en razón de latitud y su menor frecuentación por las borrascas del Atlántico norte. Salamanca es, con su dorada arenisca la excepción. La antigua Helmantica es mucho más conocida y obviamos aquí detalles de la visita simplemente recomendando el itinerario monumental tradicional en el eje Catedral-Universidad-Puente romano.

Desde allí, llegamos para pernoctar en Ciudad Rodrigo. Esta semana de luna llena, la vista desde la orilla del río Águeda es sencilla y preciosa. El pueblo en su conjunto lo es. No quedan ya muchos recintos medievales plenamente amurallados y esta ciudad sigue manteniendo ese aire castrense. Todo el conjunto interior es en si un monumento arquitectónico lleno de casas señoriales y palacios construidos en sillería de piedra. Desde el adarve de su muralla las vistas sobre la vega a sus pies son espectaculares, especialmente en horas del crepúsculo.  Desde aquí, la incursión en la vecina Portugal es fácil y rápida a través de la autovía de categoría internacional. En poco más de media hora se llega a la ciudad de Guarda, capital de distrito en la Serra da Estrela. Perdido su conjunto defensivo, la parte más interesante es lo que queda en torno a la antigua muralla así como sus calles y casas de manufactura granítica. Estas calles, tuvieron reflejo poético medieval de manos regias, con pluma a cargo del rey Sancho cuando el romance galaico aún no se había diferenciado en el idioma del país vecino. Amancio Prada, canta estos versos en su álbum dedicado a los trovadores. Guarda, como castillo principal y cabecera de condado tiene un protagonismo destacado en el libro de Frank Baer, dado que Sabugal, donde arranca la acción, depende de ella. El siguiente destino, Sabugal, es el lugar donde arranca la acción en el libro de Baer. El encuentro entre Lope y el Capitán, la ayuda que le presta para su liberación y la huída del castillo de Sabugal es el capítulo I de esta novela histórica. A Sabugal sólo le quedan unas pocas casas del barrio antiguo, y una atracción más es un gran ejemplar de Sequoia gigante que hay en las inmediaciones. Pero su castillo, aunque pequeño, es soberbio y espectacular por la solidez que aún transmite. Sólo por verle merece la pena llegar hasta aquí. Sus murallas y torreones parecen inalterados por el paso del tiempo y la Historia. Los pasos interterritoriales no son transfronterizos porque todo es Reyno de Castilla, sólo al sur, queda la frontera andalusí y el río Tejo es su límite más patente y el gran puente el lugar que marcará a Lope para toda su vida.

Siempre es recomendable recorrer el oeste ibérico subiendo por un país y bajando por el vecino. Los contraste de paisaje son marcados, al ser la zona portuguesa algo más montuosa, pero sobre todo la arquitectura, el habla y la gastronomía. Es como hacer dos viajes en uno. Así, camino del sur hay que dirigirse a Castelo de Vide, tomando dirección a Castelo Branco que es la mayor ciudad de ese contorno.

Castelo de Vide, en el Distrito ya de Portalegre es un núcleo urbano aún muy conjuntado que prácticamente mantiene su planta medieval en torno a su castillo de mediano tamaño. Sus calles tortuosas, empedradas y de casas blanqueadas siguen el prototipo del pueblo medieval del sur hispánico. Todo el contorno sigue manteniéndose con paisaje granítico donde los bosques de rebollo (Quercus pyrenaica Willd.), alcornoque (Quercus suber L.), castaño (Castanea sativa Miller) pueblan el recorrido que puede aprecisarse desde la carretera. Por lo general son montes fragmentados, divididos en parcelas donde se apacenta y guarda el ganado o en algunos se cultiva o se produce heno. Los grandes bolos rocosos, a los que se llama berrocales o lomos de ballena aparecen de tanto en tanto como si de una exposición de arte al aire libre se tratara. Tuve la suerte de recorrer sus calles tan especiales ya caído el telón nocturno, en noche cerrada de niebla donde la luz cálida de su alumbrado público emborronaba los perfiles y convertía en siluetas las trazas de las casas en forma difuminada. Mis dos visitas a este pueblo han sido inmerso en densa niebla.Y cuando uno piensa ya que en esta ruta no se puede sorprender por más piedras, a través de un precioso tramo de carretera embovedado por fresnos (Fraxinus angustifolia Vahl.) llegamos a Marvâo,el castillo de las águilas, la fortaleza sobre la roca, la muralla sobre el granito. De dimensiones urbanas más pequeñas que el pueblo anterior sin embargo tal vez sea el núcleo habitado más conjuntado y entre todos los recorridos en este viaje, el más pequeño, pero el plenamente incluido en el interior del recinto amurallado. Su castillo, aunque pequeño, se encuentra muy bien conservado y todo la planta defensiva da la sensación de ser muy amplia.Seguimos descendiendo en altitud hacia las tierras bajas del Alentejo que se acercan ya a besar al Guadiana, el relieve se aplana y los bosques de montaña van dejando paso a las deheas y tierras de labor. En esa tierra más agraria el topónimo no puede ser más indicativo “Campo Maior“, custodiado también por un mediano castillo en magnífico estado de conservación.Desde aquí, la línea divisoria entre países se ha diluido y la nueva autovía circunvala la ciudad dedicada a Betelgeuse sin apenas darnos cuenta.

A veces, nos afanamos en ir a conocer lugares lejanos cuando resulta que al otro lado de la puerta se encuentra todo un mundo lleno de paisajes espectaculares, fauna asombrosa y un legado histórico que marcó la civilización de Occidente y por ello, del mundo moderno. Puede que conocerlo sea necesario para tener una base sólida que sirva de referencia y sobre la que construir nuestra propia visión del mundo mediante aportes posteriores. ¡Mira con otros ojos a tu tierra, escucha a sus piedras!

              Tan generosa contigo la lluvia al caer, ¡Ay de aquellos días de encuentro en al Andalus!
Ibn al Jatib. Granada 1350

Antonio Pulido Pastor
SIECE.org