Cuando el Universo te guía, se un ciego en este mundo. Y cuando tu alma sea una cometa, déjala volar con viento de levante, tal vez pueda llevarte a remontar las coloradas vertientes de las sierras pardas que se encuentran a poniente, siguiendo el cordón litoral que se extiende por la provincia de Málaga. Ya casi en su extremo, cuando el mar pinta de azul Atlántico junto a la puerta rocosa del Estrecho un repentino giro al norte te presenta al pico de Los Reales, la mas alta cota de esas sierras coloradas que se dejan ver desde la costa. Sus laderas se encuentran tapizadas por un denso pinar de apretadas acículas, las más rígidas y coriáceas de todas las de nuestros pinos autóctonos. Aunque a muchos les cueste creer, los pinares también son autóctonos en la vegetación ibérica y el pino negral o marítimo, Pinus pinaster Aiton, tiene su origen y centro de dispersión en estas sierras bermejas. Un denso alfombrado, alternado por extensos rasos que dejan ver la roca al desnudo es el legado de una sucesión continua de incendios en estos bosques a lo largo de la historia. Las acentuadas pendientes aderezadas con los vientos litorales y la sequía estival han hecho siempre muy complicada la extinción de la casuística pirófita en estos lugares. Pese a ello, la potencia regeneradora del mismo resulta asombrosa. La alta pluviosidad del borrascoso Atlántico alcanza hasta aquí dando provisión de agua a estos suelos, que pese a su baja fertilidad, son profundos y suficientes para la rusticidad de las especies forestales.

EL BOSQUE SIEMPREVERDE

Los bosques siempreverdes son característicos de zonas alejadas del frío, donde la actividad vegetal puede tener opciones de continuidad permanente salvo restricciones por disponibilidad hídrica. De ese modo, la presencia de la superficie fotosintética que es la copa vestida, permite generar actividad fisiológica y crecimiento. Por eso son escasas las especies de hoja caduca en el ámbito ecuatorial a templado. Es el caso de los bosques mediterráneos, donde la mayoría de especies son de hoja perenne, con adaptaciones a la sequía que vienen marcadas principalmente por el pequeño tamaño de la hoja y su consistencia endurecida para limitar la pérdida de agua por transpiración. Los pinares mediterráneos están dotados de gran adaptabilidad pudiendo resistir tanto épocas de notoria sequía como paradas vegetativas por frío, sin necesidad de perder sus paneles fotosintéticos. En el caso de Sierra Bermeja, su presencia dominante es una cuestión de tolerancia litológica, dominando por exclusión sobre las particulares suelos bermellones de gran componente arcillosa y mineralogía rica en metales pesados de carácter tóxico y limitante para otras especies. Es el manto forestal que domina sobre este particular rincón de la costa oriental que se extiende desde Coín hasta Casares, con un singular entretejido de otros tipos de terreno que aumentan la diversidad paisaística y ecológica del territorio.

El bosque siempreverde de las sierras bermejas no se compone sólo de pinar. En su formación aparecen otras especies de distinta morfología donde aulagas y brezos son prácticamente las únicas especies aciculares en el matorral. Por lo general, hay una cohorte de hoja ancha en la que destacan la jara cervuna (Cistus populifolius L.), la coscoja (Quercus coccifera L.) y sobre todo el madroño (Arbutus unedo L.). Todas de hoja perenne, la formación de matorral resultante está muy relacionada con la laurisilva de los barrancos gaditanos de influencia atlántica a los que se les suele dar el nombre de “canutos” y con la vegetación de la región macaronésica, la que conforman las islas atlánticas de suelos volcánicos (Azores, Madeira, Canarias), todas con un ancestro común que se remonta a los tiempos del Triásico), unos 25 millones de años atrás.

Recorrer en ascenso la carretera que sube desde Estepona es adentrarse en un paisaje vegetal que no suele ser frecuente fuera del ámbito de esa influencia húmeda del Atlántico y que aquí se traduce en verde frondosidad de carácter permanente. Podría decirse que este bosque luce dos primaveras. La usual, cuando brezos, madroños, jaras, cantuesos, jaguarzos, florecen tras el invierno y la otoñal, cuando pasado el verano, las hojas de madroño brillan con especial fuerza y de sus ramas cuelgan los variopintos pendientes esféricos que los decoran primorosamente cual arbolitos esperando Navidad. A mediados de esa estación, resulta todo un espectáculo y la amabilidad de este arbusto o arbolillo invita a adentrarse y pasear por el contorno. El madroño debiera ser nuestro arbusto de invierno más valorado, un candidato a esa moda centroeuropea que es el árbol de navidad. Su hoja perenne ya le confiere uno de los requisitos esenciales para ello. Pero pocos como él, tal vez el acebo, lucen sus mejores galas a principios de invierno. Aquel se colorea de forma muy similar a las guirnaldas colgantes con las que se adornan a pinos o abetos. En esa época, el verde firmamento perennifolio de su copa despliega una constelación de meteoros en progresiva incandescencia, que van tornándose de color del fuego a medida que se alejan del verano. El opaco verde cósmico de sus copas, se va llenado de la luz que aquellos diminutos soles irradian a medida que emulan atardeceres. Cada uno es un microastro que llena de energía luminosa y alimenticia la cohorte de insectos y pájaros que habitan ese pequeño universo. Y su densa carga floral, una blanca guirnalda con que se engalana, una intensa nevada simulada.

El madroñal da lugar a una formación característica a la que podría darse el nombre de laurisilva mediterránea, dada la vinculación que se le da con la vegetación macaronésica donde un pariente suyo allí le sustituye. Otras especies de arbustos o arbolillos comparten ese mismo tipo de ambiente húmedo y cálido, como el brezo blanco (Erica arborea L.), el durillo (Viburnum tinus L), el acebo (Ilex aquifolium L., el agracejo (Phyllirea latifolia L.), la olivilla (Teucrium fruticans L.), el rusco (Ruscus aculeatus L.) y el laurel (Laurus nobilis L.) un escaso e inesperado árbol en estos lugares que es el genuino representante de ese tipo de formación vegetal. Fuera de estas montañas, en un ambiente directamente atlántico incluso el Ojaranzo (Rhododendron ponticum L.) y el loro (Prunus laurocerasus L.). Es una formación muy estable donde la floración primaveral del brezo blanco y el durillo suelen ser los hitos más destacados por su espectacularidad, poniendo el símil nevado sobre estas plantas que raramente conocen gélidas temperaturas.

Puerto de Peñas Blancas es desde aquí, la puerta del Paraíso, sirve como referente en la divisoria entre la vertiente de costa y el valle del río Genal. A su paso, el bosque siempreverde añade otro hito singular más, la aparición del abeto andaluz, el pinsapo (Abies pinsapo Boiss.) dando tintes más oscuros a las rojas tierras de la Sierra Bermeja que con sus altos y rectos troncos son como mástiles que parecen sostener el cielo o las frecuentes neblinas que aquí, se agarran a sus copas muy frecuentemente. La selva espesa de madroñal decae en las alturas por una simple cuestión de frigidez, pero en el sentido descendente de la carretera que nos lleva bien a Genalguacil, bien hasta Jubrique, su corona sigue luciendo resplandeciente plena de rubíes engarzados.

Esta abundancia de madroños es la responsable de que la zona también sea abundante en una de las joyas aladas de la entomofauna ibérica, la mariposa cuatro colas o mariposa del madroño (Charaxes jasius L.). Toda este área de montaña está considerada como uno de los grandes núcleos fuente para esta mariposa en el contexto de la Península Ibérica. Es por ello que el Ayuntamiento de Jubrique, lo ha sabido reconocer declarando a la especie como mascota municipal y creado un Oasis de mariposas específicamente motivado por ella. No en vano, está considerada como la mariposa diurna más bonita del occidente europeo y es también la de mayor tamaño. Sus vuelos de prospección, en largos y potentes planeos, son espectaculares y es un aliciente más para visitar esta comarca en primavera o finales de verano, dado que tiene varias generaciones anuales. Fotografiarla es todo un reto pero a veces resulta fácil verla posada durante largo rato succionando los jugos azucarados de higos, uvas, flores y sustancias rezumantes en general. Las mariposas son besos de colores que bailan con las flores, despegan desde ellas y se esparcen por el éter circundante como gajos de ellas que trasladan su color de una a otra parte.

Cuando la carretera que baja hacia Genalguacil llega a la orilla del río Almáchar, en el monte Tizón, las tierras bermejas entran en contacto con el más oscuro manto de los gneis y esquistos que a este lado de la montaña trasladó el empuje orogénico de las peridotitas desde las tierras de Marbella. Por el lado de Jubrique, el puerto del Estercal es el otro punto de contacto. A partir de ellas, el estrato arbóreo dominante se transforma. Ya no son coníferas, pinos o abetos, sino frondosas, con el alcornoque (Quercus suber L.) como protagonista, acompañado por quejigos y encinas, según dominancias o sustituido por castaños en busca de mayor producción inmediata. Ello no es impedimento para la continua presencia del madroñal como vegetación de matorral, al menos en las zonas umbrosas y fondos de barranco. Ya se ha tratado este otro tipo de monte cuando hablamos de Bosques ex suberantes en el valle del Genal, que puede encontrarse también en el ámbito de esta misma revista. Y de aquí, hasta el contacto con las sierras blancas de la Serranía de Ronda (Jarastepar, Sierra de Igualeja, Sierra de la Nieve), se conforma un lugar afortunado de continuos bosques y mucha agua al que en otro tiempo y en otro idioma, se le dió el nombre de Paraíso o Jardín de la Providencia.

¡¡¡Vente a conocer la laurisilva más grande y cercana de la provincia de Málaga!!!!

¡¡LARGA VIDA AL PARAÍSO!!

Antonio Pulido Pastor

SIECE.org