La conjunción del río más largo del mundo con una de las civilizaciones humanas más antiguas del orbe es una simple coincidencia. Se debió principalmente a la orientación longitudinal del curso fluvial en uno de los continentes de mayor longitud entre los existentes. Fueron otra serie de condicionantes los que permitieron el desarrollo de un Estado cuya cultura y duración sigue asombrando tres milenios después. Fue el primer gran país del Mediterráneo de cuyo legado deriva toda la civilización y pensamiento occidental. Es por eso que Egipto es el país imperecedero.

EGIPTO, EL PAÍS DE LA ETERNIDAD

Acostumbrados como estamos a fijar los orígenes de la civilización mediterránea en la Antigüedad clásica que conforman Grecia y Roma, con algunas licencias hacia Persia y las ciudades estado del Asia menor, remontarnos a un tiempo que duplica el lapso temporal de aquellas parece algo fuera de nuestro alcance. Pese a que los relatos bíblicos (con un Ramsés indeterminado) y la escenografía cinematográfica nos hacen familiares aquel tiempo, descubrir el grado de formación y la capacidad creadora de aquella sociedad no es menos que sorprendente cuando se nos revela.

La Historia de nuestra civilización empieza en Egipto hace más de 5000 años (Parra, 2011) y admirarlo en primera persona resulta una aventura emocionante.

Vivir esos escenarios, poner imagen a libros leídos y entender mejor las conexiones históricas de aquella geografía ha sido el objeto de un breve viaje que me ha llevado hasta Abu Simbel, en la proximidad a la frontera con Sudán, la antigua Nubia.

De nuevo viajo con la agencia 3000 Km. Su esquema desenfadado y elástico resulta muy adaptable. Que te acompañe persona experta en gestión de logística e imprevistos, resulta cómodo además de práctico.

Aunque los templos no eran lugares exclusivamente de carácter religioso, ni los sacerdotes vinculados a ellos tenían el carácter monacal que se suele imaginar, la cultura de los antiguos egipcios es recordada sobre todo por su concepto de la vida eterna y los ritos funerarios que marcaban el paso de la temporalidad terrenal a la perpetuidad.

El gran río, que marcaba el eje longitudinal del país establecía también dos divisiones clásicas transversales en base a sus efectos, el Alto Egipto, situado al sur, y el Bajo Egipto, situado al norte, en la llanura más inundable por su menor cota y el efecto dique que hacían los depósitos aluviales del gran Delta.

La importancia de su flujo era tan importante que yacía en el subconsciente casi genético de los egipcios. Y así cuentan que, el Anj, la llave de la eternidad es un puro símbolo del río, con su cauce longitudinal, el ensanche del delta al norte y el puente que une sus dos orillas o sus dos tramos. El eje del río separaba también el mundo de los vivos (levante) del de los muertos (poniente).

En la espiritualidad egipcia, el Sol es el astro rey que marca el patrón de la mitología y su devenir diario y anual es reflejado de varias maneras a lo largo de la historia. El aspecto ascendente y de fuerza se asocia con la vida, y el descendente y ocaso se asocia con el reposo y la muerte. En este sentido, también el río marca el eje que separa la tierra de los vivos, a levante con la de los muertos, a poniente. El puente que cruza el Nilo, representa la conexión ineludible que existe entre ambas.

Menfis
La primera capital del Estado, establecida por Nermer (Menes) en el 3050 a.C. El nombre procede de Men Nefer (Estable en belleza) al que los griegos helenizaron como Menfis. Su nombre anterior Anj-tauy (balanza de las dos tierras) hace alusión a su posición en el Nilo, conectando las tierras del Alto y el Bajo Egipto, al estar situada justo en la cabecera de entrada al gran Delta.

Se mantuvo como capital hasta el año 2040 a.C. aproximadamente, marcando el paso del Reino Antiguo al Reino Medio con una serie de dinastías que se asentaron en la gran curva del curso medio estableciendo Tebas como capital.

En la zona donde estuvo situada Menfis se ubica actualmente el poblado de Mit Rahina, en él se encuentra un museo al aire libre con algunos restos menores como sarcófagos de granito rosa, esfinges pequeñas, una de tamaño medio y varias estatuas colosales de Ramsés II, destacando una incompleta que debió ser de tamaño fuera de lo común. Se encuentra bajo una estructura que le da cobertura y sorprende mucho tanto por la perfección de su anatomía, los detalles de su indumentaria y el pulimento y buen estado de conservación de la parte que se mantiene.

Pocos o ninguno de los trazos antiguos quedan de la vida efímera de estas ciudades. No es por falta de conocimiento, dadas las muestras de otro tipo existentes. Debe ser más una cuestión de planteamiento.

A la vida temporal no se le debe dedicar especial inversión en energía y economía. Mucho mejor hacerlo con la vida eterna. Así pues, para la vida terrenal, se eligió la tierra, el cantillo de adobe hecho con barro y paja secadas al sol. A la vida eterna, la orfebrería cantera y el ladrillo cocido que por tener aquí su origen, aún se llama “ladrillo masarí” (de Misr, el nombre árabe de Egipto).

Por el contrario, las ciudades funerarias, se diseñan y construyen con destino a la eternidad. Edificios megalíticos donde la sillería en roca masiva se presenta como patrón dominante. Muros, pórticos, columnas, jácenas, dinteles, solerías, esculturas, obeliscos. A veces incluso de fábrica en una sola pieza que denotan maestría y un perfecto dominio de la geometría y la matemática.

La ciudad eterna de Menfis se ubicó principalmente en Saqqara, lugar llamado así en honor al dios Sokar, antigua divinidad del artesanado asociada con el trabajo del metal, el cementerio y el más allá (Tyldesley, 2011). Es la necrópolis más antigua, que se atribuye a Nermer, el primer rey dinástico que se conoce. Después hubo otras como Abusir, Dashur y la famosísima Guizá, donde se encuentran las pirámides más icónicas del país.

n hoy Saqqara sigue sorprendiendo y alumbrando sus secretos al mundo actual. El reciente descubrimiento de más de 100 tumbas desconocidas es solo una parte de lo que pueda aún reservar.

La importancia de Saqqara reside además en mostrar el proceso evolutivo en la arquitectura funeraria.

Las mastabas son el primer tipo de construcción funeraria que se conoce en Egipto. Vienen a ser representación de una casa construida de forma sencilla con ladrillo de adobe o piedra. Tienen una planta sobre rasante y un sótano. En éste se depositaba la cámara funeraria y en la parte superior se colocaba el ajuar funerario que se entendía necesario para el viaje a la otra vida y su permanencia eterna en el más allá.

Las condiciones del desierto, de extrema aridez, proporcionan condiciones favorecedoras para la conservación de todo lo que llegó a enterrarse en sus dominios con fines de perpetuidad. La ausencia de humedad impide el desarrollo fúngico y bacteriano así como la corrosión de los colores sobre las paredes. Esto ha permitido que tejidos de fibra vegetal, los cuerpos momificados, las maderas o metales hayan permanecido casi intactos durante varios milenios.

Aunque de modo muy distinto al esperado por ellos, el objetivo de eternidad ansiado por aquellos personajes parece haberse conseguido.

Mastabas famosas y visitables en el complejo de Saqqara son las de Mereouka, Kagemni, Ankhmahor y Neferseshemre, en un grupo próximo a la pirámide del faraón Teti.

La protagonista principal en este recinto es la que se conoce como “Pirámide escalonada”, famosa por ser la primera edificación de este tipo que se construye (año 2600 a.C), por la forma discretizada de su perfil y por atribuirse su planificación y dirección a Imhotep, considerado el primer ingeniero de la historia, destinada a alojar el cortejo mortuorio del faraón Yoser (Zoser).

Al gran recinto que fue se accede aún por el templo columnado que se habilitó al efecto con una pequeña puerta de entrada y varias puertas falsas, llegando a un gran patio interior desde el que se aprecia la perspectiva de la pirámide y las dimensiones del recinto amurallado, que tiene unos 550 m de longitud y 270 de ancho.

Más de 20 pirámides se encuentran en aquel paraje, en continua excavación y estudio, que no deja de aportar datos que enriquecen el conocimiento del Mundo Antiguo.

Más al sur, a unos 9 km en línea recta se ubica la necrópolis de Dahshur, creada por los faraones de la dinastía XII. En ella se encuentran la pirámide acodada, de 105 m de altura con forma singular dado que sus aristas no son rectilíneas sino quebradas. Se supone que fue un intento de pirámide regular de aristas rectas a la que hubo de reducir su altura por un error de cálculo.

Conociendo la habilidad geométrica de los antiguos egipcios extraña algo así, máxime cuando se construye cerca de ella la primera pirámide de aristas rectas. Se conoce como la pirámide roja y tiene 104 metros de altura.

Ambas se construyeron durante el reinado del faraón Seneferut, padre de Jufu, más conocido en occidente como Keops.

Todo esto es una pequeña muestra prospectiva de lo que puede dar de si una estancia en El Cairo. Poco o nada de estas maravillas se dan a conocer en la educación general básica de nuestra enseñanza. El conocimiento que se nos traslada del Antiguo Egipto prácticamente se reduce al río Nilo, su relación con el éxodo judío y las construcciones faraónicas de la llanura de Guizá.

Guizá es una extensa comarca colindante con la antigua Menfis y que se adentra como un cuerno en el árido desierto. Hasta no lejos de allí llegaban las aguas del río Nilo en tiempos de crecida, algo que aún puede verse en fotos antiguas previas a la presa de Asúan.

Elegida por Jufu (Keops) para su residencia eterna acabó albergando un complejo del que sobresalen las tres grandes pirámides más famosas del mundo, las de Jufú (Keops), Jefré (Khefrén) y Menkauré (Micerinos). A ellas se suman las de sus cortejos familiares hasta el punto de que aparecen 9 pirámides en total. También en la zona se encuentra al descubierto el templo de Jefré, protagonizado por la famosa esfinge de Guizá, la más grande de todo el país.

Las pirámides son construcciones megalíticas que en su formato más descomunal tenían la pretensión de mostrar la grandeza del monarca que las habitaría eternamente. En cierto modo es un reflejo de la grandeza del país del Nilo y el florecimiento que irradió durante milenios a su alrededor. Intenta acceder al punto panorámico que queda a casi 1 km de distancia hacia el suroeste. Apreciarás la mejor perspectiva y hay mucha menos gente.

La cultura egipcia pudo ser predecesora de la astronomía por dos razones. Una de ellas es el gran potencial económico que tuvo, capaz de financiar las artes y la investigación de forma profesional, un logro sin precedentes en aquella época histórica.

La otra, es su ubicación y meteorología. Si Andalucía dispone de 222 dias al año de sol, es muy posible que el valle del Nilo y concretamente la ciudad de Iunu (Heliópolis) donde se centraba el estudio de la bóveda celeste, apenas tenga una veintena de días nublados. A eso hay que sumar la temperatura mínima media anual de esa localidad, que viene a ser de unos 14ºC. Ello hacía posible la observación celeste durante la noche sin soportar inclemencias atmosféricas.

El estudio del cielo y sus posibles conexiones con la Tierra, llevó a la cultura egipcia a un alto grado de desarrollo espiritual. Esta se manifiesta a través de la simbología que se ha considerado sagrada por las distintas culturas. Para algunos autores el origen de la misma está en la India (Guénon, 1995) pero lo cierto es que en Egipto se reproducen de forma muy próxima, cosa que no es de extrañar dada la vía de conexión existente a través del Mar Rojo.

Todas estas construcciones obedecen a creencias religiosas y a ritos mágicos…. La pirámide participa del simbolismo del túmulo con el que se recubrían los cuerpos de los difuntos; es un túmulo de piedra, gigantesco, perfecto, que eleva al máximo las garantías mágicas esperadas de las más humildes ceremonias funerarias” (Chevalier & Gheerbrant, 2007). “Se imagina que servía para evocar la colina que emergió de las aguas primordiales en el nacimiento de la tierra y representó así la existencia” (Posener, 1959).

Esta idea de la colina dadora de vida encuentra su eco en las tumbas del desierto…Con el tiempo, el montículo terminaría transformado en la mastaba,…, que a su vez evolucionaría hasta convertirse en pirámide real” (Tyldesley, 2011).

Esta interpretación, en apariencia simple, tiene un trasfondo mucho más profundo y que parece más en consonancia con el elevado concimiento y el desarrollo espiritual de los antiguos egipcios. “En la terminología alquímica, el-arkan, cuando esta voz se emplea sin precisar más, son los cuatro elementos, es decir, las bases elementales del universo,…, amén de esos cuatro arkan o elementos básicos, hay un quinto rukn, el quinto elemento o quintaesencia, es decir, el éter. Éste no se sitúa en el mismo plano que los otros, pues no es simplemente una base como ellos, sino el principio mismo de este mundo. Está representado, pues, por el quinto ángulo del edificio, que es su cima. A este quinto, que es en realidad el primero, le es propia la designación de ángulo supremo, de ángulo por excelencia o ángulo de los ángulos, rukn el-arkán, porque en él, la multiplicidad de los demás, se reduce a la unidad…. La figura resultante de esos cinco ángulos es la de una pirámide de base cuadrangular: las aristas laterales de la pirámide emanan de su vértice como otros tantos rayos, del mismo modo los cuatro elementos ordinarios que están representados por los extremos inferiores de esas aristas, proceden del quinto y son producidas por él…., la piedra angular de la cumbre se proyecta en cada una de las piedras fundamentales de los cuatro ángulos de la base,…., el pyramidion, la piedra que constituye la cumbre de la pirámide no es en modo alguno una clave de bóveda. No por eso deja de ser el coronamiento,…, culminar gradualmente en la unidad se toma a menudo como el símbolo de una jerarquía,….., El simbolismo solar de esta forma se halla aún más patente en el pyramidion, el punto central o el vértice corresponde al Sol, en relación con los cuatro puntos cardinales, hacia los cuales se orientan respectivamente las cuatro caras.,…El pyramidion es un caso particular de piedra angular y solo la representa en una forma tradicional especial: la de los antiguos egipcios.” (Guénon, 1995).

Esto parece tener sentido en tanto que “las relaciones geométricas de la gran pirámide de Gizeh han abierto la vía a otras interpretaciones, que enlazan con el simbolismo de los alquimistas. Se sabe que el perímetro del cuadrado de base es sensiblemente igual a la longitud de una circunferencia de radio igual a la altura, lo que equivale a decir que la relación de la base cuadrada y del círculo se expresa en la elevación. Nada más simple, a partir de ahí, que imaginar una circunferencia cuyo radio tendría la altura de la pirámide y que pivotaría sobre su vértice, ya verticalmente como una rueda, ya horizontalmente como un disco, ya oblicuamente sobre cualquier otro plano; también se puede perfectamente imaginar una esfera cuyo eje sería el de la pirámide y cuya circunferencia tendría la misma longitud que el perímetro de la pirámide,…, las cuatro caras triangulares unidas por un vértice corresponderían a la síntesis alquímica de los cuatro elementos, cuya ascensión sería una creación del círculo que correspondería al éter, simbólicamente representado por el círculo…, la dialéctica del cuadrado y el círculo simboliza la dialéctica de la tierra y del cielo, de lo material y de lo espiritual” (Virel, 1965). Este simbolismo podría considerarse del predecesor de la boveda cupuliforme asentada sobre un elemento de configuración prismática que milenios más tarde aparece como configuración arquitectónica de lo sagrado.

Otro carácter sorprendente de las grandes pirámides es que sus canales interiores se encuentran con una inclinación determinada que se orienta hacia el polo norte en una de sus caras. Ese punto al no variar de posición durante el tránsito nocturno, se convirtió en referente de inmutabilidad y eternidad. Otros canales, al tiempo que sirven como ventilación para el aire interior se orientan hacia las estrellas del cinturón de Orión o hacia Sirio (Belmonte Avilés, 2012).

También las tres grandes pirámides en el campo de Guizá se alinean de forma paralela al cinturón de Orión, las tres estrellas que dieron lugar al mito de los Reyes Magos. Orión fue identificado en el antiguo Egipto con Osiris, el dios del inframundo y la resurrección, esposo de Isis, que se identificaba con la estrella Sirio (Sopdet), la estrella más brillante del hemisferio norte. El hijo de ambos, Horus, era una deidad solar que en la tierra era encarnada por el faraón (Ver templo de Horus en Idfu).

Al pie de la meseta de Guizá se encuentra la gran esfinge y el templo atribuido a Jefré (Kefrén). Las esfinges son seres mitológicos con cuerpo de leona y cabeza humana “vela siempre sobre estas necrópolis gigantes contemplando el único punto del horizonte por el que sale el sol. Es el guardián de los umbrales prohibidos y de las momias reales; escucha el canto de los planetas; vela al borde de las eternidades, sobre todo lo que fue y sobre todo lo que será; mira cómo se escurren a lo lejos los Nilos celestes y el bogar de las barcas solares” (Chevalier & Gheerbrant, 2007).

La gran esfinge recibió el nombre de Horakhti, el Horus del horizonte, por tener su mirada fijada en el horizonte, por donde el sol sale en los días de equinoccio. Su interpretación parece complicada y aún sigue generando intensos debates científicos. La alineación de las dos grandes pirámides y la esfinge, que deja a sus espaldas, alineado en su centro, al sol en el solsticio de verano, se interpreta ahora como una esmerada planificación planteada durante el reinado de Jufu (Keops) y que al haber quedado incompleta durante su reinado, fue terminada por su hijo (Belmonte Avilés, 2012).

Esto es lo que da para un día de recorrido en el entorno de la orilla oeste del rio Nilo desde ciudad El Cairo. Aunque el horario no tiene mucho desfase respecto al europeo (1 hora), a nivel lumínico no se corresponde. Así que toca madrugar para aprovechar la luz de la mañana, que el ocaso llega pronto. A eso de las cinco de la tarde, la luz solar se ha desvanecido completamente en tiempo próximo al solsticio de invierno.

El Cairo
Actualmente, ciudad El Cairo es un área metropolitana inmensa que reúne a unos 25 millones de personas. Se extiende por el área de las antiguas Menfis, Guizá, Iunu (Heliópolis) y su contorno próximo, habiéndose convertido en la aglomeración urbana más grande de África, de Oriente próximo y del mundo musulmán.

En cierto modo es la continuación de la antigua Menfis, venida a menos tras la creación de Alejandría y su potenciación como puerto en el Mediterráneo durante los períodos griego y romano. En ese sentido es la misma traza de continuidad que mantienen otras ciudades antiguas de gran peso económico y cultural, como es el caso de Corduba en la Península Ibérica.

Fue refundada por la expansión islámica en el 972 con el nombre de al-Qahira, nombre dado al planeta Marte por los árabes y que significa “la fuerte”. El gran desarrollo que tuvo después y su importancia en todos los sentidos no deja de ser consecuencia de su historia anterior.

Su posición en el río Nilo así como su conexión con la India y Oriente Medio a través del Mar Rojo y las rutas de interior, o el África Central, la volvieron a hacer grande a través del manejo de sus recursos naturales y el comercio.

Consecuencia de todo ello es su amplia cohorte monumental.

En conexión con la jornada anterior, la visita en El Cairo suele empezar clásicamente por el Museo Egipcio. Merece la pena hacer el recorrido con algo o alguien que sepa interpretar lo que se ve.

El edificio no podía ser menos que descomunal. Alojar más de cinco mil años de historia es un patrimonio que sólo podrá repetirse en China o en Persia, pero hasta la fecha, en ningún otro lugar del mundo con tanta prolijidad y caudal abrumador.

Las instalaciones de la plaza Tahrir están en fase de traslado a la nueva sede, más cercana a Guizá y de mayor extensión aún. El patrimonio arqueológico exhumado de Egipto no para de crecer a medida que se trabaja en nuevas excavaciones. Una visita adecuada del museo requiere prácticamente un día.

Aunque cueste creerlo, Egipto es el país donde surgió el cristianismo. A Saulo de Tarso, originario de la ribera opuesta en el Mediterráneo, puede atribuírsele la cristología. Pero el Gnosticismo en el que se fundamenta y que se desarrolló sobre todo en Alejandría, no es sino una evolución del culto solar milenario que los egipcios profesaron bajo las distintas deidades principales. Ra, un solo dios verdadero con tres personas (Jefri, Ra, Atum) y Horus, el dios sol, hijo de Osiris, garante de la resurrección y de Isis, la diosa madre, encarnado como hombre en la Tierra, en la persona del monarca (Carcenac Pujol, 2013).

Es por eso que fue un núcleo de condensación y difusión del cristianismo alejado de las persecuciones de la metrópoli romana y cercano a su vez a la Constantinopla que acabó imponiéndolo como culto oficial en el año 325 de nuestra era.

Así no es de extrañar que existan muchos vestigios del culto cristiano al igual que ocurre en la vecina Turquía, si bien aquí se sigue manteniendo como libre en un sector amplio de la población que puede llegar al 15%. Mal que bien, conviven con el resto de mayoría musulmana y mantienen su infraestructura religiosa dispersa por la ciudad, aunque se concentra principalmente en lo que se conoce como barrio copto.

El término copto es una abreviatura del griego “aegyptios” empleado para denominar a los egipcios. En su entorno puedes visitar algunas iglesias muy antiguas, como la de San Sergio, del s. V, algo muy dificil de encontrar en occidente.

La oficialidad islámica dominante desde hace ya más de un milenio ha llevado a la configuración de la ciudad desde este otro punto de vista cultural. Así, los aspectos urbanos y monumentales más significados están relacionados con ella.

El conjunto con aspecto de ciudad medieval es el recinto amurallado de “la ciudadela”, erigida en el siglo XII cuando Saladino fue sultán de Egipto. En su interior se encuentra la mezquita de Mehmet Alí, también conocida como “mezquita de alabastro”. Se trata de una adaptación del patrón de la basílica de Santa Sofía de Constantinopla que los turcos reprodujeron como modelo equivocado de mezquita. Su planta en cruz griega y sus cúpulas semiesféricas junto con sus alminares en aguja, la identifican fácilmente. Su principal singularidad es haberse empleado gran cantidad de alabastro en su construcción como claro signo de ostentación.

Casi a sus pies, se encuentra el dueto formado por la mezquita-madrasa del Sultán Aly y la mezquita ar-Rifai donde se ubican las tumbas de Faruk, último rey de Egipto, y de su amigo M. Reza Pahlevi, último shah de Persia.

En las proximidades se sitúa también la mezquita de Ahmad Ibn Tulun, del siglo IX, la más antigua y grande de la ciudad y entre las mayores del mundo islámico, con sus más de 2 ha de superficie.

A unos 2,5 km al noreste se sitúa el llamado “barrio islámico” compuesto por una densa maraña de callejas entretejidas entre si que recuerdan mucho a las medinas magrebíes, en especial a la de Marrakech.

Sumergirte en esa densidad urbana es bucear en el bullicio y el caudal humano que fluye incesante por aquellas tortuosas acequias que conectan mezquitas y ensanches. La animosidad y colorido de las tiendas, la amabilidad ironizante con la que los comerciantes intentan seducir tu voluntad mercantil y los olores de perfumes, especias, cafeterías y puestos de comida rápida convierten en una divertida aventura el deambular por esa red de callejones. No he podido encontrar el edificio del famoso bazar Jan el Jalili, pero lo que he visto en fotografías me lleva a pensar que queda muy lejos del Gran Bazar de Estambul y sobre todo de los magníficos caravasares de la ruta de la seda. Aunque la fonda (funduq) o alhondiga originaria del siglo XIII aún se mantiene como conjunto monumental accesible y es interesante. Idéntica en su concepto al Corral del Carbón de Granada, se mantiene con su aspecto medieval original fuera de servicio.

En sus inmediaciones, la mezquita de Al Azhar, sede de la Kulliyat (universalidad) más antigua del mundo son dignas de visita. Pese a que la mezquita es de culto cotidiano, tiene establecido un servicio de visita donde un amable guía te conduce de forma gratuita por las instalaciones más relevantes de la misma.

Los minaretes de El Cairo me parecen de los más bellos que he visto hasta ahora. Una cierta simbiosis entre la planta poligonal andalusí yo la cuadrangular magrebí, con secciones mucho más delgadas y proporciones más esbeltas, de alturas variables. Pero su ornamento y terrazas intermedias los hacen muy bonitos.

El Cairo bien merece una semana para conocer los tesoros de la ciudad y su entorno. El Nilo, que es río sagrado seguro te cuenta una historia milenaria de hombres y roca, de afanes y esperanzas, del crecer la hierba y cosechar el grano. Aún pueden verse muchas escenas rurales que te transportarán a tiempos de blanco y negro. Sólo tienes que adentrarte en ellas y apreciar sistemas antiguos de regadío, de cultivo del campo, de manejo del ganado.

La antigua Iunu, más conocida como Heliópolis fue un centro de estudio astronómico. Sus ruinas se encuentran en el ámbito periférico de la ciudad y parece ser que aún tiene cosas que mostrar a quién se acerca hasta allí. El Nilo y las estrellas fueron los inspiradores del calendario anual egipcio, que, con pocas modificaciones, ha llegado hasta nuestros días.

El Cairo, Menfis y Heliópolis tienen en común su situación, porque se encuentran en la cabecera misma del gran Delta del Nilo. Allí estaban a salvo de las grandes avenidas, mucho más dificiles de controlar en aquella llanura de inundación.

Como ya contaremos en otro capítulo, el Nilo es también el inspirador del mito de la inundación y la aparición de la vida tras la retirada de las aguas. Es igualmente el vergel por excelencia del Mundo Antiguo y modelo de paraíso terrenal.

En su fachada frontal queda Alejandría, la heredera mediterránea del milenario saber egipcio. Pero al parecer no mantiene apenas vestigios de su pasado esplendoroso. Pese a ello, si puedes, visita el Delta. No hay muchos iguales a es en todo el mundo.

También está la opción de visitar el desierto y sus oasis, como el de Bahariya, al suroeste o el de Siwa, al noroeste. Eso te supondrá emplear un par de días. Queda lejos y el viaje por tierra a veces se hace largo.

          ¡¡¡VIAJA, OBSERVA Y RAZONA POR TI MISMO!!!!

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

Referencias:
Belmonte Avilés, J. A. (2012).- Pirámides, Templos y Estrellas, Astronomía, y Arqueología en el Antiguo Egipto. Editorial Crítica. Serie Mayor. Barcelona
Carcenac Pujol, C-B. (2013).- Jesús, 3000 años antes de Cristo -un faraón llamado Jesús-. Ediciones la Tempestad. Barcelona
Chevalier, J.; Gheerbrant, A. (2007). Diccionario de los símbolos. Editorial Herder. Barcelona
Guénon, R. (1995).- Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada. Editorial Paidós Orientalia. Barcelona.
Parra, J.M. (2011).- La Historia empieza en Egipto. Eso ya existía en tiempo de los faraones. Editorial Crítica, Colección Tiempo de Historia. Barcelona
Posener, G.; Saumeron, S.; Yoyotte Y.; (1959).- Dictionaire de la civilisation égyptienne. F. Hazan. Paris
Tyldesley, J. (2011).- Mitos y Leyendas del Antiguo Egipto. Editorial Crítica. Colección Tiempo de Historia. Barcelona
Virel, A. (1965).- Historie de notre image. Mont-Blanc Editeur. Ginebra

Recomendaciones de viaje:
Aunque no lo escriba nadie, hay mucho mosquito en el entorno del Nilo. Pueden dar problemas de malaria. De hecho, el mosquito tigre (Aedes aegyptiacus) es de allí. Además de la malaria, puede transmitir el zika
El clima de Egipto es seco y caluroso…muy caluroso. Planifica tu viaje, si puedes, para meses posteriores a Octubre y anteriores a Abril. Ya no hay crecidas del Nilo, así que te da igual ir en una estación u otra.
La gente es muy amable en Egipto. Hay zonas de mucha pobreza en El Cairo y en las zonas rurales. Pero son seguras, aunque ya conoces la sabiduría de los proverbios: Confía en Allah, pero ata bien tu camello.
Egipto tiene mucho que ver. Dos semanas serán poco tiempo si quieres conocer el desierto y el Delta.
Los viajes en tren son obligatorios en vagón litera para los extranjeros. El precio unitario de El Cairo a Luxor es de 70 euros. El avión es más caro aún. Si viajas en coche, puedes parar en Abidos y en Tell el Amarna, antigua Ajetatón, la ciudad que Ajenatón creó en honor al monoteísmo del dios Atum, el disco solar de la tarde. Ambas son yacimientos arqueológicos de importancia.
El turismo en Egipto es una máquina de producir dinero. El precio de entrada a los principales monumentos ronda las 200 libras egipcias (unos 12 euros). A veces eso solo da derecho a un acceso general siendo necesario pagar una entrada especial a distintos puntos. Ocurre en el Valle de los Reyes (pirámide de Tut Anj Amón: 300 libras, Pirámide de Seti: 1000 libras) o el plus para cámara fotográfica: 300 libras.
Puedes ahorrarte este plus fotográfico si accedes con la cámara guardada en tu bolsa. Normalmente el asunto se resuelve, una vez en el interior, con una propina al vigilante.
En El Cairo, te recomiendo el Hotel Osiris (localizador @osirishotel en Telegram). En Luxor, Pyramids Luxor hotel (localizador @pyramidshotel en Telegram). Carlos en el primero (habla español) y Mohammed en el segundo son sus respectivos gerentes.
Asuán y su entorno tienen cosillas que ver. Tómatelo con calma. El obelisco inacabado, el museo Nubio, el mausoleo de Agha Jan (Agha Khan escrito en francés), la isla de Filai y el desierto son temas interesantes. También el zoco de Asuán. La isla de Elefantina es muy importante en la historia del Nilo y su conocimiento hidrológico. De eso trataré en un capítulo sobre el río.
Prueba la comida en la calle. La carne, el falafel, el pan, el Koshe, la pasta y los puestos callejeros, son un mundo de olores y sabores.
El tráfico en el Cairo es proverbialmente caótico. Los semáforos son muy escasos, pero es casi seguro que no te van a atropellar. No obstante, vuelve a leer lo de la sabiduría proverbial, jajajajaja.
El Cairo tiene mucha polución por los vehículos. Su efecto se nota sobre todo por la mañana, al tener altos índices de humedad. Usa mascarilla si quieres en esas horas.
Disfruta del Nilo y de todo tu viaje. Miles de años de historia reposan en esa tierra y velan sobre el viajero. La cultura mediterránea surgió allí y ese encanto llenará la atmósfera de tu viaje.