«No desprecies a la culebra por no tener cuernos, cualquier día, puede convertirse en dragón»
(Proverbio chino).

Las rutinas matan nuestros sentidos. La saturación sensitiva a través de las percepciones hacen que no prestemos importancia a cuestiones que son constantes en nuestro entorno. Ya sean paisajes, melodías, hechos, cosas o personajes. Pese a que nuestro cerebro busca la asiduidad como garantía de supervivencia, es fácil percatarse de que las cuestiones que se presentan a nuestro alrededor de manera cotidiana, suelen ser generadoras de poca o ninguna emoción o atención especial. Más bien incluso, somos dados a su rechazo en pro de alguna otra que aparece como novedad. Esto es algo que, en cuestiones de Naturaleza, nos pasa con los paisajes que visitamos frecuentemente y con los valores de la biodiversidad asociados a ellos. De entre ellos, todo aquello que no aprovechamos de forma directa y se transforma fácilmente en dinero contante y sonante, tiende a ser incluido en el cajón de bichos (antes alimañas) y malas yerbas.

EL DRAGON DE LA ALTABACA
(Eupelmus urozonus Dalman, 1820)

Este artículo está dedicado a uno de esos matojos poco significativos aunque abundantes, que inunda las cunetas de los caminos y muchos de los huecos que quedan sin cultivar o abiertos en los campos agrícolas o montes naturales. Es LA ALTABACA.

Conocida también vulgarmente como Olivarda, su nombre científico es Dittrichia viscosa (L. 1753) Greuter 1973, que también puede encontrarse con la sinonimia de género Inula (L.) Aiton o Jacobea (L.) Merino, entre las más usuales en la bibliografía más cercana. El nombre genérico Dittrichia es un homenaje al botánico alemán Manfred Dittrich (1934), director del herbarium en el Botanical Garden de Berlín. El específico viscosa, viscosum, se suele aplicar a especies glandulíferas que producen aceites o gomas pegajosas. Es por eso, que sus hojas suelen brillar con la luz del sol y aparecen con restos de polvo, briznas de hierba o pequeños insectos pegados a ella.

La olivarda se ha empleado, según Font Quer como planta vulneraria (cicatrizante) sirviendo también su cocción y emplasto como antiinflamatoria aplicándose en las heridas y traumatismos. Cuenta también que en Argelia, según refiere el autor Fournier se usa contra el paludismo y las enfermedades de las vías urinarias. También se usaba en el tratamiento de las quemaduras. Cuentan de su posible efecto pernicioso contra las cabras y los asnos, lo que tal vez sea indicio de su proliferación en márgenes y cunetas sin ser afectada por el ganado. Aunque posiblemente el carácter viscoso de las hojas tenga algo que ver. También se la tiene como planta aromática siendo destilada por el alto contenido en cineol de su aceite esencial, aunque las grandes cantidades de planta que se encuentran en muchas zonas, manifiestan su actual desuso.

Cuentan que la planta sirve para repeler insectos por el olor que desprende. Por su viscosidad, se usaba para para atrapar moscas, mosquitos y otros insectos (otro nombre común es mosquera) como pulgas en los gallineros de antaño. Pero parece ser que el nombre común de Olivarda proviene de su efecto beneficioso, conocido ya por los griegos y romanos, sobre los olivos. Sin embargo, la responsabilidad de esta acción guardiana o de planta útil o auxiliar no deriva de ella en si sino de la acción de insectos asociados a ella. En concreto un huésped que forma agallas sobre la altabaca en el verano. Es un díptero de la familia Tephritidae (Orden de las moscas) conocido técnicamente como Myopites stylata Fab. 1794.

Esta pequeña mosquita de color amarillento pica sobre las plantas de altabaca a finales de verano, provocándoles la formación de una agalla (una especie de callo de tejido vegetal) que utiliza para poner un huevo y donde la larva que se desarrolle vivirá refugiada y crecerá a expensas de sus reservas y de los jugos de la planta. ¿Y qué importancia tiene todo esto? Se trata de un vector intermedio que ayudará a la invernada del que hemos dado en llamar El Dragón de la altabaca y que no es ni más ni menos que otro pequeño insecto, una avispilla de la Familia Chalcididae, perteneciente al Orden Hymenoptera (alas membranosas). Su nombre científico es Eupelmus urozonus Dalman, 1820.

Esta fierecilla voladora tiene un enorme protagonismo en la lucha biológica de los campos y montes de Andalucía por tratarse de un parasitoide e hiperparasitoide que actúa sobre varias especies que perjudican a los cultivos y especies forestales del ámbito mediterráneo más característico. Olivares en el caso agrícola y formaciones de Fagáceas en el ámbito forestal son el teatro de operaciones donde esta especie despliega sus efectivos para combatir a otras que perjudican la producción de los árboles. En realidad, se trata de un himenóptero con acción de amplio rango que ataca a muchas especies, algunas de ellas, también beneficiosas como él, por eso el calificativo de hiperparasitoide. La efectividad y alcance de su acción dependerá por tanto de un factor probabilístico. A mayor abundancia de especies diana, mayor promedio de incidencia sobre ellas. Y esto, por una cuestión de principios de la Física y su proyección en Ecología, siempre es mayor en las especies que se encuentran más abajo a nivel trófico.

Entre sus utilidades se encuentran el ser un denodado enemigo de la mosca del olivo (Bactrocera oleae), otro díptero de la familia Tephritidae al igual que su pariente de la altabaca Myopites stylata. En estudios relativos a esta cuestión, se ha llegado a contabilizar hasta un 65% de parasitismo del dragón de la altabaca sobre mosca del olivo, cifra más que significativa que ha llevado a activar el interés por el fomento de esta especie y de los altabacares en el ámbito de los olivares en producción ecológica. Dada la importancia del olivo (Olea europaea L.) en la economía del Mediterráneo (unos 2,5 millones de hectáreas en España), es fácil entender la notoriedad y el interés por esta especie de bichito. Y de ahí, de forma indirecta, de la olivarda o altabaca, dado que es el seguro de vida para estos pequeños dragones durante el período invernal proporcionándoles el pasillo hasta la primavera, donde una vez emergidos inciden con sus puestas sobre numerosas especies, entre ellas y de forma destacada, la mosca del olivo cuando se encuentra en su entorno más próximo.
Conocí a esta especie en el transcurso de investigaciones sobre la avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphillus Yasumatsu, 1951) en el seno del IFAPA de Churriana (Málaga). Había aparecido como especie emergente de las agallas que el castaño produce como reacción a la picadura de la avispilla que, procedente de China se ha convertido rápidamente en una severa plaga en los castañares ibéricos. Y se criaba en aquellas dependencias usando para ello gorgojos de las alubias (Callosobruchus maculatus Fabr., 1775).

Esa facilidad para la promoción de su cría es lo que me resultó fascinadora a la vez que intrigante, por su posibilidad para el uso en lucha biológica como sustituto del carísimo Torymus de China (Torymus sinensis Kamijo, 1982), cuyo precio oscila en torno a 1 €/ud.
Aunque la acción de nuestro dragón autóctono no es tan específica, su acción depende en gran medida del espectro de especies diana, objetivo o presa que tenga a su alcance. El escaso índice de acción, situado en torno a un 2% que revelaron los primeros estudios pudiera no resultar significativo por varias razones:

  1. Actúa sobre una especie exótica que resulta nueva dentro de su espectro de acción.
  2. Los castañares son masas extensas, densas y homogéneas donde apenas hay vegetación accesoria. La olivarda queda relegada a bordes de caminos, taludes y baldíos soleados, quedando así alejado su radio de acción sobre los castañares.
  3. Las altabacas son denostadas como vegetación ruderal insignificante y se eliminan fácilmente mediante quema o desbroce en época de invierno junto a la hoja del castaño.

El ciclo de la avispilla del castaño es se alarga durante todo un año, con emergencia en primavera de los imagos voladores, con lo que se aproxima al de la mosca del olivo. Las larvas pasan el invierno alojadas en las yemas de los castaños, en primavera, con el crecimiento del brote inducen la formación de agallas, donde completan su desarrollo. Es ahí donde los parasitoides como Torymus sinensis, Torymus notatus o Eupelmus urozonus, pueden incidir con su estilete ovipositor y dejar un huevo al lado de aquella, lo que lleva a la muerte de la parasitada y el desarrollo del depredador. Cuando esta última se desarrolla y aparece el adulto (imago) volador, en el caso de Eupelmus urozonus, la altabaca funciona como vehículo de verano para su tránsito hasta el año siguiente donde podrá actuar sobre mosca del olivo si el entorno es cultivado o sobre avispilla del castaño y su enemigo natural, el Torymus de China si el entorno es forestal.

La facilidad de su cría en cautividad, así como la abundancia de la altabaca en los baldíos y márgenes de caminos es lo que hace a este pequeño dragón tan interesante. Ya hay en marcha muchas iniciativas en Europa, sobre todo dentro de los países del ámbito Mediterráneo enfocados a promocionar la conservación de la altabaca y su uso en lucha biológica.

Agalla sobre la inflorescencia

El espectro conocido de especies sobre las que incide es:
Apion corchori Marshall, 1913. Picudo del tallo del yute
Bactrocera oleae Rossi, 1790. Mosca del olivo
Cameraria ohridella Deschka & Dimic, 1986. Minador de la hoja del castaño de indias
Ceratitis capitata Wiedeman, 1824. Mosca mediterránea de la fruta
Dasineura gleditchiae Osten Sacken, 1866. Mosquita agallífera de la falsa acacia
Dendrolimus pini L., 1758. Bombyx del pino albar
Lasioptera rubi Schrank, 1803. Mosquita agallífera de las zarzas (Rubus)
Megastigmus pictus Förster, 1841. Avispilla de las semillas del alerce
Melanagromyza obtusa Malloch, 1914. Mosca de la vaina del guandú o quinchoncho (Africa, India)
Mikiola fagi Hartig, 1839. Cecidómido del haya
Torymus sinensis Kamijo, 1982. Torímido parásito de la avispilla del castaño
Prays oleae Bernard, 1788. Palomilla del olivo y del jazmín, Prays.
Bruchus sp; Acanthoscelides sp. Gorgojos de las legumbres
Phloeotribus scarabeoides Bern, 1788. Barrenillo del olivo
Ruguloscolytus amgydali De Geer, . Barrenillo de los frutales
Dryomia lichtensteini F. Löw, 1788. Cedidómido de la encina
Neodiprion sertifer Geoffroy 1785, Mosca de sierra de los pinos
Aporia crataegi L., 1758. Mariposa del espino albar
Etiella zinckenella Treitschke, 1832. Pirálido de las legumbres (soja y guisante)
Cydia pomonella L., 1758. Carpocapsa del manzano y el peral
Grapholita funebrana Treitschke, 1835. Tortrix del ciruelo
Eupoecilia ambiguella Hübner, 1796 Polilla de la vid
Lobesia botrana Dennis & Schiffermüller, 1775.. Tortrix de la uva
Sparganothis pilleriana Dennis & Schiffermüller, 1775. Tortrix de la vid, de la fresa y del sauce

Con ese curriculum merece prestar atención a este bichín y su refugio de verano, la altabaca. La facilidad de su cría en cautividad, así como la abundancia de la planta en los baldíos y márgenes de caminos es lo que hace a este pequeño dragón tan interesante. Ya hay en marcha muchas iniciativas en Europa, sobre todo dentro de los países del ámbito Mediterráneo enfocados a promocionar la conservación de la altabaca y su uso en lucha biológica como alternativa a los usos químicos y agresivos contra la ecología natural.

La altabaca u olivarda encierra una muestra de humildad y generosidad que hasta ahora no hemos sido capaces de valorar adecuadamente. Orientar nuestros intereses en el sentido de la lógica natural que rige los ecosistemas es transgredir los principios básicos de la Física que mueve los procesos espontáneos y ello requiere de una constante inversión en energía que a la larga nunca consigue una estabilidad persistente.

LOS ÁRBOLES GUARDAN EN SU HABER UNA SECULAR HISTORIA DE NUESTRO ENTORNO, APRENDAMOS A COMUNICARNOS CON ELLOS!!!

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip