Destino: East Side Gallery

Era el segundo día en la capital de Alemania. La jornada anterior habíamos visitado el corazón de la ciudad. Disfrutamos de la grandeza que supone ver el parlamento alemán, el Reichstagy de tomarnos una pura cerveza alemana en la mismísima puerta de Brandenburgo. Una vez amoldados a Berlín, decidimos realizar una ruta bastante larga, en la que cruzaríamos prácticamente la ciudad entera y finalizaríamos en el East Side Gallery, un museo al aire libre ubicado sobre unos 1.316 metros de la cara este del famoso muro de Berlín.

Siguiendo la senda del Río Spree

La ruta que marcamos era sencilla, repetir el camino que habíamos realizado el día anterior, que consistía en seguir el cauce del Río Spree. Aunque esta vez la parada final no era la puerta de Brandenburgo, sino el East Side Gallery, que se encuentra en la otra punta de la ciudad. Partimos desde nuestro hostal en Moabit, un barrio multicultural situado entre Mitte y Charlottenburg.

El camino que el día anterior habíamos realizado en unas horas, ese día lo hicimos en la mitad de tiempo. Quizás porque nos paramos menos y sabíamos el camino, pero sin darnos cuenta ya estábamos en el Reichstag (en alemán se le conoce como Reichstagsgebäude). Esta vez nos paramos solo unos minutos a contemplarlo desde la distancia, desde donde se apreciaba aún más su grandiosidad y transmitía mucho más esa sensación de que era una construcción con mucha historia detrás.

La Isla de los Museos

A medio día ya habíamos cruzado media ciudad, comimos en las inmediaciones de la Puerta de Brandenburgo y continuábamos con la ruta sin apenas pararnos hasta que nos topamos con la famosa Isla de los Museos de Berlín. Uno de los museísticos más relevantes e importantes del panorama cultural mundial y que a nivel arquitectónico es una maravilla. La Isla del Spree (realmente llamado en alemán Spreeinsel) es un islote ubicado en el río Spree, cuna de la ciudad. Y entre los famosos museos de la isla destacan el Museo Antiguo, el Museo Nuevo, Antigua Galería Nacional y el Museo de Pérgamo, todos ellos unidos por unos puentes espectaculares.

Paseando por esa asombrosa isla nos topamos con la magestuosa fachada de la Antigua Galería Nacional (o conocida realmente como Alte Nationalgalerie), una obra neoclásica en la que se ubica en su centro una escultura ecuestre de Federico Guillermo IV, rey de Prusia. Aunque no teníamos tiempo de poder entrar en los museos, ya que queríamos llegar al East Side Gallery antes del atardecer, pudimos disfrutar del arte que se respira allí, paseando entre esculturas ubicadas en los alrededores o cruzando el mágico pasillo conformado por columnas con capiteles dóricos que hay justo a la salida del Museo de Pérgamo (o también conocido como Pergamonmuseum).

Catedral de Berlín

Tras ese descanso por los alrededores de la Isla de los Museos continuamos la marcha, pero no pudimos avanzar mucho más cuando nos topamos con otra bonita sorpresa, la Catedral de Berlín (en alemán Berliner Dom). El edificio erigido a finales del siglo XVIII y principios del XIX, sobre donde se encontraba una pequeña catedral barroca y justo enfrente del Palacio Imperial. Durante la batalla de Berlín, a finales de la Segunda Guerra Mundial, una bomba calló sobre la cúpula y el edificio quedó bastante dañado.

Aunque aquel junio para nuestra desgracia se encontraba en obras, no nos impidió andar por sus alrededores y disfrutar el ambiente que allí se respiraba, ya que hacía un tiempo muy bueno. Locales y turistas disfrutaban del Sol y había muchos jóvenes tocando canciones, sino fuera por el calor nos hubiéramos quedado un poco más. Pero debíamos continuar.

Llegando a nuestro destino: East Side Gallery

Después de nuestra parada obligada en la catedral reanudamos la marcha siguiendo el río. Nuevamente y por el calor que estábamos sufriendo (que a veces me hacía dudar de si estaba en Berlín o en el sur de España) volvimos a parar para tomarnos un refresco, porque nos iba a dar algo después de andar durante horas. Esta vez paramos en una especie de parque que se situaba a uno de los lados colindantes del río y que estaba decorado como si de una playa se tratara. Contaba con arena de playa, tumbonas, sombrillas y los kioskos que había allí situado estaban decorados al puro estilo playa de Los Ángeles o de Miami.

Tras perdernos un poco justo cuando parecía que estábamos llegando, finalmente dimos con la famosa galería, ubicada en el tramo más extenso que se conserva del Muro de Berlín. El East Side Gallery es enorme, tienes la sensación que no termina. La acera que le acompaña es muy estrecha en comparación con la gran longitud del muro y suele caminar bastante gente por ella, aún así tuve la sensación de que no había tantas personas como pensaba.

Entre las obras más conocidas la más famosa sin duda es Bruderkuss o Fraternal Kiss en inglés (en español se titularía “Beso entre hermanos“), aunque su verdadero nombre es Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben (“Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal“). En la obra se aprecia el beso entre Leonid Brézhnev y Erich Honecker que se tomó durante la celebración del 30 aniversario de la República Democrática Alemana en 1979. Fue realizada por Dmitri Vrubel en 1990 y restaurada en 2005, después de años sufriendo pintadas.

Y la verdad es que siendo sincero, impone mucho esta obra. A su alrededor hay bastante gente, más que en otras obras, se nota que es la obra más famosa de la galería y por la que mucha gente viene. Como dato curioso hay que destacar que muchas parejas posan delante del mural dándose un beso. Aunque durante el día suele aglutinarse gente para hacerse una foto, durante la noche no hay ni un alma no solo en esta obra, sino en ninguna otra del East Side Gallery, puedo dar fe de ello por una anécdota que vivimos la última noche que estuvimos en Berlín y que contaré en la siguiente entrada.

Aunque no tenía mucha constancia de otras obras pintadas en este famoso trozo del muro, fue una grata sorpresa descubrir obras que nada más verlas te enamoran. De entre esos 1.316 metros que hay en la cara este del muro con unas 102 obras, es difícil elegir alguna en especial. Pero sin duda, la que me conquistó fue Es geschah im November o más bien conocida por su nombre en inglés It Happened in November (en español se titula “Lo que ocurrió en Noviembre). Es un mural pintado en 1990 por el artista alemán de origen iraní Kani Alavi, en ella se aprecia una multitud de rostros cruzando el muro. Según el artista representa las sensaciones que él mismo tuvo el día que cayó el muro, en la que innumerables personas lo cruzaron desde el Berlín Oriental hacia el Occidental, transmitiendo un conjunto de sensaciones que se podían apreciar en sus rostros: alegría, confusión, temor, libertad, etc. A mi personalmente me transmitió esa sensación de sentir que detrás de ese simple bloque de hormigón se encontraba la historia de muchísimas personas que tuvieron que vivir los horrores y errores de un tiempo desgraciadamente muy convulso.

Pero no fueron las únicas obras que me llamaron la atención. El mural titulado en alemán Der MauerspringerThe Wall Jumper en inglés, también te hipnotizaba. Pintado en 1989 y restaurado en 2009 por Gabriel Heimler. Se aprecia como un alemán del Berlín Occidental salta al otro lado de la ciudad en mensaje de libertad. Por otra parte, en la obra titulada Detour to the Japanese Sector del artista Thomas Klingenstein, evoca a la incapacidad de los habitantes de la antigua Alemania Oriental de poder viajar a Japón ya que esta pertenecía en la Guerra Fría al bloque occidental. Personalmente me llegó al ver esa metáfora de ver un muro dentro de otro muro y esas victimas colaterales en los conflictos geopolíticos.

Y podría seguir hablando de cada una de las obras que vi y todos esos sentimientos que me fueron transmitiendo pero no acabaría nunca. Aún así destaco un mural más, titulado Doin it cool for the East Side de Jim Avignon. Lo señalo no porque fuera el que más me llegó, sino porque tiene una estética y una amalgama de colores que me fascinó.

De esa forma, con el Sol poniéndose en ese museo para el recuerdo que es el East Side Gallery, nos volvimos a nuestro hostal en Moabit, pero esta vez lo hicimos en metro ya que nos podía el cansancio de todo un día cruzándonos la ciudad. Pero nuestro viaje no había hecho más que comenzar, ya que al día siguiente teníamos previsto la visita al histórico Estadio Olímpico de Berlín.