Kulsi yeggan, ‘ela taban’emmet d waman” Todo duerme, excepto el rencor y el agua.
Proverbio Kabyl

Encaramada sobre riscos de vertiginosa caída, la primera impresión que recibe un visitante a esta antigua ciudad es sobrecogedor. El promontorio rocoso encajado entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar resulta espectacular, alimentando la imaginación con cientos de episodios de asaltos y defensa medieval.

No es de extrañar que frente a procesos de crecimiento poblacional se optara por la ingeniosa solución de colgar sus casas en los flancos rocosos de sus acantilados. Renunciar a vistas tan imponentes resulta imposible para cualquiera.

La entalladura por la que el río Júcar rinde honores a esta Cuenca es una profunda garganta transitable, antesala premonitoria de lo que espera aguas arriba al adentrarse en la provincia,

EL BOSQUE INTERMINABLE

El río Júcar es mucho más que una arteria que recorre la provincia de Cuenca, es el cordón umbilical que une esas tierras con la matriz uterina que conforma la Serranía. Tan es así, que hubiera recibido otro nombre si la ciudad de Sucro no hubiese sido anterior a la de Qunka ni de tanta relevancia en la historia antigua peninsular. Aquí parece rendir pleitesía a la ciudad que le sirve de puerta y que marca la transición entre la montaña y el llano, habiéndose hecho dueña y señora de la mayor parte de aquellos roquedos y anfractuosidades. La impresionante garganta de recortados perfiles verticales es la vía de entrada a uno de los territorios montañosos más importantes de la Península, el Sistema Ibérico.

La relevancia de esta gran cadena montañosa se debe a varias razones. Además de su enorme extensión (unos 50.000 km²) se aleja de la horizontalidad con la que la mayoría de las grandes montañas hispanas franquean la Península. De este modo se convierte en un espacio con transversalidad latitudinal, lo que junto a la variación altitudinal que lleva implícita le convierte tal vez en el corredor ecológico y reserva de biodiversidad más importante de nuestro ámbito geográfico. Su eje sirve de pasillo conector entre la costa levantina y la Cordillera Cantábrica. Pone así en contacto territorios tan dispares como la seca y cálida costa mediterránea oriental con el húmedo y frío norte Atlántico. Este hecho, hace a estas montañas muy valiosas frente a un escenario de cambio climático como el que se nos presenta actualmente.

A todo ello hay que sumar además el notorio contraste litológico que caracteriza los sectores situados al este y oeste del río Jalón. El primero compuesto por rocas en su mayoría carbonatadas (calizas, margas) y el segundo por rocas silíceas (granito, cuarcitas, gneis). Tanta diversidad, da para mucho, pero tienen un nexo común, es el territorio arbolado de carácter forestal más extenso de todo el sur de Europa.

De este bosque, Cuenca y Albarracín son los referentes en su vertiente oriental. Uno y otro dan nombre a las partes de la Serranía de las que son cabecera e incluso propietarias, Serranía de Cuenca, Sierra de Albarracín, Montes Universales.La ciudad de Cuenca es la puerta desde el sur. A su través se llega a Villalba de la Sierra y empieza el remonte llegando a Uña, localidad famosa por albergar la “ciudad encantada”, una singularidad geomorfológica derivada de la acción erosiva sobre la roca caliza. La disposición horizontal o de poca inclinación (buzamiento) en los estratos rocosos es fácilmente visible en todo el recorrido. Quienes conocen esta particular disposición saben de la notoriedad a que pueden llegar los resultados de la erosión de tales bloques rocosos (Torcal de Antequera). Todo el recorrido hasta aquí tiene un paisaje espectacular.

Los lugareños llaman Muelas a la topografía de cumbres aplanadas que se forma con esa disposición tabular de la roca. La separación entre unas y otras conforma barrancos encajados de paredes verticales por los que recorren los ríos en espectaculares hoces o gargantas. Sin duda la más sobresaliente de todas es la del Júcar que tiene un estremecedor mirador en el “Ventano del diablo”.

También los rincones, del que es famoso el Rincón de Uña, por el que discurren aguas cristalinas que alimentan una piscifactoría y se remansan en embalse formando una laguna para derivarlas hacia un salto de producción hidroeléctrica. Mirando estas mesas calcáreas y escuchando el sonido del viento en la copa de los árboles, se vienen a la memoria imágenes de los famosos capítulos que sobre la Naturaleza ibérica versara “El Hombre y la Tierra”. La eterna voz del maestro Félix parece describir estas amarillentas choperas, hablando de los córvidos o la cohorte de especies que las pueblan.Llegamos aquí en tiempo en que maese Otoño despliega su arte y su paleta de acuarela empieza a policromar el paisaje alterando la más monótona gama verdosa que impone el verano en estos bosques dominados por las perennifolias. Quejigos, arces, serbales, olmos, chopos, majuelos, sauces, tilos y otras, se entremeten entre la trama siempreverde de encinas, pinos, tejos y sabinas conformando la urdimbre con la que se teje el tapiz vegetal que cubre este paisaje. La sucesión de especies que se va presentando a medida que aumenta la altitud en una montaña se llama cliserie. Las cliseries también son latitudinales, sobre todo constituidas por formaciones o tipos de vegetación.

Pero en una montaña son más fáciles de advertir y más rápido de encontrar, con lo que su función didáctica es mucho más apreciable. Así, a medida que aumentamos en altitud vamos pasando desde los pinares de pino piñonero (Pinus pinea L.) o pino carrasco (Pinus halepensis Miller) que se encuentran en la llanura manchega a los de pino rodeno (Pinus pinaster Aiton), pino salgareño (Pinus nigra Arnold) y pino albar (Pinus sylvestris L.). Esto se debe a la especialización o distintos requerimientos de cada especie en relación con lo que se llama “pisos bioclimáticos”, cada uno de los niveles de energía que se establecen en base a la temperatura que se registra con la altitud. También ocurre igual con las frondosas y las encinas (Quercus ilex L.) y los quejigos (Quercus faginea Lam.) se suceden en altitud.

Otras especies aparecen como acompañantes y no generan formaciones destacadas, es el caso de arces, serbales y tejos. Las sabinas son un caso particular que atienden más a condiciones de suelo que de clima, aunque también hay diferentes especies características de un mayor o menor grado de termicidad. Es el caso de la sabina mora (Juniperus phoenicea L.) o de la sabina albar (Juniperus thurifera L.).Con esta rítmica sucesión vegetal y los perfiles crestas y paredones rocosos continúa la ascensión de la montaña por carretera. Al llegar a Tragacete encontramos el río Júcar reducida a su mínima expresión. En su municipio se encuentran las fuentes de sus primeras aguas e indagando atraviesa uno preciosos parajes hasta llegar a encontrarla. El Estrecho de San Blas es uno de esos crestones en extraplomo causantes de fascinación y que encauza las aguas del Júcar conduciéndonos hasta su nacimiento en el Estrecho del Infierno.

Es esta una de las grandes vegas que iremos encontrando en el entorno y que son las que han ido determinando la ubicación de los principales núcleos habitados en la Serranía. En estas fechas, imponentes saucedas y alineaciones de álamos y chopos le proporcionan unas preciosas alineaciones de dinámica aúrea y verdosa. He descubierto aquí al álamo temblón (Populus tremula L.) con la rojiza tonalidad que adquiere cuando las noches dominan las horas del día.Poco más allá, conectada por una densa retícula de caminos forestales, se encuentra Vega del Codorno, el pueblo beneficiario en primera instancia de las aguas del río Cuervo pese a que su nacimiento no está en su municipio, a escasos dos kilómetros, sino de Cuenca, que dista casi noventa de allí.

El del Cuervo es un manadero bastante singular, claro ejemplo de dinámica kárstica con una surgencia donde la deposición de toba calcárea o travertino genera esculturales formas de piedra, musgo y juegos de agua. La toba calcárea es arte abstracto de la naturaleza, pero aquí se concreta como tubos de un órgano barroco y sus miles de gotas son notas musicales que componen otras tantas sinfonías de salpicaduras, murmullos, cascadas y reflejos en complicidad con las luces vespertinas o la quietud nocturna de la luna llena. Vega del Codorno es un entorno verdaderamente rural. La disposición urbanizada aparece en modo diseminado al estilo de las parroquias del norte, en Galicia o Asturias. Esto le da cierta singularidad en el entorno y garantiza un remanso de sosiego. A nivel visual, permite también la integración paisajistica, pese a los intentos de algunos dirigentes por conseguir lo contrario a base de edificaciones desproporcionadas en arquitectura y uso para este entorno tan privilegiado. Las huertas se intercalan entre los edificios y los grandes árboles como fresnos, chopos y nogales aparecen enhiestos rompiendo la horizontalidad de la tierra cultivable. A su vez, proporcionan una dinámica cromática a lo largo del año muy variable y notoria.

El paredón rocoso que flanquea y resguarda este singular llano se suma al conjunto de crestones y acantilados que se viene mencionando a lo largo del texto. La gran cueva que horada una de ellas, sin embargo, se aleja mucho de las proporciones que aparecen en otras parecidas. En ella se instala un belén viviente durante la época navideña. Un motivo más para visitar este lugar. Como punto de referencia y nodo central se encuentra muy bien situada. Es un enclave estratégico para alojamiento en el ámbito del nacimiento de tres ríos famosos como son el Cuervo, el Júcar y el Tajo. Todas quedan unidas por un proyecto turístico llamado “Senda de los nacimientos”.Las montañas son una trampa para el agua. Sorprende que en un emplazamiento continental de la mitad oriental de la Península, alejado de los frentes Atlánticos el cúmulo de precipitación anual sea muy cercano a los 1000 mm. Las vertientes montañosas obligan al aire a subir en altitud enfriando el vapor de agua que contiene hasta el punto de saturación (efecto Foëhn).

La fina trama vegetal, compuesta sobre todo por la red de acículas de estos altos pinares constituye una densa malla que captura la humedad y la fija en estas laderas. El agua que no duerme, en su descenso gravitatorio cincela la roca o la disuelve atravesándola y apareciendo en miles de surgencias. No lejos de allí, también alumbran sus aguas el río Cabriel, afluente del Júcar, el Escavas, Guadiela, tributarios del Tajo,  el Jiloca, que vierte sobre el Ebro, y el Guadalaviar, que aguas más abajo se llamará Turia y riega las tierras de Valencia.Llegados a esta zona alta, los pinares se despliegan por todas partes con la asombrosa exhuberancia que les ha dado fama secular. No en vano gran parte de la madera naval del país salió de estos montes durante la época de esplendor marítimo del Siglo de Oro. La zona tiene renombre por producir la madera de mejor calidad en todo el territorio español. Además, sus montes organizados para la explotación del recurso han proporcionado trabajo y riqueza a la zona a lo largo de su historia.

De aspecto muy similar a la Sierra de Segura, esta se diferencia por la presencia del pino albar y su coexistencia con el salgareño, que es la especie más apreciada en el ámbito de la sierra. También falta allí la sabina albar. Las formaciones productoras de largos mástiles se suceden aquí de forma reiterada. El horizonte se eleva mucho más que en otros lugares de la Península, poniendo un verde estrato verdoso azulado sustentado por largos y delgados pilares de color asalmonado. Largos pilares que ponen en conexión la mullida tierra con el azul del cielo, o se coronan de nubes o nieve en los cortos días de invierno.La que otrora fuese una montaña llena de vida humana, se muestra hoy en día casi paralizada. Los signos de letargo son más que evidentes. Tramos boscosos que reclaman atención y manejo selvícola con pies delgados y extremadamente altos que se caen con facilidad cuando el viento o la nieve los pone a prueba. Y los ejemplares que sucumben, aparecen abandonados seis meses después de la tragedia. Es una circunstancia que en otro tiempo nadie hubiese imaginado, dado la afanosidad en el aprovechamiento forestal y la urgencia que suelen requerir situaciones como esta.

El cambio de modelo económico ha dejado a la montaña sumida en estado de crisis regresiva, casi catatónico. Una diapausa a la espera de nueva organización o impulso que vuelva a reactivar la vida en el seno de estos extensos bosques. Un claro ejemplo de despoblamiento rural.

La alta calidad paisajística y el elevado nivel de biodiversidad en su seno son de un potencial enorme, adecuados a una época donde el turismo rural y los valores naturales se cotizan al alza cada vez más. Sin embargo, se aprecia falta de mercado. Resulta una obviedad cuando se hacen cálculos a partir de la situación geográfica y el nivel de poblamiento en el entorno.

La capital de provincia, tiene un nivel de población que superan muchos pueblos o ciudades intermedias en entornos industriales o cultivados. Con ese estatus, no puede convertirse en centro emisor de entidad, ni siquiera en tiempo de vacaciones. Por su ubicación, la Serranía en conjunto queda en ese ámbito que la sitúa “lejos de todas partes”, a unas tres horas de camino de las megalópolis peninsulares más próximas como son Valencia, Zaragoza y Madrid. En estos tiempos, no parece mucho, pero el problema radica en que a medida que aumenta el radio, aumentan las opciones alternativas.

Sólo una potente capacidad organizativa y promocional puede impulsar la zona adecuadamente. Y también, un nivel de conciencia solidaria sabedora de que, con su presencia, lleva vida a estos lugares. Porque pocos lugares reúnen la entidad salvaje de este macizo montañoso. Articular oferta novedosa a través de la singularidad es una buena opción compaginable con la recuperación de artes y oficios tradicionales vinculados al mundo forestal que no tienen por qué perderse. Entre otras cosas, porque son garantes de calidad y seguridad alimentaria. Por lo pronto un santuario para la mariposa isabelina (Actias isabellae Graëlls) es una primera iniciativa de gran interés y belleza.

Desde aquí, os animamos a descubrir aventuras en estos fascinantes paisajes

¡¡¡VIVE EL BOSQUE VIVO!!!

Dedicado a Isabel Rodríguez, Juliana Duque y Encarnación Páez, mujeres de coherencia supina y compromiso político con el mundo rural y su entorno. También a la gente de Vega del Codorno que no quiere que su pueblo quede en un simple recuerdo.

Antonio Pulido Pastor
Siece.org

Dónde alojarse:

Vega del Codorno
El Refugio. Barrio de la Cueva B
Casade la Herrería. Barrio del Perchel
Hotel Rio Cuervo, Barrio de la Cueva B (el dueño, Eliseo, es todo un personaje. Vale la pena echar un rato de charla con él).

Tragacete
Hostal Serranía
Calle Fernando Royuela, 23

Dónde comer:

Vega del Codorno
Bar el Rincón. Barrio de la Cueva B
Bar-Restaurante la Tejera. Barrio el Perchel, junto a nacimiento rio Cuervo
Bar-Restaurante Nacimiento. Barrio el Perchel, junto a nacimiento río Cuervo

Tragacete
Restaurante San Antonio
Paseo San Antonio, 1
Restaurante La Tinaja
C/ Fernando Royuela, 36
Restaurante El Gamo
Plaza Fuente del Pino, 6
Bar-Restaurante La Chispa
Plaza de la Constitución s/n