Entre monumentos y sardinas, el atardecer de Cádiz.

La Caleta

Cádiz, 19-25 de agosto de 2018

Barbate, el Palmar… Había visitado muchas veces sus playas pero nunca Cádiz, su ciudad principal. Cruzando en coche el gran Puente de la Constitución de 1812, llegamos hasta nuestro alojamiento, cerca de La Caleta. Acostumbrado a las extensas playas y sin rocas de la provincia, me sorprendió que La Caleta fuese todo lo contrario. Sin embargo, me encantó.

Como en toda Cádiz, las mareas son un elemento más de su costa. No obstante, en la Caleta ocurría algo diferente. Por la tarde, aparecían rocas que antes no estaban. Si buscabas bien, podías encontrarte desde pequeños cangrejos ermitaños hasta objetos extraños. Descubrí chatarra que se había fusionado con la naturaleza hasta crear nuevos artilugios. Era como encontrar pequeños tesoros en una isla exótica. Eso sí, os recomiendo caminar por las rocas con cangrejeras. Yo acabé con cortes en los pies por ir descalzo y no es algo agradable.

Por otro lado, hubo algo que me llamó la atención y que me acompañaría a lo largo de este viaje: la integración de la arquitectura en el paisaje. La misma Caleta estaba rodeada al oeste por el Castillo de Santa Catalina y al este por el Castillo de San Sebastián. Es más, en el centro de la cala, había un antiguo balneario que ahora es la sede del Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía. Me flipaba porque con la marea baja podías bordear ambos castillos. Era como si hicieses una incursión enemiga en el castillo, moviéndote furtivamente entre los acantilados. Con solo pensar lo que podría grabar allí, me entraba unas ganas de volver con el equipamiento necesario. Y eso que no todas playas me inspiran tanto.

Castillo de Santa Catalina

Desde el Castillo de Santa Catalina, descubrías otra perspectiva a través de los adarves de su muralla.

También eran interesantes las exposiciones que hay en su interior, tanto de artistas itinerantes como las de la historia de la ciudad.

Parque Genovés

Continuando por el oeste, hay una sucesión de paseos. En primer lugar, está el de Santa Bárbara y terminabas en la calle Honduras con un despliegue de cañones. Se trata de una ruta muy larga pero que vale la pena recorrérsela por los monumentos que vas encontrándote. Eso sí, si vais en verano, os recomiendo refrescaros continuamente, ya que como apenas había zonas de sombra, era más fácil tener una insolación.

En el Paseo de Santa Bárbara estaba el Parque Genovés. Es bastante grande, con una zona con grandes arbustos que me recordaron a los del Palacio de Sanssouci de Postdam, en Alemania. Por otro lado, hay una especie de gruta rodeada por un arroyo artificial con patos.

Jardines de Alameda Apocada

Por el Paseo de Carlos III se llega al Baluarte de la Candelaria, aunque nos quedamos con ganas de entrar. Prácticamente enfrente de este edificio defensivo está la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y San Teresa, de estilo barroco. Continuando por el oeste, están los Jardines de Alameda Apodaca que me recordaron un poco al Parque de la Alameda de Málaga. Lo que me gusta del de Cádiz es que por un lado estás viendo el mar desde lo alto pero los dos son muy interesantes.

Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa

Tras ello, ya está la Calle de Honduras de la que ya hablamos. Si sigues por el oeste, tienes que bajar un poco al sur para llegar a la Plaza España, camino al Puerto de Cádiz. Merece la pena pasarse por allí por el Monumento a la Constitución de Cádiz, con una interesante composición de varias esculturas. Además, al llegar al puerto, quizás veas uno de los cruceros más grandes del mundo.

El Ayuntamiento y la Catedral de Cádiz

Desde allí, caminamos hasta la Plaza de San Juan de Dios, al final del Paseo de las Canalejas. Al fondo podréis ver el Ayuntamiento de Cádiz, desde el cual es fácil llegar a la catedral. Ambos edificios me parecieron interesantes, aunque la catedral me pareció bastante cara para entrar en ella.

Sin embargo, antes de seguir adentrándonos en la ciudad, terminaré esta primera parte volviendo a La Caleta para hablar del Entierro de la Sardina.

El Entierro de la Sardina

Es una procesión pagana que conmemora el fin del verano. Para ello, construyen una escultura de sardina y después la queman en La Caleta. Se celebra el 25 de agosto y comienza a las 17:00 en esta misma playa. Desde ahí, recorre toda la ciudad acompañada por una banda de música y un séquito de “viudas”. Son hombres y sobre todo mujeres que, disfrazados con pelucas, transmiten muy buen rollo.

Mientras tanto, en La Caleta van preparando un escenario para el pregón que acompaña la quema de la sardina. Por un lado, cantan los vencedores anuales de carnaval de Cádiz y por otro, se otorgan premios. Sobre las 21:00 empieza el pregón y no es hasta las 22:00 cuando se quema la escultura.

Me recordó mucho a una pequeña feria, pues se vendían refrescos y juguetes luminosos para los niños, mientras se contemplaba el pregón y más tarde, la quema.

Lo cierto es que no me esperaba aquella fiesta cuando dijimos de ir a Cádiz y me alegró mucho de que coincidiésemos con ella. Además, al ser tan larga la procesión, puedes verla de día, al atardecer y durante la noche.

Porque si me tengo que quedar con algo de Cádiz, es con sus atardeceres, tanto si es en la ciudad como en las playas del Palmar y Barbate.