La primera parada: El Aeropuerto de Chumphon

Chumphon es ese lugar que pilla de camino o mejor dicho es un punto importante dentro del camino, pero en definitiva no es el destino que se tenía en mente visitar. Es una pequeña ciudad costera al sur de Tailandia, conocida por bastantes viajeros por ser uno de los puntos de partida a las diversas islas que hay cercanas, gracias en parte al curioso aeropuerto de Chumphon.

Los tailandeses me comentaban que no tenía nada de especial, que era una ciudad normal, como cualquier otra. Pero bajo mi punto de vista sí que tenía cierto encanto, empezando por el aeropuerto, que obviamente fue lo primero que visité y que para mi asombro me llamó bastante la atención. Quizás porque era algo distinto a lo que estaba acostumbrado, era un pequeño edifico singular tailandés con una pequeña pista enfrente. Lo curioso es que estaba rodeado de bosque y como no suele verse más de un avión da la sensación de que estás aterrizando en una isla salvaje, quizás sacada de las películas de Jurassic Park. También aquel día acompañaba el clima, un día lluvioso, con unas nubes prácticamente negras que envolvían mucho más el ambiente.

Segunda parada: La estación de tren de Chumphon

La ciudad es verdad que no tenía nada de especial, pero para mi sí. Quizás se debía a que llegué a Bangkok el día anterior, prácticamente de noche, cansado, confuso por el jet lag. No tuve tiempo de sentarme a analizar donde estaba porque precisamente al día siguiente tenía un avión rumbo a Chumphon, esa ciudad con un nombre que me sonaba a chino. Pero una vez en la ciudad, fui a comer a un pequeño restaurante de noodles, tenía un par de horas para ver un poco la ciudad, para analizarla lo mínimo que el tiempo me permitía.

El día en Chumphon me tocó lluvioso como comenté anteriormente. Mientras me dirigía a la ciudad en minivan desde el aeropuerto comenzaron a caer unas cuantas gotas, nada del otro mundo. Yo me senté junto al conductor, disfrutando del largo trayecto que separaba ambos sitios. Para mi asombro, observé que las carreteras estaban prácticamente vacías, obviamente no sé con exactitud si se debía a la hora, al tiempo o quizás sea una vía poco utilizada, pero me extrañó en ese momento.

Los únicos “compañeros” de viaje eran algunos perros que cruzaban la carretera o simplemente estaban sentados dejando el tiempo pasar. Y de perro iba la cosa, porque el protagonista de mi primera experiencia en Tailandia fue un pequeño can que se encontraba en la estación de tren de Chumphon. Como dije el día estaba lluvioso, pero mientras paramos en la estación de tren para ver la ciudad un poco comenzó una de esas famosas lluvias tropicales y desgraciadamente tuvimos que resguardarnos de la lluvia en la propia estación.

Aunque no fue tan desgracia, porque se estaba bastante tranquilo allí, casi nadie transitaba esa estación que me recordaba a aquellas antiguas estaciones europeas de principios del siglo XX. Y entre tanta tranquilidad estaba mi amigo, un perro estaba sentado allí, mirando a las vías, dando la sensación de que o esperaba a que parara esa tormenta o esperaba a su dueño. Así que ambos esperamos, la lluvia paró y con ella vino un bonito paisaje, las vías encharcadas y esos rayos de sol que se colaban entre las nubes acababan por enamorarme un poco de esa pequeña ciudad de paso.

Rumbo a Koh Tao