Me quedaban unos días para acabar mi aventura Erasmus en Reino Unido, y quería hacer un último viaje. Al principio pensé en ir a Dublín, pero el vacío que había en mi tarjeta bancaria me decía: “tú sabrás lo que haces”. Bueno, ante esa especie de amenaza tuve que mirar otros destinos más asequibles, y ahí fue donde me crucé con Brighton. Antes de venir a vivir a Inglaterra no había oído hablar de ese lugar, y después de visitarlo no entiendo por qué. Todo el mundo habla de Londres, Oxford o Liverpool. Y Brighton no se merece eso.

Brighton está situada en la costa sur de Inglaterra, a unos 45 minutos en tren desde Londres. Lo único que había oído de esta ciudad es que tiene un muelle muy bonito y que miles de británicos la eligen para pasar sus vacaciones. Sin embargo, para mí es muchísimo más.

Tras salir de la estación me dirigí al hostal en el que iba a pasar la noche. Compartí habitación con un amigo y dos desconocidos. Por el precio que pagué (unos 15 euros) no estuvo tan mal. El cielo estaba ligeramente nublado, pero era azul (lo cual es bastante raro en Inglaterra). Lo primero que me llamó la atención es el colorido de sus calles. Es bastante habitual ver puertas de color rosa o azul turquesa, igual que en Notting Hill (Londres), pero aquí invaden toda la ciudad. Desde el hostal, solo tuve que andar 5 minutos para llegar al Brighton Pier, el muelle que había visto en fotos.

Hay que ir para saber cómo es, pero creo que la mejor forma de describirlo es decir que es “de película”. De hecho, se parece mucho al muelle donde pasea Johnny Depp con Helena Bonham Carter en Sweeney Todd. Nada más pisar su suelo de madera me encontré con puestos de churros, de helados y de perritos calientes. No tardé nada en darme cuenta de que en la mayoría de ellos el servicio era español. Después descubrí que la ciudad está llena de españoles, y que olvidarte del inglés durante un rato mientras hablas con una camarera de cualquier restaurante de Brighton es lo más normal del mundo. Más allá de los puestos había un espacio cubierto. Estaba lleno de las típicas máquinas que te encuentras en los casinos, pero dirigidas a todo tipo de público y con unicornios y “pugs” de peluche como premios (además de máquinas recreativas). Me sorprendió mucho encontrarme algo así en un muelle, pero después de todo, se podría decir que el Brighton Pier es una feria, con coches de choque, tiovivos, casa del terror y una montaña rusa (aunque por su aspecto diría que llevaba años abandonada). Continuará.