Cuando el ser humano pudo hacerse sedentario, merced a un cambio climático que le permitió abandonar el ambiente estable de las cuevas y obtener cosechas en cultivo quedó fijado a las limitaciones que presentaba el entorno cercano del asentamiento elegido. La cantidad de la producción agrícola o ganadera sustituyó la variedad ofrecida por el nomadeo, introduciendo limitaciones al suministro de todo cuanto quedaba lejos del pueblo, la ciudad. No obstante, pese a la seguridad y estabilidad que daba el asentamiento fijo la adicción a la libertad de movimiento en los grandes espacios, la llamada de lo salvaje siguió siendo irresistible y algunos continuaron fieles a la antigua costumbre de divagar. Unos lo hicieron con la caza, en los hielos árticos, las praderas, las montañas o las selvas. Otros muchos se dedicaron a trashumar con el ganado, en la tundra, en el desierto o en la estepa. A medio camino entre todos ellos, los caravaneros, trasegando mercancías de uno a otro lado del mundo. El bazar, su lugar de destino.

Gran bazar de Teherán

Gran Bazar de Teherán

Al conquistar Egipto en el siglo V antes de la Roma de Augusto, la Persia aqueménida se convirtió en el primer imperio que unía bajo un mismo gobierno el Mediterráneo con la India quedando la frontera China del otro lado del Himalaya. Si bien la gran montaña tardó en ser prospectada, el comercio chino con los puertos hindúes debió ser ancestral, destacando Calicut en la vertiente hacia medio Oriente. Se convirtió así el primer gran nexo entre Oriente y Occidente. Egipto siempre tuvo relación con el subcontinente hindú a través de Nubia y el mar Rojo, pero los persas pudieron establecer rutas terrestres bajo su control pleno. Darío I en el siglo V antes de nuestra era mandó construir el llamado “Camino Real Persa” que unía su capital Susa, con Sardes, en la actual Turquía, a orillas del Egeo. De ese modo, un correo podía recorrer los 2700 km que las separan en tan solo 9 días. Según Hobson (2006) se puede citar el siglo V de nuestra era como punto de impulso definitivo del comercio global, tras el resurgimiento del transporte a lomos de camello y su uso para cruzar los grandes desiertos.Dromedarios en Merzuga (Marruecos) No obstante algunas referencias cuentan que la ruta de la seda, parte de una iniciativa China a partir del siglo II. Pero el preciado textil de aquellas tierras ya era conocido en Roma durante la época imperial, así que seguramente debieron encontrarla en su llegada al país del Nilo o las costas de Oriente Medio. Dado que la infraestructura latina no llegó a calar profundo en el Asia Menor, hay que suponer al territorio persa como la continua correa de transmisión que hacía llegar los bienes materiales, y algunos espirituales (culto a Mitra) desde el lejano Oriente hasta el próximo Occidente. Antioquía, posteriormente fue importante punto de salida al Mediterráneo desde el interior asiático, hasta la caída de Bizancio en manos turcas (año 1458). A buen seguro la helenización debida a Alejandro de Macedonia debió influir en ello. Si se observa un mapa, se aprecia que la menor distancia atravesando el Himalaya es la que bordea por el sur el gran lago Caspio recorriendo la línea paralela que dejan los montes Elbruz. De ahí la importancia de ciudades como Mashhad, Teherán o Tabriz, en fácil conexión con Bujará y Samarcanda (Uzbekistán). Ruta de la Seda..Una vez conocida las difíciles y parcas condiciones naturales de la meseta iraní para el desarrollo de la agricultura y la ganadería extensivas, es fácilmente imaginable la ocupación de sus gentes en otras tareas como pueda ser el caravaneo. Vista también la ingente acumulación de signos de riqueza existente en sus ciudades, ha de atribuirse a elementos ajenos a los recursos naturales salvo que la minería de los metales o la cantería de piedra fuesen proveedores de ingresos ingentes, algo que no parece usual para la época, por razones de escala.

Desierto en Yazd. Irán

Desierto en la meseta iraní

Caravanserai de Kharanaq. Irán

Caravanserai de Jaranaq (Irán)

A lo largo de toda la red de vías de comunicación que se creó con el tiempo se le hubo de dotar de una provisión de intendencia que se organizó a través de una serie de centros de descanso y avituallamiento llamados caravasares (caravansar), palabra de etimología persa proveniente de caravana y palacio o edificio con patios cerrados. Son el antecedente de las actuales estaciones de servicio y por analogía histórica de lo que los árabes llamaron “funduq-fanadiq” y sus deformaciones europeas como fundacos, alhóndigas, fondas o casas de postas. Hoy en día no hay algo similar, donde un camionero pueda llegar a descansar con plenas garantías para él y para su cargamento a salvo de vandalismo o robos.  En su día, los caravasares crearon una zona de tránsito seguro al margen de salteadores de caminos. A buen seguro el Estado debía proveer de los medios de control necesarios para ello. Con su trasiego se convirtieron en líneas de flujo no solo de lo material sino también de lo inmaterial, de creencias y de conocimientos. La cultura se movió a lo largo de las rutas comerciales y no a golpe de espada y conquista (Hobson, 2006, Bosch et al., 2003). El papel y la tinta destacan entre los más evidentes y útiles en un medio donde las anotaciones, las cuentas y los contratos son medio de vida. También la numeración. No en vano, las cifras hindúes sustituyen a las latinas en base a su facilidad para el cálculo, signo más que evidente de su vinculación a la vida comercial. Otras cuestiones como técnicas artesanales, nuevos materiales, tendencias artísticas o arquitectónicas, inventos, utilidades, transitaron de forma real o virtual ligadas a rumores, conversaciones y relatos de lugares que se describieron como fabulosos hasta convertirse en leyenda.

El esquema básico de un caravasar es un gran patio central en el que se facilitaba la descarga de las mercancías para su almacenaje provisional en zona resguardada. A él se accedía por una gran puerta practicable para los grandes carros y recuas de acémilas que portaban la mercancía. Las estancias para los animales y las personas estaban lo suficientemente alejadas para evitar incómodos olores y abundancia de moscas. La distancia entre uno y otro estaba en torno a lo que, según las carácterísticas del terreno podía ser una jornada de viaje, 6-8 horas teniendo en cuenta que se requería de un tiempo para organizar la salida y llegada desde cada uno de los puntos al progresar en la marcha.Caravanserai de Jaranaq (Irán)Hoy en día, al salir de Zagora (Marruecos), rumbo a Tombuctú (Mali), otra de esas míticas ciudades nodo en grandes rutas comerciales se sigue manteniendo un cartelito donde aparece dibujado un dromedario y la indicación 56 días. En su caso, el gran océano de fuego no tiene esa dotación de alojamientos y aunque los tuaregs están perfectamente adaptados a las condiciones de la travesía, ni la red de avituallamiento es regular (limitada a una red de pozos) ni las peores vicisitudes como las tormentas de arena son fácilmente sorteables. En estos lugares, el refugio va contigo, los animales colaboran y un auxilio fácilmente manejable como la jaima de piel de cabra es lo máximo que se maneja.Jaima de piel en Merzuga (Marruecos)Una vez en destino, la mercancía ha de llegar manos del cliente. El sitio habilitado para ello, en el Asia Menor se le llamó Baachaar, el lugar de los precios. En el muno influido por lo árabe, se le llamó suq (zoco, mercado), derivado del verbo sáqa (swq), llevar, conducir. En definitiva el lugar adonde de llevan las cosas para vender, es decir, fin de ruta. El reposo del comercio mundano.

En cada zona geográfica la arquitectura y organización de estos sitios guarda relación con los estilos propios del país o región en que se encuentran. Los más famosos y mejor decorados, los de Medio Oriente, vinculados a la ruta de la seda. Seguramente por ser los más importantes en cuanto a volumen y valor de mercancías, lo que les llevó en cierto modo a exhibir cierta ostentación y lujo que les hiciera atractivos y diferenciados generándoles fama internacional. Es el caso del Gran Bazar de Estambul, el zoco Jan el Jalili de El Cairo o los bazares de Samarcanda, Tabriz o Teherán.

Bazar de Tabriz. Irán

Gran bazar de Tabriz (Irán)

El bazar, al igual que el caravasar, goza también de méritos precursores. Ubicados en centros urbanos, como no podía ser de otro modo dado su objetivo finalista, puede decirse que es la galería comercial por antonomasia, con más de mil años de antigüedad. Pese a su abultada historia, su funcionalidad actual sigue resultando apabullante, como si se tratase de algo magistralmente planeado de carácter no perecedero. Es más, a día de hoy, con las carretillas eléctricas y su aumento en capacidad y velocidad de transporte, vuelven a ser de lo más actuales dado que muchos están magníficamente ubicados en la zona céntrica de las ciudades, son amplios, y muchos son auténticas obras de arte. Valga como ejemplo el Gran Bazar de Tabriz (Irán), declarado Patrimonio de la Humanidad y que es el más grande del mundo. “Los habitantes de Tabriz viven del comercio y de la industria…la ciudad tiene un emplazamiento tan favorable que es un mercado de productos procedentes de la India y de Bagdad, de Mosul y de Ormuz, y de muchos otros lugares, y muchos mercaderes latinos vienen aquí a comprar las mercancías importadas de tierras extrañas. Es también un mercado de piedras preciosas que se encuentran aquí en gran abundancia. Es una ciudad en la que obtienen grandes beneficios los mercaderes ambulantes”(Marco Polo). En líneas generales, el bazar si que es un palacio formado por galerías y ensanches, unos a cielo abierto (patios) y los otros cubiertos (plazas). Las plazas embovedadas reúnen muchas tiendas de un mismo producto o artículo. Esas agrupaciones son las que en la edad media dieron lugar a las cofradías o hermandades y con la secularización renacentista, a los gremios profesionales.

Bóveda de plaza en bazar de Kashan

Bazar de Kashan (Irán)

Bóveda de plaza en Bazar de Kashan

Bazar de Kashan (Irán)

El bazar es un mercado en un recinto cerrado que tiene como finalidad generar seguridad para las mercancías, con su policía reguladora de precios y pleitos (en árabe zabazoque) y para los clientes. También es una comodidad para el usuario al protegerle de la intemperie. De hecho son modelos de arquitectura bioclimática adecuada al clima de la zona. Las bóvedas son hemisféricas para generar una fácil disipación del calor, con un agujero en su cénit central, que además, permite la entrada de luz suficiente. La humedad proveniente del suelo o de una fuente ayuda a regular la isotermia en todas las épocas del año. Las bóvedas y galerías tienen una ornamentación sencilla pero a veces muy profusa y atractiva, en el de Kashan (Irán) resulta casi de lujo.El armazón nervado que las cubre está descentralizado de forma que ninguno de sus nervios pasa por el centro de la cúpula. El ejemplo más simple y conocido para nosotros, por antiguo y cercano es el del mihrab en la mezquita aljama de Córdoba, una cúpula octonervada de origen persa. A veces ese centro está hueco o se cubre con cristales. Pero en esencia, la radiación del armazón y el punto de luz central, evocan el astro solar. La decoración periférica a veces simula la astrología cósmica accesoria. Es en definitiva una ornamentación con simbología mística, como si de un templo que alberga lo mundano se tratara.

Mirza carpets en bazar de Tabriz

Como en todo palacio, el bazar también acumula tesoros. Artesanía del cobre. ShirazMaravillas llegadas de todas partes que se organizan por sectores, esos gremios a los que ya se ha hecho mención. El zoco o bazar de las alfombras, el de las especias, el de las telas y el de las joyas, cuatro, como si de los cuatro elementos se tratara: agua, aire, tierra y fuego. En conjunto, un universo de colores, sabores y olores al alcance de los sentidos más vulgares y de los más refinados porque aquí se da alimento a cualquier espíritu que llegue con la necesidad de adentrarse en el mundo más terrenal.

Para un fotógrafo, un dibujante, es un delirio de sensaciones y oportunidades creativas y recreativas, así que no podía dejar sin más el paso por una galaxia como esta.

“Los europeos inventaron muy pocas cosas por sí solos”  J. M. Hobson

Dedicado a mi padre… comerciante de textiles varios
A mi madre, costurera.
A todas las persianas, persianos y gente no de Persia que contribuye al progreso de la Humanidad a lo largo de la Historia

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

Referencias:
Bosch, E.; Calafell, F.; Plaza, S.; Pérez-Lezaum, A.; Comas, D.; Bertrandpetid, J.; Genética e Historia de las Poblaciones del norte de África y la Península Ibérica. Investigación y Ciencia, Febrero 2003.
Hobson, J.M. (2006): Los orígenes orientales de la civilización de Occidente. Editorial Crítica. Barcelona