La roca imperecedera fue el bien preciado que los antiguos egipcios eligieron para materializar la ansiada eternidad. La antigua Swenet fue la ciudad limítrofe del país del Nilo al sur, por la simple razón de que allí empezaban los dominios de la fertilidad. Con una geología complicada en su entorno, un gran batolito productor de granito fue la base de los maestros canteros que enviaron sus obras a mil kilómetros de distancia. Sobre la piedra de Asuán se dejaron reposar los reyes de la primera gran civilización de occidente.

ASUÁN, LA ROCA IMPERECEDERA

As Swenet, Asuán, era la primera ciudad limitrofe en el país del Nilo, cerca de la antigua Nubia. Esto fue resultado de una mera condición topográfica.

Siendo como fue Egipto una consecuencia del gran río, la posición de la ciudad marca prácticamente la salida del territorio montañoso. Y es por eso que el límite del país se consideraba en la primera cascada aguas arriba (Belmonte Avilés, 2012). La superficie del rio en condiciones normales marca menos de 100 metros de altitud, prácticamente igual que la del río Guadalquivir a su paso por la ciudad de Córdoba (España).

Pero desde Córdoba hasta el mar, siguiendo el curso fluvial, hay unos 200 km mientras que en el Nilo, hay 4 veces más. Algo similar le ocurre a la capital del vecino país del sur, Jartum, donde también confluyen las aguas del Nilo Blanco con la potente crecida del Nilo Azul. Pero en este caso, la topografía más arrugada del lugar aumenta la pendiente longitudinal del rio y su encajonamiento. Consecuencia de ello es la menor anchura en la llanura de inundación y tasa de sedimentación.

La escasa pendiente en el curso bajo del Nilo y la mayor anchura del valle permitió una inundación tranquila que los egipcios supieron reconocer y aprendieron a manejar. También hizo posible una fácil navegación dado que las aguas de remonte nunca fueron muy bravas. Y aguas abajo, la crecida hacía posible el transporte de grandes cargamentos.

En ese engranaje, el desierto del sur proporcionó el material preferido para la ostentación faraónica y su viaje a la vida eterna, el granito de Swenet. La ciudad, dominada por la arena del desierto ha dado nombre al color amarillo ocre, el siena, así como a la roca que producía, sienita.

El viaje de Luxor hasta Asuán requiere de 3 horas en tren. En carretera se tarda más porque hay opciones intermedias. Por otra parte, se aprecian muy bien todos los terrenos regables de la ribera oriental del Nilo que, entre palmerales, bananeros y otros, parece un auténtico oasis.

En el trayecto se atraviesan muchos puntos donde se aprecia la vida cotidiana del Egipto rural vinculado al regadío. El otro, se encuentra en los oasis del desierto, que cada vez prosperan más por el turismo y la puesta en riego para cultivos.

Multitud de zocos y escenas campesinas se cruzan en el camino del viajero.

Idfu
Es la primera escala notoria. Ciudad moderna, su interés reside en el llamado Templo de Horus, dedicado a aquella deidad solar que a su vez representaba al faraón en vida (Tyldesley, 2011).

Es un lugar de curiosa historia dado que se trata de uno de los últimos templos construidos en la historia de Egipto, ya en época de dominación griega (Período Ptolemaico), hacia el s. III a.C. Es uno de los mejor conservados de Egipto, pero no precisamente por la postrimería de su edificación sino por haber permanecido enterrado por la arena del desierto durante siglos hasta el siglo XIX, cuando los franceses arribaron a Egipto y se interesaron por recuperar su milenario legado histórico.

El templo de Idfu es de gran relevancia en el contexto de la egiptología porque tiene muchas inscripciones bien conservadas. En ellas se describe perfectamente por ejemplo la ceremonia del “tensado de la cuerda”, que se llevaba a cabo en presencia del faraón para marcar la orientación del templo y sus dimensiones como fase previa a su construcción.

También transmite mucho de mitología acerca del origen y relaciones del dios halcón, cuya personificación en la tierra era el propio faraón (el hijo de dios en la Tierra) y que después se trasladará al culto cristiano, con la historia de “un faraón llamado Jesús” (Carcenac Pujol, 2007)

Otro aspecto importante de este templo es la fecha de su construcción. En tiempo de clara influencia griega muestra que la fuerza de la tradición religiosa egipcia seguía viva y potente en esa época, coexistiendo perfectamente con la mitología clásica helénica que debiera dominar en la otra orilla del Mediterráneo. Esto parece que siguió siendo así hasta el siglo IV, cuando Teodosio el Grande prohibió el culto ajeno al cristianismo.

Conociendo las claras coincidencias entre éste y el monoteísmo de Ajenatón (Parra, 2011), no debieran sorprender tanto las investigaciones de Llogari Pujol al respecto. No obstante, la lectura de su obra póstuma, alumbrada por su esposa M. B. Carcenac, no permite quedar indiferente.

Además de su conjunto arquitectónico y decoración, lo más bonito del templo de Idfu es el sancta-sanctorum que tiene al final de su recorrido. La luz del sol llega hasta el fondo directamente desde el punto medio de los pilonos, lo que evidencia la perfección de su planificación y construcción. En ese mismo sitio conserva una barca de paseo del dios Horus. Es el precedente histórico de las procesiones a las que los andaluces son tan adictos.

Kom Ombo
Siguiente parada camino de Asuán, a una media hora de trayecto del anterior. El templo de Kom Ombo se encuentra orientado en sentido paralelo al curso del Nilo. Su estado de conservación es penoso, pero en su interior se encuentra un museo de cocodrilos momificados.

Lo más interesante de la zona es la extensa área de cultivos de regadío existente en todo el entorno (unas 35.000 ha), teniendo en cuenta que las riberas del río en este tramo alto no son tan anchas como en la zona baja.

El curso del río hace aquí una curva significativa donde gana mucho en anchura y ofrece unas fantásticas panorámicas desde la orilla.

Asuán
La ciudad dista unos 80 km desde el área anterior. Es una ciudad de unos 200.000 habitantes, lo que, en las circunstancias precedentes, casi viene a ser un pueblo.

Asuán tiene la particularidad de tener en su orilla opuesta la isla de Elefantina, que en este caso no actúa como necrópolis sino más bien como un entorno agrícola ocupado por viviendas de nivel humilde. Es una total inmersión en el mundo rural egipcio. Algunas casas de huéspedes ofrecen alojamiento, aunque de mediano nivel, aunque buena relación calidad-precio.

El trasiego en barca de una orilla a otra es tan divertido como el de Luxor, menos formal aún. Es una buena oportunidad para recorrer el Nilo en barco, ya sea aguas abajo de la presa, o aguas arriba, donde el río se convierte en un brazo de mar.

Asuán tiene una presa inaugurada en 1970 que durante muchos años ha sido considerada la más grande del mundo, con más de 300 km de cola de embalse que se adentra en el vecino país de Sudán. Por su causa varias zonas monumentales fueron inundadas dando lugar a un movimiento internacional de rescate para salvar ese patrimonio histórico de la humanidad de quedar sumergido de forma atemporal.

Es la historia de Abu Simbel, pero también del templo de Nebod actualmente en Madrid y seguramente de algunos otros repartidos por el mundo como signo de agradecimiento o pago subterfugio.

En Asuán hay una gran iglesia cristiana, un museo de arte nubio y es famoso el obelisco inacabado, un soberbio menhir de granito rosa que aún sigue incrustado a medio terminar en la roca generatriz del que no llegó a ser separado.

Muy recomendable el mercado de artesanía local en el barrio antiguo, cerca de la orilla del río.

Elefantina queda señalada en los libros por su importancia en el conocimiento de la crecida anual. Su nilómetro era el primero de todo el curso y servía para conocer la altura de las aguas. En base a ello, los técnicos en la materia llegaban a predecir la cosecha anual y la posible recaudación tributaria a que podía dar lugar (Parra, 2011). La estructura es una simple cisterna o alberca en el terreno, con paredes cubiertas de mampostería y una escalera de piedra en dos de ellas. En su parte inferior tiene un hueco grande por el que las aguas del río podían entrar y llenar la instalación. Según la altura alcanzada en la escala instalada se calculaba la altura de la crecida y el terreno inundable que ocuparía aguas abajo.

La isla de Elefantina tiene una playa fluvial en su orilla de poniente. Al otro lado está la ribera del Nilo y sobre una de sus colinas, el mausoleo de Agha Khan.

La estancia en Asuán tiene como destino usual la visita a Abu Simbel. Recomiendo no ir con prisas y disfrutar de este enclave fluvial. La isla de Filae, aguas arriba de la presa tiene varios monumentos también, como el templo de Isis y cuentan que las vistas allí son preciosas.

Abu Simbel
Por más que he intentado encontrar el significado de este nombre, dada su apariencia árabe lo más que llego es a que se trata de una arabización del antiguo nombre Ipsambul, a su vez derivado del nombre Ibshek, que ya tiene apariencia egipcia y que se correspondería con la actual Faras, ciudad de la antigua Nubia y próxima a la segunda catarata del Nilo.

Como Abu es un indicativo de kunya, vendría a significar el lugar de Ipsambul (Ibshek).

La historia de los templos de este lugar es más que famosa y conocida. Eso no hace sino incrementar el valor de la visita de este conjunto no menos colosal y espectacular que otros de los ya vistos.

El viaje empieza muy temprano, dado que la distancia entre Asuán y el enclave monumental es de unos 300 km. El recorrido es muy suave, prácticamente llano a través del rojizo desierto de Asuán por una carretera de infinitas rectas en muy buen estado.

El trayecto suele durar unas 3,5 horas. Según te cuentan, el madrugón se debe al intento de evitar las horas de riguroso calor en los meses más tórridos del año. También cuentan que merece la pena contemplar el amanecer en el sitio, con los primeros rayos de sol incidiendo sobre las colosales estatuas del templo de Ramsés II.

Aquellos faraones, entendían bien eso de la ostentación y abrumar con la escultura. Los colosos de la portada de Abu Simbel, resultan estremecedores. Después de haber visitado Karnak pudiera parecer que la capacidad de asombro está saturada, pero no, el hábil Ramsés II parecía saber lo importante de causar buena impresión.

Su emplazamiento en una frontera complicada como era la sur, con Nubia, debió tener un significado disuasorio a buen seguro. Esa idea se refuerza con la historia grabada en sus paredes, donde se cuenta la victoria del ejército egipcio, dirigidos por Ramsés II contra los hititas en tierras de la actual Siria, en la batalla de Qadesh, la más antigua que recoge la historia, unos 1250 años a.C.

También aparecen en los muros del exterior del templo imágenes sobre prisioneros nubios. A estas alturas de viaje, ya no sorprende el nivel de detalle logrado para grabados en piedra. Ese enfoque se vuelve más patente cuando se conoce que en aquella batalla, los egipcios apenas consiguieron un empate de última hora en el que salvar al menos la honra.

Así que las curiosas imágenes de los muros de Abu Simbel, especialmente el carro del faraón, considerada como la primera vez que se representa gráficamente el movimiento, donde se intenta mostrar el ímpetu guerrero del soberano y el movimiento de sus caballos, también podrían considerarse el precedente del actual postureo en la multitud de redes sociales donde se proyectan las veleidades de nuestro particular ego.

El templo hipógeo de Ramsés II cuenta también como el ejemplo más interesante de orientación estacional. En su capilla principal del fondo se encuentran cuatro estatuas sedentes (sentadas) de los dioses Ptah, Amón, Horus y el propio faraón (Ra-mses, el hijo de Ra, el dios Horus en la tierra).

En ciertos días del año, la orientación dada a su eje principal permite que el sol penetre hasta el fondo iluminando las imágenes de tres de ellos y dejando a la de Ptah en perpetua penumbra por ser el dios del inframundo. Según cuentan y se escribe, las fechas de iluminación eran coincidentes con los aniversarios del faraón. Sim embargo “el fenómeno de la iluminación debe asociarse de alguna manera con el calendario y con sus consecuencias sociales, políticas y religiosas; la presencia dentro del complejo del templo de una capilla dedicada a Thoth, el dios de la sabiduria e inventor del calendario, apoya esta idea. La época de Ramsés II fue muy importante en la historia del calendario del antiguo Egipto, ya que, durante la mayor parte de su reinado, las estaciones del calendario civil estuvieron en concordancia con la naturaleza. Este acuerdo entre naturaleza y calendario fue especialmente dramático en Abu Simbel. Durante el reinado de Ramsés II, el fenómeno de la iluminación ocurría en dos ocasiones, en I Peret 1 y en I Shemu 1, el comienzo de las otras dos estaciones del año egipcio” (Belmonte Avilés, 2012).

El conjunto de ambos templos hipogeos es espectacular. En dimensiones y en ornamento. El de Nefertiti destaca por la belleza y sensiblidad de sus imágenes femeninas. A otros niveles, resulta mucho más modesto que el que su amado esposo dedicó al autobombo.

Otro aspecto interesante de Abu Simbel es el efecto del embalse del río. El lecho fluvial se extiende hasta el horizonte, dando aspecto de mar. Hubiese sido curioso ver el tratamiento de algo así si los egipcios hubiesen sido capaces de desarrollar una ingeniería de diques capaz de retener las aguas del Nilo y su posterior administración para riego. El dios Hapy, regulador de la crecida hubiese tenido a buen seguro un ayudante o dios menor para el gobierno humano de las aguas del río.

El regreso hasta Asuán, a pleno día permite contemplar la inmensidad del desierto nubio así como apreciar unas curiosas elevaciones de roca negra (posiblemente basalto eruptivo) con forma piramidal casi perfecta que, cuando se agrupan en alineación se asemejan completamente a las creaciones existentes en las llanuras de la antigua Menfis, por lo que pudieran tener alguna relación simbólica.

Hasta aquí lo que ha dado de si el Antiguo Egipto. Una cultura extraordinaria que es la base de la civilización del Mediterráneo. No provenimos de la tradición griega o romana, tampoco de la judeo-cristiana, como se nos hace creer constantemente sino que todo empezó en Egipto, hace unos 5000 años. Lo demás, son versiones actualizadas de un mismo trasfondo. Pues descubrirlo a través de un viaje o con la lectura de libros. Hay mucha bibliografía al respecto.

    ¡¡BUSCA EL CONOCIMIENTO DESDE LA CUNA, HASTA LA TUMBA!!, antiguo proverbio árabe

Antonio Pulido Pastor
Tottori Trip

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Referencias:
Belmonte Avilés, J. A. (2012).- Pirámides, Templos y Estrellas, Astronomía, y Arqueología en el Antiguo Egipto. Editorial Crítica. Serie Mayor. Barcelona
Carcenac Pujol, C.B. (2013).- Jesús, 3000 años antes de Cristo -un faraón llamado Jesús-. Ediciones la Tempestad. Barcelona
Parra, J.M. (2011).- La Historia empieza en Egipto. Eso ya existía en tiempo de los faraones. Editorial Crítica, Colección Tiempo de Historia. Barcelona
Tyldesley, J. (2011).- Mitos y Leyendas del Antiguo Egipto. Editorial Crítica. Colección Tiempo de Historia. Barcelona