El dios Poseidón fue el dueño de estas rocas, blancas como las espumas de las olas que arrullaron su sueño durante millones de años. Inmersas en las profundidades, la inmensidad del mar pareció ser suficiente para guardar eternamente el grueso capital que acumularon numerosos depósitos de caracoles, oolitos, foraminíferos, conchas y peces, atrapados por la dura labor cohesiva de los precipitados calcáreos y salinos del agua marina.

ACANTILADOS DE MARO-CERRO GORDO”
donde baña sus pies la Sierra Almijara

El tesoro acaudalado creció en desmesura, aumentando su cuantía de manera notoria bajo custodia del celoso guardián. Al tiempo, su valor aumentaba por la acción de alquimia en los profundos hornos regidos por Hermes. Así, las simples piedras calcáreas, de conchas y caracolas de organismos marinos, competían en blancura con las nacaradas perlas y en resplandor con los cristales del brillante. Las simples calizas llegaron a ser vítreos mármoles submarinos, en dominios profundos. El reino de Poseidón ganaba en fama y prestigio.

Pero hubo un día en que a Hércules, pariente no lejano del dueño de los mares, le fue encomendada la tarea de dividir la tierra conocida en dos. Dejando a su hija Tingi en la orilla del mar, allá donde se ponía el sol en la tierra conocida, empujó con esfuerzo ingente, dividiendo la piel terrestre en dos. Fue así como el desorden irrumpió en las profundas dependencias de Poseidón.

Usurpada parte de sus tesoros marmóreos, con el empuje de talón hercúleo salieron a superficie, dando lugar a un pequeño lago en medio de la tierra, arrugando la dermis terrestre y surgiendo las montañas que nos rodean.

Hace ya de esto unos treinta millones de años, tiempos en que se crearon también las grandes montañas de los Alpes. Desde entonces, el mar golpea de manera constante en las Sierras Tejeda y Almijara, que se asoman buscando a sus hermanas africanas, en los Acantilados de Maro y Cerro Gordo.

Estas montañas, las más altas de la provincia de Málaga, y también las más agrestes, aún mantienen uno de sus pies en contacto con la salitrosa humedad marina. Tal vez no quieran perder el vínculo con el medio que fue su origen, tal vez el dueño de las profundidades, haciendo presa en ellas no quiera renunciar al que fuese su tesoro de conchas y perlas de mármol, arañando incesantemente para recuperar de manera lenta sus antiguas posesiones.

En el año 1989, la Ley 2/89 de 18 de julio, de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, declara el Paraje Natural “Acantilados de Maro-Cerro Gordo”, situado entre las provincias de Málaga y Granada, formando parte de los municipios de Nerja y Almuñecar. Mientras el litoral granadino dispone por entonces de varios lugares de configuración parecida y condiciones naturales, en el malagueño era escasamente este el tramo escapado del ansia urbanizadora, demoledora de la configuración primitiva y su funcionamiento natural.

Desde aquel momento, la labor de protección, muy denostada en ocasiones por la opinión pública, a la espera de acciones espectaculares, ha conseguido mantener la configuración original de su paisaje, en claro contraste hoy en día con la amplia transformación experimentada otras zonas litorales durante estos años.

Un nuevo paso en la caracterización y protección de este Espacio Natural fue su inclusión como Zona de Especial Importancia para el Mediterráneo (Z.E.P.I.M) en el año 2003 en el ámbito de la Comunidad de Andalucía, al amparo de lo establecido por el Convenio de Barcelona en el Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas.

PAISAJE

Es el valor más apreciado en este Espacio Natural. Configurado como una rítmica sucesión de calas breves y acantilados, constituye un asombroso promontorio que asoma sobre las claras aguas marinas, de inusual transparencia hacia el Algarbe dada la provisión de gravas y gruesos cantos que reducen la presencia de partículas en suspensión.

El gran farallón rocoso que levanta la montaña, y su especial disposición en dirección prácticamente perpendicular a la dirección de los más gélidos vientos del Norte, protegen a esta costa del manto nuboso y de las bajas temperaturas. De este modo, la temperatura media anual ronda los 18 grados centígrados y los días en que el cielo está cubierto son sumamente escasos. La media de las precipitaciones no supera los 500 mm.

El orto y ocaso solar, son especialmente hermosos, cuando sus dardos dorados se estrellan contra el impenetrable espejo de olas y espumas.

Por todo ello, este borde rocoso, es ansiado en desmesura con fines inmobiliarios, pues el nivel de su demanda, apenas encuentra rival. Es esta la gran amenaza que acecha la condición natural de estas costas.

VEGETACIÓN

El carácter marítimo-terrestre de este Paraje, aumenta enormemente sus índices de biodiversidad. El ecotono o zona de límite que supone un área terrestre con otra húmeda, da lugar a los más elevados indicadores de multiespecificidad en cualquier parte del planeta. En el caso de concurrencia con el medio marino, el contraste y abundancia son especialmente significativos dado que supone un caso particular de dos inmensos mundos puestos en contacto.

La vegetación terrestre, difiere en el ámbito del Paraje natural con la del resto de la montaña merced a dos particularidades, una derivada de la escasa altitud y singular orientación, que la hacen extremadamente termófila. Se registra aquí la temperatura media más elevada del litoral malagueño, así como la más reducida precipitación atmosférica. Por otra, la salinidad del medio marino, afecta a la atmósfera próxima de modo que exige una fuerte especialización en las plantas.

Así, la formación óptima en lugares alejados del mar vendría a ser un pinar mezclado con matorral y algunas frondosas como encina o algarrobo en lugares concretos donde el suelo presenta mayor calado. La mayor presencia actual es de matorrales, unos altos en los que destacan el boj de hoja ancha (Buxus balearica), bayón (Osyris quadripartita), coscoja (Quercus coccifera), hierba de las coyunturas (Ephedra fragilis), nerbo (Juniperus oxycedrus), espino cambrón (Rhamus lycioides), Hiniesta (Genista spartioides), arto (Maytenus senegalensis), oroval (Whitania frutescens), Olivilla (Phillyrea angustifolia), palmito (Chamaerops humilis), lentisco (Pistacia lentiscus); y otros bajos formados principalmente por aulaga (Ulex parviflorus), romero (Rosmarinus officinalis), lavandas y cantuesos (Lavandula dentata, L. stoechas, L. multifida), tomillo cabezón (Corydothymus capitatus), jaguarzos (Cistus clusii, C. monspeliensis, C. albidus), Ajedrea (Satureja obovata), coronilla de fraile (Globularia alypum), bolina (Genista umbellata), Revientacabras (Cneorum tricoccum), jazmín silvestre (Jasminum fruticans), almoradux (Thymus mastichina), tomillo limonero (Thymus vulgaris) y el omnipresente esparto (Stipa tenacissima).

Asentados en el ámbito de la brisa y el aerosol marino se encuentran el perejil de mar (Crithmum maritimum), tomillo marino (Frankenia corymbosa), asterisco (Asteriscus maritimus), siemprevivas (Limonium malacitanum, L. sinuatum), Messembryantemum nodosum, amapola marina (Glacucium flavum), romero blanco (Rosmarinus eriocalyx), y en las arenas de playas oruga de mar (Cakile maritima), cardo marino (Eryngium maritimum). En este complemento costero, se diferencia el Paraje Natural del resto de la sierra, de las situaciones más próximas a las que son comunes el resto de los elementos vegetales terrestres.

Por otra parte, el ámbito sumergido es territorio también para la presencia vegetal. Algas rojas, verdes y pardas ganan la batalla al mundo animal en el sector más iluminado, destacando en la franja más castigada por el intenso oleaje las rodofíceas de los géneros Corallina, Jania y Gelidium, apareciendo a continuación las invasoras, también rojas, Asparagopsis armata y Asparagopsis taxiformis que desde hace una década está transformando el paisaje sumergido con su cada vez más acusada presencia.

Pero el Paraje ha adquirido nombre particular debido a la presencia de praderas de fanerógamas marinas, que se encuentran en una posición más avanzada dentro de la escala evolutiva que las algas. Vienen a ser el equivalente, a nivel faunístico, de los cetáceos y otros mamíferos marinos que optaron por el medio acuático en lugar del terrestre. Su función ecológica es muy importante al fijar el sustrato arenoso con sus raíces, proporcionar una considerable cantidad de oxígeno derivada de la actividad fotosintética y ofrecer la posibilidad de colonización a un gran número de especies animales y vegetales que, o viven de modo permanente, o utilizan estas praderas como zona de puesta, alimentación o de protección de juveniles.

Las especies de fanerógamas que pueden encontrarse aquí son Zostera marina y Cymodocea nodosa, presentes en las más frías aguas atlánticas, y Posidonia oceanica, endémica de las cálidas aguas mediterráneas. La coexistencia de estas dos especies es indicadora de la singularidad biogeográfica del Paraje, situado en plena transición atlántico-mediterránea.

La situación de estas praderas es sumamente comprometida. Posidonia oceanica está prácticamente relegada al fondo rocoso que la protege de forma natural y Zostera marina sufre el inicio de degradación causada por los barcos de pesca de arrastre, de carácter nada selectivo y que tradicionalmente operan en las costas andaluzas sin visión de persistencia. La protección de este espacio evitará estas actividades, procurando la regeneración de las fanerógamas marinas como valor intrínseco de unas comunidades peculiares y la posible recuperación de los bancos de pesca del entorno próximo.

FAUNA

La fauna terrestre se encuentra protagonizada por las aves marinas. El medio de acantilados que protege especialmente las áreas de reposo y nidificación siempre son un lugar especial para estas aves. Esta importancia ocasionó su inclusión en el año 2002 en la red de Zonas de Protección para las Aves dictaminada por la directiva de la Unión Europea de 1979. Destacan un gran número de gaviotas, Larus ridibundus, L. fuscus, L. cachinnans, L. adouinii, alcatraz (Morus bassanus), cormoranes (Phalacrocorax carbo), pardela balear (Puffinus mauretanicus), garza real (Ardea cinerea). En el medio terrestre despiertan interés el vencejo cafre (Apus caffer) y las rapaces diurnas y nocturnas, siendo fácil de ver el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) o el halcón peregrino (Falco peregrinus) durante el dia. Las águilas calzada (Hieraetus pennatus), perdicera (H. fasciatus), culebrera (Circaetus gallicus) son de más escasas y el águila pescadora (Pandion haliaetus) que nidificó en este territorio puede verse en época de invernada. Otras aves rapaces como gavilán, azor, cárabo, lechuza común y búho real son igualmente comunes en los bosques y cantiles del Paraje Natural.

Entre los mamíferos de ámbito terrestre no existe nada destacable, siendo prácticamente los mismos del contiguo Parque Natural de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama. Sin embargo, dado el carácter termófilo del Paraje, así como sus formaciones vegetales arbustivas, es relativamente común el camaleón (Chamaeleo chamaeleo), prácticamente ausente en el Parque Natural. El principal atractivo de mamíferos reside en las poblaciones marinas de cetáceos, siendo frecuente el delfín listado (Stenella coeruleoalba), el delfín mular (Tursiops truncatus) y el calderón común (Globicephala melas). Otros de mayor envergadura como ballenas y cachalotes raramente se ven en el ámbito marino del Paraje Natural, debiendo adentrarse hacia las inmediaciones de Alborán. Estos acantilados, abundantes en oquedades y cavidades marinas fueron asiento de la foca mediterránea (Monachus monachus), extinguida hoy en día en las costas andaluzas.

Sin embargo, la importancia faunística del paraje reside en su ámbito marino. Lo más aparente siempre son los peces y, a pesar de la ausencia de los grandes serránidos (meros), de crecimiento lento y eliminados por la pesca submarina, bulle una numerosa diversidad de especies de singulares libreas, formas y comportamiento. Las doncellas (Coris julis), el pavo o arco iris (Thalassoma pavo), las negritas (Chromis chromis) y diferentes especies de góbidos y blénidos son los más fáciles de ver en el ambiente rocoso de los acantilados o desplomes sumergidos. Sargos, chopas, salemas, bogas, pargos y brecas de la amplia familia de los espáridos junto a lisas, cabrillas y alguna valiente, pero escarmentada morena, también, junto a muchos más, son habitantes de este entorno marino. A ellos se les unen jibias y calamares durante la época de apareamiento y pulpos residentes entre los cefalópodos, destacando en el grupo de los crustáceos, santiaguiños (Scyllarus arctus), diferentes especies de polimorfos cangrejos y policromas y diminutas gambitas asociadas a urticantes anémonas.

Uno de los grupos con mayor representatividad en el Paraje, tanto a nivel específico como en número de individuos, en algunos casos, es el de los moluscos, algunos con rango de especial protección como la caracola (Charonia lampas) o la lapa ferruginosa (Patella ferruginea), ambas con un mínimo número de ejemplares, así como las bellas porcelanas o cypreas (Luria lurida y Erosaria spurca). Entre los bivalvos se cuenta con una muy reducida presencia la nacra (Pinna nobilis) que habita en la también reducida pradera de posidonia, compensado por la presencia de otra nacra de orígen atlántico: Pinna rudis, fácil de observar en la base del acantilado del macizo de Cerro Gordo. Otro bivalvo destacable por su belleza y rareza es la almeja de carril (Venus casina), que habita en el arenal existente entre el río de la Miel y la playa del Cañuelo.

Otros invertebrados destacables son las anémonas verdes y doradas (Anemonia sulcata y Condylactis aurantiaca), los tomates de mar (Actinia equina) y los ceriantos (Cerianthus membranaceus) de espectacular belleza. De los once scleractínidos (corales con esqueleto) contabilizados en el Paraje sobresale Astroides calycularis que tapiza gran parte de las paredes del acantilado de un bello color naranja, adornando aún más la ya abigarrada y policroma pared tapizada de bellas esponjas, espectaculares penachos branquiales de poliquetos y alguna que otra gorgonia, algunas frecuentes en el Mediterráneo, como Eunicella verrucosa y Leptogorgia sarmentosa o de origen atlántico como Eunicella labiata y Eunicella gazella.

Todos estos valores justifican las acciones emprendidas por la Junta de Andalucía para la protección de los mismos y su transmisión como patrimonio natural y cultural a sus verdaderos dueños, aquellos que nos sucederán y de los cuales simplemente somos arrendatarios

RECOMENDACIONES Y BUENAS PRÁCTICAS


El acceso al espacio natural protegido con vehículos a motor se encuentra sometido a autorización específica por la Resolución de 30 de julio de 2002 del Director General de la Red de Espacios Naturales Protegidos y Servicios Ambientales de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, por lo tanto hay que dejar el vehículo estacionado en los lugares habilitados al efecto y proseguir a pie o bien haciendo uso de los vehículos de transporte colectivo disponibles durante la época estival.

Este aspecto de la gestión, reduce el tránsito rodado en el interior del espacio natural protegido, que ha llegado a ser desmesurado en épocas anteriores, contribuyendo tanto al aumento de la calidad ambiental general como a la de los espacios de baño, al disminuir la peligrosidad, nivel de ruidos y contaminación, ganando en calidad visual y nivel de sensibilización de los usuarios, así como una sensible reducción en el nivel de basuras generado.

El espacio natural protegido es relevante tanto por su aspecto paisajístico como por su diversidad biológica. Respete a los seres vivos del espacio evitando su perturbación o recolección. No está permitida la pesca en ninguna de sus modalidades.

  • La práctica del buceo deportivo-recreativo está regulada siendo necesaria autorización específica para su ejercicio.
  • No está permitida la pesca submarina ni la pesca deportivo-recreativa desde tierra o embarcación.
  • El fuego es un elemento de alta peligrosidad en el medio forestal mediterráneo. Evite su uso.
  • Sea respetuoso con los demás usuarios de playas y del espacio en general. Evite la emisión de ruidos que puedan ser molestos para los demás, así como la tenencia de perros sueltos.
  • Deposite los residuos en los lugares destinados al efecto para facilitar su evacuación del espacio natural.
  • Evite el fondeo de embarcaciones de forma indiscriminada que pueda dañar a los fondos marinos, así como el atraque en las playas. El vertido de aceites y residuos de motor es muy perjudicial para el medio acuático.

Colabore en hacer de éste un espacio privilegiado en el entorno litoral en el que se encuentran con la certeza de que contribuye al aumento de calidad de vida de cuantos estamos vinculados a él de una u otra manera.

Antonio Pulido Pastor.
Tottori Trip

Este texto se ha recuperado de edición impresa publicada en el año 2005, así como de edición en web ya desaparecida
Dedicado a todas aquellas persianas, persianos y otra gente no de Persia que colaboró conmigo durante ocho años en la gestión de este espacio natural protegido